El Free Cinema y los jóvenes airados

Nominalmente, el Free Cinema surge en la Gran Bretaña de los años cincuenta tras la proyección de un conjunto de cortometrajes en el National Film Theatre londinense entre 1956 y 1959 bajo el título unificador de Free Cinema.

Este movimiento fue, más que nunca, hijo de su tiempo, y respondió a los cambios históricos del país y a la madurez de una nueva generación que no había vivido la guerra en los frentes y que, por tanto, cuestionaba el pacto social tácito que la sociedad británica había asumido durante la Segunda Guerra Mundial, por el cual no se criticaba el poder establecido para evitar así la inestabilidad del país durante la contienda. Pero la guerra había acabado y estos jóvenes demandaban reformas.

Este movimiento es el hermano pequeño, pero no por ello menos aventajado, de los Angry Young Men, corriente teatral que ya introdujo muchas de las reivindicaciones y reformas formales que el cine habría de tomar para sí.

El Free Cinema supone un giro dentro del hacer cinematográfico británico que, en mayor o menor medida se extendió a otros países, no tanto en la forma o el contenido sino por su carácter reivindicativo. Pensemos que paralelamente se estaba desarrollando el Neues Deutsche Film en Alemania y la Nouvelle Vague en Francia. Sus principales medios de expresión fueron las revistas Sequence y Sight and Sound, en las que colaboraron Karel Reisz, Lindsay Anderson o Tony Richardson, entre otros.

Origen social del Free Cinema

La austeridad propuesta tras la II Guerra Mundial había logrado su objetivo: la abundancia. La sociedad de consumo se asentaba definitivamente en Gran Bretaña. De hecho, el lema de la campaña electoral del laborista Harold McMillan en 1955 era «nunca lo habéis tenido tan bien».

Por primera vez en la historia la mayor parte de la cultura viene de lo popular y no de los ambientes oxbridge; es una cultura para todos, de masas y en serie. Los jóvenes adquieren el suficiente poder adquisitivo para ser consumidores de esa nueva cultura/industria (culture industry). Aparecen nuevas formas de divertirse; nuevos estilos musicales. Se cuestiona la moral existente.

Cine libre, nueva estética, nuevos temas

Las películas de comedor eran hasta la fecha las que contaban con el favor del público; cintas elegantes y refinadas que hacían al espectador olvidar por un momento los problemas que acuciaban a la sociedad. Como contrapunto aparecen las películas de Kitchen Sink —de fregadero de la cocina—, donde la acción se trasladó del salón a la cocina, y los personajes cambian los cócteles por la cerveza.

foto

Los protagonistas de Look Back in Anger son Jimmy Porter, su mujer Alison y el amigo de ambos, Cliff, quienes viven de alquiler en la planta alta de una casa regentada por una viuda en un pueblo británico de las Midlands. Jimmy y Cliff tienen un puesto de golosinas en el mercado gracias a la ayuda económica de Ma'Tanner, la protectora de Jimmy, una anciana viuda de condición humilde, quien ejerce sobre él un rol materno. Para cerrar el cuadro de estereotipos incluidos en la historia, tenemos a la familia de Alison, representando a la vieja Inglaterra colonial. Como apunte sobre el emergente Welfare State nos queda la alta educación universitaria de Jimmy, quien seguramente tuvo la oportunidad de educarse una de las Red Brik Universities (Universidades Obreras), pero que no ha logrado un trabajo acorde a su educación, sino a su clase social.

Inicialmente, esta revolución cinematográfica fue más temática que formal; se pretendía poner el acento en realidades sociales como el aborto, la homosexualidad, el paro y la diversidad cultural y lingüística británica. Pero lo que más les preocupaba era la exclusión —por falta de espacio— de los jóvenes en esa nueva sociedad postbélica. En la película que aquí tratamos tenemos eso y más. Jimmy es un hombre inteligente que se resigna a subsistir con su trabajo de tendero en el mercado; no hay otro lugar  para él en la nueva Gran Bretaña y por tanto no trata de encontrar su sitio porque se sabe en él. Cliff es homosexual, aunque nunca se dice de forma explícita; la homosexualidad será un tema omnipresente dentro de esta corriente, y puede decirse que fue la primera vez que intencionada y sistemáticamente se trató de mostrar la homosexualidad como una realidad social y no como un estereotipo risible. Alice proviene de una buena familia y, por supuesto, ha sufrido el repudio de esta por casarse con Jimmy; su hermano es abogado y su padre, un militar de alto rango retirado que se ha pasado la mitad de su vida en la India. En cierto modo, y a pesar de que Jimmy y el padre de Alison son completamente opuestos, tienen un poderoso elemento en común: ninguno de los dos logra ubicarse en la Inglaterra postbélica.

De las tablas a la pantalla

John Osborne, como ya dijimos, introduce muchas novedades temáticas de las que Richardson se hace eco y, en este sentido cabe preguntarse hasta qué punto la película en particular y el Free Cinema en general son innovadores o no, ya que tienen por detrás una obra y una corriente teatral respectivamente que les nutre de ideas. Si bien esto es verdad, no hemos de olvidar dos elementos fundamentales; de un lado, la utilización de los diferentes espacios que, en la obra de teatro son sugeridos, y en la película se materializan cobrando un papel decisivo. Las tabernas, la estación o el mercado son tan protagonistas como Alison y Jimmy, siempre abarrotados y bulliciosos y que, además, tienen el valor simbólico de lo popular.

foto

Pero, ante todo, el espacio con mayúsculas es la pista de baile que sirve de punto de arranque, a modo de preludio operístico o, si se prefiere, de resumen o preámbulo de la película. En ella se fuma, se bebe y, sobre todo, se baila a ritmo de jazz, del frenético jazz que Jimmy toca con su trompeta hasta que los ojos se le llenan de ira, y es que la trompeta es su única válvula de escape, viniendo a representar la catarsis casi destructiva que en esta generación de jóvenes prebeat tomará la forma de rock and roll, alcohol y vida nocturna como único desahogo. En pocos años se pasará de una Gran Bretaña en crisis a otra hundida (años setenta) y el alcohol será sustituido por las drogas en lo que se conoce como la generación de los Teddy-boys.

La ira

Los personajes que luchan en contra de la sociedad, del poder establecido o del destino existen desde que el cine es cine, desde que el arte es arte, con un halo de heroicidad que a veces sobrepasa lo humano. Pero cabe preguntarse qué tiene Jimmy que ver con esa tradición, un hombre que maltrata psicológicamente a su mujer, la presiona para que aborte —porque no quiere traer hijos a un mundo como este y menos aún con un padre como él y una madre como Allison—, malvive como tendero en un mercado local, desprecia a todo el mundo y es infiel a su mujer con su mejor amiga, y sin embargo, es el héroe sin discusión durante toda la película. La razón no es otra que de la mano del Free Cinema surge un nuevo concepto de héroe que, con el tiempo, se ha superado u olvidado, pero que se convierte en marca de la casa para estos cineastas airados.

Jimmy se queja constantemente, carga con ira contra quienes les rodean, siempre a punto de saltar, siempre dispuesto a defender sus ideales, pero desde la inactividad. Jamás le veremos, ni a él ni a otros de estos héroes juveniles de la Inglaterra postcolonial, tomar una posición activa y beligerante más allá de las palabras —la generación siguiente sí lo hará—. Su lucha, que saben perdida, no es por hacerse un hueco o mejorar su situación, sino por hacerse escuchar, por avergonzar a los que les rodean por permitir que la todopoderosa Gran Bretaña les haya dado la espalda. Estos héroes airados no quieren golpear a la sociedad, tan sólo pretenden mirarla, hacia atrás, con ira.

Por Julio Talavera Milla
carátula dvd

Reino Unido, 1958. Dirección: Tony Richardson. Guión: Nigel Kneale, con diálogo adicional de John Osborne. Producción: Harry Saltzman. Fotografía: Oswald Morris en blanco y negro. Música: Chris Barber y Tom Eastwood. Montaje: Richard Best. Dirección artística: Peter Glazier. Duración: 115 minutos. Intérpretes: Richard Burton (Jimmy Porter), Claire Bloom (Helena Charles), Mary Ure (Alison Porter), Edith Evans (señora Tanner), Gary Raymond (Cliff Lewis), Donald Pleasance (Hurst).