9 interrogantes sobre las mujeres y la crítica o "La barrera invisible"

¿Es necesario a estas alturas un texto sobre la relación de las mujeres y la crítica cinematográfica?

Para el responsable de esta publicación, parece que sí. Para quien esto escribe, en cierto sentido, también. El cierto sentido queda más detallado en los siguientes interrogantes.

¿Cuál es el estado de las cosas?

Consideremos la crítica como un género del periodismo especializado (que pueden practicar perfectamente, por supuesto, personas que no han estudiado la carrera de periodismo). Los estadísticas cantan: hay más mujeres que hombres en la carrera de periodismo; también son numerosos los nombres femeninos que ejercen el periodismo cinematográfico. Pero cuando llegamos a la sección de opinión, e incluso a lo que podríamos llamar generadores de opinión, las firmas de mujeres brillan por su ausencia. Era manifiesta, por ejemplo, la cantidad de mujeres periodistas que había este año en Cannes: muchas acreditadas para radios, como Conxita Casanovas, ese referente ineludible de profesionalidad dentro del periodismo cinematográfico; también para medios escritos, como Elizabet Cabezas, cronista para el diario catalán Avui, la única que ha hecho el salto al otro bando al codirigir junto a Esteve Riambau La doble vida del faquir (2005). Pero no han sido sus crónicas las que han marcado tendencia a la hora de hablar del festival. Más ejemplos: en Fotogramas, la revista cinematográfica de más difusión en España, sólo hay una mujer que suscriba críticas, Nuria Vidal, a pesar de que la revista la dirija Elisenda Nadal y a pesar, también, de que la redactora jefe en Madrid sea Paula Ponga, excelente periodista que sin embargo apenas se deja leer como opinadora. La revista Dirigido es un reducto masculino donde los haya. Incluso da grima. En los últimos tiempos ha sido casi milagroso leer puntualmente algún texto de Ruth Pombo y Marta Selva. Las nuevas publicaciones se hacen eco de una cierta pero lenta normalización al respecto. En la sección de cine de Cultura/s de La Vanguardia, Imma Merino es ya, afortunadamente, una habitual. El apartado de cine de Rockdelux cuenta, proporcionalmente, con más nombres femeninos que el de música: yo misma, Celina López Seco y Desirée de Fez, quien también ejerce de crítica habitual en El Periódico, La Guía del Ocio de Barcelona y otras publicaciones; en la sección correspondiente de Go Mag la normalización sigue su curso: ahí está una de las grandes promesas de la nueva crítica hecha realidad, Violeta Kovacsics, junto a Tamara Sánchez y Arantxa Ruiz.  

¿Hay prejuicios hacia las mujeres que quieren escribir o escriben crítica?

Sinceramente, creo que no. Personalmente nunca me he encontrado con problemas por el hecho de ser mujer y tengo bastante claro que cuando he recibido un no por respuesta en cuestiones de trabajo no era por machismo.  Siempre te puedes encontrar algún gilipollas, pero no hace falta convertir la anécdota en síntoma y el victimismo nunca me ha parecido una buena arma de combate. Cierta generación de nueva crítica, mayoritariamente masculina, no ha tenido prejuicios en convertir a Nicole Brenez en una de sus adalides, como también han sido ineludibles nombres de referencia Pauline Kael o Susan Sontag. También es verdad que, como sucede en otros ámbitos, estos nombres no dejan de ser excepciones o cumplen esa regla según la cual sólo consiguen destacar mujeres realmente extraordinarias. Está claro que no llegaremos a la normalización hasta que existan tantas críticas malas o regulares como críticos malos o regulares ya están presentes en la mayoría de publicaciones.

¿Entonces existe igualdad de condiciones entre hombres y mujeres en la crítica cinematográfica?

Pues no, como no existe igualdad de condiciones en ningún otro trabajo. Mientras no exista una verdadera situación de compatibilidad de la vida profesional y la vida familiar, y ése sí es un problema real, no se podrá hablar de verdadera igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Aquí entraríamos en tema mucho más complejo, el de que la responsabilidad de tener hijos se vincule solamente a la mujer. Mi utópica solución radicaría en un permiso de paternidad en las mismas condiciones que el de maternidad. Primero, para equilibrar responsabilidades, después porque no entiendo por qué los hombres no pueden tener el mismo derecho que las mujeres a disponer de unos meses para disfrutar de su nueva condición de padres. También tengo claro que hay cierta crítica veterana masculina que quizá se deja ver menos en festivales precisamente por también compatibilizar su vida familiar con la vida laboral.

¿Ofrecen las mujeres una mirada diferenciada de la de los hombres en la crítica cinematográfica?

¿Deberíamos? ¿Tiene que resultar nuestra crítica femenina? ¿O feminista? Cualquier apriorismo respecto a cómo debería ser una crítica ejercida por una mujer deviene, en el fondo, una imposición a la que no se han visto sometidos nuestros colegas masculinos, de quienes no se espera nada en concreto por el hecho de ser hombres. La verdadera libertad de la mujer como crítica deber radicar precisamente en encontrar una voz propia con la que se sienta plenamente identificada. Para mí es un tema de responsabilidad personal hacia una misma, y, al mismo tiempo de responsabilidad global en la mirada hacia el mundo que le rodea. A veces se acaba asumiendo con cierta normalidad algo que podría resultar contradictorio: el interés por una película que ofrece una visión repulsiva de la mujer. La obra de Kim Ki-duk, y en general gran parte del cine asiático, es bastante ejemplar al respecto. Su cine puede resultar muy interesante, pero su visión del sexo femenino parece resucitar clichés ya superados: que si la virgen y la puta, que si la sumisión como única forma de placer por parte de la mujer, que si la destrucción del cuerpo de la mujer como única forma de posesión... Asumir esta contradicción no es una cesión, todo lo contrario. Es dejar claro que una ya no necesita que el cine la justifique o la defienda. Que te puede encantar cierto cine asiático a la vez que tienes claro que no te liarías nunca con el tipo de hombre que te presentan. Tampoco entiendo por qué a las mujeres nos tienen que molestar más ciertas miradas sobre lo femenino que a los hombres. De acuerdo que si una no defiende lo suyo, no puede esperar que venga alguien de fuera a hacerlo. Pero yo no soy negra y me molesta el racismo. No soy homosexual y me molestan la homofobia y la invisibilidad del lesbianismo. No provengo de extracción proletaria, pero me repulsa el clasicismo. Y defiendo la igualdad de oportunidades al mismo tiempo que odio la corrección política como excusa estética.

¿Cuál es la relación de las mujeres críticas con el cine de y/o sobre mujeres?

Un colega me comentó su extrañeza ante el hecho que en el libro sobre Claire Denis editado por Álvaro Arroba no apareciera ninguna mujer crítica. ¿Es realmente necesario contar con una mirada femenina en un estudio sobre una mujer directora? Quizá sí. Pero me resulta más problemático que no se pueda concebir lo contrario, un libro sobre, pongamos, Sam Peckinpah (número uno en mi top de directores muy masculinos, y a veces directamente muy machistas, preferidos), sólo escrito por mujeres. Por una parte, me molesta la idea de las chicas con las chicas. Eso sí, sólo me molesta entendida de forma reduccionista, porque a mí me encanta hablar de y con mujeres. En un especial sobre lo mejor de la historia del cine español en el que colaboré me acabó tocando comentar casi exclusivamente lo que definí como "las pelis de solteronas". Ningún problema, entre otras cosas, porque si no no se hubiera hablado de ciertos films que a mí me parecían esenciales y que defendí a muerte. A pesar de que yo fuera capaz de hablar sobre todas las otras películas que comentaron hombres. También con los años cada vez estoy más interesada por las miradas femeninas. Creo que es inevitable. Como cinéfila he crecido viendo casi exclusivamente películas dirigidas por hombres. Esto me ha acabado provocando algo así como un ansia de ver obras realizadas por mujeres, de rastrear los escasos nombres de realizadoras femeninas existentes antes de los setenta (durante una época busqué obsesivamente formas de ver las películas dirigidas por Ida Lupino—1—). Se trata de algo casi instintivo, de la necesidad de rellenar un vacío que está ahí, de calmar una sed que el cine hecho por hombres no sacia, de saber que en el cine todavía no me he vivido totalmente como mujer. Y no me resulta ninguna contradicción que haya tantas películas hechas por y sobre mujeres que no me convenzan (las mujeres también tienen derecho a ser malas directoras, o malas críticas); algunas ni siquiera me interesan: la temática, por supuesto, nunca me justificará una obra. Pero la sed de esas otras miradas siempre sigue ahí.   

¿Qué dicen las teorías feministas al respecto?

Espero que Alejandro no me llamara creyendo que iba a responder a esta pregunta, porque no me veo capaz de hacerlo. No es que no me interese. He leído al respecto y hay señoras como Teresa de Laurentis que creo que han elaborado interrogantes al respecto mucho más interesantes que los míos, por supuesto. Pero no soy una experta en el tema y mi problema está en que me interesa más el cine que el feminismo. Y que conste que si no me defino como feminista no es porque no me apetezca sino porque considero que no estoy a la altura. Cada noche, antes de irme a dormir, doy gracias a todas estas señoras que me han abierto una serie de puertas que yo no hubiera sido capaz ni de empujar. Mi más sentida reverencia hacia ellas, sin cuya lucha, soy consciente, no podría haberme centrado más en el cine que en el feminismo.

¿Por qué todavía hay tan pocas mujeres ejerciendo de críticas?

Ésta es para mí la gran pregunta y no me veo capaz de hallar la respuesta o respuestas. Aquí es cuando topamos con lo que alguien definió como "la barrera invisible". Hace un tiempo me chocó enormemente oír a una profesora de escuela pública defender una nueva separación por sexos en las aulas. Según ella había comprobado, muchachas que se expresaban libremente en "petits comités" sólo de chicas permanecían calladas en las clases mixtas. A su pesar, la profesora reconocía que la educación en una supuesta igualdad de sexos no había conseguido que las chicas se sintieran igual de cómodas que los chicos a la hora de manifestarse públicamente. El quid está aquí. ¿Arrastramos las mujeres todavía un pudor atávico para no desarrollar nuestra opinión en público? No estamos hablando de algo muy antiguo o de ninguna sociedad culturalmente alejada. No hace tantos años que en este puto país tenías que pedir permiso a un hombre para abrir una cuenta corriente o para salir al extranjero. En los casinos de muchos los clientes suelen ser sólo hombres que hacen tertulia mientras juegan al dominó. Así que no me hablen de total normalización, por muy modernas que seamos. Que los kilos pesan, pero ciertos años más. O, quizá, simplemente se trate de que quien la clavó fue Dreyer, en Gertrud, claro, y a la mayoría de las mujeres les interese más una realización personal en el terreno íntimo que en el externo artístico. ¿Son incompatibles ambas realizaciones? Pues para las mujeres al menos se han demostrado difíciles de compaginar... La lucha está en que la decisión de compatibilizarlas o no provenga siempre de una postura personal y no de unas circunstancias externas. Amor omnia.

Para concluir, reformulo la cuestión anterior. ¿Por qué hay menos mujeres que hombres que se dedican a la crítica cinematográfica?

Más allá de la necesidad de salvar esa "barrera invisible", no hay que descartar la posibilidad de que, simplemente, haya menos mujeres a quienes les interese opinar sobre cine. La conclusión entonces sería, ¿y qué?, ¿what difference does it make?, que diría el poeta. El problema es que algún gilipollas, y no pido perdón por utilizar este término, use este dato estadístico para sacar conclusiones estúpidas sobre supuestas superioridades intelectuales de los hombres sobre las mujeres. Entonces es cuando pienso: "Oye, tío, salimos fuera, y, como en las pelis de Ford, solucionamos el asunto a cuatro puños porque contigo está claro que no que se puede discutir de otra manera. Eso sí, avísame con tiempo. Porque igual ese día he quedado con mis amigas para ir de cervezas y bailoteo. Y eso no lo cambio por nada en el mundo".

(1) De quien este junio la Mostra de Cinema de Dones de Barcelona ha proyectado uno de sus títulos más interesantes, The Bigamist, donde Edmund O’Brien compatibiliza su amor por su esposa Joan Fontaine con su también amor por una amante con la que igualmente se casará, la misma Lupino. Aunque el eje de la historia sea un hombre, la película no deja de plantear la idea de que el modelo tradicional de familia queda siempre pequeño ante cualquier otra posibilidad de relación, aquí una historia de amor a tres bandas cuyos tres integrantes se ven capaces de asumir. Visión de lo más heterodoxa en 1952.

Por Eulàlia Iglesias