Carlos Aguilar (Madrid, 1958) es escritor y crítico de cine. Comenzó su andadura en el medio editando "Morpho", el primer fanzine temático sobre cine fantástico editado en España, que sería la carta de presentación para el ámbito profesional en donde lleva trabajando más de veinte años, colaborando en revistas, publicando libros y participando en volumenes colectivos, tanto españoles como extranjeros: "Nosferatu", "Quatermass", "Mad Movies", "Casablanca", "Bianco e nero", "Cabiria", "Fotogramas"; "Sergio Leone", "El cine fantástico de aventuras", "Cine fantástico y de terror japonés. 1899-2001" (co-atuor), "Yakuza cinema. Crisantemos y dragones" (co-atuor), "Japanese Ero Gro & Pinku Eig" (co-autor), "Max Ophuls" (editor); "Antología crítica del cine español", "El cine fantástico y de terror de la Universal", "Cine fantástico y de terror alemán. 1913-1927"... Conocido sobretodo por su célebre "Guía del Video-Cine", un diccionario de films imprescindible y magnifico que ya va por su séptima edición, también es escritor de ficción con historias muy relacionadas con el cine: "Simbiosis", "La interferencia", "Coproducción", "Nueve colores sangra la luna". Más información en su web www.carlosaguilar.net.

—Después del tiempo que ha transcurrido desde que comenzasta a escribir sobre cine, ¿cómo ves la situación actual tanto en la crítica como en la publicación de libros?
—La crítica general, por así decirlo, se ha ido maleando por unas concesiones publicitarias progresivas y sofocantes, las cuales determinan que apenas queden ya revistas donde pueda escribirse con auténtica independencia y libertad. En cambio, libros de cine se editan muchos, muchísimos más que entonces. Y de tal cantidad, obviamente, se desprende un cierto nivel de calidad.

—¿Qué diferencia a la cinefilia y critica de entonces con la actual?
—La de antes era más neurótica, más apasionada, porque las películas eran difíciles de ver, y tras verlas, cuando lo conseguías, las guardabas a sangre y fuego en la memoria, consciente de que posiblemente fuera la última vez. Desde que existe el video, el dvd, las descargas de Internet y demás, esto se ha perdido, con todo lo que ello comporta, pero no sólo en este nivel.

—Tú empezaste escribiendo en fanzines, has colaborado en periodicos, revistas especializadas, libros colectivos, has realizado ensayos... ¿De todo ello dónde te has sentido más cómodo? ¿Abordas de forma distinta un comentario para un libro que una reseña en un periodico o fanzine?
—Yo me he sentido cómodo en todas partes, en general, y por sistema abordo cada trabajo procurando dar el cien por cien. De mi capacidad, de mi voluntad de comunicación, de todo... sea cual sea el medio. También es verdad que la emoción que sentí, con veintiún años, ante la aparición del primer número de mi modestísimo "fanzine", no he vuelto a sentirla, ni aun teniendo en las manos el más lujoso de mis libros. Fue realmente emocionante.

—Atendiendo a la crítica de periódicos y la de revistas especializadas se podría diferenciar entre dos tipos de críticas. ¿Cuál debería ser la función de cada una o acaso debería ser la misma? ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de escribir una u otra?
—La función debería ser idéntica. Un fusión de objetividad, en lo cuantitativo, y subjetividad, en lo cualitativo, que relacione la película de modo enriquecedor con su hipotético espectador. Aunque bien es verdad que el lenguaje y la normativa deben varias en función del medio. No puedes dirigirte igual al lector de un periódico, al que debe presuponerse poca formación especializada, que al de una revista de cine, que debe contar, cuando menos, con una base.

—Respecto a obras básicamente de consulta como tu célebre volumen "Guía del videocine", ¿Qué te interesa más en este caso: el rigor documental o las pequeñas entradas que aportan tu visión? ¿No se puede hablar, en este caso, de crítica?
—Intento reunir el rigor con la valoración. De forma que quien no comparta mi opinión, que nadie tiene por qué hacerlo, por lo menos encuentre en el libro otros ingredientes de interés, para que no se arrepienta de comprarlo. Esto me parece una cuestión fundamental de respeto al lector, porque es un libro caro.

—¿Dónde situarías la crítica de cine que se realiza en España en los últimos años? ¿Cuáles son, actualmente, las propuestas más interesantes a tu juicio?
Prefiero no responder. Conozco a la mayor parte de mis colegas, unos son amigos y otros enemigos. Entonces, no quiero entrar en valoraciones, en parte porque me dejaría llevar por mis sentimientos, quizá por encima o debajo de lo correcto, y en parte porque somos compañeros sobreviviendo en una profesión durísima.

—A la vista de lo que se ofrece en otros países, ¿la crítica en España está un paso por detrás? ¿Qué echas en falta, qué necesita?
Yo creo que la crítica española de cine no tiene peor nivel que la francesa, la italiana o la alemana. En este sentido, no hay que sufrir ningún complejo de inferioridad. Tenemos gente buena, regular y mala como en todas partes.

—¿Qué opinión te merecen las diferentes corrientes críticas que ha habido desde el nacimiento de Cahiers? ¿Qué autores u obras te han interesado más?
—Te repito lo de antes, prefiero no dar nombres.

—En términos generales, ¿crees, en todo caso, que tal vez la crítica en España sí necesite una revolución o al menos un cambio de rumbo?
—Necesita, y perdona que me repita, que la dejen ser libre. Esto sobre todo y ante todo. Después, lo demás.

—Está claro que tanto el aficionado como el estudioso echa a faltar más diversidad en la oferta de revistas especializadas, sobre todo porque tampoco se habla de otro cine que no sea el impuesto por el mercado, como tú apuntabas antes. Terminan buscando en otros lugares, principalmente en Internet...
—Por supuesto, y es una pena, porque esto implica un empobrecimiento del sector, ante la falta de credibilidad de las publicaciones.

—Por ejemplo los festivales pueden ser un buen lugar para conocer otro cine. Sin embargo se dan demasiados casos en los que el crítico ignora lo que esté fuera de las secciones oficiales cuando a lo mejor su función tendría que ser precisamente la contraria...
—Estoy totalmente de acuerdo.


—La aparición del dvd e Internet ha cambiado a la cineflia, pero ¿de qué modo? ¿no crees que ahora exista tanta pasión? ¿hay tanta separación, como a veces parece, entre los nuevos aficionados y los más veteranos?
Ya lo creo que existe esa separación. Yo, que tengo 47 años, me siento mucho más próximo de un cinéfilo con veinte años más que con veinte años menos. Mi nueva novela, "Nueve colores sangra la luna", aborda, dicho sea de paso, un tipo de cinefilia enfermiza que no puede darse viendo películas en dvd o descargadas de Internet.

—Se te puede considerar un especialista en cine japonés, lo cual actualmente te convertiría en un privilegiado dado el auge que ha tenido el cine oriental en occidente ¿Cómo ves el fenómeno? ¿Puede tratarse sólo de una moda? Me pregunto quiénes, de esta nueva cinefilia, conoce a Kaneto Shindo o Masaki Kobayashi.
—El fenómeno nace de la crisis, angustiosa y hasta repugnante, experimentada por el cine de Hollywood, y si me apuras hasta por el independiente de Nueva York, a lo largo de los últimos veinte años. El cinéfilo necesita seguir creyendo en el cine, agarrarse a lo que sea para no renegar de su afición. Y ahí entra el cine oriental moderno. Mejor que el americano, sin duda lo es. Pero su calidad también se exagera entre sus adeptos, y ahí es cuando degenera en moda. En cuanto a lo que me preguntas sobre Shindo y Kobayashi, también yo dudo que les conozcan los jóvenes que devoran las películas japonesas modernas. Por lo demás, los tres libros que he escrito sobre géneros japoneses en colaboración con mi hermano Daniel, que vive en Tokio desde hace doce años, figuran entre los que prefiero de mi obra.

—Comenzaste escribiendo de cine y bastante tiempo después te embarcas a escribir novela. ¿Cómo surgió: te lo ofrecieron o siempre fue tu deseo?
—Lo he contado pocas veces, pero voy a hacerlo ahora. Una gran amiga, la ex-actriz María Silva, tras leer mi texto sobre "Lola Montes" publicado en el libro colectivo que coordiné sobre Max Ophuls, me comentó que un párrafo tenía una cualidad literaria, pero que prefería no decirme cuál. Yo me quedé sin palabras, y a continuación ella añadió "¿Por qué no escribes una novela? Hazlo aunque sea por mí". Obviamente, hice caso de su consejo, y sin más tardar me puse a escribir "Simbiosis", aunque ésta fue la segunda de mis novelas que fueron publicadas. Pero también es verdad que de adolescente había hecho mis pinitos, había escrito cuentos de terror fantástico muy inspirados por H.P. Lovecraft y Richard Matheson. Lógicamente, nunca se publicaron. Ni siquiera sé si conservo copias. Los escribía a mano, en los cuadernos del colegio.

—¿Entiendes la crítica de cine como otra forma de crear? ¿Cual de las dos disciplinas te gusta más?
—Por supuesto, la crítica de cine es creación. Supone la expresión de la sensibilidad del crítico, partiendo de la valoración de la sensibilidad del cineasta. Personalmente me siento a gusto en ambas facetas, aunque sin duda la de novelista es más estimulante. Puesto que partes de cero, con el desafío que esto representa, mientras que en la crítica partes de lo que han hecho otros.

—Sin citar nombres, ¿alguna movimiento o trabajo te ha interesado o inspirado para elaborar tu propia obra? Dicho de otra manera, ¿qué lecturas me recomendarías? ¿Y sobre cine?
Para elaborar mi propia obra... no sabría decirte, francamente. Supongo que me habrán influenciado muchos críticos, salvo los semiólogos y demás, que nunca he logrado soportar. Respecto a libros en concreto, aunque suene a risa, tengo mucho cariño por los dos tomos de "Lecciones de cine", publicados por Mensajero en los años 60. Pese a su orientación católica, eran, y siguen siendo, tremendamente válidos.

Entrevista realizada por correo electrónico durante los meses de abril y mayo de 2006.

Por José David Cáceres
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