La cuadratura del círculo
Es conocida la circularidad de numerosos argumentos del cine oriental. Historias que acaban donde empezaron (o acaso empezamos por el final, como Tarantino aprendió y nos ha demostrado), segundas oportunidades, imitación a la vida... Kim Ki-duk ha demostrado tener afición a esta circularidad, muy especialmente en Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera. En sus historias los personajes viven una suerte de segunda oportunidad, o una segunda vida, que repite algunos de los trazos presentes en sus vivencias anteriores. De esta manera, el protagonista de La isla, refugiado en la balsa, veía puesta a prueba su opción vital. La Samaritan Girl revivía los pasos andados por ella y su compañera a la vez que su padre seguía en paralelo el mismo itinerario tratando de cambiar la realidad. El joven protagonista de Hierro 3, fantasmagórico okupa, resucitaba triunfante para seguir ocupando lugares y vidas ajenos.
El arco es una historia de amor otoñal. Y, cómo no, una obra circular. Pero, básicamente, es la prueba de la circularidad en el conjunto de la obra de Kim Ki-duk. En El arco, KKD recupera el escenario flotante de La isla y de Primavera, verano..., recupera la relación torturada de todas sus obras y utiliza, como en Hierro 3, una vida sobrenatural para dar una salida inesperada al relato. La historia de El arco es la de un anciano que tiene secuestrada en su barco a la joven que ama y con la que espera casarse llegada su mayoría de edad. El uso alternativo que el anciano hace de un arco tanto para crear una música bellísima como para lanzar flechas amenazantes es la metáfora de esta relación prohibida, llena de amor y de devoción hacia la joven pero basada en una situación desigual, con un claro desequilibrio basado en la privación de libertad de la joven, recogida de pequeña, y su desconocimiento absoluto del mundo exterior. Nos encontramos de nuevo en el límite de lo socialmente aceptable, de lo políticamente correcto, del machismo... Desconozco hasta qué punto es machista la sociedad coreana. Pero la expresión que nos llega a través de las cintas de KKD parece sugerirlo, con el conjunto de heroínas que sólo se liberan a través del sexo y que padecen una sumisión sublimada por el amor.
A favor o en contra de estas opciones, cinematográficas o reales, las películas previas de Kim tenían su interés en la fuerza de sus imágenes y en la originalidad de las propuestas. La isla es una de las más turbadoras películas de los últimos años (junto con Audition, de Miike) con su carga sadomasoquista. Samaritan Girl, violenta y machista, era insólita aun para los que no aceptaban la propuesta. El arco, invitada al pasado festival de Cannes, luce, lamentablemente, falsa en este sentido. Como si a Kim Ki-duk le preocupase reafirmarse en su estilo, como si quisiese lucir una marca de fábrica, El arco no se revela absurda ni provocativa sino, simplemente, gratuita y falta de imaginación.
Es posible que haya simpatizantes del autor que se interesen por la cinta. Pero es más posible que atraiga a quienes gustaron de Primavera, verano... (no la más complaciente de sus historias pero sí la de mayor belleza) o a quienes lo desconocían. Hay en El arco, escenas del curioso humor coreano (un tanto bestia), también presentes en películas de otros autores (Memories of Murder, Old Boy), como los lanzamientos de flechas a los pescadores que se atreven a insinuarse o propasarse con la joven. Hay buenas ideas, como el inocente engaño al que se somete el anciano tachando días del calendario para acercar la fecha de la ceremonia nupcial (¡le bastaría con arrancar todas las hojas!), el enfrentamiento simbólico entre el instrumento milenario y el MP3 del joven o la curiosa ceremonia de adivinación basada en el lanzamiento de flechas hacia la joven en el columpio (después de La chica del puente de Patrice Leconte podemos pensar que esta escena gustó en Francia). Sin embargo toda la cinta evidencia un manierismo excesivo e innecesario, un esteticismo que se dirige a la galería más que a consolidar una obra. La imagen del anciano tocando el arco en lo alto del mástil o la de la joven columpiándose y rozando el agua con los pies son inicialmente atractivas pero se repiten hasta la saciedad en un torbellino que se dirige al puro vacío. El arco luce tanto una plasticidad innegable como padece una incuestionable gratuidad de su historia. El pescador respeta a la joven (la evolución de sus posturas en la cama, buscándose, huyendo e ignorándose son de lo mejor de la cinta) inicialmente. Sin embargo, al apercibirse del cóctel inevitable de hormonas adolescentes, se despierta su pasión y rompe todos los límites. Es, no obstante, Kim Ki-duk quien parece perder el norte y nos sirve una de cal y otra de arena. Si permite que el anciano mate a la chica, la historia sería muy déjà vu... Pero el suicidio no es lo bastante potente para su objetivo. Kim Ki-duk decide, pues, soltar las pasiones de sus personajes sin desmelenarse él mismo. Recupera la escena prevista de la boda tradicional porque el exotismo queda bien y gustará al público occidental y, finalmente, apaña un inverosímil happy ending mediante el mismo recurso que ya utilizó en Hierro 3. Una pena. Decepcionante más que irregular, la cuerda de este arco se afloja demasiado y parece que el director coreano haya tratado de conseguir la cuadratura del círculo. |
| Francia, 2005. TO: Hwal. Dirección: Kim Ki-duk. Guión y producción: Kim Ki-duk.
Fotografía: Jang Seung-baek Montaje: Kim Ki-duk. Dirección artística: Kim Hyun-ju. Música: Kang Fun-il.
Duración: 90 min.
Interpretación: Jeon Sung-hwan (viejo pescador), Han Yeo-reum (muchacha), Seo Ji-seok (universitario), Jeon Gook-hwan (padre del universitario), Kim Il-tae, Jang Dae-sung, Cho Suk-hyun, Kong Yoo-suk, So Jae-ik, Shin Taek-gi (pescador amable). |
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