¡Esto NO es un atraco!
Los acontecimientos políticos que convulsionaron al mundo en 2001 y que culminaron con la invasión de Irak, revelando de paso un detallado mapa de la esquizofrenia colectiva que azota a gran parte de nuestra sociedad, supusieron para el cine de Spike Lee y de la mano de la interesante La última noche (The 25th Hour, 2002), la recuperación de parte del crédito perdido en su filmografía. El cine de Lee se vio impulsado por este clima enrarecido y ello se tradujo en una mayor apertura temática y una cierta contención, dentro de lo posible para un director como él, de los excesos formales característicos en su cine. Que el neoyorkino es un cineasta interesado por la realidad social que le rodea (y que a muchos de sus compañeros de generación se les escapa o simplemente no les interesa) es algo que ya sabemos desde su primera película, pero sabemos también que es precisamente este interés el que provoca en sus obras un mayor grado de desequilibrios, excesos y en ocasiones, unas cuantas dosis de maniqueísmo.
Su anterior película estaba trenzada por una aparente calma que ocultaba la rabia intuida entre sus imágenes y que luchaba por salir de su encierro (aquella secuencia en la que Norton se caga, con perdón, en todo lo que se menea, frente al espejo); ahora, Plan oculto podría verse como una nueva incursión en ese camino ya planteado. Arropado de nuevo por un gran reparto, con el beneficio de una major y con la excusa del subgénero del atraco perfecto, Lee construye una gigantesca farsa sobre la dudosa moral de la sociedad en la que vivimos. Así, veremos discurrir por la pantalla fortunas construidas sobre el sufrimiento ajeno, abogados sin moral dispuestos a defender a quien sea mientras consigan algo a cambio, policías hipócritas más preocupados por el ascenso social que por su trabajo, e incluso ciudadanos de a pie que realizan sus pequeños actos de fascismo cotidiano sin siquiera ser conscientes de ello (1).
Pero en este juego de apariencias, de falsos escenarios, de lo que 'es' y lo que 'parece ser' sobre el que se articula la película, Lee debe jugar a otro juego: el establecido por el cine de Hollywood, más preocupado por la recaudación de taquilla, que por cualquier tipo de realidad social. Y esta partida en dos direcciones no es fácil de jugar. Por un lado Lee nos muestra la profunda crisis de valores reinantes en la sociedad actual, pero por otro quiere convertirse en un auténtico entertainer, y construir para nosotros un espectáculo vistoso y divertido asistiendo en primera fila al robo a un banco. Para lograrlo, durante buena parte del metraje de la película se nos introduce en una puesta en escena característica de las películas de acción, con su despliegue de artificios y medios técnicos, y en un diseño de personajes al que ya estamos habituados en tantos otros artefactos genéricos; y es en este sentido, como película de género, en el que Plan oculto ofrece su peor cara: casi siempre en forma de situaciones y diálogos risibles (navegando sin rumbo entre lo cínico, lo dramático y lo cómico) y trucos de guionista chapuceros. Para cuando la película trate de recuperarse en su segunda mitad, su credibilidad ya estará un poco mancillada.
Pese a todo, Spike Lee demuestra por momentos estar por encima de géneros y meras excusas argumentales llevando el film al lugar que le interesa: la mostración de una conflictiva realidad social basada en el ansia de poder, el cinismo y la hipocresía (ese "hazte rico o muérete" como objetivo del videojuego del crío tomado como rehén), pero cargando ya con el peso de los errores previos. Da la impresión que cuando Lee juega a ser un director de cine pierde en credibilidad todo lo que gana cuando nos demuestra que es un ser humano y logra sacar de sí mismo, no del guión, su rabia (es curioso cómo uno de los momentos de mayor intensidad en este sentido lo consigue mediante ese ya característico movimiento de falso travelling utilizado una y otra vez en sus películas y no por ello menos efectivo).
La (dudosa) realidad de lo que vemos en nuestro cotidiano acercarnos a las imágenes televisivas (y su manipulación) en forma de ejecuciones televisadas, métodos de tortura (los aplicados a los rehenes del banco tienen curiosas similitudes con lo poco que sabemos sobre la situación de los presos de Guantánamo), o la incertidumbre provocada por el desconocimiento de quién maneja en realidad nuestro mundo, son partes integrantes de este juego con aspecto de documental televisivo en ocasiones, de farsa con aire retro en otras (2). Si Lee es perfectamente consciente de este juego dual, como deja claro desde el inicio con la aparición de Clive Owen dirigiéndose directamente al espectador, y en los títulos finales incluyendo los medios de producción en el film y despidiendo al elenco interpretativo como si de un serial televisivo se tratase, cabe preguntarse porqué no se adentra un poco más en su propio camino y nos ofrece de nuevo una película en la que podamos creer.
Nuevas preguntas acuden impacientes al salir del cine: ¿Existe un nuevo cine político norteamericano? ¿Cuáles son las diferencias 'reales', entre películas aparentemente tan dispares como V de Vendetta y Plan oculto (3) (o incluso Land of Plenty, y Buenas noches, y buena suerte)? ¿Estará favoreciendo de algún modo, inconsciente por supuesto, la administración Bush la aparición de un cine norteamericano más comprometido con su realidad social?…
Pero eso, como decía aquel, eso, es otra historia.
(1) Algo para lo que la muliculturalidad de una ciudad como Nueva York es el marco idóneo.
(2) Una estética que remite alternativamente a los films de la "generación de la televisión" encabezada por Lumet, con referencias a Serpico, Tarde de perros y Kojak incluidas, y al cine negro de los años cincuenta (cfr.: el modo de vestir al Inspector encarnado por Denzel Washington, o de iluminar la innecesaria subtrama con su mujer, excusa de mal guionista).
(3) Las similitudes entre ambas películas son numerosas: utilización del género como medio para la crítica social, protagonistas (un ladrón y un terrorista) que se mueven impulsados por los ideales y para los que el fin justifica los medios, referencias a los regímenes totalitarios (nazismo y comunismo de modo explícito), aparición de los métodos de tortura y la manipulación de las imágenes y la información... |
EEUU, 2006 T.O.: Inside man Director: Spike Lee. Guión: Russell
Gewirtz. Productor: Brian Grazer. Fotografía: Matthew Libatique.
Montaje: Barry Alexander Brown. Música: Terence Blanchard. Duración:
129 min. Intérpretes: Denzel Washington (Detective Keith Frazier), Clive
Owen (Dalton Russell), Jodie Foster (Madeline White), Christopher Plummer
(Arthur Case), Willem Dafoe (John Darius), Chiwetel Ejiofor (Detective
Bill Mitchell), Kim Director (Stevie), James Ransone (Steve-O), Peter
Gerety (Capitán Coughlin), Victor Colicchio (Sargento Collins), Peter
Frechette (Peter)
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