El mundo en sus manos

«El desarrollo de China es un desarrollo muy abrupto, muy acelerado. Yo quiero representar lo que siente la gente, los traumas. Claro que en China hay también otros temas históricos —como por ejemplo, la Revolución Cultural— que también merecen ser filmados, pero a mí me llama más la atención la realidad actual de China» (1). Zhang Ke Jia

The World, ¿les suena? Para los aficionados a hojear publicaciones más o menos sesudas sobre el mundo del cine (ya sean en papel o en formato digital), The World es esa película que han oído mentar decenas de veces en los últimos dos años y que, sin embargo, tan pocos han tenido la dicha de ver. Pero créanme que The world no es un mito culterano de la crítica internacional, retorcido engendro de inextricables razones para su encumbramiento.

La fascinación que provoca adentrarse en ese planeta en miniatura llamado The World es el resultado de un paciente proceso de afinado que su joven director emprendió hará cosa de nueve años, con su ópera prima (y como nada sé de Xiao Wu (1997), les ahorraré interpretaciones mendaces sobre la misma).

Arrancaremos pues con la segunda de ellas, Zhantai (2000), que, a falta de estreno comercial en nuestro país, titularemos algo así como Plataforma. Plataforma describía la vida de provincias en unos años fundamentales para el régimen chino (aunque estos jerarcas se las apañan para hacernos creer que cada 20 años va a haber algún cambio "crucial") y la manera como esa ideología que todo lo impregnaba (y que todo lo impregna: por muchas Olimpiadas que vayan a organizar no confundamos todavía al coloso asiático con una democracia) repercutía y de qué manera en el repertorio de un grupo de teatro amateur. La película —donde ya aparecía su habitual grupo de actores encabezados por Wei Wei Zhao, Tao Zhao o Ping Dong Liang y créanme que si repiten varias veces seguidas esos tres nombres el conjunto tiene una extraño parecido sonoro al Jingle Bells— mostraba un país deprimente, acogotado y encorsetado, bastante similar —salvando las distancias— al glosado por Juan Antonio Bardem en Muerte de un ciclista (1955) o por Basilio Martín Patino en Nueve cartas a Berta (1966). «Lo que quería expresar eran esos diez años de la apertura y enfatizar el paso del tiempo; no los detalles, sino el estado de la gente que no tenía nada que hacer, la ociosidad».

Vamos, que el que Zhang Ke Jia no estaba muy de acuerdo con las tesis gubernamentales (ya saben: aquí todo va bien, es hermoso disfrutar del comunismo, nosotros tenemos la fuerza para prosperar, confiamos en nuestro líder supremo, patatín, patatán) nos quedó bastante claro... aunque tampoco les pasó desapercibido a los guardianes de 'La Verdad', siendo la película "consecuentemente" prohibida en su país.

A esta le siguió Ren xiao yao (2002), que para nuestra intendencia se quedará en Placeres desconocidos, si continuamos traduciendo al pie de la letra la versión anglosajona de sus títulos. Un filme más dinámico, con personajes ya del todo occidentalizados y sin referentes, tratando de ser 'cools' en un territorio donde la sofisticación debe de aparcarse en aras de la supervivencia. Dos amigos y una pop star de suburbio eran el centro de unas intrigas que iban más allá de lo puramente sentimental. Zhang Ke volvía a disparar con bala y las autoridades chinas volvían a confiscarle su escopeta de feria. Y eso que la rodó en tan solo 19 días...

Llegamos así a The World, filme-monumento (¿La intolerancia a través de los tiempos, segunda parte?) y consagración definitiva de Zhang Ke (¡horror! ¡Siempre que digo esto de algún director, éste se empeña en ridiculizar mis asertos perpetrando una terrible siguiente película de furibunda autoritis!). Cuarta intentona por huir de la férrea vigilancia a la que estaba siendo sometido su cine. Y esta vez —como siempre que ocurre con las películas inteligentes— el régimen ni las vio venir, facilitándole incluso el rodaje en ese Disneyworld a las afueras de la capital (¿cómo coño logró la aprobación de la comisión de censura del estado? ¡No había visto un gol semejante desde los tiempos de El verdugo (1963)!)

The World es el sueño de todo paleto recién arribado a los márgenes de la ciudad prohibida: un complejo lúdico donde poder fotografiarse junto al Big Ben, la torre Eiffel o las construcciones más granadas de los cinco continentes, convenientemente reducidas en escala. En apenas un día —como se encarga de resaltar una propaganda simplona y redundante que llama al ocio y al consumo, dotando a esos momentos de cierto aire futurista e irreal, a lo Blade Runner (íd., 1982)— puedes darte un garbeo por el planeta Tierra, olvidando tus problemas y dejándote deslumbrar por las fanfarrias y los fuegos artificiales.  

¿Filme definitivo sobre la globalización? Bueno, no hace falta escarbar mucho para quedarnos con esta interpretación: desde el mismísimo título quedan claras las intenciones del autor. El Pekín de The World es una urbe terrible, inabarcable, sembrada de grúas aquí y allá (recuérdese: el 50% del cemento que se consumió el año pasado en todo el mundo fue a parar allí, a esa futura ciudad de rascacielos que está sufriendo en carne propia uno de los impactos urbanístico-faraónicos más salvajes desde la "invención" de Brasilia). Un país en vías de desarrollo que despierta de la utopía comunista y abraza alocadamente... ¿el capitalismo o el caos?

Curiosamente, tanta "grandiosidad" contrasta con los apretados pasillos por donde pululan nuestros protagonistas, integrantes del staff de este macro-espacio dedicado al folklore light y el deslumbramiento de neón. Bailarinas, guardias de seguridad y ganapanes varios malviven con un salario miserable, alejados del pueblo que les vio nacer. Tras los programáticos estallidos de falsedad que suponen los shows de cara al público (donde ellas desfilan bellísimas y  llenas de color), nos espera el backstage, la constatación entre bambalinas de que no tienen derecho a la intimidad, al abandono, al dolor o el disfrute solitario.

Las opciones no son muchas. Coquetear con la prostitución, emplearse en alguna empresa de la construcción (con los mayores índices de siniestralidad laboral de toda Asia), trapichear... o abandonarse definitivamente al guiñol de The World, ser copartícipe de la gran farsa: sonreír mientras una ensaya reiterativos pasos de baile, esperar un sms de él como si de ello dependiese tu supervivencia... para acabar bajando los brazos y dejándose llevar por la desesperación.

Como todas las películas de su autor, The World es un lamento por esa China que muere y nace cada poco tiempo, por esa sociedad cuarteada, escindida entre el ruralismo 'a lo Yimou' y la tecnificación androide del Japón. Como hizo Mercedes Álvarez en El cielo gira (2004), Zhang Ke nos retrata los últimos tiempos de una ciudad en deconstrucción, de un espacio reinventado, de unos nuevos referentes impostados que vienen a sustituir a otros igualmente esperpénticos.

Si tenemos en cuenta las dificultades inherentes a pergeñar un argumento tan incómodo en un país como el suyo, habrá que reconocerle valentía además de brillantez en la ejecución. Diferencia fundamental con Zhang Yimou, cuyos ejercicios esteticistas de los últimos tiempos nos revelan a un director alienado, que a cambio de ignorar la realidad que le circunda comienza a recibir reconocimientos por parte del aparato político (dirigió el vídeo promocional que tan decisivo impulso dio a la candidatura de Beijing 2008). El propio Zhang Ke no se muerde la lengua sobre su colega: «Francamente no me gusta mucho la película Hero, porque uno de los temas es que el poder tiene razón. Eso me resulta increíble y terrible, no parece hecha por una persona que vive en la China actual».

Olvidemos pues a la quinta generación de directores chinos (Chen Kaige, Tian Zhuangzhuang, Wu Ziniu o Huang Jianxin), con una trayectoria bastante similar a las de los 'progres' españoles que décadas después —y sin contradicción aparente— acabaron por colonizar congreso y senado, cambiando su utopía política por un adosado en la Moraleja. La sexta generación ya esta aquí (Wang Xiaoshuai, Zhang Yang, Ma Liwen, Lu Chuan, Lou Ye...) arrasando en festivales (ups... antesala del conformismo y la doma, ¡mucho cuidado!) y siendo acallados por unos medios chinos que los describen ambiguamente con frases de este estilo: «con sus obras tienden a satisfacer los gustos del pueblo y en su mayoría reflejan la vida tal como es» (2). Nacidos entre los 60 y los 70, a la mayoría de ellos la matanza en la plaza de Tiananmen los pilló en mitad de su carrera universitaria... y no parecen estar dispuestos a olvidar («Creo que en China es imposible hacer una película dejando aparte la política, porque la política es ya una parte, un elemento indispensable en la vida cotidiana de los chinos»).

¿Les perdonarán tal osadía o terminará por imponerse la realidad, por encima de esa ficción inventada por unos abuelos gagás? De momento, la lucha ha comenzado: en los discos piratas que se distribuyen por toda China con las películas de este resistente puede leerse: "Esta película está prohibida por el gobierno y nosotros ayudamos a su distribución".

¡A por ellos!

«Los jóvenes siempre me interesan más que el resto de la sociedad, porque China es una sociedad en la que los viejos no gobiernan, sino que mandan». Zhang Ke Jia

(1) Todas las citas del director, extraídas de la excelente entrevista realizada por Javier Porta Fouz para El Amante (http://elamante.com.ar/nota/2/2567.shtml)

(2) Consulten esta edificante página "estatal" y traten de encontrar algún comentario crítico sobre cualquier particular: http://www.china.org.cn/spanish/136617.htm

Por Jorge-Mauro de Pedro
cartel

China / Japón / Francia. 2004. Título original: Shijie. Dirección: Zhang Ke Jia. Guión: Zhang Ke Jia. Producción: Shozo Ichiyama, Chow Keung, Masayuki Mori, Hengameh Panahi, Zhong-lun Ren, Yu Lok Wai y Takio Yoshida. Fotografía: Nelson Yu Lik-wai, en color. Música: Giong Lim. Montaje: Jing Lei Kong. Maquillaje: Yang Yuan Zhen. Diseño de producción: Li-zhong Wu. Duración: 140 min. Reparto: Tao Zhao (Tao), Taisheng Chen (Taisheng), Jue Ping (Wei), Zhong-wei Jiang (Niu), Yi-qun Wang (Qun), Hong Wei Wang (Sanlai), Jing Dong Liang (ex–novio de Tao), Shuai Ji (Erxiao), Wan Xiang (Youyou), Alla Shcherbakova (Anna)