Un estilo visceral

Los redactores de El amante cine deben saber que no hay crítica que por bien no venga, y que siempre es preferible una reseña negativa al silencio mediático. Es decir, la crítica negativa puede llamar a la polémica, a la reflexión sobre la obra referida, y el silencio no llama a nada más que al vacío, y contribuye a arrojar la obra al más implacable de los olvidos.

Por esto, espero este texto no cause enfado sino autorreflexión en filas de El amante. La revista ha demostrado ser, luego de más de catorce años de existencia, la mejor propuesta dentro del rubro en el Río de la Plata, y la única en detenerse particularmente en crítica y análisis cinematográfico. También cuenta con un staff de colaboradores promedialmente bien nutridos en lo que concierne a tendencias y actualidad cinematográfica, que además resultan ser muy buenas plumas y, en su mayoría, mejores analistas.

Las tapas de El amante son muy elocuentes en lo que refiere a política editorial: en ocasiones, cuando no existen estrenos atractivos en cartel, se opta por poner tapas de protesta, la presentación de algún dossier, o como en el caso del número de Junio del 2005, una película no estrenada (Femme fatale). Una tapa compartida por la películas The world de Jia Zhang-Ke y The wayward cloud de Tsai Ming-Liang demuestra con claridad que los intereses económicos no son determinantes para la elección de contenidos y que la apuesta a la calidad y a la diversidad dentro del medio es un hecho y no solamente una postura.

Los dos bandos. Gustavo Noriega, actual director de El amante, dijo en entrevista (1) que en la redacción se distinguen claramente dos sectores, siendo uno "la vieja guardia cinéfila", y la otra la "generación más joven" representada por Javier Porta Fouz, actual jefe de redacción. Esta última es la que indudablemente explora con mayor empeño las cinematografías menos accesibles y la que suele reivindicar a los géneros tradicionalmente desprestigiados por la crítica como es, por ejemplo, la nueva comedia norteamericana. Suelen existir importantes diferencias de gustos y enfrentamientos entre ambos sectores, que se plasman en páginas de El amante. La confrontación y exposición de varias posturas con respecto a una misma película es uno de los  mayores atractivos que tiene la revista, y enriquecen al lector con ópticas diversas de las que puede extraer conclusiones propias.

Eduardo Antín y Flavia de la Fuente, redactores fundadores de El amante, debieron abandonar la dirección en diciembre del 2004, y en un artículo de despedida escribían «Desde que empezamos a ocuparnos del Bafici nos fuimos alejando paulatinamente de la revista y hoy compartimos muy poco de su línea editorial (…)». Según parece, la generación de colaboradores jóvenes ha tenido el peso suficiente como para cambiar en forma considerable el perfil de El amante en los últimos años. Desde el retiro de Antín y De la Fuente de la dirección el mayor cambio que se visualiza es el del diseño interno de la revista, que ha vuelto mucho más llevadera la lectura, más la incorporación de alguna sección nueva (Amores y anarquías, Fuera del cine). En cuanto a contenido, no parece haber grandes diferencias, debido posiblemente a que la lista de colaboradores apenas ha variado en este último lapso.

Verdades absolutas. El año pasado, en la sección correo, un lector hacía la siguiente observación: «Por qué me suena que la mayoría de sus críticas se valen de subjetividades tiradas de los pelos. Chicos, no me interesa su vida personal. Si van a hablar de cine, hablen de estilos, de narración, de cine». Traigo a colación esta cita porque releyendo El amante de los últimos años di con un número en el que, en distintas críticas de películas se colaban las experiencias de vida de Marcelo Panozzo con el rock, de Gustavo Noriega y su padre y de Eduardo Rojas y la pesca. Está bien, la crítica es una de las ramas más subjetivas del periodismo pero, ¿es necesaria tanta autorreferencia a la hora de comentar una película?

De a ratos, también se denota cierta soberbia y autobombo en páginas de El amante. Los redactores suelen hacer afirmaciones tajantes de tipo "X es Y" sin dar demasiados argumentos para fundamentarlas. Este tipo de recurso a veces es inevitable cuando no hay suficiente espacio para explayarse y dar las justificaciones necesarias, y en esos casos el lector debe depositar su confianza en los gustos estéticos del crítico, pero cuando se vuelve un vicio estilístico puede resultar bastante molesto. El mismo director tituló un artículo de su autoría como "Las peleas son una porquería" en referencia a las peleas del cine, y el jefe de redacción suele exponer opiniones como la siguiente: «Cada cosa que sucede en Matchpoint, un producto chupamedias, es de una torpeza insólita incluso para el Woody Allen de la última década».

El problema en estas aseveraciones radica en que no dejan lugar a la duda, a la discrepancia. La última palabra la tiene el crítico, que por algo es el especialista. Al lector sólo le queda acatar y callar. No existen los "yo pienso" o los "me parece" en El amante, y, si los "jefes" hacen uso de esta forma de escribir, ¿porqué no habrían de hacerlo los colaboradores?

El Odiante cine. Como toda relación intensa y duradera, el vínculo del cinéfilo con el cine es de tipo amor/odio. Nadie se enoja tanto con una mala película como el especialista. El público no cinéfilo puede sentirse algo molesto cuando una película lo aburre o no le satisface, pero de seguro nadie se toma tan en serio su indignación como el crítico. Los "amantes" del cine vivimos contínuamente enemistándonos y reconciliándonos con él, somos capaces de odiar a un director que años atrás adorábamos o viceversa, nos ofendemos y nos ofuscamos cuando alguien ataca una de nuestras obras de cabecera, a pesar de que quizá dentro de unos años nosotros mismos seamos quienes la ataquemos. Los redactores de El amante no son la excepción a todo esto, y no tienen ningún problema en hacer evidente su singular odio al cine. Incluso han llegado a titular un especial "El cine que odiamos" presentando una serie de notas sobre las películas que les causan mayor rechazo.

Cuando la efusividad desborda en los artículos de El amante, este entusiasmo se contagia al lector, pero cuando en cambio se ensañan con alguna película, los redactores se tornan de lo más antipáticos. Aquí van algunos ejemplos:

«François Ozon tomó no una sino 8 mujeres y creó la abominación máxima convirtiendo a las ocho en divas». Javier Porta Fouz Nº 134.

«Nada que ver con el cine. Irreversible no es una película, sino una gansada». Leonardo M. D´Esposito Nº 133.

«De no haber competido en Cannes, de no haber tenido a uno de los directores más prestigiosos del mundo, de no haber sido tomada demasiado en serio por demasiada gente, Dogville podría ser confundida con un exponente de alumnos de prescolar». Manuel Trancón Nº 138.

«Rodríguez y Tarantino quieren hacerse los chicos rebeldes, pero son cada vez más niños ricos que la juegan de independientes junto a Miramax (…) Mientras tanto, hacen películas feas y esclavas e insuflan imaginarios de cuarta a las nuevas generaciones de espectadores». Javier Porta Fouz Nº 159.

Una de las críticas más violentas que jamás he leído fue también de autoría de Javier Porta Fouz, y se trata de un insulto contínuo de dos páginas contra la película A todo o nada de Mike Leigh (2). El autor de el artículo se justificaba: «…cuando yo era solamente lector de esta revista, habría esperado con ansiedad que se publicara ya no una crítica sino un insulto de una o varias páginas dirigido a una película como A todo o nada».

El problema de insultar mediáticamente a una película es que a su vez, se está insultando el orgullo y la inteligencia de quienes gustaron de ella, e impresiona la virulencia con la cual Porta Fouz descarga sus baterías indistintamente sobre un film y sobre sus lectores cuando algo no le satisface. Esta forma de redacción puede tener sus defensores y parece tomar como referente a los Cahiers amarillos de antaño, con Truffaut a la cabeza. Pero los lectores de El amante no tienen porqué conocer este antecedente estilístico, y es probable que muchos de ellos se sientan legítimamente agredidos con tales exabruptos. En lo personal, este tipo de notas son las que me llevan a cuestionarme mes a mes si seguir comprando El amante. No educan la mirada, hablan con arrogancia al lector y obedecen más a un impulso pasajero que a una reflexión pormenorizada.

Un cierto prejuicio. Cuenta Borges que habiendo muerto Edgar Allan Poe, Walt Whitman escribió una necrológica en la que decía que «Poe era un ejecutante que sólo sabía tocar las notas graves del piano». Dicho de otra manera, Whitman le criticaba a Poe que tuviera una mirada tan oscura sobre la vida, y que en sus escritos se plasmara siempre ese pesimismo lúgubre.

En páginas de El amante hoy sobrevuela la idea de que la visión misantrópica del mundo no debería tener cabida en las películas. Diversos colaboradores han señalado como algo negativo que un director se coloque por encima de sus personajes, o que no empatice lo suficiente con ellos. Estas ideas, tomadas como certezas por buena parte del cuerpo de redacción, puede devenir en un error de criterio garrafal.

Ahora bien, ¿no es lícita la mirada nihilista a la humanidad? ¿Acaso no enseña la historia que el hombre ha sido necio en esto de ser desagradable? ¿Por qué debería de crear personajes "sensibles" o "inteligentes" un autor cuando todo lo que lo rodea se le antoja frío y mediocre? Von Trier, Solondz y Noé (3) son blanco contínuo de ataques por parte de la revista, sencillamente por tener intenciones de transgredir, por su misantropía, y por no querer empatizar con sus personajes. Un terceto de características que resulta inadmisible para los "amantes" (4).

Parece existir un espíritu romántico en El amante, un vestigio de confianza en la humanidad que, inmutable, no tolera siquiera ser cuestionado. La intención de estos cineastas desestimados es precisamente poner en duda esta preciada fe, revolver, aunque sea por un rato, las seguridades que a muchos se les antojan incuestionables. Señalar y dejar en evidencia a este insecto plagado de manías, contradicciones, ciclotimias e indigestas en que ha devenido el ser humano.

Supongo que es algo positivo que gran parte del cuerpo de redacción de El amante tenga una cosmovisión moderadamente optimista sobre el hombre y su accionar, pero de ahí a que les exija a las películas esta misma óptica hay una distancia importante.

Se está desdeñando la capacidad de Gaspar Noé para generar atmósferas espeluznantes, la  crítica ácida de Solondz a la ideosincrasia norteamericana, el poder desestructurante de Von Trier. Cualquiera de estos autores merecería un espacio pertinente en El amante, al menos un justo análisis de alguna de sus obras o una polémica más digna. Llama la atención que de los más de veinte colaboradores que trabajan en la revista ninguno haya salido en defensa de alguno de ellos en los últimos tres años (5). Estos directores parecen estar haciendo escuela y tristemente a El amante esto le está pasando por el costado.

(1) En http://www.subjetiva.com.ar/internas/elamante.htm

(2) El amante cine nº 150

(3) Los hermanos Coen son otros de los tantos repetidamente vapuleados en la revista por no empatizar con sus personajes, aunque también han tenido alguna discreta defensa.

(4) Si en El amante se hiciera crítica literaria, es probable entonces que tampoco simpatizaran con autores profundamente pesimistas y misántropos como E. M. Cioran, Cesare Pavese o Thomas Bernhard.

(5) El ninguneo masivo de los colaboradores de El amante con respecto a algunos directores se refleja también en la ausencia casi absoluta de Kubrick o Kurosawa en las selecciones de mejores películas o en los artículos de los últimos años. La mayoría de las veces que se nombra a Kubrick es para desacreditarlo.

Por Diego Faraone
portada