Usos de la crítica (I). Agua clorada
Algunos críticos vilipendian la actitud de los espectadores de cine censurando su ceguera estética o papanatismo cultural. Sin profundizar en tal creencia (que daría pie a un interesante estudio de actitudes por parte de unos y otros) hay que reconocer como cierta la confusión que existe por parte de determinado grupo de población (población cinéfila) que identifica la exhibición en versión original con calidad. Merece la pena aprovechar, por una parte, el monográfico sobre la crítica aparecido en los dos últimos números de Miradas y, por otra, la coincidencia en pantalla de una película como Agua, éxito del cine V.O. y de otra como Honor de cavalleria, rareza V.O., para reflexionar brevemente sobre el cine que podemos ver en la cartelera y de la actitud de público y crítica ante unas producciones tan diversas.
Pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda. O no es oro todo lo que reluce. Más allá del reduccionismo que implica la actitud de la mencionada crítica, es cierto que en numerosos casos se efectúa una suerte de discernimiento que lleva a plantear la calidad de las cintas de manera exclusiva en función de la sala en que se estrenan. Numerosas cintas en V.O. se presentan bajo la coartada de cine independiente (¿se estrena el cine realmente independiente?), de drama social hispano, de comedia urbana a lo Allen o de drama del lejano Oriente. Muchas encubren productos insuficientes que los mismos espectadores rechazarían si llevasen la etiqueta Hollywood. La valoración se sirve entonces de un proceso de asimilación envuelto en una cobertura superficial, muy superficial, de calidad. Y si el boca a oreja funciona rápido ya es difícil manifestarse en contra.
Según tales criterios populares cabría etiquetar a Agua de cinta bella que tras la aparente suavidad de sus imágenes nos transporta a un mundo oculto, denunciando la opresión de las mujeres en la India. Sin embargo... Agua es una cinta más blanda que suave, oculta más que cuenta, es más plástica que ética. Como otro hito de este subgénero, El olor de la papaya verde, es una adaptación de una historia y de una problemática oriental a la mentalidad y los gustos del público occidental. La cinta de Deepa Mehta se aproxima más al anuncio (de perfumes, por ejemplo) que a la denuncia. En Agua las imágenes, bellas y elaboradas, desdibujan el mensaje. Y, una vez disfrutadas, se deslizan con la misma suavidad con que se han contemplado hacia el desagüe del olvido. El impacto es necesariamente breve, porque no subvierte, porque no quiere molestar (¿era mucho peor la película colombiana que denunciaba la situación de la población atrapada entre mafia y gobierno o sólo duró una semana en cartel porque resultaba su visionado mucho más desagradable?).
Se supone que Agua es un melodrama sobre el maltrato que sufren las viudas indias, obligadas por norma religiosa a ingresar en una comunidad tras la muerte de su marido y a sobrevivir de la limosna. Las alternativas son el suicidio en la pira funeraria o la boda con el cuñado. La trama, comercialidad obliga, no se sitúa en la actualidad sino en 1938, antes de la abolición de la ley que vinculaba el poder religioso al terrenal (pese a que un cartel previo a los créditos nos dice que la situación persiste en la actualidad). Tampoco la denuncia adquiere tintes realmente duros, como el tema merecería. Se pasa un poco por encima de la tragedia que se masca de modo que la viuda de casta superior es la que adquiere conciencia del drama, el suicidio tiene lugar en imágenes calmadas (como el de Virginia Woolf en Las horas), se da un toque tragicómico a la alcahueta y al travestí y se resuelve con falsa esperanza el futuro de la comunidad de viudas al dar una salida al personaje más joven. Tales concesiones argumentales se corresponden con la dirección artística (no en vano, se trata de una producción canadiense, de diseño exquisito, espléndida fotografía y que cuenta con la banda sonora de Mychael Danna combinada con temas indios "auténticos"). De esta guisa tenemos que los personajes, abandonados en su miseria, no sufren demasiado la suciedad ni la sordidez en que viven. El caos habitual de las calles de la India no se transmite en las imágenes de la cinta en las que las calles son agradables, los ghats de cremación son impolutos y hasta las nubes de tormenta están bellamente fotografiadas. Las masas se mueven con una placidez y un orden asombrosos en su marcha a la estación para ver a Ghandi, permitiendo que las protagonistas lleguen sin problema a primera fila, en un país habitualmente desbordado por la precipitación en las actividades comunitarias. ¡Ni tan sólo Cukor se atrevió a presentar el orden en su Bhowani Junction, tan hollywoodiense y más próxima a la realidad que esta Agua!
Deepa Mehta explica que el fundamentalismo hindú boicoteó el rodaje en la Varanasi real, destruyendo decorados y amenazando al equipo, lo que obligó a buscar la localización en Sri Lanka. Pero esto no pone sino más dudas a mis preguntas. ¿No lo podría haber evitado quien había sido directora de episodios de Las aventuras del joven Indiana Jones? Ante tal respuesta de fanatismo, ¿no habría enriquecido la propuesta situar la acción en la actualidad?
Posiblemente la respuesta está en el propio dosier de prensa. Lisa Ray (Kaliani) había sido elegida como una de las mujeres más bellas del milenio de la India. John Abraham (Narayan), antes modelo, es ahora parte del star system indio. No se nos ofrece un agua purificada, sino agua clorada... Si Agua tiene algo de cierto, de real, de propio de la India, no es sino su relación con los artificios de Bollywood. |
| Canada-India, 2005. TO: Water. Dirección: Deepa Mehta. Guión: Deepa Mehta Producción: David Hamilton. Fotografía: Giles Nuttgens. Montaje: Colin Monie. Dirección artística: Sumant Jayakrishnan. Música: Mychael Danna. Duración: 115 min. Interpretación: Seema Biswas (Shakuntula), Lisa Ray (Kalyani), John Abraham (Narayan), Sarala (Chuyia), Manorma Madhumati), Waheeda Rehman (Bhagwati), Kulbushan Kharbanda (Sadananda), Raghuvir Yadav (Gulabi), Vinay Pathak (Rabindra), Ronica Sajnani (Kunti). |
|