|
Antonio José Navarro (Barcelona, España, 1966) es crítico e historiador cinematográfico, miembro de la AEHC, colaborador habitual de "Dirigido por..." (desde 1990), "Imágenes", "Nosferatu", "Quatermass" y "Penthouse". Imparte clases de teoría y crítica de cine en la escuela Observatorio de Cine (www.observatoriodecine.com), ha editado y coordinado las obras colectivas "El Giallo italiano. La oscuridad y la sangre" y "La nueva carne. Una estética perversa del cuerpo", y participado en diversos volúmenes y monográficos: "El cine fantástico y de terror de la Universal", "Cara a cara. Una mirada al cine de género italiano años 60/70", "Sangre y deseo", "Gun Crazy. Serie negra se escribe con B", "Las miradas de la noche. Cine y vampirismo"... Junto a Tomás Fernández Valentí publicó el libro "Frankenstein. El mito de la vida artificial"; ambos preparan un libro sobre el western. También escribe crítica teatral en El periódico de Catalunya y es asesor literario de la editorial Valdemar.
A.J. Navarro es uno de los críticos que personalmente más me interesan, y de los pocos que han contribuido a formar mi gusto y experiencia cinematográfica y cultural, debido principalmente a que mantiene una idea de lo que es el hecho cinematográfico similar básicamente a la que, con modestia (y cierta torpeza), mantengo y he tratado de trasmitir puntualmente desde estas páginas. La entrevista que sigue a continuación es el resultado de una conversación telefónica de más de dos horas, en la que el crítico catalán expone con precisión su parecer sobre lo que deberían ser la crítica de cine, valora los elementos nocivos que entiende existen en el panorama español, y ofrece una idea de su visión del cine, señalando las películas de género como un espacio tan noble e interesante como cualquier otra opción artística.
—¿Qué responsabilidades tiene la crítica con la obra de la que habla y el lector al cual va dirigida?
—La crítica debe cumplir una función pedagógica, en el sentido más noble de la palabra; debe enseñar, a los espectadores, a la gente interesada en el fenómeno cinematográfico, a ver las películas no solamente a mirarlas: el cine se explica en imágenes y estas tienen unos elementos plásticos e iconográficos que suministran mucha información más allá de lo que pueda apuntar o decir un guión, y que, sobretodo, todo está en función de unos objetivos planteados inicialmente por el cineasta y de unos resultados definitivamente obtenidos; el equilibrio entre ambos, objetivos y resultados, es el que da pie a una buena película, independientemente de los gustos personales de cada uno, de las filias y fobias que podamos tener. A partir de ahí, hay también una responsabilidad cultural que se dirige a separar, lo que popularmente podría llamarse, el grano de la paja: hay películas comerciales dignas e interesantes, algunas pueden llegar a ser grandes obras, y otras no lo son en absoluto; lo mismo pasa con el llamado cine independiente o alternativo, no por el mero hecho de ser una película iraní o realizada con cuatro duros le proporciona un pátina de calidad, esto no es así. Hemos de ser muy cuidadosos en este sentido sobretodo a la hora de emitir los juicios; los críticos debemos tener en cuenta una cuestión y es que estamos manifestando una opinión personal, que es respetable, y lógicamente cuestionable y discutible. Me revienta mucho escuchar o leer a algunos colegas referirse a la objetividad de la crítica: esto es una falsedad, un ideal acuñado en los años sesenta y setenta, cuando se incorporaron diferentes disciplinas como la sociología, la psicología, o la semiótica para intentar encontrar métodos científicos de evaluación de las películas. Estas son herramientas útiles en determinados momentos y no hay que rechazarlas per se, pero el crítico no deja de ser un espectador con un bagaje cultural, en ocasiones mejor formado y más amplio que el de un espectador normal, que no está más que exponiendo su opinión. Y creo que es tan respetable la opinión del crítico como la del propio espectador, sea coincidente o disidente.
—Es decir, mantienes que la crítica debe estar equilibrada entre la mirada personal y el análisis, ¿con el objetivo de formar y no de informar?
—Primero me gustaría añadir a lo anterior, que no me gustan aquellas críticas de colegas que se limitan a decir "esto es bueno y esto es malo" y ofrecen dos o tres razones muy peregrinas para justificar esa opinión. Si pretendes ser un buen crítico de cine, básicamente, debes analizar lo que estás viendo y el sentido que tiene, y a partir de ahí tu opinión se desprende sola; decir lo que es bueno y lo que es malo es un subrayado innecesario.
»La crítica debe servir más para formar que para informar. En esta sociedad de la información en que vivimos donde hay muchísimos datos que barajar, y fuentes de todo tipo y condición, pienso que lo más importante no es ordenar la información, aunque si es importante pero no es un objetivo en sí mismo. Lo que hay que hacer es formar opiniones, formar gustos, formar devociones, crear incluso el debate bien entendido (no se trata de insultarnos unos a otros). Hay que crear un tejido cultural que está compuesto por los gustos y las opiniones que crean cultura y consumen esa cultura con un sentido crítico.
—¿Formar opiniones en el sentido de crearlas u orientar para tener una, o de decir lo que se tiene ver y lo que no?
—Hay que formar a la gente o a los espectadores para que tengan un criterio, no orientarlos o teledirigirlos para que vean solo determinadas películas. Personalmente creo que se debe ver cualquier cosa, poder disfrutar de todo aquello que sea bueno, independientemente del género al que pertenezca o del país dónde haya sido rodado. Hace poco, un alumno me comentaba que cómo me podía gustar a la vez Pier Paolo Pasolini y Mario Bava, que no lo entendía. Creo que es muy simple: es una cuestión de calidad, de convicciones artísticas; Pier Paolo Pasolini filmaba sus películas con la misma pasión y convicción con la que Mario Bava podía hacer algunas de sus películas de terror. Y ahí está la diferencia entre un buen cineasta y un mal cineasta, y esto es lo que debemos procurar enseñar a nuestros lectores, a distinguir unos de otros.
—Pero antes comentabas que no existe la objetividad, que indicar solamente lo que es bueno o malo no debe ser la función del crítico: ahora puede llegar alguien y decirnos "Mario Bava es un mal cineasta" o "Pasolini es mucho mejor director que Bava".
—La base de todo está en que esa persona me tendrá que demostrar esa afirmación con una serie de argumentos. Evidentemente estos son subjetivos y las herramientas hermenéuticas desplegadas están utilizadas con una intención, pero lo que hay que exigir es una argumentación. Lo que noto en la crítica actual, y no solamente la que se hace en medios más livianos como la prensa diaria o los semanarios culturales, también se da en revistas especializadas, es que existe una especie rigorismo y esto está bien o está mal "porque lo digo yo". Esta actitud es un error y es lo que ha traído mala fama a la crítica cinematográfica.
—Luego analizaremos el estado actual de la crítica; permíteme antes una cuestión que me preocupa relacionada con todo esto. Echo en falta, en parte de la crítica, miradas al cine pasado. ¿Sería otra de las funciones de la crítica recordar su existencia, recuperarlo?
—Evidentemente. Vivimos en una sociedad con una serie de taras y problemas culturales, de los cuales la crítica de cine no es más un reflejo, porque los críticos viven inmersos en esa sociedad, y en cierta manera sus gustos y opiniones son resultado de ella. Hoy en día, parece que está mal visto recuperar a ciertos clásicos, y más que recuperarlos revisarlos. También está mal visto remontarse al pasado para intentar a veces, incluso, buscar estímulos intelectuales, emocionales que en el cine actual pueden no encontrarse. Es importante recuperar el pasado porque lo que somos hoy día es producto de ese pasado, no podemos entender lo que nos sucede hoy si no miramos al cine que se realizaba hace veinte, treinta o cuarenta años. Por tanto, una de las funciones, sobretodo de la crítica especializada, debe ser recuperar el cine del pasado, pero, ¡ojo!, no solamente el cine ya conocido, los autores, géneros y títulos de siempre. Hay que alumbrar esas zonas oscuras de las que todavía, en ocasiones por razones bastante mezquinas de qualité, porque nadie ha creído que fuera un trabajo digno de llevarse a cabo, no se ha hablado. Por ejemplo, a mi me interesa mucho el cine de género realizado en Europa durante los años cincuenta, sesenta y setenta, y he dedicado un gran número de textos (no todos los que me hubiera gustado) a hablar de él y descubrir las pequeñas joyas que tiene, y también señalar los títulos que no merecen nuestra atención, siguiendo la línea formativa que te he expuesto antes. Considero que es un trabajo, para un crítico e historiador de cine como es mi caso, muy apasionante, porque el cine europeo no es solamente Fellini, Resnais, Godard... hay una inmensa y riquísima tradición de cine, que podríamos llamar popular, de géneros, que tiene sus grandes obras, sus obras menores, y también su cine infame. Hay que seguir buceando no sólo en lo que conocemos, y te aseguro que a veces te llevas sorpresas muy agradables, que gratifican y compensan las horas que te has pasado buscando determinados títulos.
—Es una actitud interesante y necesaria, pero poco practicada. Determinada crítica (y determinada cinefilia), joven y no tan joven, se interesa mucho más por descubrir y ver las propuestas más actuales (sobretodo el último autor iraní, la última película de un director japonés), y en cambio demuestran poca o ninguna preocupación por conocer la historia del cine. ¿Las razones se limitan a la falta de plataformas o hay más?
—Aquí aparece el tema de la inmediatez. Interesa lo inmediato, lo moderno, lo actual, lo in, lo cool. Si hablas de películas de hace cuarenta, treinta o veinte años solamente, ante determinados ojos jóvenes pareces un carca. Entiendo que haya colegas que les interese investigar más ese director extraño iraní o coreano, y no miren hacia atrás porque consideren que no merece la pena, porque no les acaba de llenar… A mí me parece una actitud perfectamente respetable. Pero no es la mía, a mi me interesa tanto el cine de Takashi Miike, por citar un nombre actual, como el cine europeo de género de los sesenta. En este sentido, reconozco que soy un "bicho raro" porque soy muy omnívoro, soy capaz de disfrutar de películas muy dispares entre sí, aparentemente. El problema básicamente es que no hay plataformas o medios donde se pueda hacer esa recuperación del cine que se hacía antes. Sí puedes publicar algunos libros en editoriales especializadas en cine, pero cuando recuperas este tipo de géneros extraños, o cinematografías que no gozan de una extrema popularidad, siempre tienes que hacerlo contando con el apoyo de alguna institución pública donde el dinero esté destinado a la divulgación de la cultura y no al ánimo de lucro. Por ejemplo, hace poco, en el festival de Las Palmas, se ha publicado un libro colectivo coordinado por Jesús Palacios sobre el cine negro europeo en general, no solo el polar francés, que sí tiene y disfruta de un gran prestigio crítico, también se habla del cine policíaco español, del giallo italiano, de los krimis alemanes. Y es un trabajo excelente en líneas generales porque aporta muchísimos datos y elementos de juicio sobre un cine prácticamente olvidado (1). Cuando estuve trabajando en el festival de Sitges se publicó un libro excelente (y no porque lo hiciera yo: lo dijeron incluso críticos italianos), una monografía sobre el giallo (2). Ambos se hicieron gracias al apoyo de esos festivales, pero una editorial convencional muy probablemente no lo hubiera publicado al no satisfacer un mínimo índice de ventas.
—Esta carencia de plataformas que sufrimos (por decirlo de alguna manera) en España es preocupante, sobretodo en cuanto a revistas especializadas disponibles. ¿Cómo ves la situación?
—Soy muy pesimista en este sentido. El estado editorial en el que se encuentran las revistas de cine es un reflejo del nivel cultural, y no solo cinematográfico, de este país. Basta echar un vistazo a la lista de libros más vendidos, películas más taquilleras, música más vendida. Prima una serie de elementos frívolos, coyunturales, y hacen que la gente no tenga un verdadero interés por la cultura. Porque la cultura en este país siempre ha estado mal vista, siempre ha estado asociada a personas que en vez de trabajar se dedican a elucubrar sobre cosas abstractas; los escritores no han tenido, salvo contadísimas excepciones, el prestigio que han tenido en otros países, ya se dediquen a la ficción realista, a la literatura fantástica, a géneros como la poesía o el ensayo… en España no hay una tradición de música culta como pueda existir en Italia, Francia o Inglaterra, no tienes más que ver cuántos discos de música clásica, y qué títulos, se venden (a veces para encontrar determinadas obras tienes que recurrir a las compras por Internet). Y sobretodo el indicativo mayor del estado cultural de este país es la televisión con los programas que todo el mundo dice que no ve, y que finalmente te demuestra que ve porque los comentan en una charla de sobremesa, o lo escuchas mientras viajas en autobús. Las revistas de cine reflejan este drama que vivimos en este país. Y no hemos ido a mejor. Hace veinte años tenías la posibilidad de comprar "Dirigido", "Casablanca", "Contracampo", y esto ha ido desapareciendo, y de hecho en "Dirigido" notamos que la afición a determinado cine, o a una cierta mirada crítica sobre el cine, con el paso de los años, va menguando paulatinamente, no de manera galopante, pero si para preguntarse cuál será el futuro dentro de veinte años.
—Y en este escenario (un única plataforma, un nivel cultural nada halagüeño…) el deber del crítico o la persona relacionada con la cultura es continuar trabajando por y para la cultura o para qué seguir intentándolo.
—Si tuviera una visión tan trágica y fatalista, dejaría de trabajar en esto. Si consigues convencer a diez personas, para que sigan amando el cine, para que lo vean con unos ojos abiertos y críticos, para que disfruten del cine y de la cultura en general, porque el cine, el buen cine es cultura, entonces has triunfado. Esta es mi lucha y supongo que es la de muchos colegas. Hay otros que se dedicaran a la crítica porque no saben hacer otra cosa, o porque a nivel profesional les va muy bien y se sienten cómodos… Evidentemente muy pocos críticos podemos vivir de esto, o mal vivir mejor dicho, y hay un componente profesional muy fuerte, pero también, al menos en mi caso, hay un cierto componente idealista, a pesar de que las cicatrices que tengo en mi cuerpo mi inviten a pensar que es una lucha perdida. Creo que hay que seguir luchando y hay mucha gente que está en ello, permanentemente.
—Sin embargo, aunque haya mucha gente involucrada, resulta tremendamente complicado expandir esa pasión y conocimiento cuando, por ejemplo, el libro que citabas antes del festival de Las Palmas o revistas como "Quatermass" o "Nosferatu" (bastante impredecibles en cuanto a continuidad) ocupan un espacio marginal.
—Sí, es muy complicado, pero esto tiene que ver mucho con las estructuras existentes en la difusión de la cultura. Los distribuidores de libros y de revistas no dejan de ser empresas que manejan un producto, y se guían por criterios estrictamente empresariales; les importa muy poco si tienen un libro de un contenido cultural muy denso que merece llegar a todos los rincones del país, como si tienen uno de estos libros pueriles de autoayuda. Ellos buscan la rentabilidad de su negocio. Se han dado casos de algún distribuidor que se ha cargado, literalmente, alguna pequeña o mediana editorial porque no ha distribuido bien sus libros, y esa editorial no ha generado negocio a pesar que tenía un producto de calidad y que interesaba a la gente. Hay problemas de distribución y logísticos que dan lugar a una paradoja bastante triste: productos que no llegan al público pero que a este le interesan. A la hora de distribuir determinadas publicaciones, tendrá más preferencia una revista del corazón, por muy doloroso que sea decirlo, que venderá muchos ejemplares, que una revista como "Quatermass" o como "Nosferatu". Deberían existir distribuidoras que se especializaran en este tipo de productos y que llegaran a todas partes. Algo muy absurdo la verdad, porque lo que prima es el mercado.
—Tal vez debería haber un apoyo institucional para la divulgación de la cultura, como se hace con otros aspectos…
—Pero como podemos ver cada día en los periódicos los políticos no están por la cultura, están por sus batallitas privadas por el poder…
—Bueno, volvamos a nuestro tema central. ¿Cuáles, a tu juicio, son los aspectos nocivos de la crítica españolFa?
—Empecemos. La falta de una renovación de ideas, no de personas, aunque puede que sí necesite una renovación de personas: es inadmisible, a estas alturas, que determinados señores se empecinen en publicar constantemente los mismos libros sobre las mismas cosas; esto crea una sensación de monotonía, de repetición, de aburrimiento, que puede echar para atrás a determinados aficionados. Porque el cine no es solamente la 'nouvelle vague', o el 'free cinema', o Yasujiro Ozu, es muchas otras cosas, aunque periódicamente sí se deban revisar esos movimientos y autores. Hay una falta de ambición por investigar nuevas áreas, tanto modernas como antiguas.
»Me revienta mucho la pedantería de algunos colegas, que en sus textos te miran por encima del hombro y que, en síntesis, te digan que ellos son muy listos y tú eres muy tonto. Me revientan los malos modos; citando un ejemplo que puso (3) mi compañero y amigo Tomás Fernández Valentí sobre José Enrique Monterde y la famosa frase en que dijo que Tim Burton y David Cronenberg eran una mierda al igual que aquellos que les gustaba su cine, creo que esto ha hecho un daño tremendo a la crítica en este país; de ahí esas frases absurdas que dicen que los críticos somos creados frustrados, seres horrendos: ni soy horrendo, ni estoy frustrado, me siento muy feliz con lo que hago, pienso que tiene una gran utilidad, y no me dedico a insultar a la gente: si a alguien no le gusta, por ejemplo, Pasolini, pues me parece muy bien (él se lo pierde, diría) porque tendrá otros gustos e inquietudes en las que a lo mejor sí podemos coincidir… La pedantería y el menosprecio a los demás son las cosas que peor aguanto. La falta de profesionalidad tampoco la aguanto: personas que escriben y se expresan fatal, que no manejan adecuadamente la información, que te das cuenta utilizan sus críticas o artículos para llenar unos folios y cobrar un dinero. Esto se nota enseguida cuando tienes años de experiencia y es algo que hace un daño terrible a nuestro oficio.
»Otro de los problemas de la crítica de este país es que nos dedicamos siempre en desnudar un santo para vestir a otro, con lo cual siempre tenemos un santo en pelotas. Me explico: si para defender a Fernando León de Aranoa, por poner un ejemplo, hemos de atacar al cineasta que tenemos al lado, esto es Alejandro Amenábar, no hacemos un servicio a nadie; todo se basa simplemente en una defensa por agravio comparativo, que es una práctica muy extendida. Hay que defender (o atacar) en función de lo que nos han propuesto, de la película que tenemos entre manos, o de la obra del director que nos ha tocado analizar, y olvidándonos del vecino. ¿Por qué hemos de estar siempre comparando… ¿es mejor John Ford que John Huston? Esto es de una probeza absoluta, demuestra que no hay argumentos. Y no tener argumentos es lo peor del mundo.
»No me sienta bien la superficialidad; la superficialidad a la hora de elegir cuáles son las grandes y las pequeñas películas, cuáles son los grandes o pequeños directores, fundamentándolo todo en criterios, a veces, muy discutibles, porque no te los argumentan. Por otro lado, no me gusta la fijación que tenemos en este país por el tema, cuando una película tiene un tema importante es buena, y hay esa voluntad manifiesta de buscar una conciencia, síntoma de otro grave bloqueo cultural. Ese deseo de conciencia se encontraría en la moda del documental, del dichoso cine iraní, de las mal llamadas películas sociales; parece que intentemos redimir nuestros pecados viendo estas películas, que nos harán mejores y enaltecerán nuestro espíritu, cuando a lo mejor hay películas de género que nos pueden enseñar muchas cosas, no sobre la sociedad sino sobre el interior y el espíritu del ser humano. Los prejuicios y el falso elitismo me molestan bastante.
—Citas cuestiones interesantes (y preocupantes) como el agravio comparativo, que tal vez pusieron de moda los franceses, pero, en cualquier caso ¿cuáles serían los caminos para mejorar o evitar cometer esos errores?
—No lo sé. De alguna manera repetimos los errores del pasado, precisamente porque no tenemos esa voluntad de mirar al pasado para aprender. No solamente es una actitud cinematográfica a nivel de análisis y de historia, sino también de actitudes personales. Como tú muy bien has dicho supongo que todos lo habremos leído en alguna parte, el famoso grito de guerra "viva Wyler, abajo Ford" que se decía en Francia. La historia ha puesto en su lugar a ambos cineastas: John Ford es un maestro del cine, le pese a quien le pese, y William Wyler fue un buen cineasta con grandes y malas películas, y de ambas se puede aprender, yo he aprendido mucho. Si seguimos encasquillados en la actitud de hace cuarenta años no sé cómo se puede solucionar. Cada cual debería encontrar su propio camino y en conjunto intentar todos aportar cosas, cosas positivas, no negativas.
»Me hace mucha gracia cuando leo las declaraciones de responsables de revistas actuales como "Letras de Cine" (4), con una obsesión enfermiza por meterse con "Dirigido". Ellos tienen un camino, nosotros tenemos otro, lo podemos compartir, podemos discrepar, pero no tiene ningún sentido meterse con el vecino y decir que "él lo hace mal y yo lo hago bien". ¿Quién eres tú para decir eso? Me parece totalmente estúpido, no veo el camino en esto. Deberíamos liberarnos de prejuicios, de ideas recibidas y de estupideces y trabajar en positivo. Este podría ser el camino.
—Las palabras de Álvaro Arroba, por un lado, creo que eran una provocación para remover las aguas, y esto me parece útil (si de la confrontación puede surgir el debate y el cambio de actitudes: esa regeneración de ideas, por ejemplo). Sin embargo aquellas esconden, a mi entender, una postura bastante discutible alrededor del cine y la crítica, que mantiene que existe un cine bueno y válido sobre el cual se debe hablar, mientras que el resto no merece la pena y es mejor ignorarlo. Esto niega el debate, incluso sobre sus propias posiciones, y dudo que sea un buen camino.
—Las declaraciones de Álvaro Arroba buscan evidentemente provocar, pero esta provocación es una forma más, y posiblemente la peor, de venderse a sí mismos, de decir que son más listos que nadie, que lo hacen mejor que nadie, en lugar de demostrarlo. Pretenden levantar una cortina de humo con la provocación y el insulto. Este tipo de filisteísmo, "el cine que a mí me gusta es el bueno y el resto debe ser condenado a las tinieblas exteriores", no es una actitud muy democrática, ni muy culta. Prueba de que hay una nueva generación de aficionados al cine que los suelo comparar con los neocatecúmenos de filiación religiosa que te intentan convencerte aunque tú no quieras, y vas al infierno porque no compartes sus ideas o sus prácticas morales; como los extremos siempre se tocan, también me recuerda a los comités de partidos comunistas, donde o seguías la nomenclatura o te expulsaban, te estigmatizaban. Son posturas que van en contra de la cultura, porque un hombre de cultura debe ser un hombre abierto a ideas y actitudes nuevas, incluso se pueden compartir vivencias, gustos, filias y fobias con personas que no piensan como tú, porque siempre hay un punto de urbanidad, de civilización (palabra muy importante).
»Esto más que un motivo de creación de debate, de regeneración de conciencias, de apertura de ideas, creo que es, simplemente, una manera de crear una corriente de opinión sectaria, que en lugar de enriquecernos, nos va a empobrecer terriblemente. Tampoco son originales. Esta pose, supuestamente, contracultural, contra el cine del sistema, contra el cine mayoritario, no es una idea nueva, lo definió un teórico norteamericano, Theodore Roszak, en el año 1969 con "El nacimiento de una contracultura", que es cuando nació el concepto contracultura. Estos neocontraculturales, que parecen seminaristas, han existido siempre y ahora han tomado renovados impulsos, y lo que lamento es que no se dediquen a defender lo que les gusta, a explicarme por qué les gusta, y a atraerme a su causa a través del convencimiento, y no de posiciones autoritarias.
—En el fondo me da la sensación que todo respondía a una llamada de atención, para que se hablase de ellos y bueno es lo que estamos haciendo. En cualquier caso, conozco a colaboradores y responsables de "Letras de Cine", y no son como refleja, en ocasiones, su propia revista, y tampoco desde luego se corresponden con las declaraciones de su director. son gente bastante más abierta…
—No estoy hablando solamente de "Letras de Cine", sino de un grupo de espectadores. En realidad las revistas de cine son un reflejo de un determinado colectivo que compra esa revista y la apoya constantemente. Hablo de ese grupo de nuevos espectadores y cinéfilos que han matado la cinefilia a favor de una especie de religión pagana que es la película con mensaje, la película trascendente (cuando el significado de trascendencia es algo muy diferente). Evidentemente dentro de una publicación, por mucho que existan consejos de redacción o líneas editoriales (que son una sumisión a esa nomenclatura que te comentaba antes), las personas son diferentes, y tienen gustos y maneras de defender lo mismo distintos. Por ejemplo, colaboro en "Dirigido por.." desde hace dieciséis años, y es una revista por la que, más allá de lo puramente profesional, siento un gran cariño, pero en muchos de sus aspectos la retocaría, y cada uno de los que colaboran tienen su propia idea de lo que cambiaría. El director de "Letras de Cine" al erigirse en portavoz de toda la revista en cierta manera condiciona el trabajo de sus colaboradores, y para mí esto no deja de ser, y quizá es una palabra fuerte, una forma de dictadura; es bastante estremecedor. No obstante, independientemente de sus ataques, siempre defenderé el derecho de "Letras de Cine" a existir, a decir "no voy a ver esto porque no me da la gana", lo que nunca defenderé es su supuesto derecho a que dogmaticen satanizando a los demás.
—Tal vez todo este tema nos venga a decir que del enfrentamiento entre dos revistas se puede conseguir, removiendo el estado de las cosas, algo positivo…
—No creo que la palabra sea enfrentarse, sino complementarse. Allí dónde no llega "Dirigido", puede hacerlo "Letras de Cine". La filosofía para todos es, en esencia, la misma; es decir la que te he expuesto al comienzo de esta entrevista. A partir de ahí vienen las diferentes derivas, temáticas, morales, estéticas, éticas, etcétera, conformando entre todos un abanico de análisis crítico lo suficientemente amplio para que toda persona que le interese el cine en general, y tenga la santa capacidad de disfrutar de lo bueno, vaya al quisco cada mes y se compre "Dirigido", "Letras de Cine" y "Nosferatu", por ejemplo. Esto es lo que crea una cultura cinematográfica. En mi caso, cuando era adolescente me compraba todas las revistas, desde las puramente informativas como "Fotogramas" hasta las revistas de crítica como "Casablanca", "Dirigido" y, cuando la encontraba, "Contracampo"; y esta capacidad de absorber lo bueno de cada una de ellas contribuyó a mi amor por el cine en general, desde una peliculita de serie B hasta una de Fellini… dos de mis películas de cabecera son El año pasado en Marienband y De la vida de las marionetas, y otra sería Drácula de Fisher o La mujer y el monstruo de Jack Arnold.
»Parece que esta complementariedad que existía entonces se ha transformado en un enfrentamiento, eres de unos o de otros. Esto además ha llevado a que los críticos ya no hablamos de las películas, de los autores y del arte (porque el cine forma parte de la cultura, y un buen crítico debe tener inquietudes culturales muy amplias porque todo está interconectado), sino que cometemos la osadía de hablar de nosotros mismos, a un nivel muy visceral, muy primario: quién nos cae bien, quién nos cae mal. Lo cual me parece de una arrogancia y una necedad imperdonable porque a los lectores no les interesa si a mí me cae bien aquel o el otro, o si yo estoy de acuerdo con la opinión de fulanito y dedico diez folios a contestarle; al lector le interesa lo que yo opino de determinado cineasta o de determinada película. Estas confrontaciones perjudican al cine. El beneficio ocurre cuando una revista de cine hace lo que cree que debe hacer sin importarle lo que digan los demás, y la otra hace exactamente lo mismo, y los lectores deciden cuál les interesa, unos optarán por la primera, otros por la segunda, y un grupo dirá que le interesan las dos.
»Subirse a un púlpito y sermonear, como hizo el señor Arroba, está fuera de lugar. No lo conozco personalmente, pero sería interesante que un día se prestara a un debate de verdad con argumentos, sin gritos y sin descalificaciones. Estas malas prácticas de los políticos se terminan contagiando…
—Esto de que el crítico termina hablando no de la película sino de cuestiones más personales se puede generalizar a otras situaciones, y en resumen tendríamos comentarios establecidos a partir de razones totalmente periféricas.
—Es el tema de la perniciosa interacción entre la industria y la crítica. Los periódicos no solo están condicionados por razones puramente económicas, también por su ideología: determinadas películas tendrán mejores críticas en un periódico de derechas que en uno de izquierdas, y al revés. También están las relaciones personales entre cineastas y críticos: me llama poderosamente la atención el curioso doble rasero de algunos críticos especializados en el cine español, ya sea el contemporáneo o el de tiempos pasados, que como conocen personalmente a los cineastas en activo nunca les hacen unas malas críticas y siempre encuentran motivos para defender las películas, a veces cogiéndolas con pinzas; mientras que sobre los cineastas que ya han fallecido, y no van a protestar, aplican un criterio más estricto, e incluso más realista, pero que evidencia sospechosamente esa complicidad manifiesta. Un caso es Almodóvar, que nadie se atreve a cuestionar sus películas…
—Quién lo ha hecho ha sido acallado, según tengo entendido...
—Bueno, esto es una actitud despreciable, sea quien sea. Si tú eres un artista y estás sometido al juicio de la luz pública debes aceptar la opinión que estos emiten, tanto si es favorable como si no lo es. Tú haces algo que consideras que es digno de mostrarlo al mundo, y el mundo juzgará, y en función de lo que te digan y de cómo te lo digan, puedes sacar conclusiones provechosas. Esto también pasa con los críticos y debemos aceptar la crítica a nuestro trabajo: hay gente que me ha dicho que le gusta lo que escribo, y otros que no les interesa o no les gusta, y quizá he escuchado con más atención a los que discrepan que a los que están conmigo, porque honestamente pienso que tal vez me digan algo que me ayude a corregir defectos que soy incapaz de ver. Otros cineastas españoles tampoco soportan la crítica como el señor Garci, que fue quien acuño eso de que los críticos son "creadores frustrados", pero cuando en su momento las críticas ponían bien sus películas iba con ellas bajo el brazo preparado para enseñárselas a su cuñado, amigo o vecino. En este sentido hay que señalar la hipocresía de determinados directores españoles. En cuanto a las relaciones personales que decía antes, esto es algo que se nota porque hay una sensación de triunfalismo que sintoniza con el de los cineastas, y esto hace las críticas no creíbles.
»Luego están las editoriales que son empresas que harán todo lo posible para que nuestras opiniones o actitudes no sean perjudiciales para el negocio. Aquí he vivido a través de otras personas situaciones rocambolescas como críticas manipuladas o críticas no publicadas, algo más honesto aunque un desprecio a la persona. Yo jamás he recibido presiones, en ninguno de los sitios donde he trabajado, para cambiar el signo de mi opinión o para modificar las cosas que estaba dispuesto a decir. Una actitud más honesta, pienso, es dejar a aquellas personas que les interesa un determinado film o autor hablen positivamente de ellos en detrimento del que lo haría negativamente, simplemente para evitar problemas con la publicidad, con las personas que dirigen las distribuidoras. Lo que también se hace es evitar criticar una película por esos mismos motivos. ¿Esto es lícito hacerlo? Desde el punto de vista empresarial y de continuidad profesional creo que sí. ¿Estamos engañando al lector? En cierta manera, sí. Se puede enmendar el problema, como se ha hecho, posponiendo la publicación de la crítica un mes, para que la trayectoria comercial de la película (aunque esto sería otro debate, la verdadera influencia de la crítica) no se vea afectada.
—¿Se podría en "Dirigido" incluir debates sobre películas polémicas con este planteamiento, es decir, publicándolos un mes o dos después?
—Sí, estoy a favor de este tema y creo que hay espacio para hacerlo. Se perdió una oportunidad inmejorable de debatir, por ejemplo, alrededor de Irreversible de Gaspar Noé que a mi parece una película excepcional y había personas que la consideran un bodrio infumable por razones que tienen que ver más con la moral que con el cine. Me ha llamado la atención lo que ha pasado en Cannes con Maria Antonieta de Sofía Coppola, que ha sido abucheada: me gustaría que alguno de los que empezó a encumbrar a la directora como una gran autora cinematográfica por las Vírgenes suicidas y Lost in translation defienda esta película, y alguien que la ataque no solamente en función de esta película sino también diciendo algo que, creo, es obvio: Sofía Coppola nunca ha sido una gran cineasta, ha tenido mejor prensa que talento.
»Después hay una cuestión importante. El hecho de que tengas una afinidad, interés o cariño por un cineasta en concreto, no te debe cegar para ver cuando bajo tu criterio se está equivocando. Te voy a poner un ejemplo clarísimo. Hace muchos años escribí un artículo bastante extenso sobre David Cronenberg, y promoví un libro, dentro del marco del festival de Sitges, sobre la "nueva carne" alrededor de Cronenberg y otros autores relacionados con ese universo siniestro y visceral; es decir, es un cineasta al cual he seguido con un gran interés y a la mínima oportunidad he escrito sobre él, pero sus últimas películas no me interesan tanto, por ejemplo Spider. Entiendo que Cronenberg ha perdido gas y si lo publico no significa que vaya contra mí, al contrario demuestra que soy una persona sincera y digo lo que pienso en cada momento. Y sobre todo ocultar, a veces, los posibles pasos en falsos de un cineasta que amamos, lleva a demeritar su obra anterior: personalmente me parecen incomparables en términos cualitativos Videodrome y Spider.
—Defender la autoría tan férreamente, como en este ejemplo que pones de Cronenberg, me parece es una herencia de la célebre política de autores, la cual viene acompañada muchas veces de un desprecio por otro cine, de género incluso o sencillamente no realizado por los considerados autores.
—La política de autores es una teoría que ha sido fundamental en la configuración de la crítica de cine, y no hay que criticarla por sistema, pues de alguna manera todos somos, más o menos, resultado de ella, y la aplicamos de forma incluso mecánica. Sin embargo, se tiende a magnificar las cosas: me parece inconcebible que cada año se descubra un renovador del lenguaje cinematográfico, que luego es rápidamente olvidado para pasar al siguiente genio. Habría que analizar las películas caso por caso y después contextualizarlas dentro de la obra del autor. Por otra parte, hay autores muy personales que no tienen gran cosa que decir, que se repiten, como Woody Allen desde hace muchos años; otros autores de los denominados menores han hecho películas tremendamente personales, no tan bien considerados por la crítica, como André de Toth que tiene films excepcionales. O cineastas impersonales que en algún momento de sus carreras nos dan aquella película que jamás pensaríamos que iban a hacer, y suelo citar dos ejemplos al respecto muy claros: La profecía de Richard Donner y Drácula de John Badham, que a más de un purista o elitista le pondrán los pelos de punta, pero que son dos películas extraordinarias. Así también ocurre que grandes cineastas han hecho pésimas películas.
»La política de autores se ha interpretado de forma demasiado rígida, porque los cahieristas reconocían a ciertos artesanos, como ellos les llamaban, con cierta personalidad y que tenían buenas películas, caso de Henry Hathaway. Están los cineastas inclasificables como Richard Fleischer, que no es solo un artesano pero tampoco se puede considerar un autor como Hawks por ejemplo. Y luego están los autores que nadie se los acaba de tomar en serio porque trabajaron en un género muy codificado, caso de Douglas Sirk que me parece uno de los grandes creadores de formas de la historia del cine. Pero como realizó melodramas, películas para señoras, para llorar, pues no se le toma en serio, cuando en su bloque de películas de los años cincuenta hay una visión de la sociedad americana demoledora, hecho con precisión y gusto por lo puramente cinematográfico. Estas teorías no deben aplicarse de forma excesivamente rigorista, hay que ser más flexible.
—Para terminar: a la vista del panorama de las publicaciones impresas ¿qué te parece Internet como medio para la difusión de la cultura?
—La situación es complicada y delicada, pero pienso que siempre habrá revistas impresas que hablen sobre cine, con mayor o menor rigor. Esto irá ligado al clima cultural que se cree dentro de una sociedad: si hace veinte años había más propuestas era porque la sociedad lo demandaba, si ahora esto no es así es porque la sociedad se ha empobrecido desde un punto de vista cultural. Debemos luchar, desde nuestras parcelas, para cambiar esto. ¿Internet? Me parece un medio muy interesante, primero porque es un medio sin distribuidores, inmediato: es fantástico el hecho de que montones de personas en diferentes ubicaciones geográficas, apartadas o no entre si, puedan compartir opiniones, gustos e informaciones. Sin embargo, considero que no es la panacea, precisamente por este carácter tan democrático y abierto que tiene: hay muchos errores de bulto, una falta de criterio abrumadora, informaciones no contrastadas (siempre les digo a los alumnos que antes de dar por bueno cualquier cosa leída en Internet, la comprueben). Pero si se hacen las cosas con rigor y criterios claros, como plataforma puede aportar muchas cosas y puede coexistir con otros medios. De momento Internet, bajo mi punto de vista, no está siendo la plataforma de difusión de la cultura que se esperaba, entre otras razones porque hay un componente lúdico y morboso muy extendido, pero el mundo de la cultura se puede abrir camino.
(1) "Euro Noir. Serie negra con sabor europeo", Jesús Palacios (editor). T&B Editores. Madrid, 2006.
(2) "El Giallo Italiano. La Oscuridad y la Sangre", Antonio José Navarro (editor). Nuer Ediciones. Madrid, 2001.
(3) Entrevista a Tomás Fdez. Valentí, por A.G. Calvo y J.D. Cáceres (MdC nº 50).
(4) Entrevista a Álvaro Arrroba, por A.G. Calvo (Miradas de Cine nº 50).
Entrevista realizada por teléfono el 26 de mayo de 2006
|
|