|
Carlos F. Heredero (Madrid, 1953) es Profesor de Historia del Cine Español en la ECAM y en la ESCAC. Fue crítico durante catorce años de Diario 16. Ha publicado libros sobre Peckinpah, Huston, Mankiewicz, Cassavettes, Borau, Rohmer y Wong Kar-wai —de éste Miradas de Cine publicó una reseña: ver enalces—, entre otros. Es crítico cinematográfico habitual de la revista Dirigido por… y de El Cultural del periódico El Mundo.
—¿Cómo ves el estado de la crítica actual?
—Es un tema que sobre el que me interesa mucho reflexionar. Entre otras cosas, porque uno no se puede dedicar a ejercer una actividad como esta sin reflexionar en ella. Dicho esto como premisa, lo inmediato es centrarse sobre qué tipo de crítica estamos hablando. No es lo mismo la crítica de periódicos, la de las revistas de divulgación o las críticas especializadas. La crítica en distintos formatos se ejerce de maneras diferentes y todas ellas tienen marcos y condicionamientos muy distintos. Puede ser tan jugosa la reflexión sobre unos tipos como sobre los otros.
—Centrémonos en la crítica especializada. Aquella que habría de marcar las tendencias cinematográficas del momento.
—Si estamos hablando de la crítica especializada en España el panorama no es muy estimulante. Más bien pesimista, siendo autocríticos. De hecho la única plataforma regular de crítica en España es Dirigido por..., el resto de las publicaciones son de ámbito académico, Secuencias o Archivos de la Filmoeteca. Luego hay publicaciones desgraciadamente menos consolidadas como Miradas de Cine o Letras de Cine. Sobre esto hay mucho que decir. Primero, la crítica especializada en España sufre un mal que no es solamente español, es algo general, de ámbito internacional y es que el debate puramente teórico ha desaparecido de la crítica especializada, se ha recluido únicamente en el ámbito académico. Los posicionamientos, las tendencias, las metodologías que atravesaba en el contexto de la crítica en los años 60 y finales de los 70 ha desaparecido. Por la desavenencia con los propios medios y seguramente por la desidia de nosotros mismos. No hay apenas conceptualización ni teorización y sí hay una vagancia notable. Un desconocimiento bastante profundo del cine que se hace en el mundo. A las pantallas comerciales españolas llega muy poco cine. Una gran parte del cine interesante que se ve en los festivales internacionales no llega a nuestras pantallas. Eso hace que cuando la crítica española descubre a un autor, este lleve dando muestras de su talento durante cuatro o cinco años. Casi todos los autores interesantes de los últimos diez años en España los hemos descubierto tarde o aún se desconocen. Y esa falta de curiosidad hace que la crítica no consiga olfatear las tendencias y los movimientos de pujanza o de vitalidad que aparecen en el cine mundial, o distintos focos geográficos o estéticos desde hace ya bastantes años. La crítica esta prácticamente dedicada a cubrir los estrenos que se hacen en España y lógicamente eso da poco de sí. Se hace un trabajo muy seguidista a las pantallas comerciales. Y una parte de lo más vivo, de lo más inquieto, de lo más innovador, de lo más representativo del joven cine mundial no pasa por las pantallas comerciales o llega muy tarde.
—El problema puede ser que en los medios de gran difusión, entendamos periódicos, que hacen crónica diaria de los festivales de cine, no se habla más que de la sección oficial, olvidándose de cualquier tipo de buen cine que se pueda ver en una sección paralela. ¿Es una cuestión de compromiso, de ética o de vagancia del crítico?
—Yo es que soy muy poco diplomático [risas]. Hablando de la prensa diaria, ésta, desde hace ya mucho tiempo, en los festivales se limita a ver las películas de la sección oficial y no le hace ni puñetero caso al resto de las películas que se pasan en las otras secciones. El ejemplo paradigmático es el Festival de Cannes. La crítica de la prensa diaria y la mayor parte de las revistas de divulgación sólo se ocupan de la sección oficial, y claro, Cannes es el gran escaparate del cine mundial, ahí está todo, lo mejor y lo peor, el cine de las majors, el cine independiente, los autores más exquisitos, el cine porno… absolutamente todo. A secciones como Un certain regard, la Semana de los realizadores o la Semana de la crítica, que pueden tener cosas unas veces mejor, otras veces peor, la crítica, simplemente no va. Ya pueden poner lo que quieran, no va. A no ser que en esas secciones haya una película española. Entonces se habla de esta película con un estrecho comportamiento provinciano, a ver qué ha pasado con esta película, pero si no, no va. ¿Por qué? Al menos por dos razones. Una: Porque la degradación de la crítica cinematográfica en los medios de comunicación es alarmante. Cada vez hay más espacio para la información y menos espacio para la crítica. Mira este festival, cógete un periódico de referencia como puede ser El País, el 80% de la crónica es reportaje. Hay un montón de días en que la sección de la crítica es una mera columna. Esta tendencia está en todas las publicaciones del mundo. Se tiende a diluir la crítica y la reflexión dentro de la información. Dos: No solamente se puede echar la culpa al empresario. No se puede decir "no la veo porque es que el medio de publicación para el que trabajo no me lo va a publicar", aunque eso sea cierto. Pero también es verdad que la mayor parte de la crítica que está en los festivales carece de curiosidad. Es vaga. En lugar de descubrir en su día a Wong Kar Wai hay que esperar a que se proyecte una película suya dentro de la sección oficial del festival de Cannes, si no la crítica no se entera. Pero cuando llega Kar Wai a la sección oficial ya lleva varias películas paseándose por secciones paralelas de muchos festivales. Pero como Wong Kar Wai, veintisiete mil. Es decir, hasta que un festival no coloca sus obras en el escaparate principal, la crítica no lo huele, no lo descubre. Y estamos hablando de la crítica española.
—La crítica española suele escudarse en la censura (por espacio) de los medios en los que escriben.
—Es que la situación real en los medios es muy jodida. Es espeluznante. En la prensa diaria y también en algunas revistas especializadas. No les interesa nada y, por lo tanto, no hay espacio para nada. Es una cosa tremenda. Es una lucha muy dura, es darse contra una pared. Pero ante eso hay una reacción clara: que sigas manteniendo la curiosidad, que aun sabiendo que no me la van a publicar, decidas ir a verlo, que sería lo lógico. Porque si no, no vas a saber qué está pasando en el cine en el mundo, o lo que hay a su alrededor, escribas o no escribas. En este festival yo no tengo que escribir nada, pero vengo a ver las películas, porque no puedes saber cómo está el cine español si no vienes a San Sebastián. Si pierdes esa curiosidad te sucederá como a buena parte de la crítica, que se termina refugiando en sus viejas certezas y viendo el cine de una manera totalmente anacrónica, creyendo que el único buen cine es John Ford.
—Es que el crítico sólo cubre lo que le ordenan cubrir, es decir, los estrenos cinematográficos.
—Esa es una reflexión autocrítica que la crítica debería hacer y que no estamos haciendo. Es cierto que no tenemos espacio para ello, yo me llevo quejando sobre este tema mucho tiempo.
—Es triste, porque realmente sí que hay un público para la crítica cinematográfica. La supervivencia de Letras de Cine o de Miradas de Cine son la prueba de ello. ¿Cómo juzgarías el papel de Dirigido por...?
—Dirigido por... es un cajón de sastre que, ahora mismo, lo único que hace es el seguimiento de los estrenos comerciales. La teorización hace ya muchos años que ha desaparecido. Es necesario que exista una publicación nueva en papel o en la red en la que se halle esa reflexión. Pero lo que yo me pregunto es si eso lo necesitamos solamente unos cuantos o realmente es una necesidad social. Y no tengo respuesta de momento. Lo que sí es verdad es que no hay nadie que lo intente. Estoy convencido de que existe un público. Aunque sea pequeña, la prueba de ello es que cada vez que se realiza un curso sobre crítica éste se llena. Ya sea un seminario pedagógico o un seminario de reflexión. Yo no sé porqué, pero hay mogollón de gente que quiere ser crítico de cine. Y no hay nadie que se atreva con el proyecto, más allá de productos minoritarios como Miradas de Cine o Letras de Cine. Porque la influencia (siempre relativa) que podáis tener vosotros siempre será mucho menor que la que tenga un gran medio de comunicación como El País o Fotogramas, etcétera. Y en estos grandes medios es donde hay menos espacio para la reflexión. De hecho se reduce cada día más. Se podría hacer un inventario, con una mirada atrás, de todas las parcelas que se han ido perdiendo. La situación es bastante pesimista.
—¿Crees que afecta en algo la crítica en el espectador? ¿Va más la gente al cine porque la película tenga un mayor número de "estrellitas"?
—Yo no estoy seguro que la función de la crítica tenga que ser llevar a la gente al cine. Ahí entraríamos en una dinámica muy peligrosa. Otra cosa es que eso sea una consecuencia de la función crítica. Aquí hay que diferenciar el medio de expresión. Seguramente la crítica de diario tenga más influencia sobre el público, pero también es muy relativo, porque depende mucho del tipo de película. Ya puede decir la crítica lo que quiera sobre La guerra de los mundos porque va a ser un éxito de taquilla igual. Es el cine de autor, el cine pequeño… el que necesita más a la crítica, porque sin eso no pueden sobrevivir. Hay un toma que no has tocado: la relación de la crítica no sólo con los medios de comunicación sino con la industria cinematográfica. Este es un tema mucho más peliagudo. Hay películas que se compran para distribución porque han ido a un festival o porque a cierta crítica les ha gustado mucho. Ahí se produce un bucle muy extraño. Nos encontramos con distribuidores que no van a comprar una película salvo que la vaya a poner un festival. No es que la compre cuando la ve en un festival, es que la compra antes, cuando un festival ya se ha interesado por ella. Y aún hay otro tema del que tampoco se ha reflexionado: el hecho de que grandes empresas de comunicación se han convertido en productoras cinematográficas. Dentro de esos conglomerados mediáticos existe una crítica, y ésta aún no ha hecho la correspondiente reflexión sobre su situación. ¿Cuáles son los márgenes de libertad, de independencia y de criterio desde plataformas de un grupo mediático que también es productor? Si se pierde la independencia y la ética, desaparece la crítica.
—Queda claro que necesitamos una crítica de la crítica.
—Por supuesto. Siempre lo he dicho. Es necesaria una reflexión sobre el ejercicio de la crítica: en qué condiciones se ejerce, con qué margen de libertad, con qué independencia de criterio, con qué referentes teóricos… Esta es la gran asignatura pendiente de la crítica en España desde hace ya muchos años.
—¿Y la renovación crítica? ¿Es posible que cada vez que surja un festival este edite libros siempre de los mismos críticos?
—Pues evidentemente. Necesitamos una renovación a fondo de la crítica y cuesta mucho trabajo. En términos de mercado laboral hay muy pocos puestos de trabajo, y entonces, la renovación es muy lenta (y no creo que en el futuro esta situación vaya a mejorar). He observado también, con cierta tristeza, que muchos críticos jóvenes han acabado reorientándose en el ámbito profesional. Han tendido ha convertirse en directores o en guionistas. Es algo que se entiende perfectamente, pues ha pasado siempre. Afortunadamente existen críticos muy jóvenes como los de Letras o los de Miradas, que aportan una mirada nueva, y eso, bueno, eso oxigena siempre el ambiente. A no ser que el crítico se haya vuelto totalmente ciego en su torre de marfil y nada le afecte, pues lo normal es que te interese leer algo nuevo, eso siempre te beneficiará. Aunque sólo sea por la necesidad de entender el lenguaje contemporáneo. Y luego está que vivir de la crítica de cine es realmente complicado. Vaya, de la crítica de cine no vive casi nadie. Podemos hacer una lista de los pocos que sí lo hacen si es necesario, y claro, a estos, no les va a gustar que nadie les vaya a quitar el puesto de trabajo. Es algo lógico. Por eso la renovación es casi imposible… a no ser que se muera alguien [risas]. Hay quince o veinte nombres que siempre estamos dando vueltas a la misma noria, y parte de ellos, pues... ya han perdido la curiosidad. Esto lo ves en cualquier parte. En Cannes me preguntan "¿por qué no te vienes a cenar?", ¿cómo me voy a ir si quiero ir a ver una película en la Quincena de realizadores o en A certain regard? A la Quincena de realizadores vamos sólo tres o cuatro. El otro día me encontré aquí a un crítico de una plataforma importante, que no voy a citar, que estaba indignado porque le habían programado una tercera película en un día de la sección oficial.
—¿Nos recomendarías ser más agresivos en los textos? ¿Hemos de cargar con más virulencia contra el pasotismo del crítico? ¿Hemos de regresar a Truffaut?
—Ese papel la crítica debería jugarlo siempre. Desde la experiencia de mis 52 años se ve que las cosas son siempre más complicadas. Esos arrebatos tienen una función histórica a nivel de enganche, de revuelta o de denuncia de una situación que hay que poner en cuestión. Aunque lo cierto es que estos movimientos suelen venir acompañados de un cierto esquematismo y de una cierta simplificación. El papel de Truffaut fue de una importancia básica para la renovación de la crítica en Francia, pero también está plagado de ataques incomprensibles al cine francés de entonces. No hay que ser agresivo por deliberación, se ha de ser si uno siente esa necesidad o si se expresa así de forma natural. De todas formas ese apasionamiento ahora ya se ha perdido.
—He oído comentar más de una vez a críticos "establecidos" que hay unos pocos, que además trabajan en medios importantes, que se dedican crear corrientes de opinión. Generalmente de películas de la Sección Oficial.
—Claro, ¡es que no ven otras! [risas]. Entonces no tienen parámetros para darse cuenta que eso realmente tiene relación con lo que se está haciendo, o el caso contrario vaya, me da lo mismo.
—¿Es cierto que los críticos aconsejan a los distribuidores? Lo digo porque entonces, si sólo se ven películas de la Sección Oficial, jamás llegará a nuestras pantallas nada de secciones paralelas.
—Aquí hay que ir con cuidado, porque esto tiene más matices. En la dinámica de un festival es inevitable encontrarse con gente. Pero esto en todo ámbito laboral, es fácil que exista la convivencia entre distintos sectores. Quieras o no, en un festival, o en un pase de prensa, hay exhibidores, distribuidores, directores de cine… y convives con ellos. Eso genera unas relaciones de interdependencia que no siempre son sanas. Es la lucha de la crítica de cine, el mantenimiento de la independencia en el criterio. Pero vaya, eso pasa en todas las profesiones. Yo he trabajado en un banco y me pasa lo mismo. Eso crea procesos de ósmosis naturales. Un caso concreto con una película concreta: Festival de Cannes, la película Tú, yo y todos los demás. Hablé con él y a los tres días la había comprado. Eso pasa muchas veces. ¿Fue por lo que le dije yo? A lo mejor no, seguramente se lo dijo más gente. Los distribuidores usan la opinión del que encuentran por la calle, porque a mí me encontraron por la calle. ¡No se puede evitar el encontrarse y saludarse! Frecuentemente no es mucho más que eso. Aunque claro, puede devenir en algo enfermizo.
Entrevista realizada en Donostia en septiembre de 2005, durante el festival de cine.
|
|