Tomás Fernández Valentí (Barcelona, 1964), abogado y crítico de cine, actualmente es redactor y colaborador de las revistas Dirigido por... e Imágenes de Actualidad. Es autor de los ensayos "Paul Verhoeven. Carne y Sangre", "David Lean. La emoción y el espectáculo", y en colaboración con Antonio José Navarro, "Frankenstein. El mito de la vida artificial". Ha publicado varios volumenes de la coleccion Programa Doble de Dirigido y escrito numerosos estudios de directores en las páginas de Dirigido (Steven Spielberg, Sydney Pollack, Walt Disney, Julio Medem, John Frankenheimer, Franklin J. Schaffner...). También colabora en otras publicaciones (Nosferatu, Quatermarss, cinearchivo.com) y ha particiapdo en diversos libros colectivos ("El giallo italiano. La oscuridad y la sangre", "Las miradas de la noche").

—En el espectro, llamémoslo así, de la crítica ¿donde te ubicarías?
—No leo todo lo que hay la verdad, pero sé que hay corrientes de pensamientos...

—Restringiéndolo a los que colaboráis en «Dirigido por» hay corrientes claramente diferenciadas...
—Es la demostración de que en Dirigido por... en cierta manera todo el mundo va por libre, aunque puede haber ciertas coincidencias porque hay gente que nos avenimos en cuanto a ideas y manera de ver el cine. Pero cada uno escribe a su aire, no hay más que ver el cuadro crítico en el que una película puede tener un cero o un cinco. Hay críticos que escriben desde puntos de vista políticos, otros analizan el guión, y hay crítcos que analizan puesta en escena, que es lo que a mí particularmente me gusta.

—Esos críticos que se fijan en la política de los films, ¿no sería una forma de enfocar sus propias ideas, es decir, criticar aquello que les molesta en un film porque se enfrenta a su pensamiento?
—Sí, pero esos términos no suelen ser así. Hay muchos críticos que valoran las películas en función de si son ideológicamente como a ellos les gustan y las encuentran buenas o malas dependiendo de si están más la izquierda, a la derecha... centro derecha o delantero centro.

—¿Algún ejemplo?
—Bueno, hay muchos, uno de ellos Antonio Castro. Muy respetable: no digo que hagan mal, es una manera de ver el cine. En cierto modo hay tantas maneras de ver el cine como personas haya: cada uno "ve" su película.

—Pero esto que comentas no anula tu posible interés por lo que escribe alguien como Antonio Castro...
—No, no. Evidentemente. Todas las opiniones a priori son buenas, en el sentido de que si te hacen reflexionar es algo positivo.

—Mencionas la opinión del crítico, pero tal vez lo importante es el razonamiento que lleva a esa opinión.
—Sí, sí. Uno no puede estar de acuerdo con la opinión pero la argumentación te gusta porque está bien escrita. Porque el valor de la opinión está en la argumentación, "esto me gusta por esto, esto y esto". Por ejemplo me gusta como argumenta Carlos Losilla aunque no comparto casi nunca sus opiniones... creo que él y yo somos complementarios, porque Losilla es un buen analista pero un mal crítico, y yo, aunque quede espantoso dicho por uno mismo, soy un buen crítico, en cambio soy un mal analista; claro que él puede pensar que desmenuza las películas y que lo que escribo yo es la sección de humor de Dirigido [risas].

—Mucha gente opina que la crítica en este país está realmente mal, y al mismo tiempo se encuentran algunos críticos que aceptan esto, pero dicen que la culpa es de los demás. ¿Qué piensas del estado de la crítica actual? ¿Te sientes dentro de ella?
—La crítica en España no es como a mí me gusta, pero esto es muy relativo: a mí me gusta analizar las películas desde punto de vista de puesta en escena, si algo diferencia al cine de otras artes es su lenguaje. Parece una obviedad, pero hay mucha crítica, al menos en España, que no tiene esto en cuenta, y las películas poseen una sintaxis, un lenguaje, para expresar sentimientos, ideas, sensaciones. Sé que hay crítica en España que se centra en análisis temáticos, algo que jamás he podido entender, ¿qué es el tema de una película? ¿por qué hay temas de primera fila y temas de segunda fila? Pienso que en general en la crítica española no se analiza el estilo. A veces hay películas con buen guión que están mal narradas, mientras que otras con una idea muy simple resultan interesantes por su desarrollo a nivel cinematográfico. En general esta crítica no se da en España, salvo honrosas excepciones, por ejemplo Santos Zunzunegui, que analiza plano por plano, fotograma a fotograma... quizá es excesivo, pero me inclino más por este lado que por el otro.

—Pero ¿estás satisfecho con la crítica que lees? Por ejemplo, como redactor de «Dirigido por» ¿cuando lees los textos de un número de la revista, qué piensas en general?
—No se puede evitar pensar, al leer un comentario, qué otros aspectos hubiera destacado de la película. Lo cual no quiere decir que la reflexión que haga el cronista en cuestión sea o no acertada, es decir, puedes estar o no de acuerdo, y te puede, esto es otra cuestión, gustar cómo está argumentada o escrita.

—¿Y la crítica debería ser un reflejo de la forma de pensar del crítico?
—Sí, pienso que sí. Cuando escribo, creo, soy muy personal. Una crítica es opinión y debe ser una cuestión personal. Si no es personal no es crítica.

—¿La crítica en diarios también?
—En principio la crítica periodística puede ser muy personal. Las hay. En este caso el problema puede ser el lector de periódicos que no quiere leer una crítica como la de Santos Zunzunegui, por ejemplo. En todo caso, el espacio condiciona mucho. También el estilo del periódico; no debe ser lo mismo escribir en El País que en el Qué. Probablemente en éste se pide algo más ligero, alegre, que se lea bien, nada de rollos de plano-contraplano.

—De hecho de lo que escribes tú en «Dirigido por» y en «Imágenes de Actualidad» se aprecia una clara diferencia.
—Sí. Pero es una directriz editorial del director, Enrique Aragonés, que pide que se escriba de forma menos sesuda en Imágenes que en Dirigido. Yo lo hago, aplico esto.

—«Dirigido por», sin embargo, no tiene línea editorial alguna.
—No, es verdad. Hay unas determinadas directrices de mecánica de trabajo, pero no hay línea editorial. Hubo, hace unos años, un coloquio, precisamente cuando el veinte aniversario de Dirigido, en el Colegio de Críticos, aquí en Barcelona, y Esteve Riambau comentó que echaba en falta, en aquel momento (hoy incluso está más acentuado), publicaciones de cine con una línea editorial, incluso contundente. Ponía un ejemplo jocoso: un revista que dijese "yo amo a Jim Carrey, es el mejor actor de la historia del cine, y lo defenderé aquí y frente a quien sea". Riambau venía a destacar la falta de esa línea combativa de los años sesenta de revistas como Cahiers o Positif, o Nuestro Cine en España.

—La línea editorial, sin emabrgo, tiene ventajas y desventajas...
—Creo que sí, porque pasan los años, los colaboraderes entran y salen, el pensamiento cambia, los tiempos cambian, determinados cineastas que antes eran anatema crítico ahora son ensalzados y viceversa. ¿Quién se acuerda de Miklós Jancsó? Hace unos años era el tótem del cine de arte y ensayo. Miklós Jancsó, hoy día, está literalmente olvidado porque incluso críticos que le defendieron ya ni siquiera le mencionan.

»Una vez José Enrique Monterde atacó a Tim Burton y a David Cronenberg, diciendo que eran basura, tanto ellos como los que les defendían. Ahí queda eso. Y me parece bien, Monterde puede opinar lo que le dé la gana. Una revista que mantuviese una línea editorial que dijera "no hablamos de Tim Burton ni David Cronenberg porque nos parecen basura; nadie se acuerda de Miklós Jancsó pero nosotros sí, le vamos a dedicar cada mes un estudio"... está muy bien ser militante y ser combativo, pero también ser flexible. Por ejemplo, Clint Eastwood, antes de su reivindicación crítica con aproximadamente El jinete pálido, era considerado como el prototipo del fascista americano.

—Personalizando en tus textos, y dentro de lo que es la revista «Dirigido», a veces apareces como un francotirador. Es decir, cuando un colectivo afín señala a unos determinados realizadores como la vanguardia del cine actual, tú aprovechas cualquier espacio para dejar una frase, incluso sin venir a cuento, como respuesta a esas valoraciones, y es una lástima que no tengas más espacio para desarrollar esas ideas sueltas.
—A ver es un problema, en ocasiones, de la manera de trabajar de la revista. No suelo ir a festivales y hay autores específicamente de festivales, mi trabajo me limita el tiempo, y entonces no puedo hacer reseñas de películas de algunos autores porque no las veo, o lo hago más tarde. Además, en Dirigido cada colaborador tiene sus directores preferidos y nos los reservan, aunque no siempre es así, depende. En todo caso, no creo que el cine se componga de compartimentos-estancos, el cine es como una especie de tapiz donde cabe todo, por ejemplo Chicken Little o la última de Kiarostami, aunque no tengan nada que ver, o sí, quizás sí: si ambas son cine ya tienen algo en común de entrada. No se puede evitar... también es el calor del momento [risas], porque aunque parezca mentira los críticos somos seres humanos, y uno no puede evitar, cuando hablas de una película, hablar de todas, están ahí flotando. Es decir, si a mi una cosa me lleva a la otra (a mí me lleva al menos), ¿por qué no mencionarla aunque sea de pasada?

—Lo cierto es que puede resultar, por lo menos, sorpendente, aunque sea un sello característico y tú encuentres el camino para enlazar películas (uno de los que más me llamó la atención es la mención —negativa— a "Dogville" en una antología sobre el film de Siegel "La invasión de los ladrones de cuerpos").
—Comprendo que puede sorprender y parece que salgo por peteneras. No digo que haga bien y a lo mejor es un sello malo... pero realmente no puedo evitarlo, porque el cine no son compartimentos-estancos, es un todo orgánico.

—Faltaría en «Dirigido» las polémicas en torno a un film (que en ocasiones puntuales sí se han realizado), donde se podrían contraponer esas diferentes visiones.
—El dossier polémico es una buena idea que no sé por qué no se continúa con ella. Me gusta y yo la haría cada mes o cada dos meses. Porque no creo que haya ningún crítico que tenga la verdad absoluta; la crítica en cierta menera empieza por uno mismo, y el gusto cambia con los años. Por ejemplo, a mí nunca me ha gustado Terrence Malick, pero me ha encantado El nuevo mundo y el primer sorprendido he sido yo... y te preguntas ¿Terrence Malick ha cambiado? ¿He cambiado yo? ¿Hemos cambiado los dos? [risas] ¿No ha cambiado nadie?

—En ese sentido, un film te enseña unas sensaciones en un momento dado distintas a las que puedas experimentar después de conocer más de cerca algo relacionado con él, por ejemplo haber visitado el lugar donde transcurre su historia...
—Más en un terreno como el arte, un sinfín de sensaciones y de emociones. Aunque uno haga crítica e intente poner en orden unas ideas, seguro que hay algo que se escapa. Seguro que hasta a Santos Zunzunegui se le escapa algo.

—Lo tenemos: eres un crítico al que realmente no te importa lo que piensen otros críticos, es decir, no te dejas influenciar por otras opiniones, y eso es complicado.
—A mí me parece muy natural. Pero sí que es cierto que es difícil porque hay mucha presión: si ves un día que todo el mundo pone muchas estrellitas a una película que a ti no te ha gustado, te dices "coño, a lo mejor me he equivocado". Hace poco, sin embargo, cuando fui a un pase de prensa aquí en Barcelona de La guerra de los mundos, en el cual había una animadversión hacia Steven Spielberg, el entorno me condicionó, también porque tuve que escribir esa misma tarde el artículo: tres días después la volví a ver y me gustó mucho más; traté de corregirlo en algún comentario posterior. Esto ocurre, en un pase de prensa o en un festival, se crea un determinado caldo de cultivo. Es dificil ir con un revestimiento de amianto y no dejarse impregnar de lo que oyes o de lo que dices. Pero hay que hacer ese esfuerzo.

—Ya que mencionas los festivales, ¿piensas que son útiles a pesar de todos sus posibles desventajas?
—Una utilidad práctica la tienen porque hay una difusión del cine de otras latitudes que de otra manera no se vería, por ejemplo Johnnie To (que me ha gustado lo que visto: Election y Breaking News) aunque no todo lo oriental es bueno, porque ésa es otra historia: las modas, se pone de moda Corea, hace unos años Irán...

»Lo que veo contraproducente de los festivales son los premios, porque en un festival hay un abanico tan grande de propuestas, que decir "esta sí", "esta no"... José Luis Guarner fue quien dijo que "los premios pasan y las películas quedan". Lo bonito del festival es ver películas, ver variedad, una china, una malaya, una chilena, una americana, una francesa... Hay intereses de producción y de distribución, una película con un premio se vende mejor.

—Entonces un festival no debería tener premios.
—Yo creo que no. La propia palabra lo dice: es una fiesta del cine, vamos a ver películas y divertirnos con ellas. Pero los festivales si realmente funcionan es por el mercado. Pero ya no hablamos de cine, sino de dinero, de comercio. En todas las artes hay mercadeo y el cine no es una excepción porque da dinero... bueno, determinado cine, determinada literatura, determinada pintura, determinado teatro.

—Lo crítica no da dinero (risas).
—No, no da dinero. Yo lo compagino con la abogacía.

—Nos preguntamos si la crítica realmente interesa. A veces, nos da la sensación que no, pero con Internet, donde se debate a nivel crítico de manera bastante agresiva, la sensación es otra bien distinta.
—Internet ha permitdo una válvula de escape para determinada voz de la gente de la calle que no se oía. Baste decir que el futuro de la crítica de cine es escribir en Internet. Creo. Porque no sé hasta qué punto una revista como Dirigido por... puede sobrevevir. Dirigido lleva 33 años y en ese tiempo han cambiado muchas cosas. Hoy en día, por ejemplo, se consume más cine que nunca. Aunque lo importante es que haya gente interesada en leer de cine, porque la crítica de por sí es minoritaria (a mucha gente le puede gustar el cine pero no tanto leer sobre cine). La crítica de cine aún ocupa espacio en los periódicos, mientras que la literaria aparece en suplementos que suelen ir a la papelera, no te digo crítica de una exposición de un pintor...

—Prosigamos. ¿Cuál es la labor del crítico cinematográfico?
—Lo básico es opinar, tener una voz, procurar no dejarse llevar por la corriente mayoritaria e intentar marcar una pequeña diferencia, pero no por sistema, no se trata de llevar la contraria porque sí. Si el crítico tiene que hacer algo es opinar con honestidad, con claridad (hay mucha crítica críptica), dejar un punto de vista, informar en la medida de lo posible sin sobreabundancia de datos. Lo bonito, si existe algo bonito en la crítica, es suscitar la curiosidad.

—¿A quién aspiras a llegar, a un público especializado o a un gran público?
—Me gustaría llegar a un gran público. Nadie escribe para que le lean cuatro gatos. Cuanta más gente me lea mejor. Aunque luego digan que es malo. Volvemos a lo de antes: me da igual lo que opinen los demás de mi opinión. Yo tampoco me meto con otras opiniones, las puedo discutir un poco, quizá [risas].

—¿Qué propuestas de crítica actuales te interesan más? ¿E históricamente?
—Sigo leyendo, aunque me falta tiempo para buscar y leer cosas: a veces leo algún Cahiers y Positif. He leído cosas muy buenas en ambas. En España, ciñéndome más a Dirigido, José María Latorre me sigue pareciendo el mejor crítico de la revista. Lo que he leído de David Bordwell me parece muy interesante: en España tiene varíos libros publicados.

—¿Qué opinas de los "cahieristas" que luego dirigieron?
—Hay de todo. Truffuat en su época de crítico soltaba, a mi entender, muchas boutades. Dijo cosas horribles, terribles e imperdonables incluso. Por ejemplo comentó que Inglaterra era el país más negado para el cine, algo espantoso porque desprestigió durante mucho tiempo un cine, que a mí me parece muy bueno y no sólo por la Hammer y la Ealing. Pero lo que hizo Cahiers también fue bueno, la política de autores tuvo un lado positivo, se reivindicó a mucha gente que no había sido estudiada, hubo una llamada de atención sobre una manera de ver el cine, el cine de género incluso. Causó daños colaterales, claro, poque fue un movimiento radical. Tenían tantas ganas de romper y se cargaron todos, se cargaron la librería entera. Pese a todo reconozco que, al menos, los fundamentos de la política de autores eran buenos...

—Y hablando de revoluciones, ¿no crees que sería necesaria una en la crítica de España?
—Creo que sí, pero no sabría decir hacia dónde habría que enfocarla.

—Tal vez ayudaría la existencia de revistas con línea editorial y enfrentamientos entre ellas.
—Eso daria vida, y es algo que se echa en falta.

—«Dirigido» creemos que está orientada al pasado dejando de la lado la vanguardia. Es decir, interesa más de ella sus miradas a determinado cine antiguo o clásico, que su acercamiento a la actualidad, tremendamente disperso y rígido.
—Echo en falta, a parte del dossier polémico, artículos que sean de opinión. Por ejemplo, cuando hubo el boom del cine argentino, hablar de ello (aunque a mí no me guste [risas]), ya que hay diversidad de gente y de opiniones. Lo malo es que manda el mercado: cuando hay un número demasiado cinéfilo las ventas bajan bastante, unos 1000, 1500 ejemplares.

—¿Cuál es la tirada de «Dirigido»?
—Creo que está en unos 10.000 ejemplares. Una buena venta son unos 8.000. Cuando las ventas bajan, el director se pone nervioso y lo comprendo. No se da hoy la cinefilia que había en los setenta u ochenta, aunque es posible que haya otra cinefilia y no se sepa conectar con ella. Quizás sea un defecto de la revista, en ese sentido tiro piedras a mi tejado.

—José María Latorre me comentaba que el director desea reducir al mínimo la presencia de festivales en la revista. Puede ser un error porque ¿no estaría precisamente en los festivales el camino para conectar con la nueva cinefilia?
—Pienso que sí. Las crónicas de festivales son muy interesantes. Otra cuestion es el choque generacional, a lo mejor hay un abismo entre Mirito Torreiro, José Enrique Monterde, José María Latorre y yo, y entre ellos y vosotros. Se da una particularidad: hace dieciséis años que estoy en Dirigido, cuando entró Antonio José Navarro aproximadamente, y éramos los niños (también Quim Casas, anteriormente, comenzó muy joven con 22 años, o Jordi Costa); han pasado dieciséis años y sigo siendo el niño de Dirigido, y tengo 41 años; aunque han entrado colaboradores nuevos, son más o menos de mi edad. Echo en falta que venga un chaval con 23 años con un estudio de Michael Bay, por ejemplo, y diga "Michael Bay es el mejor montador de la historia del cine, me encantan los cuarenta planos por minuto". Se echa en falta esa pasión y capacidad analítica, porque aunque llegan muchos textos a la redaccion la mayoría son muy flojos.

—Respecto al preocupante caso del plagio en la crítica ¿qué causas llevan a él? ¿En qué medida crees que Internet ha ayudado a fomentarlo? Y lo más importante tal vez, ¿qué sentido tiene copiar literalmente las opiniones ajenas, si se supone que el acto de criticar es o debería ser algo personal?
—Respecto a lo primero, las únicas causas que se me ocurren son la pereza, la poca vergüenza y puede que la inseguridad de quien plagia, por no tener un criterio propio, o también por miedo a manifestar un criterio propio que choque con el de los demás. Comprendo que, en determinadas ocasiones, sostener una determinada opinión que vaya a contracorriente de la de los demás puede resultar molesto o incómodo, y ello conduce a un no querer destacar y dejarse llevar por la opinión mayoritaria. Por ejemplo, si todo el mundo dice que el director X o la película Z son buenos, ¿por qué voy a decir yo lo contrario, aunque piense que no lo son, o que a mí no me gustan? Nunca he acabado de entenderlo, dado que se supone que vivimos en un estado de derecho (aquí sale mi faceta como abogado) donde impera la libertad de expresión y, por tanto, de opinión. ¿Qué me van a hacer por sostener que tal o cual película, o tal o cual director, a mí no me gustan, o viceversa? ¿Marginarme? ¿Reírse de mí? ¿Enviarme un sicario para que me dé una paliza?... En el momento en que expresas una opinión, te expones a que la misma no guste, o no sea aceptada, o bien a que se rían de la misma (eso es algo que hay que tener presente siempre que se opina: partir de la base de que uno puede estar total y completamente equivocado en sus apreciaciones; ya lo dije antes y vuelvo a decirlo: hasta los críticos de cine son seres humanos). ¿Y qué le vamos a hacer? ¿Que tu opinión no gusta? Pues mala suerte. Además, tampoco creo que la función del crítico (suponiendo, insisto, que tenga alguna) sea la de "gustar". Si escribes pensando en que tienes que gustar, ya vamos mal... Ahora bien, escribir para "disgustar", para provocar por el mero placer de hacerlo, tampoco es bueno, o al menos no por sistema, sino sólo cuando la ocasión se presenta propicia para hacerlo. Por eso creo que todo ese miedo a no gustar, a "ir a la contra", provoca aberraciones como el plagio.

»En cuanto a lo segundo, puede que Internet haya contribuido al fomento del plagio, y ello probablemente a causa de la todavía escasa regulación legal de los contenidos de la red (de nuevo mi faceta como abogado), y porque Internet todavía transmite cierta sensación de impunidad, de que lo que allí se dice nadie lo controla, cuando la verdad es que existen páginas con copyright, al igual que hay un copyright sobre libros, revistas o música. El alcance de Internet no ya en nuestro trabajo, sino incluso en nuestras vidas, es un tema harto complejo que todavía no se ha estudiado con profundidad. Supongo que los efectos de su alcance los iremos viendo con la perspectiva del tiempo.

»En cuanto a lo tercero, evidentemente copiar literalmente opiniones ajenas (sin citar la fuente, claro, pues no es lo mismo copiar o plagiar que citar) no tiene sentido alguno, y menos para alguien que dice ser un crítico, o que "va de crítico" (tampoco es lo mismo "ser crítico", es decir, tener una actitud crítica hacia las cosas, en este caso el cine, o "ir de crítico", por pose y, de nuevo, por comodidad).

—Hablábamos al principio de cierta tendencia a valorar determinadas propuestas en función de su novedad o de su procedencia. ¿Qué peligros a tu juicio entraña y en qué contextos podría tener sentido?
—El peligro de dejarse llevar por lo novedoso, o por la procedencia "exótica" de determinadas películas o determinados directores, es un poco como lo que apuntábamos antes: el riesgo a dejarse llevar por la comodidad, la facilidad de subirse al tren de la novedad por miedo a "disgustar" a la mayoría. Precisamente esa facilidad para dejarse arrastrar por lo novedoso es muy característica de la sociedad actual, en la que prima lo nuevo, lo joven, lo avanzado (o, mejor dicho, la idea que se tiene de lo que es "nuevo", "joven" o "avanzado"), en detrimento de lo considerado pasado, viejo, retrógrado. Y eso es peligroso porque en cine, que es de lo que estamos hablando, es evidente que nos hallamos ante un arte, o una forma de expresión, que ha ido evolucionando y avanzando en virtud de los previos logros del pasado. Nada parte de cero, ni siquiera el propio cine, que nació como una combinación de la literatura decimonónica, el teatro, la pintura, la fotografía y alguna que otra expresión artística que ahora mismo no recuerdo. Pese a todo, no pretendo decir que no haya que aceptar las novedades cuando realmente valen la pena. Ya hemos hablado de famosos cineastas que, en su momento, no fueron aceptados, como Eastwood, Cronenberg o Burton, y que ahora son considerados maestros. Lo novedoso no es sinónimo de "necesariamente bueno", pero tampoco de "necesariamente malo": depende. Pero, claro, nos hallamos de nuevo en el callejón aparentemente sin salida de siempre: los criterios para valorar las bondades de lo nuevo varían en función de cada crítico.

»En cuanto al tema de las novedades en virtud de su procedencia, ello apunta a un tema harto espinoso y que se da mucho hoy en día, que es el relativo a las cinematografías "exóticas", preferentemente asiáticas. Y estamos en las mismas: yo creo que no hay que aceptar como buena cualquier cosa que nos llega de cinematografías exóticas, del mismo modo que tampoco hay que aceptarlas, por sistema, como algo malo. El error está en el pensar "por sistema": el pensamiento tiene que abrirse, evolucionar y crecer. Sé que muchos saldrán con la consabida excusa de que las diferencias culturales entre Occidente y Oriente nos impiden apreciar en su justa medida determinadas películas, y ello es así hasta cierto punto, pero también creo que si una película "te llega dentro", ese pequeño milagro se produce con independencia de la procedencia de la misma, porque al margen o incluso por encima de las diferencias culturales yo soy de los que creen en la existencia de una nebulosa común, una especie de "arte universal" que abarca todas las culturas. Quizás es una ingenuidad por mi parte, pero estoy firmemente convencido que cualquier película bien contada "te toca" con independencia de su nacionalidad, porque hay algo que, mal que pese, hermana a toda la humanidad, por encima de todas sus discrepancias. Por ejemplo, mi ignorancia sobre determinados aspectos de la cultura japones, pongamos por caso, no me impide en absoluto emocionarme viendo las películas de Ozu, Mizoguchi o Kurosawa, que me gustan aunque seguramente no acabe de entenderlas del todo. Por otro lado, habría que ver quién es el guapo que asegura que ha entendido perfectamente "todo" lo que puede dar de sí una película, o cualquier obra de arte de cualquier tipo. En el fondo, es algo más visceral de lo que parece, por más que en ocasiones muchos lo disfracen de erudición. El arte no es matemático, y el cine, desde luego, tampoco.

—Esto que sería una forma de discriminación positiva, me da la sensación que todos hemos terminado cayendo, por unas razones u otras: por ejemplo, me sorprende tu valoración tan positiva de algunas de las últimas películas de animación realizadas en Hollywood...
—Naturalmente que todos los que escribimos sobre cine hemos caído en un momento u otro en esa discriminación, e incluso en cosas mucho peores. Volvemos a lo que hemos dicho tantas veces: hasta los críticos de cine son seres humanos, por más que muchos a simple vista no lo parezcan... Pero, bromas aparte, lo cierto es que nadie está a salvo de cometer errores de apreciación, lo que ya no abunda tanto es que haya críticos que estén dispuestos a admitir que los han cometido, mas esa ya es otra cuestión. Para hacer crítica de cine también es necesario algo que no suele darse mucho en esta profesión llena de egos excesivamente inflados: humildad [risas].

»Ahora bien, en cuanto a que yo haya podido incurrir en esa discriminación elogiando las últimas producciones animadas de Hollywood, pues qué quieres que te diga... Creo que nunca he elogiado o, como suele decirse, "hablado bien" de nada que no se lo mereciera, siempre bajo mi punto de vista. Estoy convencido de que el cine de animación de Hollywood de estos últimos veinte años ha experimentado un boom a todos los niveles, no sólo de cantidad sino también de calidad, aun con los lógicos altibajos. La Disney hizo entre finales de los ochenta y primeros noventa algunos títulos que me parecen realmente buenos, como La sirenita, La bella y la bestia o El jorobado de Notre Dame, aunque no es menos cierto que en estos últimos años el nivel haya bajado bastante, y creo que cuando así ha sido lo he reflejado en mis críticas (por ejemplo, Zafarrancho en el rancho, que era muy flojita, así lo hice constar en mi crítica). Las producciones Pixar me parecen realmente excelentes, y enlazando con lo que preguntabas antes, no me lo parecen sólo por lo que tienen de "novedad" (la animación por ordenador), sino porque las encuentro buenas a nivel cinematográfico. Hace poco hablaba por teléfono con un colega y le comentaba que yo siempre procuro ver el cine de dibujos animados como si fuese una película de imagen real, es decir, le explicaba que mi "truco", entre comillas, es ver un film de animación intentando apreciar sus méritos de planificación y puesta en escena, al igual que si fuese un film de imagen real, pues creo que un travelling, como elemento expresivo, es bueno tanto si ha sido "dibujado" como si ha sido rodado montando la cámara sobre los raíles: lo que cuenta es lo que se expresa con ello. Me viene a la memoria que, hace años, en un arranque de entusiasmo, llegué a escribir en Dirigido que el travelling que abría una película Disney, Los rescatadores en Cangurolandia (muy buena, por cierto), me parecía uno de los mejores movimientos de cámara que había dado el cine en mucho tiempo. Quizá exageré y ahora puede que no me pronunciara de una manera tan radical, pero lo cierto es que ese travelling me sigue pareciendo bellísimo, y tanto me da que se trate de una película de animación. Si la película fuese de imagen real, pensaría lo mismo. Pero, claro, una vez más volvemos al punto de partida: a quien le parezca que el cine de animación de Hollywood de estos últimos años no vale nada, le parecerá que todo esto que acabo de decir no es más que la alucinación de un chiflado que no tiene ni idea sobre qué está hablando. Por eso acabo aquí, repitiendo algo que he dicho hasta la saciedad: cuando escribes, es imposible contentar a todo el mundo, por tanto ni lo intentes: di siempre lo que quieras y opina lo que te dé la gana.

—No me refería a películas como "El jorobado de Notre Dame" o "Los Rescatadores en Cangurolandia". Pensaba en producciones más recientes, como "Shrek" (y su secuela), "El espantatiburones" o incluso "Robots"...
—Bueno, cuando me refería a que el nivel del cine de animación norteamericano ha experimentado una evolución, también incluía las producciones que compiten con la Disney, como DreamWorks o Fox, aunque por lo general me parezcan inferiores a las de Disney, si bien las distancias artísticas entre éstas y Disney están disminuyendo, ya que las últimas producciones animadas de Disney me parecen más flojas que las de su última buena época, finales de los ochenta y hasta mediados de los noventa, y dejando aparte las películas Pixar, que son una filial suya. Shrek me gustó, sin entusiasmarme (creo recordar, además, que yo no hice la crítica para "Dirigido", creo que fue Quim Casas); me pareció que tenía su gracia, pero tampoco me pareció esa obra maestra que se proclamó en su momento. Su secuela, Shrek 2, me parece bastante más floja, aunque a pesar de todo sea divertida y tenga sus momentos. Aún así, me parece exageradísimo el éxito comercial que tuvo, amasó una increíble fortuna cuando creo que no había para tanto. Y El espantatiburones, curiosamente, me hizo cierta gracia, más de la que me esperaba, quizá porque todo el mundo me la había vendido como muy mala y, mira, debía estar de buen humor ese día... Robots creo que tiene su encanto y momentos excelentes, aunque me gustó un poco menos que Ice Age (La Edad de Hielo), que era del mismo equipo, y creo que tenía gags mucho mejores. El gag es algo que yo aprecio mucho, creo que es un arte que el cine en general, y la comedia americana en particular, ha perdido lamentablemente, y es algo que echo en falta. Será porque, como a mí el cine me gusta en función de qué me cuentan exclusivamente en imágenes, me gusta que también me hagan reír en imágenes, y eso es para mí el gag. Me ha gustado Ice Age 2: el deshielo, tiene momentos muy buenos y divertidos, pero a pesar de todo me parece que tiene menos gags que el primer Ice Age, o son menos buenos. Insisto: me gustan los gags. Pese a todo, y volviendo a tu pregunta, creo que las producciones animadas que no son Disney también están, por lo general, bien, con todas sus irregularidades. Hay una en concreto que me pareció buenísima: El gigante de hierro, que produjo la Warner y dirigió Brad Bird, quien luego hizo Los increíbles para Pixar. Naturalmente que no todo es excelso, pero el conjunto del cine de animación americano actual tira a bueno: ha pasado por épocas mucho peores, créeme.

—¿Cuáles crees que podrían ser las razones por las cuales cuesta tanto ver un film de animación del mismo modo que uno de imagen real? ¿Puede simplificarse al hecho, que comentas, sobre la planificación y la puesta en escena, que no sea tenida, sorprendentemente, en cuenta?  ¿Puede haber algún elemento de índole social? Pienso que un film —juego con ventaja: me consta que lo valoras en gran medida— como "Alicia en el País de las Maravillas" no debería pasar inadvertido, pero es complicado encontrar lúcidos comentarios y acercamientos sobre él (en cambio siempre podemos leer una y otra vez  lo mismo sobre una lista de títulos que se repite año tras año)...
—Mira, hace muy poco he visto una película que me ha hecho plantearme la cuestión  sobre qué entendemos por cine infantil, o qué es infantil en cine. Se trata de La niñera mágica, una comedia dirigida por Kirk Jones que tiene todo el típico argumento de cuento de hadas: niños que se portan mal, hijos de un padre viudo que no sabe qué hacer con ellos, hasta que se presenta en su casa una niñera mágica, la Srta. McPhee, que con sus poderes mágicos les enseña buenas maneras y a comportarse. Sin ser una maravilla, es una película muy bien hecha, excelentemente interpretada, y rodada con cierta elegancia incluso, pero me temo que pasará desapercibida, o será subvalorada, no en función de todo eso que digo y que, desde luego, se puede discutir (si está o no bien rodada, si los actores están bien o no...), sino que a la hora de la verdad muchos la "despacharán" por el  mero hecho de que es una película, dicen, "para niños". Y yo me pregunto: ¿qué tiene de malo el que sea una película "para niños" (por más que, creo yo, tiene un humor que los adultos pueden entender mejor que los niños)? ¿Limitarse a decir que es "para niños" ya basta para valorarla a nivel cinematográfico? Yo creo que no. Que eso no es una valoración cinematográfica, es una mera lectura de guión sin más consideraciones. Creo que el crítico, cuando ve una película así, debe situarse adecuadamente en el contexto de la misma, y entonces juzgar EL CINE que haya en esa película, ni más ni menos (que no es poco, ni fácil). Salvando las distancias, creo que esto es exactamente lo que ocurre con el cine de animación: se limitan a decir que es "para niños", y por tanto consideran que no requiere el menor esfuerzo intelectual de análisis. Olvidan no sólo que hay mucha producción de dibujos animados para adultos, como los animes japoneses, que los hay terribles en cuanto a sexo y violencia, y con unas tramas complejísimas (como por ejemplo el famoso Ghost in the Shell, que es muy interesante, aunque reconozco que me costó mucho entender de qué iba). Olvidan también que el cine de animación también es cine, y que el tono infantil es un tono narrativo como otro, una opción como otra, de la misma manera que existe el tono dramático, o el terrorífico, o el cómico, etc. ¿Si ello se debe a alguna razón de tipo social? Quizá de educación y de cultura general: la creencia extendida de que los cuentos de hadas son una forma menor de la literatura, y que las películas que se inspiran en ellos también lo son por el mero hecho de partir de cuentos de hadas. Como esa película que mencionas, la versión que hizo Disney de Alicia en el País de las Maravillas, una maravilla que, creo, no desmerece la obra de Lewis Carroll, que tampoco es un simple cuento "para niños", sino una obra muy compleja y llena de esquinas, como pueda serlo el "Peter Pan" de James M. Barrie. Vamos, que si hiciéramos caso a quienes creen que los cuentos de hadas y el cine de animación que se inspira en ellos no son más que tonterías, resultaría que Carroll, Barrie, los hermanos Grimm, Perrault, Andersen, Roald Dahl o el propio Disney no hicieron otra cosa que malgastar sus vidas y perder el tiempo...

—Sobre la escritura compartida, que has llevado a cabo en diversas ocasiones junto al crítico Antonio José Navarro, coméntanos qué motivaciones llevan a ella y cómo mantienes una voz propia dentro de un texto más o menos homogéneo. ¿Dirías que para escribir en colaboración con otra persona es necesario, tal vez obligatorio, que ambas tengan las mismas inquietudes y gustos? ¿Este modo de ensayo puede llegar a cerrar más las opiniones en torno a unas ideas comunes?
—Supongo que es, si no obligatorio, cuanto menos recomendable que, al escribir en colaboración, se compartan unos determinados gustos, pero tampoco necesariamente, pues a veces del contraste de opiniones complementarias puede surgir algo muy interesante. Lo que no sería factible sería escribir algo en colaboración partiendo de puntos de vista opuestos y absolutamente irreconciliables, aunque, quién sabe, quizá sí saldría algo bueno de semejante combinación. En el caso concreto de mis colaboraciones con Antonio José Navarro, te puedo asegurar que la cosa casi siempre ha salido por sí sola y prácticamente sin ninguna discusión sobre cuestiones de fondo, tan sólo formales, como qué cantidad de espacio íbamos a dedicar a tal o cual cuestión, y cosas por el estilo. Por ahora nuestro mayor récord es el libro Frankenstein. El mito de la vida artificial, que publicamos en el 2000 con la ya desaparecida Editorial Nuer, de Madrid, una filial del grupo editorial Celeste. Nuestra referencia era el libro sobre Drácula en el cine que escribieron Roberto Cueto y Carlos Díaz Maroto también para Nuer (muy bueno, por cierto), y la idea casi surgió por sí sola, de pura lógica: después de Drácula, Frankenstein... Hicimos un índice y nos pusimos rápidamente de acuerdo sobre quién escribiría qué, y se puede decir que lo hicimos muy deprisa, en menos de un año, quizá diez meses a lo sumo. Es una pena que la vida de ese libro fuera algo desgraciada, dado que según la editorial no se vendió bien (aunque nosotros nunca nos lo hemos acabado de creer, pero no podemos demostrar lo contrario), y lo saldaron, aunque todavía se encuentra en algunas librerías, incluso en Internet (juro que, buscando en un servidor, por curiosidad, vi algunos ejemplares en páginas rarísimas, por ejemplo amazon.com, versión Japón, distribuido por Ediciones Jurídicas Cuatrecasas, o algo así, y a precios exorbitantes, más de 30 ó 35 dólares... ¡y nosotros sin percibir ni un céntimo! Dicho sea de paso, ¿qué cojones tienen que ver con ese libro Ediciones Jurídicas Cuatrecasas, un bufete de abogados muy famoso aquí en Barcelona?). En fin, dado que los derechos de autor nos pertenecen, confiamos en que algún día lo reeditaremos. Antonio y yo también hemos escrito a medias algunos artículos para "Dirigido", como uno sobre Kurosawa y otras cositas, como uno sobre científicos locos y robots en el cine (que, por cierto, era un capítulo que tuvimos que quitar del libro de Frankenstein...), y la mecánica siempre ha sido la misma: hemos propuesto un índice o unos temas, nos los hemos repartido de manera que cada uno escriba sobre aquello que más le guste, y adelante, sin más. Naturalmente que influye el hecho de que seamos amigos desde hace años, unos dieciséis más o menos, desde que entramos casi al mismo tiempo en el equipo de "Dirigido". Y, como es lógico, no coincidimos en todo; al contrario, tenemos terribles discrepancias, películas que le gustan mucho al uno y al otro no le entran de ninguna manera, y viceversa, aunque creo que eso es lógico, normal e incluso me atrevería a decir que natural: a nadie le gusta o le disgusta una película de la misma manera o por las mismas razones. Pero creo que, al margen de esas naturales diferencias, compartimos a pesar de todo una determinada actitud hacia el cine: una forma de mirarlo, digamos, "pura", suponiendo que en cine eso sea posible por completo; limpia de prejuicios y de ideas preconcebidas, o al menos así lo intentamos. Que lo consigamos o no, ya es harina de otro costal... En cualquier caso, la cuestión de si el escribir en colaboración contribuye a unificar criterios, cerrar opiniones sobre una determinada cuestión, sí, es posible que así sea, o por lo menos ayuda, pero tampoco creo que sea el método definitivo para lograrlo, pues mientras haya cine, y personas dispuestas a analizarlo, nunca habrá opiniones completamente cerradas, al igual que no las hay respecto a ninguna rama del arte. Y, sobre todo, hay que divertirse haciéndolo, que para mí es muy importante, pues siempre he dicho que si algún día escribir sobre cine dejara de divertirme, dejaría de escribir, pura y simplemente; pero, para alegría de las pocas personas que tienen la paciencia de leer lo que escribo, y para fastidio de las que debe haber que no me aguantan, todavía sigo divirtiéndome...

Entrevista realizada el 3 de marzo de 2006 en Barcelona.

Por A.G. Calvo y J.D. Cáceres
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