director y cofundador de la revista Letras de Cine, Álvaro Arroba ha coordinador el libro Claire Denis. Fusión fría publicado en el Festival de Cine Internacional de Gijón. También ha colaborado con textos para Rouge, El Culturas de La Vanguardia y el libro colectivo Las miradas de la noche. Cine y vampirismo.

—Qué tal si nos cuentas cómo empezó Letras de Cine.
—Pues empezó en el año 1998, sobre febrero. Partió de un cineclub de la Universidad de Valladolid. Partió sobre todo de Daniel Vázquez Villamediana y de mí. Sin pertenecer al cineclub sí que éramos espectadores asiduos. Le presentamos el proyecto a José Antonio Sigüenza, que era el director del cineclub "Letras de cine", pues ese era el nombre. Por aquel entonces se hacían unos panfletos de una página que se repartían en las proyecciones. Nosotros le dijimos que porqué se llamaban "Letras de cine" y, sin embargo, no se animaban a escribir más. En esos ciclos fue cuando empezamos a aprender más allá del cine americano, hubo ciclos de Tarkovski, Fassbinder, etc... Él estuvo bastante receptivo, así que Daniel y yo fuimos a consultar presupuestos por imprentas, bueno, lo típico que se hace en estos casos. Reclutamos a algunos compañeros como Zigor Etxebeste, Israel Diego Aragón, José Antonio García Juárez o Leticia Castañares. Poco a poco algunos compañeros han ido reduciendo sus colaboraciones. En realidad empezamos a publicarla porque en la ciudad (en ese momento sólo pensábamos en Valladolid) no había ningún órgano de expresión sobre cine. En aquella época la Seminci no era lo que es ahora, se programaba de una manera bastante más atractiva, nos estimulaba bastante a aprender. Queríamos dar nuestra particular opinión, por ejemplo, de películas que se habían proyectado en la Seminci y que habían sido denostadas por el público, y algunos de nosotros creíamos que eran muy importantes. Mientras hacíamos la revista continuaba nuestro procedimiento de aprendizaje, como sigue aún ahora. Nos fuimos iniciando en las vanguardias, los cines de la modernidad, el cine mudo, etcétera. También fuimos expandiendo nuestros lectores a revistas internacionales, a la vez que Internet empezaba a crecer paralelamente. De la propia Internet empezaban a surgir revistas internacionales que nos mostraban más de lo que nos dejaban ver. También empezamos a leer revistas francesas como Cahiers du Cinéma o Positif, y fuimos poco a poco discriminando lo que nos gustaba de lo que no nos gustaba. A medida que los colaboradores se iban expandiendo al territorio nacional, nos empezaron a llamar de distintos puntos de España solicitándonos la revista, sobre todo librerías, porque la revista se ha vendido sobre todo en librerías.

—Hace unos dos años cambiasteis el diseño de la revista de una manera bastante radical, junto con un cambio también en los contenidos, aunque de menor grado. ¿Qué tal fue el cambio?
—Fue un cambio semidoloroso porque no todo el mundo estaba de acuerdo. El mismo presidente original de la asociación no estaba convencido con el cambio. Pero nosotros habíamos crecido, habíamos dejado ya la universidad y, veíamos que nos quedábamos sin órgano de subvención, y por medio de nuestro mecenas en Cataluña José María de Orbe (que presentará este año su nueva película Línea recta), que se había puesto en contacto con nosotros por medio de un artículo que dedicamos al cine español que le había gustado bastante, él nos puso en contacto con los que son ahora nuestros patrocinadores en Barcelona, que es una empresa multidisciplinar que se encarga de hacer publicidad, spots, diseño… una empresa realmente grande que abarca casi todo lo relacionado con el diseño. A ellos les gustó mucho la revista, les pareció muy radical, esta empresa es semimexicana, semibarcelonesa. Les gustaba que habláramos de temas cada vez más desconocidos, más despegados de lo que suele verse en la prensa española, incluso en revistas como Dirigido por... que nunca nos ha acabado de satisfacer. Juntamos nuestras fuerzas para poder aspirar a algo más, queríamos hacer una revista que se adecuara a nuestros gustos, ya que no existía nada así en España. Ha sido un quid pro quo, sin ningún tipo además de interés económico, pues a ellos les reporta el ser más conocidos en otras actividades y, al juntar las fuerzas, tuvimos que hacer pequeñas concesiones, porque ellos consideraban que la revista debía venderse de otra manera. Nos la reordenaron, nos la ajustaron de espacio y, en cierto modo, tiene mucho menos contenido físico, mucha menos letra que antes, aunque siga habiéndola y no lo parezca. Poco a poco hemos ido cambiando y bueno, yo creo que hemos salido ganando, la revista ahora tiene un aspecto mucho más futurista.

—A nivel de contenidos, ¿tuvisteis algún modelo o creasteis la revista siguiendo únicamente vuestras inquietudes?
—A nosotros hacer la revista nos resulta muy fácil, queremos hablar del cine que no llega a España y no hay ninguna otra que lo haga. Así que no nos vamos a repetir con ninguna otra revista. A nivel de contenidos nosotros lo que queremos es crear una línea ideológica, que es algo que tampoco tiene ninguna revista en España. La revista más prestigiosa de cine de España es el Dirigido por... que no es más que un compilado de artículos de la que no puedes sacar nada en limpio, cada vez más conservadora y más académica. Nosotros nos queremos parecer a todas en concreto pero a ninguna en particular. Una gran influencia dentro de la revistas es Senses of Cinema, aunque claro, está Cahiers du Cinéma, Film Comment, Sight and Sound, aunque esta última a medida que la hemos ido leyendo la hemos ido desdeñando, porque se empezaba a parecer a Dirigido por... Y a medida que íbamos visitando festivales, que hablábamos con otros amigos críticos, poniendo tus ideas en claro, poco a poco vas definiendo una línea ideológica que es la que hoy en día defendemos, y que repito, no existe en ninguna revista de España. Es verdad que también están Miradas de Cine y Tren de Sombras, que son de los pocos reductos donde uno se puede refugiar para comenzar a pensar el cine y a ver que hay vida más allá de lo que estrenan las distribuidoras, que, por cierto, no nos dejan ver muchas cosas por culpa de la crítica académica y adocenada de las revistas y de los periódicos. En cierto modo, si me permites decírtelo, echo de menos en vuestra revista justamente lo que te comento. Hay críticos como Manuel Yáñez, Alejandro Díaz o tú mismo que tenéis una línea mucho más definida, pero luego con otros redactores prácticamente os contradecís. Hay miradas muy valiosas, pero que a veces, no es que cada una mire en una dirección como el Dirigido por..., porque eso es una barbaridad, pero sí que veo que se diversifica demasiado todo, y teniendo en cuenta que hace falta una labor educativa bastante importante en España para el espectador, en algunas ocasiones podéis llegar a cierto grado de confusión.

»Una de las revistas que más nos gustan es El Amante de Argentina. Nos gusta mucho la nueva época con Javier Porta Fouz al frente, pero cuando la descubrimos estaba Quintín al frente, simplemente nos deslumbramos. Además estaban on-line prácticamente enteros (www.elamante.com). Fue una de nuestras grandes inspiraciones, aunque cuando descubrimos El Amante ya habíamos publicado un par de números. Fue un revulsivo para nosotros, descubrir las crónicas de Cannes de Quintín. El Amante, además es un paradigma de la disciplina, está hecha por gente que no cobra nada y editan un número mensual.

—La realidad es que es un tema que hemos pensado mucho. Nosotros nos hemos decantado por una política de contenidos, no de ideología. Publicamos artículos sobre lo que nos parece interesante estudiar o remarcar, pero dejamos libertad al redactor para que se exprese. Y generalmente ofrecemos distintas miradas al lector para que reflexione sobre ambas. Encuentro realmente difícil, por otro lado, conseguir un grupo de redactores de pensamiento único. ¿Cómo lo has conseguido?
—No sé, yo diría que Dios los crea y ellos se juntan. Nos hemos hecho amigos a base de hablar. No es que estemos todos en la misma dirección, pero seguimos una tendencia clara. Ha sido a base de conocernos, de comparar opiniones, también de contradecirnos y aprender unos de los otros, porque también estábamos equivocados. Creo que en la prensa de cine está bien que haya una democracia, pero ha de estar muy controlada. Porque ésta puede ser muy contradictoria. Bastante democracia y libertad de expresión tenemos que aguantar en la prensa cinematográfica española, en especial en algunos periódicos. Por culpa de esto, yo creo que España es el único país en el que a cualquiera le dejan escribir sobre cine. Me parece que es tener muy poco respeto por este arte, que no ocurre en los demás. Nadie habla de música o de pintura sin tener ni idea. Así que en las nuevas revistas que hagamos hemos de evitar caer en los mismos errores. Esta situación es la que ha llevado no sólo a la crítica y a las salas de exhibición a la situación en la que estamos ahora, sino también a la misma realización de películas. A lo mejor suena un poco ombliguista, pero los críticos de cine tienen la culpa de todo lo que pasa en España. Sobre todo los críticos de cine de los grandes medios, los más leídos.

—Vuestra actitud es realmente valiente, pues al ofrecer únicamente una mirada arriesgáis mucho más. Nosotros al ofrecer siempre varias miradas, nunca corremos el peligro de equivocarnos.
—Tampoco tenemos la garantía de acertar. Vuestra actitud también es tan acertada como la nuestra, pues confiáis más en la libre elección del espectador. Pero por eso vuestros textos tienen mucha calidad, pero en ocasiones apuntan en direcciones contrapuestas. Por eso lo que importa es que haya buena calidad en los textos, incluso en aquellos que más me escandalizan. El ejemplo es el artículo de Jorge-Mauro de Pedro sobre la exposición de Kiarostami/Erice, está muy bien escrito, pero creo que empleaba términos muy duros, y eso que a mí la exposición tampoco me maravilló. Pero vaya, la verdad es que me acordé de ti, porque yo no habría publicado ese texto [risas]. Y eso que no suelo decir que no a ningún artículo.

—Como vuestra línea es muy dura, he encontrado recelosos a bastantes críticos con respecto a vuestra revista. Nosotros parecemos una revista más simpática, casi nadie habla mal de ella, aunque yo creo que Miradas de Cine, dentro del mundo de la crítica, es una revista más comentada que leída. Vosotros habéis sido los primeros en hablar en España de un montón de directores y, debido a ello, hay mucha gente que se ha descargado las películas que comentáis y ha descubierto otro tipo de cine, que los grandes medios ni se han enterado aún que existía.
—Claro que sí. Es que Internet es lo más importante que ha pasado, no solamente en las revistas de cine, sino en los foros de cine. Como el ejemplo en España de Cinexilio o Rec.Cine, la gente escribe, piensa, clarifica sus ideas a la hora de escribirlas. Todos nos aportamos novedades, ideas. El panorama es tan apabullante... mientras no lo corten. Por supuesto están los foros de descarga de p2p, donde alguien te ofrece descargarte una película checoslovaca de vanguardia de los años 60 fascinante, como el otro día descubrí yo una. Es un movimiento ya global. El otro día estaba escribiendo una cosa sobre las Movie mutations y se me ocurrió que los mutantes están en proceso de globalización y que iba a haber tantos mutantes que íbamos a ser mayorías, porque el público sabe cada vez más. También creo que el público está cada vez más en nuestras posiciones y no se conforma con nada de lo establecido.

—Dentro del lamentable panorama de la crítica cinematográfica de este país, ¿cómo situarías a Letras de Cine?
—Bufff… no sé, a mí es que es la revista que más me gusta leer. Me gustaría que también hubiera otra revista impresa para poder dialogar de alguna manera con ella. Igual queda un poco chulesco decirlo, aunque está claro que nuestra actitud siempre es un poco chulesca. Hay algo muy importante: la revista nunca conseguirá su objetivo ideológico mientras siga como ahora, con esta periodicidad… bueno, que no hay periodicidad. Queremos sacar tres números al año y nunca lo conseguimos, siempre vamos a dos. Con este funcionamiento podremos inquietar a algunas personas o suscitar intereses, pero no será un movimiento masivo. No sé si es una cuestión económica o de fundamento de trabajo, porque las personas que escribimos en la revista pues nos dedicamos a otras cosas. Es el pequeño fracaso que acarreamos en Letras de Cine desde el principio, aunque suene un poco duro. Y no tiene pinta de arreglarse.

—¿Crees que llegará algún día la regeneración de la crítica en España?
—Yo creo que la regeneración ya está en proceso. Sólo hay que ver la cantidad de visitas que tenéis vosotros, ya se ve un cambio de mentalidad. Además existe un hecho claro: la pérdida de respeto de muchos espectadores a los críticos canónicos, tanto a Mirito Torreiro como a Carlos Boyero. Toma por ejemplo el Festival de Cannes, las únicas crónicas creíbles eran las de Manuel Yáñez para Miradas de Cine, o las tuyas del Festival de Sitges. No lo digo sólo por mí, lo digo por mucha gente con la que hablo o por muchos de los foros especializados que existen en la red.

—Uno de los pocos signos que yo veo en la fuerza de la nueva crítica ha sido el hecho de que coordinaras tú el libro sobre Claire Denis para el Festival de Cine de Gijón (1). ¿Cómo fue la experiencia?
—Fue algo magnífico. Partiendo de que para variar tenía un presupuesto, pues ya no tenía vergüenza de pedir artículos; no como en la revista, que cada vez me cuesta más, piensa que estas personas viven del medio y nosotros no les podemos pagar. Aquí ofrecías una compensación y así podías crear tu dream team de colaboradores. Además Denis es una cineasta que ofrece tantos puntos de vista para ser abordada a priori, aunque al final sí que hemos hablado de temas parecidos. No sólo para hablar de ella, sino para hablar de esta nueva modernidad, por llamarla de alguna manera. Ella es una de las portavoces importantes del cine contemporáneo. Me gustaba mucho elegir, no sólo a los críticos que más me gustaban de toda la vida, sino también elegir a otros críticos jóvenes para que se estableciera un diálogo entre la crítica consagrada y la crítica de nuestra generación, con el tema de fondo de Claire Denis. Es así como concibo el libro, como un diálogo entre distintas generaciones. Fue realmente satisfactorio. Además de que tuve la oportunidad de conocerla. Quizás me faltó alguna entrevista con ella. También fue un logro el traducir por primera vez al castellano a críticos que admiro como Olaf Möller, o que gente como Quintín o Adrian Martin aparecieran por primera vez en un libro editado en España.

(1) ARROBA, Álvaro (ed.). Claire Denis. Fusión fría. Festival de Cine Internacional de Gijón. Ocho y medio. Libros de Cine. 2005, Madrid.

Entrevista realizada por teléfono a finales de abril de 2006

Por Alejandro G. Calvo