En 1982 se otorgó por primera vez en nuestro país el Premio Nacional de Cinematografía a un montador: Pablo González del Amo. Este profesional de nuestro cine, sin duda el mejor editor que ha pasado por las salas de montaje de nuestro país, y que ha colaborado, casi siempre de una manera decisiva, en innumerables piezas maestras de la cinematografía española de las últimas cuatro décadas, es el centro de este documental, homenaje a una figura loada y valorada por todos y cada uno de los directores que configuran el extenso y fantástico elenco de testimonios que se encargan de ensalzar la importancia de este hombre en la historia de nuestro cine.

Como el mismo Pablo manifiesta en un momento del documental, el cual siguió durante su gestación hasta que murió mientras aún se realizaba, en agosto del 2004, su profesión como montador ha sido toda su vida, la manifestación de su necesidad de expresarse como artista y como artesano. Del mismo modo, Pablo G. del Amo disfrutó asimismo de la admiración, el respeto, la necesidad y complicidad que muchos directores, entre los que, por sólo citar a unos cuantos, se encontraban Carlos Saura, Victor Erice, Jaime Chávarri, Vicente Aranda o el recientemente fallecido Eloy de la Iglesia, quienes le escuchaban, respetaban o a veces discutían con él, a sabiendas de que él tenía casi siempre la razón que le daba la experiencia de un excelente profesional formado con los años y el talento. Pablo G. del Amo fue el paradigma de lo que ha de ser un buen montador: creativo, expresivo —llegó incluso a conseguir que algunos directores rodasen nuevo material que a su criterio faltaba en la película—, meticuloso, ordenado, de una calidad profesional asombrosa y un rigor personal, que aunque rígido y malhumorado, le hacía vivir cada película como si fuera lo más importante en el mundo; permeable a los cambios tecnológicos, a los que no temía, como otros, sino a los que se enfrentaba simplemente como un cambio de instrumental de escasa importancia en comparación con lo único irremplazable: la profesionalidad y el criterio creativo sólidamente asentado; perfeccionista hasta el final, Pablo llegaba incluso a estudiar los guiones y a  proponer cambios en las películas.

Este documental, realizado por Diego Galán y en cuya elaboración han intervenido buena parte de los mejores realizadores de nuestro país, incluido además el que fuera ayudante de Pablo G. del Amo, ahora uno de los grandes montadores de nuestro cine: José Salcedo, es una obrita perfecta, un homenaje sencillo y delicioso a uno de esos profesionales silenciosos a los que debemos con su trabajo casi anónimo el resultado final de los filmes que podemos ver en pantalla. La importancia del montador, quien junto al director compone la película en la sala de montaje, quien ensambla cada una de las piezas que configuran el resultado final, y quien incluso puede convertir un material deficiente en una obra perfecta o viceversa, es claramente homenajeada en esta cinta, y en la persona de Pablo G. del Amo, además, supone una lección, no sólo de enorme talento y profesionalidad, sino también un viaje a través del mejor cine español de las últimas décadas. Pieza esta pues, imprescindible para los amantes del cine, no sólo español, sino de todos aquellos que sepan valorar el trabajo de los grandes profesionales que, invisibles, se encuentran fuera del campo visual, nombrados tan sólo en unos títulos de crédito pocas veces leídos y casi nunca recordados,  pero sin los cuales el cine no sería posible.

Por Susanna Farré
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Director: Diego Galán. Audio: Castellano (2.0). Subtítulos: Inglés. Video: 4:3, 1.78:1. Extras: Versión reducida (10 min.) Ficha técnica, Biofilmografía del director. Formato: DVD5, zona 0. Duración: 61 min. Distrubuidora: Cameo.