Poli bueno, poli malo
En 1977, Clint Eastwood dirigió una película titulada Ruta suicida. El film, totalmente ninguneado en su día, es hoy una de las joyas a descubrir del cineasta, además de una impecable, soberbia muestra de cine de acción. En la actualidad, parece ser que Richard Donner ha situado la mirada en esta obra de Eastwood a la hora de construir y llevar a cabo 16 calles, película que parece ser el reencuentro de Donner con uno de los géneros que mejor domina y, sin duda, una importante recuperación después del traspiés cualitativo que significó la mediocre Timeline.
Las similitudes con el citado film de Eastwood no son pocas: primero, una base argumental casi idéntica en la que un policía asqueado debe guardar a un desclasado (una prostituta en la película de Eastwood y un delincuente común en la de Donner); segundo, un trayecto que ambos deben hacer y que significará una especie de viaje iniciático que mutará sus caracteres y su forma de enfrentarse a la vida (infinitamente más complejo este tratamiento en el film de 1977 que en éste); tercero, las trabas y el impedimento a toda costa de la misión por parte del mismo cuerpo de policía; y cuarto, un buen número de secuencias comunes, entre ellas la del autobús, cuya simple presencia ratifica la influencia de Ruta suicida en 16 calles.
Ahora bien, lógicamente, nos encontramos en un momento cinematográfico distinto al de hace treinta años. El cine americano, lamentablemente, ha ido encorsetando paulatinamente su libertad creativa y la obsesión por la autocensura ha hecho que, en la actualidad, apenas encontremos arrojo temático o intencional en las obras provenientes de Estados Unidos. 16 calles no es una excepción. Si el film posee materia prima suficiente para convertirse en una sangrante (y muy necesaria) crítica a las fuerzas de seguridad norteamericanas, ello queda convertido en un elemento superficial, ya que Donner no se involucra en ramificaciones que otorguen un halo más adulto a la película y opta por convertir la cinta en una muestra más de cine policíaco, obviando las estimulantes líneas que hubieran convertido 16 calles en una obra mucho más contundente.
No es que toda la culpa de ello la tenga Richard Donner. Ni muchísimo menos. La película, de hecho, es más que competente y funciona perfectamente como vehículo de evasión. Algo muy difícil de lograr sin la profesionalidad de un artesano tan inteligente como Donner. El problema se halla, estrictamente, en el tiempo en que vivimos, en la falsa moralidad que se nos vende a diario y la inmisericorde presión de lo "políticamente correcto" en el flanco más comercial del cine estadounidense. En 1977 no hacía falta que el personaje con el que, forzosamente, tuviera que identificarse el espectador resultara un ejemplo de conducta o un dechado de simpatía. Ahora, a tenor del erróneo epílogo de 16 calles, parece ser de todo punto imprescindible. Tampoco hacía falta que las instituciones salieran bien paradas o que el componente crítico estuviera tan mitigado que apenas emergiera a la luz como elemento secundario. 16 calles, empero, ejemplifica con notoriedad estos factores convirtiéndose, irremediablemente, en una digna hija de su tiempo (1).
El film es más que correcto, de acuerdo, y mantiene el interés sin desfallecer a lo largo de toda su duración. Sin embargo, deja el regusto de la oportunidad perdida, de lo que hubiera podido ser si se quisiera escapar del espectáculo puro y duro con el fin de adentrarse en un terreno mucho más comprometido. Quizá ello ha quedado relegado a un tiempo que, sin duda, no es el actual.
(1) No es éste, ni mucho menos, el único film al que se podría acusar de ello. La reciente Plan oculto, aun siendo interesante, es otro ejemplo paradigmático de una obra que promete mucho más de lo que, finalmente, da. E, incluso, más flagrante que el caso de la cinta de Donner, ya que Plan oculto está dirigida por una de las voces más heterodoxas del cine estadounidense, Spike Lee. |
| EEUU. 2006. T.O: 16 Blocks. Dirección: Richard Donner. Producción: Randall Emmett, Avi Lerner, Arnold Rifkin, John Thompson, Jim Van Wyck, Bruce Willis. Guión: Richard Wenk. Música: Klaus Badelt. Fotografía: Glen MacPherson. Montaje: Steve Mirkovich. Dirección Artística: Arvinder Grewald, Brandt Gordon, Steve Shewchuk. Vestuario: Vicki Graef. Duración: 105 minutos. Intérpretes: Bruce Willis (Jack Mosley), Mos Def (Eddie Bunker), David Morse (Frank Nugent), Jenna Stern (Diane Mosley), Casey Sander (Capitán Gruber) |
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