El primer viaje de A. K.
La ausencia de color y de espacios abiertos es lo primero que capta la atención al contemplar las imágenes del primer largometraje dirigido hace ya más de treinta años por Abbas Kiarostami. Los lugares que tan familiares se volverán para los espectadores acostumbrados a su obra posterior (y más ampliamente difundida a parir de ...Y la vida continúa) no hacen acto de presencia en esta historia urbanita que gira en torno a las peripecias de Ghassem, un niño de unos once años que se escapa de casa para ir a ver a jugar a la selección de fútbol de su país en la capital.
El film se ajusta desde el primer minuto a una sencilla estructura que relata sucesivamente el interés de Ghassem por el fútbol, su deseo de asistir al partido, el proceso de recaudación del dinero necesario para poder realizar el viaje hasta Teherán, y finalmente la escapada y su experiencia una vez ha conseguido llegar al estadio de fútbol; avanzando en una línea recta, obsesiva como el interés de Ghassem y sin derivaciones que alimenten subtramas o introduzcan nuevos personajes (el gusto por la deriva narrativa en la obra del iraní no se hará presente de forma recurrente hasta la aparición A través de los olivos). Los obstáculos que se le presentarán al chico en la afanosa búsqueda de su objetivo se erigirán como imagen esencial de la peripecia vital, de la lucha y el aprendizaje del día a día.
Los procedimientos de mostración son muy similares a los ya ensayados en los dos cortometrajes que preceden a este largo Pan y callejuela (Nan va kuche, 1970) y La hora del recreo (Zang-e tafrih, 1972) —no he podido ver el mediometraje La experiencia (Tachrobe, 1973), inmediatamente anterior a El viajero / Mossafer— con los que comparte el tono fotográfico (siempre en blanco y negro) y la negación del paisaje y que además también centraban su interés en observar los recorridos realizados por otros niños: la mínima aventura del protagonista de Pan y callejuela consistía en enfrentarse al temor que le producía cruzarse con un perro en un callejón de camino a casa; y el deambular del protagonista de La hora del recreo que comparte con Ghassem la pasión por el fútbol. En este sentido ya se intuyen las vías formales que transitará el director de ¿Dónde está la casa de mi amigo? El gusto por la sencillez expositiva, basada en la búsqueda de la mayor objetividad posible ante el hecho físico recogido por la cámara y el servirse de los métodos del documental para indagar en los modos de vida de las personas retratadas, acompañada por esa inagotable curiosidad de los personajes por conocer al 'otro' expuesta en los recurrentes interrogatorios que éstos dirigen a terceros sobre su profesión, su lugar de origen, etc...
Hay que señalar que este primer largometraje y los cortometrajes citados (así como casi toda la filmografía de Kiarostami hasta Y la vida continúa (Zendegi va digar hich, 1992) están producidos bajo el auspicio de el "Centro Para el Desarrollo Intelectual de Niños y Adolescentes", y que en todos ellos se desprende un interés por establecer una suerte de conclusión moral (al modo rohmeriano) en las trayectorias vitales de sus personajes (1). En esta ocasión veremos como Ghassem hará lo imposible por llegar al partido: faltar a clase, engañar a sus padres, robar... y cuando tenga el objetivo al alcance de su mano éste se desvanecerá dejando paso con ello a cierta forma de castigo moral; pero aun a pesar de ello la posición de Kiarostami nunca es del todo clara (partidista) a este respecto, y parece que en lugar de censurar a sus protagonistas y recriminar sus faltas, valora más los esfuerzos por conseguir aquello que desean. En este caso se trata de Ghassem, pero en Primer Plano, su protagonista —que afirma ser el niño de El viajero, ahora envejecido— adopta una personalidad que no es la suya (la del cineasta Mohsen Makhmalbaf) para poder vivir con dignidad e ilusión, aunque para ello tenga que mentir y robar (de nuevo, como Ghassem); y en ambos casos la posición por parte del director, aun siendo distante, deja entrever sus afectos por los personajes aventureros, que no se conforman con su suerte y tratan de hacer algo para modificarla. La presencia de los adultos que se nos ofrecerá en ¿Dónde está la casa de mi amigo? siempre ajenos a la realidad vivida por los niños, se corresponde con la ya planteada en este primer largometraje, y parece que Kiarostami censura más el escaso interés que muestran aquellos en la educación y la comprensión hacia estos: la madre de Ghassem sólo aparece para censurarlo y pedir a su tutor que sea más duro con él, y éste que utiliza la vara como avanzado método de enseñanza.
Pese a que Kiarostami no ha sido un cineasta dado a homenajes cinéfilos, su primera película (y quizá precisamente por ello) recuerda en ocasiones a las primeras aventuras de Antoine Doinel filmadas por Truffaut en Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959) puesto que los protagonistas de ambos films mantienen una similar relación con el mundo que les rodea; aunque la melancólica mirada del cineasta francés se sustituya aquí por una más física y directa. Si en el film de Truffaut la confusión de Doinel se materializa en su pasión por el cine y la literatura, en El viajero, como no podría ser de otro modo dadas las diferencias sociales entre ambas culturas, la obsesión futbolística que posee a su protagonista es menos elevada pero igualmente devoradora. Además de este sentimiento doinelesco en las peripecias de Ghassem, que al igual que Léaud en el film de Truffaut se ve obligado a robar (una máquina de escribir allí, una cámara de fotos aquí) la otra presencia cinéfila que se advierte es la del Satyajit Ray de la Trilogía de Apu, no sólo en las coincidencias superficiales (utilización del blanco y negro, entornos espaciales similares) o el modo de utilizar la música (elemento que todavía no había depurado el director iraní) sino en su agilidad narrativa y un sentimiento de vitalidad arrolladora en el primigenio impulso cinematográfico.
(1) Al menos hasta el punto final de esa colaboración de producción con Y la vida continúa, y la excepción argumental (que no moral) de Primer plano (Klozap/Namay-e nazdik, 1990).
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