Reflejos de la locura

Takashi Shimizu, conocido en el mundo occidental como el director de La maldición, de la que también realizó el remake estadounidense, aquí titulado El grito, creó en 2004 una película que ante las escasas posibilidades de distribución muchos ya conocíamos (qué remedio) por su título original Marebito, que en este caso, pese a la nacionalidad del filme, a nadie resulta difícil de pronunciar.

Seres extraños es el título que ha recibido a su estreno en nuestras salas, en referencia a la gente que habita en un submundo oculto en las profundidades de Tokio (por supuesto en el contexto de la película, aunque si las leyendas urbanas dicen que hay cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York, ¿quién sabe si no habrá pequeños "godzillas", por ejemplo, en los desagües de Tokio?).

Quizá las principales razones por las que me ha gustado la película no sean exclusivamente cinematográficas. El título de esta reseña me lo ha dado la frase de una canción de Rosendo que habla de ese obstáculo impertinente que es la basura (que a nadie se le pase por la cabeza el chiste fácil; la película me ha gustado y las tres estrellitas deberían ser argumento suficiente para dar fe de ello; no obstante lo argumentaré) Reconozco que me han sorprendido las múltiples referencias (algunas serán conscientes, algunas no, y las otras, de sobra sé que meras comparaciones creadas por mi imaginación) que he encontrado en la película, de fuentes bastante dispares. El punto de partida remite a muchas de las obras de H. P. Lovecraft: La voz en off del protagonista nos relata unos sucesos extrañísimos y aterradores en los que se ha visto implicado, cosas que a él mismo le resulta difícil de creer, y por supuesto no hay testigo alguno de lo acontecido, salvo su persona. A continuación, comenzando ya la narración de los hechos, en un descenso equiparable al relatado por Fernando Vidal a los subterráneos dominados por los ciegos en la novela de Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas, encuentra un mundo enterrado bajo la ciudad, donde descubre, entre otros extraños seres, a un hombre de cuyo suicidio fue testigo en el metro, y a una extraña y silenciosa muchacha a la que se llevará a su casa para... (aquí cada espectador puede hacer sus propias interpretaciones, aunque a todas luces parece que para cuidarla y protegerla; las motivaciones, lógicas y racionales, aparecerán más tarde). Más adelante, cuando descubra las costumbres alimenticias de su invitada, tanto éstas como los métodos aplicados por el sufrido protagonista para saciarlas evocan inevitablemente a la película La tienda de los horrores. Por otra parte, el desenlace, en el que se intenta dar una explicación racional a lo sucedido, también me trae una sensación de déjà vu. Pero en definitiva todas esas referencias me dicen algo, y me hablan de cosas que me gustan.

Shinya Tsukamoto (director de la película de culto Tetsuo) interpreta al protagonista. Éste trabaja con la cámara de vídeo y su profesión le obliga a llevar consigo el temido aparato (temido porque a través del objetivo ve cosas que no ven otros) con frecuencia. Así, Shimizu alterna los puntos de vista de la acción de principio a fin: por una parte aplica el empleo de la videocámara del protagonista a modo de vista subjetiva y por la otra una narración más convencional sin emplear la cámara digital. Las ventajas de esta alternancia son obvias, en primer lugar la reducción presupuestaria (algo muy importante cuando no se cuenta con el respaldo de los grandes estudios), y cinematográficamente hablando, al emplear la cámara digital en primera persona se consigue enrarecer la atmósfera, colocando al espectador en el mismo centro de una turbia historia sobrenatural. No obstante, del mismo modo que es valorable en una película de terror la voluntad de intentar conseguir involucrar al máximo al espectador en la historia, también es verdad que la utilización de esta videocámara subjetiva le resta bastante atractivo visual al resultado. Se podrían también poner algunas pegas al guión, pues tal vez se le ve demasiado el plumero a la hora de ir dejando los cabos preparados para luego poder atarlos al final.

Pero en cualquier caso, estas carencias se compensan con una historia realmente interesante que apenas describe otra cosa que la extraña relación entre ambos personajes, con ciertos momentos si no truculentos, sí al menos algo siniestros. Ignoro además si esto será sólo cosa de mi degenerada imaginación como el paralelismo con la novela de Sábato, pero también detecto en el relato cierto morbo proviniente de una tensión sexual contenida, que adquiere aún mayor interés al conocerse el desenlace.

Aunque Seres extraños podría ser enmarcada dentro de la nueva ola de terror japonés, "nouvelle vague du terreur japonais", "NWOJHM" ("New Wave Of Japanese Horror Movies", no confundir con "New Wave Of Japanese Heavy Metal") o como quiera que se diga en nipón, tal vez debería hacerse en una línea más apartada de títulos como pueden ser La maldición (y su secuela), Dark Water, The Ring, The Eye o Llamada perdida (citando las más conocidas), una línea de terror psicológico bastante más cercana a ciertos títulos occidentales que [Aquí terminaba abruptamente el manuscrito que se encontró junto al cadáver. Según la autopsia la defunción fue provocada en primera instancia por el sopor que le provocaron sus propias palabras. Se quedó dormido y la gran cantidad de alcohol ingerida le provocó el vómito que causó el ahogamiento, este sí, verdadero artífice de la muerte.]

Combinado de ingredientes
sinuosos de aventuras
de las sobras continentes
reflejos de la locura
[Rosendo]

Por Sergio Vargas
cartel

Japón, 2004. T.O.: Marebito. Dirección: Takashi Shimizu. Guión: Chiaki Konaka, basado en su novela. Producción: Kenzo Horikoshi, Mikihiko Hirata, Yoichiro Onishi y Atsuko Ohno. Música: Toshiyuki Takine. Fotografía: Tsukasa Tanabe. Montaje: Masahiro Ugajin. Diseño de producción: Atsuo Hirai. Vestuario: Kuniko Hôjô. Duración: 92 min. Interpretación: Shinya Tsukamoto (Takuyoshi Masuoka), Tomomi Miyashita (F), Kazuhiro Nakahara (Arei Kuroki), Miho Ninagawa (Aya Fukomoto), Shun Sugata (MIB).