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Quien más quien menos, conoce los nombres de los grandes artistas de nuestro tiempo... "occidentales", claro. Pero en el resto de países que no pertenecen a nuestro reducido mundo particular, también hay una historia, aparte de social y política, artística, literaria o filosófica. Con la edición de esta película en DVD, Ebrio de mujeres y pintura (Chihwaseon, 2002), volvemos a tener la oportunidad de conocer la biografía de uno de los pintores coreanos más reconocidos del siglo diecinueve en Corea: Jang Seung-up (Choi Min-sik) o, conocido con el nombre artíctico de Oh Won.
La historia recorre la vida de este gran maestro desde su niñez y adolescencia, cuando fue descubierto entre los pobres por el que sería su maestro durante toda su vida, Kim Byung-moon (Ahn Sung-ki), hasta su muerte, rodeada de misterio y misticismo alrededor de su figura. Como telón de fondo, los acontecimientos históricos en la Corea de finales del siglo XIX se suceden, desde los tiempos del reinado de la dinastía Joseon (cuya recreación para la película se basó en unos decorados monumentales, los mayores construidos en la historia del cine coreano, según se comenta en los extras del DVD), hasta desembocar en la Revolución Reformista de 1884 y la invasión Japonesa del país.
La película, además de erigirse como una oportunidad perfecta de entrar en el maravilloso mundo y la técnica de la pintura oriental coreana, en sus temas, sus motivos, y el diverso grado de importancia y significado que a cada uno de estos se le otorgaba, nos habla además de las diferencias entre las escuelas china, japonesa o coreana, diversos tipos de arte que se influían y bebían entre sí de sus respectivos artistas y avances en el terreno formal y estilístico. La película es, ante todo, un canto de amor al arte en sí mismo. Oh Won representa, tanto en su brillantez como es sus miserias, la figura de un artista que jamás renuncia a su propio arte en favor de un mejor reconocimiento o éxito social o económino. Para Won, quien vivió épocas doradas en las que llegó a ser uno de los pintores del mismísimo rey, no hay nada que pueda comprar ni provocar la inspiración del artista. En su caso, esta necesita, para ser desatada, de la ayuda que el placer del alcohol y las mujeres provocan en su interior. Oh Won vivió para su arte y para el perfeccionamiento constante del mismo, y pese a que provenía de una clase social muy humilde, y por ello, no podía ni sabía añadir poemas a sus pinturas, consiguió demostrar con su talento que, más allá de la pura imitación de la realidad, el verdadero arte es el que, como su maestro le dice en un momento, se encuentra entre una pincelada y la siguiente, mucho más allá de la pura perfección formal.
La película se ha estrenado por fin en DVD —se estrenó en nuestras salas en julio del 2005— de la mano de la distribuidora SAV (deAPlaneta). Merece la pena, cuanto menos, disfrutar de este bello film, que consiguió en su momento, alcanzar la gloria en Cannes al ser premiado su director, Im Kwon-Taek, con la Palma de Oro a la mejor realización. Kwon-Taek ya había sido nominado en este certamen anteriormente con su película Chunhyang, en el año 2000, por lo que es uno de los nombres a tener muy en cuenta en el cine coreano de los últimos años. Además de conseguir el galardón francés, Ebrio de mujeres y pintura se hizo también con la nominación al César como mejor película extranjera en la edición del 2003, y Kwon-Taek recibió un premio Honorario del Oso de Oro en Berlín el pasado año 2005.

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| Corea del Sur, 2002. Director: Kwon-Taek Im. Intérpretes: Choi Min-sik (Jang Seung-up), Yoo Ho-Jung (Mae Hyang), Ahn Sung-ki (Kim Byung-moon), Kim Yeo-jin (Jin-hong), Son Yae-jin (So-woon), Han Myung-goo (Lee Eung-heon). Audio: Catellano 5.1., Coreano, 5.1. Vídeo: 16:9. Formato: zona 2. Duración: 117 min. |
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