Juventud, divino tesoro
Cinema Jove es, sin ningún género de dudas, el festival más carismático de todos cuantos existen en la Comunidad Valenciana. Primero, por sus propias características seminales: un evento relizado en pro de la juventud, de todos los autores menores de treinta y cinco años que deseen exhibir sus inquietudes cinematográficas. Ello otorga al festival una envidiable y contagiosa frescura al saberse arropado por gente con entusiasmo que aún no ha sido vencida por el escepticismo que provoca el irremediable paso del tiempo. Y segundo, y quizá más importante, por tratarse de un certamen abierto a todo tipo de producciones gracias a las tres secciones que lo componen: largometrajes, cortometrajes profesionales y cortometrajes amateurs. Este eclecticismo interno (inexistente en otros certámenes mucho menos prestigiosos, aunque con un mayor número de ínfulas) es el que hace que el festival mantenga un envidiable arrojo (que se va incrementando año tras año) solidificando su prestigio y convirtiéndose en uno de los más imprescindibles eventos culturales a los que pueda optar cualquier joven cineasta.
Asimismo, los ciclos y homenajes también se ven marcados por este aspecto: las retrospectivas a los cineastas muestran, exclusivamente, su obra anterior a los treinta y cinco años, así como el apartado “un futuro de cine” se concede a los intérpretes que todavía no hayan alcanzado esa edad.
Es Cinema Jove, en definitiva, un certamen que se ha hecho a sí mismo, que se ha ido ganando con total justicia el interés que en estos momentos despierta y que, sobretodo, tiene la enorme valentía de no haber traicionado el espíritu con el que nació.
Cinema Jove, 2006
Certero, como casi siempre, en sus retrospectivas, el festival ha optado este año por dedicar ciclos y homenajes a Stephen Frears, Steven Spielberg, Gracia Querejeta, Virginie Ledoyen y, quizá el más interesante de todos, a la animadora alemana Lotte Reiniger. Todo ello sin dejar de lado las proyecciones especiales en las que se incluían dos piezas de uno de los miembros del jurado, Karoly Makk. Dentro de la heterogeneidad de estas propuestas pueden apuntarse elementos mejorables como, por ejemplo, el hecho de no haber incluído ningún cortometraje de Steven Spielberg o de obviar su etapa anterior a El diablo sobre ruedas, plagada de interesantísimos telefilms. Hecho éste que no se ha dado con el de Stephen Frears que sí incluía su primer cortometraje, The burning.
Pero, más allá de todo ello, si este año ha habido algún factor “negativo” (por llamarlo de alguna manera) en Cinema Jove, ha estado relacionado con la selección de algunas de las diez películas que han formado la sección oficial de largometrajes. Muy a pesar de que el jurado (1) haya destacado la calidad de todas y cada una de las cintas que competían por la Luna de Valencia, lo cierto es que el nivel de calidad ha sido mediocre en sus líneas generales y en el que únicamente han destacado, y de manera muy especial, las dos cintas alemanas, Komm Näher y Vier fenster y la rumana Ryna, finalmente vencedora. Todo lo demás ha estado teñido de grisáceas intencionalidades críticas (Ahlaam), desdibujados retratos personales (Nin Jin Sha Ri) o, directamente, productos sin pies ni cabeza (Linda, Linda, Linda). A continuación se esbozará una breve reseña de los diez films en competición.
Ahlaam, de Mohamed Al-Daradji (Irak-Reino Unido-Holanda, 2005)
Ahlaam venía precedida de cierto grado de interés al ser la segunda película realizada en Irak después de la caída del régimen de Sadam Hussein. La obra de Mohamed Al-Daradji cuenta las historias entrecruzadas de tres personajes, residentes en una institución mental, en el marco del ataque a Bagdad de las tropas norteamericanas. Empero, el film de Al-Daradji muestra muy pronto sus flaquezas internas y sus deficiencias en la construcción del guión, así como en la misma puesta en escena. Un argumento alargado en su primera mitad, copada por un innecesario “flash-back”, y un chapucero tratamiento en el desarrollo de varios personajes (el soldado enfermo, por ejemplo), son la más clara muestra de que Ahlaam se respalda, descaradamente, en sus intenciones críticas, supeditándolas a un desarrollo cinematográfico mínimamente coherente. Pero, no nos engañemos, dichas intenciones quedan en la más absoluta de las superficies. Existe, y lo digo sin tapujos, mayor grado de compromiso en un sólo plano de La Guerra de los Mundos de Spielberg (genialidad a reivindicar desde ya) que en los ciento diez minutos de esta hueca producción, perdida entre sus ambiciones y renqueante en su confuso mensaje.
Intellectual Property, de Nicholas Peterson (EE.UU., 2006)
La película de Nicholas Peterson resultó, aún a pesar de su irregularidad, un grato aire de frescura y espontaneidad. Intellectual Property es un curioso experimento fílmico que se encuentra oscilando, constantemente, entre el cine de ciencia-ficción y el thriller psicológico, en el marco de la “caza de brujas” de MacCarthy. El interés del film radica en su curiosa construcción, casi una plasmación narrativa del “Cubo” inventado por el protagonista (histriónico y convincente Christopher Masterson), por momentos cercano al espíritu de David Lynch. Las mencionadas irregularidades vienen provocadas por la frialdad en la dirección de Peterson, quien pocas veces parece implicarse de lleno en los elementos que plantea la película (el tercio final, desprovisto de fuerza climática), así como en una cierta inconcreción estilística que hace que la cinta vaya discurriendo entre diversos aspectos visuales sin atenerse a uno concreto. Sin embargo, Intellectual Property sirve como una curiosa rareza, digna de verse con atención.
Komm Näher, de Vanessa Jopp (Alemania, 2005)
Komm Näher fue el primer film alemán proyectado en Cinema Jove y, sin ningún género de dudas, la mejor película de todas las que competían en la Sección Oficial. La cinta de Vanessa Jopp (séptima obra de esta cineasta) es un estremecedor relato de soledades en el marco de un Berlín noctámbulo, frío, hastiado, contagiado por la lasitud de sus moradores. Komm Näher es, asimismo, un retrato inmisericorde del fracaso, tanto personal como profesional, de un conjunto de seres interconectados levemente entre sí en el que cada uno de ellos acaba convirtiéndose en un reflejo (invertido o no) de los otros. En efecto, el fracaso profesional de dos hermanas separadas por unas profundas rencillas no explicitadas son un evidente ejemplo de lo antes mencionado: la frustración de Mathilda (sobrecogedora, sublime Meret Becker) que va pivotando de empleo en empleo sin encontrar estabilidad, se encuentra ínitmamente relacionada con la de Ali (Stefanie Stappenbeck), que ha de traicionar sus principios profesionales para mantener intacto su nivel de vida. Exactamente lo mismo sucede con sus relaciones afectivas: viscerales e impulsivas en la primera, frías y distantes en la otra. Ello se extiende en la exposición de los demás personajes: el maduro y acomplejado taxista Andi ve su perfecto complemento en la joven Mandy, gracias a los catárticos contactos telefónicos; David, al igual que Mathilda, quiere escapar sin saber cómo del hastío cotidiano, aunque para ello destroce la vida de su esposa, Ali... es decir, un pequeño laberinto de personajes redondos en el que todos se van cruzando de la manera más sutil posible gracias a un soberbio guión que, provisto de unos diálogos de hierro, disecciona cada una de las psicologías con una coherencia y una verosimilitud impresionantes. Quizá influenciada por la inmensa Magnolia de Paul Thomas Anderson (sonrisa final incluída), la dirección de Vanessa Jopp logra plasmar, con gran detalle, unas imágenes realistas que son, en el fondo, un exacto reflejo del estado de los personajes. Esta excepcional película hubiera merecido, al menos para quien esto suscribe, la Luna de Valencia con mayor justicia que cualquier otra.
La habitación de Elías, de Emma Tusell (España, 2005)
La habitación de Elías es otro ejemplo de disparidad entre intenciones y resultados. La película de Emma Tusell resulta interesante y apreciable en la modestia de sus medios (todo el film está grabado en formato no profesional), sin embargo, este aspecto no disculpa la flojeza del proyecto. La cinta es un documental que oscila constantemente entre la ficción (el hecho de utilizar a una actriz como “alter ego” de la propia realizadora; varias secuencias en las que se manipula la realidad y las reacciones de los personajes,...) y el retrato antropológico de un pequeño pueblo marroquí. Y es este el mayor hándicap de la producción: quedarse vagando constantemente entre la realidad y la intervención en dicha realidad, sin dar cuerpo sólido a todo el cajón de sastre de imágenes y situaciones. Amén de ello, el ritmo lento, farragoso por momentos, no hace más que agravar el resultado final. A pesar de todo ello, La habitación de Elías ha sido uno de los films más apreciados de todos los proyectados en el festival, hasta el punto de serle concedido una Mención Especial del Jurado que, según la consideración de Félix Murcia, premiaba la calidad del film muy a pesar de la pobreza de medios. Para gustos, los colores.
Linda Linda Linda, de Nobuhiro Yamashita (Japón, 2005)
Linda Linda Linda es otra prueba irrefutable de lo sobrevalorado que se encuentra actualmente el cine oriental. Sin duda, en circunstancias normales, ésta desastrosa película de Nobuhiro Yamashita no se hubiera tenido en cuenta para una Sección Oficial de largometrajes, no obstante, la moda dominante de aclamar cualquier tipo de producción asiática ha propiciado su inclusión entre las diez finalistas. Ésta insustancial comedia “teenager” cuenta la historia de un grupo musical compuesto por cuatro alumnas de un instituto a quienes se les echa encima la fecha de su actuación. Esta mera anécdota se encuentra exasperantemente alargada durante casi dos horas en las que desfilan por el film un cúmulo de personajes sin psicología alguna, metidos en una trama absolutamente ridícula. Linda Linda Linda, en definitiva,no es más que una traslación fílmica de cualquier manga de adolescentes, en los que todo es superficial y carente de sentido.
Nin Jin Sha Ri, de Shuhei Fujita (Taiwán-Japón, 2005)
Nin Jin Sha Ri es la segunda película asiática seleccionada por Cinema Jove y, al igual que el film de Yamashita —aunque por distintos motivos— otro ejemplo de injustificada valoración. El film de Shuhei Fujita narra la búsqueda de las raíces taiwanesas de un joven criado en Japón, el choque cultural (de idioma, básicamente) y la progresiva aceptación. Todo ello, no obstante, acaba convirtiéndose en una tediosa muestra de incapacidad creativa en la que Fujita intenta hacer pasar por reflexión e introspección lo que no es más que un escandaloso vacío argumental, por momentos, insoportablemente aburrido. El cineasta situa su mirada en el cine de Ozu con la profusión de planos fijos que intentan escrutar la situación interna de los personajes. Empero, estas ambiciones fallan de inmediato debido a que los elementos argumentales son totalmente insuficientes para la construcción de un film mínimamente coherente y a que los personajes dejan de interesar desde su mismo comienzo. Dicho de otra forma: Fujita no tiene nada que decir y se limita a filmar vaguedades con delirios de trascendencia.
Oda do radosci, de A. Kazejak, D.J. Komasa, M. Migas (Polonia, 2005)
Desde el mismo momento de proyectarse, Oda do radosci se convirtió en una de las películas favoritas del jurado. Aún así, y considerando éste film colectivo un producto curioso y relativamente interesante, lo cierto es que dista mucho de ser una de las mejores películas vistas en festival. El problema de éste film polaco se encuentra en el hecho de su construcción tripartita, ya que la diferencia de calidad de sus tres historias es más que notable. Mientras que la primera, Silesia dirigida por Anna Kazejak es una sensible y más que notable aproximación a la precariedad laboral y a las ilusiones destruídas de la juventud polaca, la segunda historia, Warsaw de Jan Komasa resulta excesivamente tópica en el tratamiento de los personajes y en su exposición de las diferencias de clases. Por su parte, la tercera y última, The Sea de Miciej Migas, la más poética de las tres, posee buenas intenciones y una estimulante labor de dirección, aunque un ritmo irregular que, finalmente, acaba pasándole factura. No cabe duda que cualquiera de estas piezas podría funcionar perfectamente de manera individual, pero no producen el mismo impacto como obra colectiva. Sin embargo, el film, en su conjunto, es certero en su crítica (las intolerables situaciones sociales de la Polonia post-comunista, reflejadas en una juventud desesperanzada que sólo concibe la emigración como única vía de escape) y posee una cierta unidad de estilo, pese a estar realizada por tres cineastas diferentes.
Play, de Alicia Scherson (Chile, 2005)
Play cuenta la historia de una joven enfermera que se convertirá en espectadora pasiva de los problemas, encuentros y desencuentros de una pareja burguesa. Ésta mediocre producción chilena es un intento, totalmente insatisfactorio, de crear una comedia romántica a contracorriente y heterodoxa. Intenciones lastradas por el exceso de autocomplacencia de su guionista y directora, Alicia Scherson, que compone un conjunto de personajes totalmente planos, envueltos en unas situaciones ridículas que no poseen, para nada, el aura de profundidad que nos quiere vender. Salpicada por esporádicos elementos fantásticos metido con calzador y con alguna que otra influencia (sobretodo en lo que al ritmo se refiere) de Lost in translation, Play es una pieza ramplona, pedante y tediosa, totalmente alejada de sus objetivos.
Ryna, de Ruxandra Zenide (Rumania, 2005)
Ryna ha sido la gran triunfadora de esta edición de Cinema Jove al conseguir, por unanimidad, la Luna de Valencia de Oro a la Mejor Película. Ésta excelente ópera prima de la cineasta rumana Ruxandra Zenide incide, de manera admirable, en el drama de una joven sometida por su padre a todo tipo de privaciones entre ellas la negación de su propia feminidad. Retrato cruel y profundamente emotivo de los estratos más extremos y socialmente retrasados de la Rumanía profunda, Ryna posee, entre sus múltiples virtudes, un espléndido guión que sabe dosificar con gran talento todos los elementos con los que juega: presentación de personajes, planteamiento psicológico, líneas argumentales y la consecución del drama final. Todo ello planteado sin precipitación pero, al mismo tiempo, sin dilatarse en exceso en detalles circunstanciales. Asimismo, la dirección de Zenide sabe extraer del rostro de una sensacional Dorotheea Petre, todo el sacrificio interior y mostrarlo en unas imágenes extremadamente sobrias, aunque concienzudamente planificadas, en las que cada elemento incluído en el encuadre adquiere significación propia. Cine comprometido y, a su vez, cine preocupado por construír una puesta en escena sólida, con sentido propio. Una magnífica película.
Vier fenster, de Chistian Moris Müller (Alemania, 2006)
Esta espléndida película de Chistian Moris Müller es la segunda de nacionalidad alemana seleccionada por el festival. Uno de los mejores films proyectados en la sección oficial, el visceral debut en la dirección de Müller da como resultado una pieza rabiosamente contenida y de resultados plenamente logrados. Un largo “travelling” (en el sentido más literal de la expresión) por la psicología de unos personajes al borde de la explosión, llenos de culpa, amargura, frustraciones y, sobretodo, poseedores de algún tipo de terrible secreto que el film no se encarga de desvelar, pero sí inisinuar con certeras pinceladas. Es éste uno de los mayores aciertos (si no el mayor) de toda la película: la sensación de estar junto a una bomba de relojería, de que el conflicto puede estallar en cualquier momento sin que ello finalmente ocurra. Algo que provoca en el espectador una indescriptible sensación de incomodidad que se va acrecentando a medida que avanza el metraje. Notablemente influenciada por Gus Van Sant (los movimientos de cámara), Michael Haneke (la violencia contenida), Rainer Werner Fassbinder (los trazos de marginalidad) e, incluso, John Cassavetes (el núcleo familiar como detonador), esta compacta pieza de cámara es, junto a Komm Näher y Ryna, la mejor película vista este año en Cinema Jove.
XXI Encuentro Audiovisual de Jóvenes Cinema Jove
He querido dedicar un capítulo aparte a la sección amateur del festival por varias razones. Primera, porque siempre pasa desapercibida en las noticias de prensa y he querido que ésta reseña sirva como reivindicación. Segunda, porque hay mucho talento metido en varios de estos cortometrajes realizados en formatos caseros y sin presupuesto. Y tercero, porque esta fue la sección pionera del festival, la primera en ver la luz allá por el año 1985; todas las demás han sido la consecuencia de esta iniciativa. El Encuentro Audiovisual de Jóvenes se divide en tres categorías, la “A” en la que compiten los centros escolares de Infantil y Primaria; la “B” para los institutos y grupos de ESO y Bachillerato; y la “C” dedicada a los Centros Formativos de Imagen, Universidades y Asociaciones Juveniles o Culturales.
La imaginación al poder
Los circuitos (autodenominados) “profesionales” se han ido convirtiendo, (al menos en Valencia) en herméticos búnkeres, para quienes el entusiasmo no es más que una molestísima lacra que debe ser erradicada cuanto antes y sustituída por el “lameculismo” más atroz. Mundo endogámico donde los haya, monopolizado por un grupo muy reducido (y muy concreto) de productores, cineastas y actores (por llamarlos de alguna manera), que se reparten todas y cada una de las ayudas institucionales, apenas dejan pasar un mínimo soplo de aire fresco que revitalice su constreñido cosmos, poblado de productos (a cuál más lamentable) con los que saturar el panorama fílmico territorial.
Es por ello que se agradece sobremanera el hecho de que se conserven secciones como ésta, sobretodo en un festival como Cinema Jove. Se agradece porque es aquí donde la imaginación tiene todo el protagonismo, alejándose totalmente de intereses económicos, presiones de producción y manipulaciones diversas. Y es aquí donde se pueden visionar joyas del calibre de III Violencias de Daniel de la Orden, ganadora del Primer Premio en la Categoría “B” o la divertidísima 10 lecciones básicas para conducir en Madrid de Eva Sáez Sanchidrián, igualmente Primer Premio en la “C”.
El resto del palmarés ha sido lo más equitativo posible, concediéndose en la “A” el Primer Premio a la curiosa El rodabola del CP Dr. López Rosat de Valencia y el Accésit a Plastilina Film, un ingenioso corto íntegramente creado por un chaval de doce años. En la categoría “B”, El placer está en la seguridad del IES Santa Eugenia de Madrid logró, por su parte, el Accésit correspondiente a su grupo, y en la “C” el mismo galardón fue a parar al incisivo y mordaz cortometraje de animación de Luis Ponce La culpa es de Kate Moss. Por lo que respecta a las menciones especiales, destacar el premio a la Mejor Interpretación Femenina concedido a María Maroto por su impresionante trabajo en Bela Lugosi ha muerto (dirigido por quien firma éstas líneas) o los dos galardones otorgados al valiente y sutil Dos motivos de Francisco Jorge Mora García. Todos ellos pertenecientes a la Categoría “C”.
Muy a pesar de que un número considerable de producciones no han tenido ocasión de ser recompensadas (entre ellas la sólida Pasajes de Daniel Cantos Pardo, Painting soldiers de K. & J. Prada —de excelente fotografía en blanco y negro— o la muy curiosa El robatori de la Escola Gavina de Picanya), el nivel de originalidad y atrevimiento audiovisual en varias de ellas ha sido perfectamente equiparable a las ganadoras. Sin duda, una sección única que crece en interés cada año, destacando muy por encima (y lo digo sin el menor complejo) del rancio panorama cinematográfico que existe en este país.
(1) Compuesto este año por el cineasta húngaro Károly Makk, el decorador español Félix Murcia, la productora y directora danesa Janne Giese y el versátil cineasta y cantante inglés Michael Sarne. El quinto miembro del Jurado, la actriz Greta Scacchi, no pudo asistir más de un día a Cinema Jove por diversos compromisos profesionales.
|
|