Cine de autor

Aunque a simple vista no lo parezca, que nadie se lleve a engaño. La última entrega de las andanzas del agente Ethan Hunt es puro cine de autor, y de manual.

Sí, porque puestos a poner etiquetas, cosa que hoy en día está tan de moda como las tramas y subproductos derivados del fenómeno Da Vinci, esta Misión Imposible III es un objeto digno de estudio en cualquier escuela de cine que se precie, y lo es por muchos motivos.

Está fuera de duda que cualquier persona que se deje caer por una sala de cine a ver el largometraje, no esperará encontrar algo más que una montaña rusa de dos horas donde el ojo es el protagonista y el cerebro se tomará un merecido descanso tras un día duro de trabajo. Porque esta tercera entrega no es más que un tebeo móvil donde los responsables nos invitan a olvidarnos de cualquier cosa real y mundana que nos rodea para recordarnos con tramas imposibles, secuencias de acción alucinantes y la sonrisa brillante de Tom Cruise, que el precio de la entrada nos da derecho a un espectáculo de primer orden. Y sí, eso es cine de autor.

Y lo es porque el resultado final es un producto pensado, diseñado, rodado y explotado por, y para Tom Cruise. Como productor y creador de la saga, la megaestrella se preocupa en no dejar ningún cabo suelto, idea las tramas (que no guiones ojo, no confundamos), produce las películas, las protagoniza apareciendo en el 85% de los planos y no descuida ningún detalle al azar, lo que le convierte no sólo en un buen hombre de negocios (sus "pequeños" han recaudado y generado una cantidad de millones que sinceramente se me escapa), sino en un autor, un autor que sería como un artista total, un hombre del renacimiento donde él controla todo y ejerce su poder cual terrateniente feudal.

Otra cosa es que la gente lo admire, lo odie, vea sus películas, y gusten más o menos, pero se le debe reconocer su mérito. Seamos justos. Y es que Misión Imposible III no es ni mucho menos una obra maestra, pero es perfecta…perfecta en su dimensión. Cruise ha creado un juguete lleno de localizaciones increíbles, de esas donde a cada uno de nosotros nos gustaría estar o donde no se nos ocurriría situar una película (la secuencia del vaticano por ejemplo), mujeres a cada cual más bellas, secuencias de acción elaboradísimas (el clímax final en Shanghai, el rescate en el puente…); todo eso adornado con la grata presencia de actores muy solventes que dan al producto, un resultado la mar de agradable, ya que las presencias de Laurence Fishburne y sobretodo del monstruo interpretativo que es Phillip Seymour Hoffman (lo que demuestra de nuevo el talento de Cruise al otorgar el papel de villano a un excelente actor alejado de este tipo de películas), otorgan una seriedad, una voluntad y un empaque final digno de admiración.

También resulta curiosa la voluntad de separar cada aventura de Hunt en géneros y cineastas diferentes. Desde el inicial thriller orquestrado por De Palma, pasando por la action-movie high Tech de John Woo, hasta la actual dirigida por J.J. Abrams, Cruise busca en todo momento encauzar una saga, su particular saga de James Bond, en un estilo nuevo con cada nueva entrega. Lo que idealmente supone un interesante concepto y que funcionó en las dos primeras entregas, en esta se demuestra que Ethan Hunt no es James Bond y que ya empieza a cansar.

Y la razón no es otra que el engrandecimiento y mal de "Corleone" que aqueja Cruise. Como el hijo mayor de Don Vito, Cruise desea ganar respetabilidad, y la conseguida trabajando a las órdenes de maestros como Spielberg, la pierde en sus propias películas intentando ofrecer algo más de lo que puede y debe. Su perdición radica en ese afán de mostrarse maduro y buscar un poco de calidad y evolución en los personajes, lo que hace fallar a Misión Imposible III. El proyecto pide la justa dosis de seriedad requerida para no ser una sucesión constante de persecuciones sin conexión alguna, pero Cruise se lo toma demasiado en serio y pretende una serie de reflexiones totalmente fuera de lugar en una película de este tipo, hecho que provoca que chirríe totalmente aquellos momentos pretendidamente profundos, que desubican la atención y el resultado global de la película.

Aún así, la cinta sigue siendo un vehículo espléndido para aquellas personas que sólo busquen evadirse en una sala de cine sin que le tomen el pelo. Eso sí, que nadie se escandalice por lo irreal de la situación. Señores, vuelvo a repetir que estaos viendo Mision Imposible III y se le debe juzgar bajo ese prisma, no otro.

Esperemos que Cruise, como autor total de la pieza, tome nota de sus fallos artísticos dejándolo para sus colaboraciones con cineastas con cosas que decir, entregando la próxima aventura de Hunt con una renovada energía y concepción del proyecto. Sus fans se lo agradecerán.

Por Emilio Mtez.-Borso
cartel
EE.UU., 2006. T.O.: Mission: Impossible III. Dirección: J.J. Abrams. Producción: Tom Cruise y Paula Wagner. Guión:
Alex Kurtzman, Roberto Orci y J.J. Abrams, basado en el guión de Bruce Geller para la serie de televisión "Misión imposible". Fotografía: Dan Mindel. Música: Michael Giacchino. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Diseño de producción: Scott Chambliss. Vestuario: Colleen Atwood. Duración: 126 min. Interpretación: Tom Cruise (Ethan Hunt), Philip Seymour Hoffman (Owen Davian), Ving Rhames (Luther), Billy Crudup (Musgrave), Michelle Monaghan, (Julia), Jonathan Rhys Meyers (Declan), Keri Russell (Lindsey), Maggie Q (Zhen), Laurence Fishburne (John Brassel).