|
Àngel Quintana es profesor de Historia y Teoría del Cine en la Universidad de Gerona. Ha publicado el estudio "El cine italiano 1942-1961. Del neorrealismo a la modernidad" (1997), dos monografías, "Roberto Rossellini" (1995) y "Jean Renoir" (1998) y un ensayo, "Fábulas de lo visible. El cine como creador de realidades" (2003). También colabora en diversos medios de comunicación como crítico de cine: "La Vanguardia", "El Punt", "Nosferatu", "Archivos de la Filmoteca", "Dirigido por...".
—La primera parte del dossier sobre la crítica ha dejado en evidencia un estado de las cosas bastante deteriorado, ¿ves una solución a este problema?
—Yo creo que sí. Que tú estés haciendo esto ahora mismo es un buen ejemplo. Manuel Yánez, Álvaro Arroba de "Letras de Cine"... demuestran que sí que existe una nueva generación de críticos que se preocupa por un tipo de cine que yo hace veinte años defendía, y por ello me tildaban de sesudo. Así que está habiendo ahora un relevo generacional, cosa que está muy bien. ¿Cuál es el problema? La posición que ocupa el crítico dentro del estado mediático, porque cuando se habla del mal estado de la crítica estamos pensando en "El País", en "El Mundo", en "La Vanguardia", en el "ABC", etcétera. Sobre todo los críticos de festivales, hace unos años había dos críticos de periódicos que destacaban: José Luis Guarner y Ángel Fernández-Santos, cada uno a su manera, claro. Ahora el problema es que los festivales los cubre el redactor de turno del periódico. ¿Dónde estamos el resto de los críticos? En mi caso se puede decir que he tenido mucha suerte, yo soy un crítico de provincias, y ya hace —esto la gente no lo sabe— veinticinco años que ejerzo la crítica. Empecé en "El Punt" de Girona y, vaya, la primera película que vi en Cannes fue La puerta del cielo, así que tardé en llegar a "Dirigido por", que, nos guste más o menos, es la única revista mensual de crítica cinematográfica de España. La única solución, de momento, es el fenómeno que ha provocado que las revistas culturales de periódicos se han abierto hacia el cine: Carlos Losilla y yo escribimos en el "Culturas" de "La Vanguardia", Carlos F. Heredero en "El Cultural" de "El Mundo" o Antonio Weinrichter en el cultural del "ABC". Es decir, que la persona con más criterio está escribiendo en los semanarios, mientras que los redactores que escriben en los periódicos cada vez se dedican más a hacer publicidad, una labor más de gacetillero. Un ejemplo: ¿Por qué las críticas salen el mismo día que se estrenan? No es porque interese al público o al lector, ni para generar un debate, es porque les interesa a las distribuidoras y a las productoras, para así tener publicidad. Yo no tengo ninguna relación con gabinetes de prensa, mientras que la gente del medio sí, porque interesa toda promoción que le pueda dar la crítica. Eso no significa que en alguna ocasión te llamen porque les interese que la veas, pero no significa nunca vender la película, aunque esta relación crítica-publicidad es la que persigan. Luego no es de extrañar que escuches que en Cannes la mitad de la crítica no entendió las últimas películas de Pedro Costa o Philippe Garrel y que digan que Michael Winterbottom es el no va más.
—Los críticos de periódicos suelen echar la culpa al medio, diciendo que cada vez les dedican menos espacio o que no les interesa según qué reflexiones. ¿Es imposible entonces ejercer otro tipo de crítica?
—Es cierto que existen trabas. Al periódico no le interesa la reflexión sobre el cine, eso es evidente. Le interesa estar dentro de un juego de intereses que afecta al mundo del cine en general. Pero no por eso no se pueden hacer virguerías. Guarner en "La Vanguardia" tenía un folio para él y con eso lo decía todo. No es el medio, es cómo te expresas, tus referencias, tus razonamientos... si te gusta o no Pedro Costa no es cuestión del medio, es cuestión de tu gusto. El cine está cambiando de una manera mucho más acelerada de la que lo está haciendo la crítica. Se ve que la crítica no sabe muy bien cómo responder a esta serie de mutaciones, de transformaciones. Ahora mismo estamos viviendo lo que se empieza a llamar la generación post-Verdi. Ahora mismo se está pasando La leyenda del tiempo en los cines Verdi y la película no está funcionando, sin embargo ésta se pasa dentro del II Congreso Internacional de Cine Europeo y la sala se llena. ¿Qué significa eso? Que hay un grupo de jóvenes que ha desertado de las salas tradicionales de exhibición. Mientras tanto la crítica sigue ciñéndose únicamente a los estrenos semanales, así que no hablan de Les amants réguliers que se pasa en el Congreso. La crítica no habla del Excentric, ni de la última película de Scorsese que ha salido directamente en DVD (No Direction Home), ni de la última película de Víctor Erice (La mort rouge), que se pasa en una exposición. Ven que esto pasa, pero no saben cómo reaccionar. ¿Por qué no se puede votar en "Fotogramas" La mort rouge como una de las mejores películas del año? ¿Por qué no se estrena comercialmente? ¡Pero si es uno de los fenómenos más importantes del año! Esto significa que la fórmula es vieja, y que si no se cambia, no saldremos de ésta.
—Las salas de exhibición tienen algo de culpa...
—Está claro, las salas de exhibición no tienen paciencia. Honor de caballería es una película de culto que se ha caído prácticamente de todas las salas, cuando es una película que necesita del boca-oreja. Se estrenan un montón de copias de El código Da Vinci y ahora mismo no sé cuantas deben quedar. No tiene mucho sentido. El crítico entonces no se entera de nada, porque al ver sólo las películas que se estrenan cada viernes, sólo ve la parte mala de lo que está en el mercado. Esta semana, por ejemplo, he mirado la cartelera y es lamentable, no tengo ninguna gana de ir al cine, tengo bastante más interés en películas que tengo en casa que me servirán mucho más para entender la situación del cine en este momento.
—Si el cine está cambiando y la cinefilia está cambiando, ¿cómo puede ser que la crítica no lo esté haciendo?
—A ver, si yo hago crítica de cine es porqué tengo una pasión que me viene de pequeño, desde que vi La conquista del Oeste (risas). He conseguido lo que decía Guarner, "hacer de una afición, una profesión". Soy consciente de que quiero seguir con esta pasión, si yo veo que esta semana se estrena una película de Godard y yo no la he visto, me pongo nervioso. ¿Por qué? Porque sigo teniendo esta curiosidad, porque quiero saber qué está pasando en el cine. Muchos de los críticos de periódico no tienen este interés, hoy en día son periodistas que han ido de sección en sección hasta acabar haciendo crítica. También hay otra cuestión: hay gente que no ha entendido el cambio que ahora mismo está ocurriendo en el cine. Gente que se ha educado con un modelo de la cinefilia clásica y que ahora está descolocada porque no entiende estas nuevas propuestas cinematográficas. Tuve una época en la que era bastante lacónico sí, que creía en esa especie de "muerte del cine", pero desde hace unos años el cine ha cambiado, y yo creo que para bien. Me interesa muchísimo todo lo que está pasando en la actualidad.
—¿Se puede decir que es un problema generacional?
—Una parte sí, pero no del todo. Yo soy de una generación distinta a la tuya y estamos hablando sobre lo mismo. Hace diez años había dos tipos de críticos: el sesudo y el "friki" (risas). A mí me etiquetaban de lo primero porque en el Festival de Sitges en el 'Seven Chances' yo programé Jean La Pucelle de Jacques Rivette. Para los otros el 'top ten' era Mirindas asesinas de Álex de la Iglesia (risas). Eso era una trampa. Si nos hubiéramos cerrado entonces, como la gente del Opus, nos hubiéramos equivocado. Teníamos que abrirnos, descubrir ciertos productos contraculturales que nos pudieran interesar. Hemos de descubrir lo máximo que podamos, no podemos quedarnos quietos. A mí me gusta mucho el cine de autor, pero también me gustan otras cosas... como la última película de Jim Carrey (Dick y Jane, ladrones de risa). Recuerdo que fui a ver Misión imposible 3 con el mismo interés que podría sentir por un Godard. A mi me interesa abrirme y Misión imposible 3 me gusta y El código Da Vinci, no. Me interesa el buen cine comercial, a todo crítico le debería interesar. En la época joven de "Cahiers du Cinéma" les interesaba el cine de Budd Boetticher que, en la época, era como ahora las películas de Jim Carrey.
—¿Crees en la regeneración de la crítica?
—Quizás porque soy profesor me entiendo muy bien con la gente joven. Yo sí que creo que existe una renovación, por ejemplo, en "Cahiers du Cinéma" casi todos son críticos jóvenes. Me interesa mucha esta nueva generación, es necesario que haya gente joven que busque, que investigue, yo estoy aprendiendo mucho de esta crítica joven. No nos hemos de cerrar, hemos de crear un diálogo entre generaciones, esto es importante. Pero no se ha de tratar de un relevo que mate al padre. Hay que vigilar con una cierta crítica visceral, basada sobre todo en los gustos, que resulta muy poco analítica. Se puede reivindicar a los Farrelly, pero no a base de obviar a Jerry Lewis. Me tomo la crítica como una manera de análisis, de reflexión, de conexión con la sociedad. Aprovecho cuando tengo que escribir de una crítica concreta, para empezar a cruzar cosas. Me interesa mucho crear un discurso en el que cohabiten diversos aspectos. Un ejemplo: la política en el cine norteamericano, películas como Dick y Jane, ladrones de risa, Misión imposible 3 o la última de Spike Lee (Plan oculto). Reflexionar sobre cómo se cambia hoy en día toda la fotografía de una película en postproducción.
—Una pregunta de escritor: ¿Cuando escribes, lo haces para ti, o lo haces pensando en el lector?
—Bueno, como aparte de crítico, soy profesor, soy bastante didáctico en mi escritura. Me gusta analizar y explicar las cosas. No me gusta utilizar la primera persona, el "yo". No suelo incluir mis gustos, hablar de obras maestras, menospreciar películas... más bien me interesa dar a entender algo. Un ejemplo: Gerry, ¿por qué nos fascina esta película? Porque tiene otro ritmo, una cadencia especial... Más allá del porqué de la fascinación que me provoca, intento preguntarme a qué responde Gerry, en qué piensa Gerry, e intento desentrañar elementos que me permitan explicar porqué una película como Gerry existe hoy en día. La crítica francesa de los años 50: Truffaut, Godard y compañía, eran muy viscerales, apostaban o repudiaban las películas sin pensárselo, yo entiendo las películas más como un misterio que tengo que descubrir, y luego escribir sobre lo que he encontrado en ellas.
—Vaya, yo pensaba que eras muy cahierista.
—Sí que lo soy. Joaquim Jordà dice que soy el último cahierista (risas). Bueno, yo es que soy muy francófono, entre otras cosas, porque creo que la cinefilia se creó en Francia. Encuentro mucho más fascinante la cultura francesa que la anglosajona. Estoy suscrito a "Sight & Sound" y a "Cahiers du Cinéma", pero pienso que lo que hace la revista inglesa son básicamente "reviews" que no me aportan mucho. Sin embargo "Cahiers du Cinéma", pese a todos los cambios por los que ha pasado, siempre me ha interesado.
—¿Tu crees que si en "Miradas de Cine" fuéramos más agresivos, estilo primeros cahieristas, tendríamos más repercusión?
—A ver, yo creo que hay más gente que lee "Miradas de Cine" que "Dirigido por...", y tiene más repercusión en la gente joven que las revistas habituales de papel. Atento. ¿La agresividad? Yo creo más en hacer terrorismo con la escritura. Cargarte una película porque no te ha gustado y decir barbaridades sobre ella no sirve de nada. Para mí tiene mucha más función romper esquemas. Es mucho más sutil que, por ejemplo, hacer una campaña contra El código Da Vinci. Por ejemplo, el otro día en el "Culturas", aproveché para hablar sobre la película de Isaki Lacuesta, La leyenda del tiempo, para cargarme al guión como elemento clave en la escritura de una película. Otro ejemplo: quise escribir en "El Punt" sobre la nueva película de Víctor Erice, pero quería que saliera igual que cualquier crítica de estreno de cartelera, aunque ésta estuviera en una exposición. Para mí, éste es el acto político. Se puede ser provocador, pero eso no significa nada. Carlos Boyero, por ejemplo, es muy provocador, pero ha enterrado la nouvelle vague, todo el cine chino, todo el cine francés (risas)... Hemos de buscar otras vías, ¿por qué no hacer crítica de películas que salen en DVD? ¿Por qué no intentamos pensar sobre lo que representa Internet? Siempre se habla de entradas, ¿por qué no pensamos qué es una entrada? A ver, es algo que compras y que te permite acceder a ver una película, es verdad, pero también te permite acceder, en cualquier multisalas, a comer todo tipo de cosas, y es ahí donde parece que está el negocio. Entonces las películas de Woody Allen no pueden ir a un multisalas, porque su público no come palomitas, sólo valen los blockbusters.
—Ahora predominan los nombres como Nobuhiro Suwa, Phillipe Garrell, Gus Van Sant, Apichatpong Weerasethakul, Pedro Costa, Hou Hsiao-hsien... como miembros de las mutaciones actuales del cine. Podríamos entender el "Movie Mutations" como los miembros de las mutaciones de la crítica. ¿Crees que marcará toda esta generación un cambio importante y duradero, como pudo ser la nouvelle vague? ¿O hablaremos en un futuro de estos realizadores como hoy se habla de Konchalowski, Wajda, Rudolph o Greenaway?
—Bueno, el "Movie Mutations" no es nuevo, ya tiene diez años (risas). La primera vez que leía acerca de él fue en "Trafic" en 1997. Lo que pasa es que ahora es cuando ha empezado a circular. ¿Qué pasará con estos realizadores? Pueden pasar las dos cosas. De la nouvelle vague sólo ha quedado lo mejor: Rohmer, Godard, Rivette... e incluso ahora están aún en buen estado. Se han quedado muchos por el camino. ¿Qué ha sido de Carlos Saura que en los años 70 era de los mejores autores? Como Saura, cualquiera de los que has dicho, y más, como Alain Tanner. Son dos cosas, la primera es una cuestión de moda, como el caso de Greenaway, que en los 80 era uno de los iconos de cultura postmoderna culta ¿Y qué ha sido de Las maletas de Tulse Luper? ¿Está en crisis su gusto o el realizador? La segunda es que hay una diferencia entre el autor real y el autor impostado. Saura, ¿quién era?, ¿era un autor?, ¿era un invento de Elías Querejeta para conquistar el mercado europeo? No sé que será de Nobuhiro Suwa. Piensa que estamos hablando de gente de muy pocas películas: Suwa, Apichatpong... Cuando John Ford hizo The Iron Horse ya llevaba 57 películas, creo. Es muy difícil aguantar el paso del tiempo. Godard lo ha conseguido, pero es una excepción. ¿Qué director de cine español ha aguantado desde los 50? Ninguno, bueno, sí, Josep Maria Forn que hizo su primera película en el 57.
Entrevista realizada a finales de mayo de 2006, en Barcelona
|
|