A continuación presentamos la segunda tanda de impresiones sobre la crítica de quince personas relacionadas de un modo u otro con ella. De igual manera que las intervenciones publicadas en el número anterior, son el resultado de una serie de tres preguntas concretas que pusimos en común:

[1] —¿Qué es para ti la crítica? Describe, en tu opinión, cuál debería ser su objetivo y/o función (de existir alguno).

[2] —¿Qué opinión te merece la crítica de tu país? Enumera brevemente sus aciertos / errores y qué cambios introducirías para su mejora.

[3] —¿Cuáles son los escritores y/o críticos de cine que mas te interesan? ¿Destacarías alguna obra monográfica al respecto?

Agredecemos a todos los que han participado su presencia, disponibilidad y muy especialmente su sinceridad al responder. Y recuerden que el dabate no termina aquí, debe continuar constantemente. ¡Gracias!

Helen Bandis
co-editora Rouge Magazine

1En primer lugar, el objetivo de la crítica es iluminar las películas y sus significados —por supuesto, puede hacer muchas otras cosas, pero esa es su función primaria. En un sentido más general, la tarea del crítico es decidir, escoger qué debe ser puesto y qué dejado fuera de un escrito crítico —es un acto de discernimiento necesario, demasiado escaso hoy en día. Tristemente, una tendencia generalizada en la crítica en este momento —el auge de Internet tiene mucho que ver con esto— es un estilo que realmente detesto, el cual considero como una "emoción barata" —que significa el modo en el que los críticos se insertan a sí mismos y sus reacciones sin venir a cuento. Ya no se trata de un análisis sino de una forma de narcisismo— una versión degradada de  lo que gente como Serge Daney hizo una vez tan bien y con tanta intención. Finalmente, esta clase de crítica de la "emoción barata" es sólo una gran pérdida —¡de papel, espacio y tiempo! 

{In the first instance, the aim of criticism is to illuminate films and their meanings – of course, it can do many other things, but that is its primary function. In a more general sense, the task of the critic is to decide, to choose what must be put in and what must be left out of a piece of criticism – it is an act of necessary discernment, so often lacking today. Sadly, a widespread tendency in criticism at the moment – the rise of the Internet has a lot to do with this – is a style that I really detest, which I think of as ‘cheap emotion’ – that means the way that critics insert themselves and their personal responses pointlessly. It is no longer analysis, it is just a form of narcissism – a degraded version of what people such as Serge Daney once did so well and with such purpose. Finally, this kind of ‘cheap emotion’ criticism is just a big waste – of paper, space and time!}

2Comenzaré con los aspectos positivos. En los 60, en Australia, había mucho trabajo pionero, bueno e importante, por parte de gente como John Flaus, Barrett Hodsdon y Sylvia Lawson —gente que realmente estaban descubriendo el cine y llevando la discusión seria sobre él a un público más amplio por primera vez en mi país. Y ha habido algunos grandes escritores desde ese tiempo, incluyendo Meaghan Morris, Ross Gibson y Bill Routt (quien es también un espléndido profesor) —gente que ha escrito de formas muy diferentes, así como ha trabajado en la universidad. Pero para mí —aunque esto es un poco duro de decir, dada mi relación con la persona y el hecho de que somos (junto a Grant McDonald) co-editores de la revista Rouge— tendría que decir que el mejor crítico de Australia es Adrian Martin, porque trabaja en tantas actividades (escribir, editar, publicar, programar). Fue una época afortunada para los lectores de Australia cuando Adrian estuvo, durante 11 años, como crítico semanal en un periódico —porque teníamos a alguien (aparte de su erudición y su magnífica escritura) cuya principal preocupación era siempre diferenciar películas para sus lectores; nunca comprometido o sometido a la ideología del periódico, y es difícil mantener ese tipo de integridad crítica, ese tipo de postura, dentro de cualquier parte de la industria cinematográfica. 

Los aspectos negativos: me entristece decir esto, pero desafortunadamente, la escena cultural del cine en Australia está en gran parte regida por burócratas, gente que grita "cultura" mientras blanden sus calculadoras de bolsillo. Hay una cortina de mediocridad, porque la educación cinematográfica no comienza a edades tempranas de la infancia. De ahí que tengamos muchos malos críticos, repitiendo simplemente lo que está en los dossiers de prensa, que son aceptados por el público como expertos. Últimamente, todo el mundo es cómplice en esta situación de mediocridad: periódicos, periodistas, editores, profesores, algunos programadores que disfrutan saqueando otros programas del extranjero (si pueden permitírselo y si pueden atraer a un "público seguro") sin hacer realmente nunca nada nuevo o creativo, y finalmente el propio público que acude al cine. Una vez más, una falta de discernimiento es el problema: teniendo las herramientas, el entrenamiento, el contexto y el deseo de ser capaces de distinguir lo que es bueno de lo que es malo. ¡Necesitamos más educación y menos mediocridad! Hay una pereza en la cultura cinematográfica australiana: no hay programa para (por ejemplo) traducir sistemáticamente textos importantes del extranjero (el tipo de trabajo que intentamos hacer en Rouge), y tenemos revistas que más o menos publicarán cualquier cosa que les envíen posgraduados extranjeros cualquiera que sea su calidad. La cultura australiana no está abierta al debate, por lo que los críticos enseguida apoyan los films locales porque piensan que todo el mundo debe "ayudar a la industria". Pero únicamente perjudican a los cineastas haciendo esto; más profundamente, sospecho que "ayudar a la industria" es finalmente tan sólo una coartada para ocultar el hecho de que los críticos mainstream realmente tienen miedo de hacer su trabajo. En este asunto, las mejoras deben comenzar desde abajo: a diferencia de esos países (como Francia o Italia) donde el cine ha sido aceptado desde hace mucho como una forma de arte, aquí todavía es mayoritariamente observado como entretenimiento. Australia es un país con una población pequeña comparativamente, pero nuestros logros deportivos demuestran que, si inyectas dinero y esfuerzo en un área, las cosas pueden ocurrir, todo es posible. De este modo, las prioridades culturales deben ser cambiadas —¡comenzando por un cambio de gobierno!

{Let me start with the positive aspects. In the 1960s in Australia, there was a lot of good and important, pioneering work by people such as John Flaus, Barrett Hodsdon and Sylvia Lawson – the people who were really discovering cinema and bringing the serious discussion of it to a broader public for the first time in my country. And there have been some great writers since that time, including Meaghan Morris, Ross Gibson and Bill Routt (who is also a superb teacher) – people who have written in many different forms, as well as working in the universities. But for me – even though this is a little hard to declare, given my relationship to the person and the fact that we are (with Grant McDonald) co-editors of Rouge magazine – I would have to say that the best critic in Australia is Adrian Martin, because he works across so many activities (writing, editing, publishing, curating). It was a lucky time for readers in Australia when Adrian was, for 11 years, a weekly reviewer at a newspaper – because we had someone (apart from his erudition and superb writing) whose primary concern was always to elucidate films for his readers; he never compromised or submitted to the ideology of the newspaper, and it is hard to maintain that kind of critical integrity, that kind of stance, within any part of the film industry. 

The negative aspects: it saddens me to say this, but unfortunately, the cultural scene of cinema in Australia is largely run by bureaucrats, people who scream ‘culture’ while waving their pocket calculators. There is a general pall of mediocrity, because education in cinema does not begin at an early age of childhood. Hence we have many bad critics, simply repeating what is in the press kits, who are accepted by the public as experts. Ultimately, everyone is complicit in this situation of mediocrity: newspaper journalists, editors, teachers, some curators who are happy to pillage other programs from abroad (if they can afford them, and if they can attract a ‘safe audience’) without ever really doing something new or creative, and finally the filmgoing public itself. Once again, a lack of discernment is the problem: having the tools, the training, the background and desire to be able to tell what is good from what is bad. We need more education and less mediocrity! There is a general laziness in Australian film culture: there is no program to (for instance) systematically translate important texts from abroad (the sort of work we try to do in Rouge), and we have magazines that will pretty much print anything that is sent to them by postgraduates overseas, whatever their quality. Australian culture is not one of feisty debate; thus, critics go too easy on local films, because they believe that everyone must ‘help the industry’. But they only cripple the filmmakers by doing this; deep down, I suspect that ‘helping the industry’ is finally only an alibi covering up the fact that the mainstream critics are actually scared of really doing their job. In all of this, improvement must start from the ground up: unlike those countries (such as France or Italy) where film has long been accepted as an art form, here it is still regarded largely as entertainment. Australia is a comparatively small country population-wise, but our achievements in sport show that, if you inject money and effort into an area, things can happen, everything is possible. Thus, the cultural priorities must be changed – beginning with a change of government!}

3Aparte de la gente que ya he mencionado, la clase de escritores que son más interesantes para mí son los profesionales que también teorizan: desde los primeros años, Epstein, Delluc, Vertov y Eisenstein; y más recientemente, Godard, Ruiz, y Erice y Guerín (cuyos trabajos me gustaría conocer mejor). Entre los críticos, admiro a Daney, Jonathan Rosenbaum, Yvette Biro (quien también introduce su experiencia práctica como guionista), a veces a Richard Hell, quien (como Nick Cave escribiendo de Madre e hijo, de Sokurov) es un caso de músico escribiendo buena crítica fílmica... y también muchos otros que estoy interesada en descubrir, como Àngel Quintana, de España. Añadiré el ejemplo de un gran programador que también es un excelente crítico: Alex Horwath. En cuanto a trabajos monográficos, recomiendo la inspiradora colección de Paul Hammond de escritos cinematográficos de los Surrealistas, "The Shadow and its Shadow". Últimamente, el material crítico que creo que es más valioso, al cual vuelvo una y otra vez, pertenece a las B supremas: ¡Bellour, Bergala, Brenez y Burch! Estas son todas personas creativas (novelistas, cineastas, etc., así como críticos), gente que cubre muchos áreas, "cruzadores de fronteras", o passeurs, como diría Daney —y cualquier texto suyo es una lección valiosa. Finalmente, me gustaría señalar la próxima aparición de un libro especial, "Abel Ferrara", de Nicole Brenez, —uno de los mejores y más excitantes estudios sobre un autor, pero que también va más allá del autor. Este libro sólo puede ser descrito del modo en el que Matthew Modine describe su propia película al final de Mary: ¡como una bomba! 

{Apart from the people I have already mentioned, the type of writers who are most interesting to me are the practitioners who also theorise: from the early years, Epstein, Delluc, Vertov and Eisenstein; and more recently, Godard, Ruiz, and Erice and Guerin (whose work I would like to know better). Amongst critics, I admire Daney, Jonathan Rosenbaum, Yvette Biro (who also brings in her practical experience as a screenwriter), sometimes Richard Hell, who (like Nick Cave writing on Sokurov’s Mother and Son) is a case of a musician writing fine film criticism… and also many others I am keen to discover, such as Spain’s Angel Quintana. I will add an example of a great curator who is also a great critic: Alex Howarth. For a monographic work, I recommend Paul Hammond’s inspiring collection of writings on film by the Surrealists, The Shadow and Its Shadow. Ultimately, the critical material that I think is most valuable, to which I return again and again, belongs to the supreme B’s:  Bellour, Bergala, Brenez and Burch! These are all creative people (novelists, filmmakers, etc, as well as film critics), people who are across many areas, ‘border crossers’ or passeurs as Daney would say – and any text by them is a valuable lesson. Finally, I would like to signal the forthcoming appearance of a special book, Nicole Brenez’s Abel Ferrara, – one of the best and most exciting auteurist studies, but also one that goes beyond auteurism. This book can only be described in the way that Matthew Modine describes his own film at the end of Mary: as a bomb!}

Juan Antonio Bermúdez
crítico en Cinestrenos y profesor de la Escuela Andaluza de Cine

1Siempre tengo presente una idea que le escuché hace años a un profesor: el crítico debiera ser algo así como un acomodador, que sitúe al espectador en el mejor lugar posible para ver la película. Por otro lado, en Los ojos verdes, Marguerite Duras hace una definición de un modelo ideal de crítica de cine que también me gusta mucho: «no hablar de la película de modo intemporal sino de sí mismo ante la película». Aunque parezca algo paradójico, creo que esas dos visiones pueden (y deben) ser compatibles.

2  Me cuesta hacer una valoración general de la crítica española. Creo que tendrá vicios y virtudes equiparables a los de la que se hace en otros sitios. En la actualidad, el control que ejercen las mismas manos (las de los grandes grupos multimedia) sobre todos los pasos que se dan desde que se idea una película hasta que el espectador la ve también condiciona mucho a la crítica, es obvio. Por eso, quizá la mejor crítica de cine se hace hoy en los márgenes, en revistas de poca tirada o en webs autónomas.

3Creo que la crítica y el ensayo cinematográficos han alcanzado ya su plena madurez como géneros literarios. Me interesan mucho, por ejemplo, los teóricos italianos, sobre todo los que animaron el debate de la crisis neorrealista y su estela, porque creo que ponen en juego muchas de las cuestiones centrales de la historia de la representación: Umberto Barbaro, Luigi Chiarini, Zavattini, Lino Miccichè, el Pasolini crítico… También otros clásicos, como Bazin o Edgar Morin. Y las ensayistas de la Feminist Film Theory. En España, y en dos registros muy distintos, Jesús González Requena y Román Gubern también me interesan bastante. Y entre los críticos "de periódico", Ángel Fernández Santos ha sido un referente en muchas cosas.

Nicole Brenez
docente Universidad Paris I. Autora de L’invention figurative au cinéma

1El término 'crítica' es para mí el más bello de nuestro vocabulario, ya que lleva en sí mismo todas las ideas de los Lumière. ¿Cuáles son los objetivos? Una vision del mundo emancipadora, que combate las injusticias, las desigualdades, los poderes y dominaciones, cualesquiera que estos sean. El cine es un laboratorio de creencias y de comportamientos, un boceto de la manera a través de la cual percibimos el mundo. Así pues, un crítico de cine tiene por función la de discernir aquello que, en una película, contribuye a reproducir  la buena marcha del control social o proporciona al contrario los instrumentos de una intelección polémica, la cual pasa por formas sensibles o por vías racionales

{"Critique" est pour moi le plus beau terme de notre vocabulaire, il porte en lui tous les idéaux des Lumières. Quels en sont les enjeux? Une vision du monde émancipatrice, qui combat les injustices, les inégalités, les pouvoirs et les dominations quels qu'ils soient. Le cinéma est un laboratoire des croyances et des comportements, une maquette de la façon dont nous appréhendons le monde. Alors, un critique de cinéma a pour fonction de discerner ce qui, dans un film, participe à reproduire la bonne marche du contrôle social ou fournit au contraire les instruments d'une intellection polémique, qu'elle passe par des formes sensibles ou par des voies rationnelles.}

2Como en todas partes, en Francia existen tres tipos de críticos (en el sentido estricto de lo profesional): Los colaboradores que se contentan con parafrasear los dossiers de prensa proporcionados por la industria (los que incluso la industria puede inventarse, como ha ocurrido recientemente en estados Unidos). Estos, son como los periodistas en Irak, “embarcados” en el ejército regular. Son los pequeños siniestros escribanos de la dominación. Los resistentes, que tartan de defender la libertad formal, y trabajan principalmente bajo el corpus nacido de Festivales y difundidos por los circuitos de Arte y Ensayo. Son los más valorados por su propia corporación, tienen por héroe a André Bazin y pueden vivir de sus escritos. Los   partidarios, mucho más raros y aventureros, que se dedican a buscar los filmes que estan fuera del circuito y fuera del comercio, que se sumergen en  las fértiles redes de lo underground y no pueden vivir de su pluma, ya que nadie les pagará por defender películas no-producidas. E incluso si,  como casi todo cinéfilo francés, para mí André Bazin es un modelo y una referencia absoluta, estos son para mí les verdaderos héroes, ya que ellos no obedecen a ninguna prescripción social. Ellos son los verdaderos herederos de Voltaire y Diderot, dentro de su menor disciplina. Y sin embargo,  en Francia, esta categoría está muy poco representada: podemos citar, por ejemplo, a Rápaël Bassan (e mi entender, el único crítico especializado en la vanguardia). Esto es así también porque la historia del cine de vanguardia, aquel que no obedece a las normas industriales, está hecha por universitarios asalariados del Estado, hecho muy astuto en efecto ya que la mejor inversión posible a largo plazo. Creo que ocurre lo mismo en Estados Unidos donde, excepto el caso excepcional desde todos los puntos de vista de Jonathan Rosenbaum, los grandes investigadores sobre el cine de vanguardia contemporáneo son universitarios, como por ejemplo David E. James.

Pero afortunadamente, existen en Francia críticos instruidos que rechazan las distinciones y las fronteras entre los diversos circuitos cinematográficos, que dedican sus esfuerzos a liberalizar las ideas sobre cine y son capaces de analizar, tanto una joya del cine experimental, como una gran película comercial, como por ejemplo hoy en día Emile Breton, Jacques Kermabon, Luc Lagier, Stefani de Loppinot, Jean-Baptiste Thoret, Stéphane du Mesnildot, Bernard Benoliel, Stéphane Delorme, Cyril Béghin, Laurence Reymond, Emeric de Lastens, Hélène Raymond, Emmanuel Bonin, Olivier Hadouchi… Existen también cineastas que escriben admirablemente sobre cine, y no sólo por su propio trabajo, a veces desgraciadamente sin publicar sus textos: Lionel Soukaz, Philippe Grandrieux, FJ Ossang, Peter Whitehead, por ejemplo deberían ser los columnistas de nuestros periódicos, esto haría mucho bien a todo el campo cinematográfico, su espíritu poético e inventiva reanimarían las cenizas tanto de la escritura en letras como en imágenes.

Hace unos meses apareció una nueva revista cinematográfica, "Panic", publicación totalmente libre e independiente fundada por Stéphane Bou y Jean-Baptiste Thoret. Yo creé en ella una “Crónica polifónica” que consistía en pedir a los cinéfilos del mundo entero que describiesen los acontecimientos cinematográficos y más ampliamente imágenes que les hubieran marcado a lo largo de los últimos meses. Es lo que hoy en día, ante la explosión cuantitativa de la creación de imágenes por todo el mundo, ha sido imposible de hacer una historia global del cine y aún menos de las prácticas audiovisuales. Dentro de este duelo eufórico nace la necesidad absoluta de la polifonía. Estamos en la 5ª crónica colectiva, las contribuciones provienen del mundo entero, y yo me siento muy impresionada por la calidad estilística de los textos, la exigencia política radical, la diversidad de los objetos de amor y la inventiva de sus modos de acercamiento. Las contribuciones de Andy Rector, de Ken Jacobs , de Craig Keller (USA), de Khavn (Filipinas), de Carlos Losilla, Juan Carlos Medina  y Angel Quintana (España), por citar sólo unos cuantos, me han conmovido.  Parecería que la frecuentación del cine lleva a una particular agilidad de espíritu, y es precisamente esto lo que se pide…

{Comme partout, en France il existe 3 sortes de critiques (au sens restreint du professionnel). Les Collaborateurs, qui se contentent de paraphraser les dossiers de presse fournis par l'industrie (ceux-là mêmes que l'industrie peut forger de toutes pièces, comme c'est arrivé récemment aux Etats-Unis). Ils sont comme les journalistes en Irak, "embarqués" dans l'armée régulière. Ils sont les petits greffiers  sinistres de la domination. Les Résistants, qui tentent de défendre la liberté formelle, et travaillent principalement sur des corpus issus de Festivals et diffusés dans crircuits d'Art et d'Essai. Ils sont les plus valorisés par leur propre corporation, ils ont pour héros André Bazin et peuvent vivre de leur écriture. Les Partisans, beaucoup plus rares et aventureux, qui cherchent les films hors-circuits, hors-commerce, qui plongent dans les réseaux fertiles de l'underground, et ne peuvent pas vivre de leur plume, puisque personne ne les paiera pour défendre des films non-produits. Et même si, comme tout cinéphile français ou presque, pour moi André Bazin est un modèle et une référence absolue, ceux-là sont pour moi les véritables héros, parce qu'ils n'obéissent à aucune prescription sociale. Ils sont les vrais héritiers de Voltaire et Diderot, dans leur discipline mineure. Et pourtant en France, cette dernière catégorie est très peu représentée: on peut citer par exemple  Raphaël Bassan (à ma connaissance le seul critique spécialisé dans l'avant-garde). C'est aussi pourquoi l'histoire du cinéma d'avant-garde, celui qui n'obéit pas aux normes industrielles, est faite par des Universitaires salariés de l'Etat, fort avisé en effet puisque c'est le meilleur investissement possible sur le long terme. Il me semble qu'il en va de même aux Etats-Unis où, hormis le cas exceptionnel à tous les égards de Jonathan Rosenbaum,  les grands chercheurs sur le cinéma d'avant-garde contemporain sont des universitaires, comme exemplairement David E. James.

Mais heureusement, il existe en France des critiques éclairés qui refusent les distinctions et les frontières entre les différents circuits cinématographqiues, qui s'attachent à décloisonner les idées de cinéma et sont capables d'analyser aussi bien un joyau du cinéma expérimental qu'un chef d'oeuvre du cinéma industriel , comme par exemple aujourd'hui Emile Breton, Jacques Kermabon, Luc Lagier, Stefani de Loppinot, Jean-Baptiste Thoret, Stéphane du Mesnildot, Bernard Benoliel, Stéphane Delorme, Cyril Béghin, Laurence Reymond, Emeric de Lastens, Hélène Raymond, Emmanuel Bonin, Olivier Hadouchi ... Il existe aussi des cinéastes qui écrivent admirablement sur le cinéma, et pas seulement sur leur propre travail, parfois hélas sans publier leurs textes: Lionel Soukaz, Philippe Grandrieux, FJ Ossang, Peter Whitehead par exemple devraient être les colonnistes permanents de nos quotidiens, cela ferait du bien à tout le champ du cinéma, leur esprit poétique et inventif ranime les cendres de l'écriture en lettre comme en images.

Il y a quelques mois, une nouvelle revue de cinéma est apparue, PANIC, publication totalement libre et indépendante fondée par Stéphane Bou et Jean-Baptiste Thoret. J'y ai créé une "Chronique polyphonique", qui consiste à demander à des cinéphiles du monde entier de décrire les événements de cinéma et plus largement d'images qui les ont marqués au cours des derniers mois. C'est qu'aujourd'hui, face à l'explosion quantitative de la création d'images partout dans le monde, il est devenu impossible de faire une histoire globale du cinéma et encore moins des pratiques audiovisuelles. Dans ce deuil euphorique, naît la nécessité absolue de la polyphonie. Nous en sommes à la 5° chronique collective, les contributions proviennent du monde entier, et je suis extrêmement frappée par la qualité stylistique des textes, l'exigence politique radicale, la diversité des objets d'amour et l'inventivité de leurs modes d'approche. Les contributions de Andy Rector, de Ken Jacobs , de Craig Keller (USA), de Khavn (Philippines), de Carlos Losilla, Juan Carlos Medina  et Angel Quintana (Espagne), pour ne citer qu'eux, m'ont bouleversée. Il semblerait que la fréquentation du cinéma entraîne à une particulière agilité d'esprit, et c'est bien là ce qu'on lui demande...}

3Existe en primer lugar un patrimonio magnífico de textos críticos que no son suficientemente leídos: por ejemplo los artículos de Louis Delluc, de Sigfried Kracauer, de Jean Epstein por supuesto, y de muchos otros. El cumplimiento en la materia, siendo Jean-Luc Godard y su obra monumental, lo que ha reavivado el concepto mismo de “Crítica” se comprende que el super-ego crítico en Francia sea particularmente activo. Bajo el impulso consciente o inconsciente de tales modelos (Delluc, Epstein, Godard, pero también Canudo, Bazin, Mitry), Francia está repleta  de excelentes críticos que se han convertido en grandes historiadores, sólo existe la dificultad de la elección: Bernard Eisenschitz, Alain Bergala, Charles Tesson... imposible nombrarlos a todos. En lo que a mí me concierne, los escritores de cine que inspiran habitualmente mi práctica de investigadora y de programadora de la Cinemathèque Française son Henri Langlois, Amos Vogel, Edouard de Laurot y Peter Weiss.

Hoy en día, sin embargo, la libertad crítica aparece más en los sites de Internet que en las revistas, donde se nota que los periodistas cada vez están más ligados por las redacciones: citemos  fluctuat.net. Las determinaciones geográficas no tienen por lo demás mayor sentido, y podemos ya leer nuestras críticas cotidianas de cine no tanto en los periódicos franceses como en el site del Chicago Reader. A mi entender, el modelo supremo de actividad crítica contemporánea es el site rouge.com.au, y en particular su número 5, iniciativa extraordinariamente excitante sobre el trabajo de las imágenes en imágenes. Por mi parte, no pasa un día sin que lea un análisis de Adrian Martin, un capítulo de David E. James, una página de Jonas Mekas, alternando estos con los textos de Godard, de Pasolini o de Oshima, según las necesidades de mi investigación, o simplemente de mi deseo. 

{Il existe d'abord un patrimoine magnifique de textes critiques qui ne sont pas assez lus : par exemple les articles de Louis Delluc, de Siegfried Kracauer, de Jean Epstein bien sûr, et de tant d'autres. L'accomplissement en la matière étant Jean-Luc Godard et son ¦uvre monumentale, qui a revivifié le concept même de "Critique", on comprend que le sur-moi critique en France soit particulièrement actif. Sous l'impulsion consciente ou inconsciente de tels modèles (Delluc, Epstein, Godard, mais aussi Canudo, Bazin, MitryŠ), la France foisonne d'excellents critiques qui sont devenus de grands historiens, on n'a que l'embarras du choix: Bernard Eisenschitz, Alain Bergala, Charles Tesson... Impossible de les nommer tous. En ce qui me concerne, les écrivains de cinéma qui inspirent au quotidien ma pratique de chercheur et de programmatrice à la Cinémathèque française sont Henri Langlois, Amos Vogel, Edouard de Laurot et Peter Weiss.

Aujourd'hui, cependant, la liberté critique semble à l'¦uvre plus sur les sites internet que dans les magazines, où l'on sent les journalistes de plus en plus bridés par les rédactions : citons  Fluctuat.net. Les déterminations géographiques n'ont d'ailleurs plus grand sens, et nous lisons désormais nos critiques de cinéma quotidiennes non plus dans les journaux français mais sur le site du Chicago Reader. A mes yeux, le modèle suprême d'activité critique contemporaine est le site rouge.com.au, et en particulier son numéro 5, initiative extraordinairement excitante sur le travail des images en images. Pour ma part, il ne se passe pas de jour sans que je lise une  analyse d'Adrian Martin, un chapitre de David E. James, une  page de Jonas Mekas, en alternance avec des textes de Godard, de Pasolini ou de Oshima, selon les besoins de mes recherches, ou tout simplement de mon désir.}

Alejandro Díaz
redactor Miradas de Cine; colaborador de Tren de Sombras

1Existen muchas "críticas", o muchas actividades a las que se llama "crítica", y muchas personas consideradas generalmente como "críticos". El espectro va desde gente que simplemente hace público alardeo de sus gustos más intransferibles en lo audiovisual hasta estudiosos que tratan metódicamente de arrojar luz sobre las relaciones entre las imágenes, sus receptores y el mundo en el que ambos han surgido, pasando por personas que hacen pasar sus cuasi-publicitarias consideraciones como "crítica". También sobreviven muchos tópicos entorno a la "crítica": la clásica imagen del "crítico" como una persona aristotélica, snob, sistemáticamente contraria a los gustos de la mayoría y propensa a la defensa de películas aburridas, extrañas o directamente incomprensibles, se encuentra mucho más arraigada en la sociedad de lo que podría parecer a simple vista. Las personas que así piensan tal vez no hayan reparado en que prácticamente cualquier aficionado al cine procede de algún modo al aireamiento de sus gustos de modo consciente o no, ya que casi todo el mundo suele emitir juicios de valor acerca de las películas que ve dirigidos a otras personas de su entorno. La única diferencia entre esta práctica y la de los "críticos profesionales" puede estar en el grado de complejidad del análisis realizado, en el hecho de que éste sea oral en lugar de escrito, y en el espectro de películas analizado, pero rara es la persona que no comparte opiniones sobre las películas que vé, o lo que es lo mismo, que no practica el ejercicio de comentarista cinematográfico.

En el actual panorama del cine, tal vez la aspiración de quienes practican la crítica, entendida ésta como el intento de establecimiento de algún ordenamiento teórico racional para las imágenes percibidas que nos ayude a explicarlas y posicionarnos ante ellas, no pueda ser hoy en día otra que convertirse en una suerte de "gurú" del mundo audiovisual. Un "stalker" que, en lugar de limitarse a exhibir sus particulares filias y fobias y sus vastos conocimientos, pueda llegar a orientarnos mínimamente en el cambiante e inabarcable océano de imágenes accesibles desde múltiples plataformas. El nombre del crítico en cuestión no es más que una referencia que algunas personas pueden encontrar útil para la decisión de lo que puede merecer la pena ser visto, por  lo que el crítico puede considerarse, pues, más que nunca, la construcción de una personalidad (con nombre y apellidos "reales" o con un pseudónimo) más o menos fiable a través de la cual detectar la relevancia o interés de los materiales audiovisuales y con cuyo seguimiento poder, en algunos casos, extraer ciertas conclusiones sobre el estado de las cosas en el tiempo actual.

2La crítica española, tal y como se ha definido en el punto anterior, no parece diferenciarse sustancialmente de la de cualquier otro país del mundo, por cuanto entre sus voces cuenta con gran variedad de posturas y acercamientos ante el hecho audiovisual. Sin embargo, es posible que diversas causas de índole histórico-político-social hayan propulsado entre la "crítica" que se ejerce desde los medios de comunicación más populares adolezca una singular falta de interés por la evolución, la búsqueda y el análisis racional profundo, lo que se traduce en cierta inercia a no ya a apreciar, sino ni tan siquiera dar una oportunidad a propuestas auténticamente contemporáneas las cuales, en parte debido a esa falta de atención, no consiguen prácticamente ningún eco en España. Y la voluntad de abandonar semejante inmovilismo o pereza se presenta como uno de los cambios más deseables para lo venidero.

Otro asunto que me preocupa es la falta de interés de las nuevas generaciones críticas por volver la vista hacia gran parte el cine del pasado. Tengo la desagradable impresión de que, en general, se ve muy poco cine "antiguo"... Luchar contra el olvido y resituar el cine del pasado desde nuestra perspectiva actual es una ingente y absolutamente necesaria tarea que, desgraciadamente, pocas personas parecen querer plantearse.

3En este asunto la propia personalidad de cada espectador determina sobremanera los referentes que dicha persona suele tomar para guiar/acompañar su incursión en el territorio del cine. En ocasiones, y últimamente de modo cada vez más habitual, comentarios de usuarios más o menos anónimos en un foro digital pueden resultar más valiosos como fuente teórica que el más sesudo de los estudios por parte de "críticos" con (re)nombre y apellidos. En todo caso, el recurso a una determinada fuente no viene determinado por el grado de coincidencia con las propias consideraciones, sino que muchas veces sucede el caso contrario: las opiniones diferentes a la propia en ocasiones resultan más estimulantes que las más cercanas a la del lector. Algunas de las fuentes (revistas, webs, prensa, foros, blogs; excluyo los libros) en castellano que suelo consultar son Nosferatu, Letras de cine, Dirigido por, Miradas de cine, Tren de sombras, El amante, El País, Cinexilio, es.rec.cine y ferdinandvongalitzien.blogspot.com, entre otras.

José Manuel Escribano
comentarista cinematográfico en Onda Cero

1Yo entiendo la crítica (también la cinematográfica) como un género más. Por lo tanto, creo que la crítica debe tener entidad propia, como una pieza literaria (si es escrita) que arranca, eso sí, de la obra a la que se refiere. No creo que deba limitarse a reseñar los aspectos positivos o negativos de la misma, sino que debe sugerir un espacio de reflexión a partir de ellos. Debe también situar al lector/oyente en el contexto de la obra, empezando por su autor (características, conjunto de su producción, pensamiento...) y conteniendo las referencias de localización y temporalidad necesarias. Y por último, debe facilitar una aproximación a la obra al público futuro, incidiendo en los elementos más relevantes y significativos.

2En general, la crítica cinematográfica española me parece de escasa calidad. Tampoco más que el resto de la crítica y del pensamiento general de este momento tan "entretenido". La crítica de los grandes medios está bastante comprometida con la línea editorial (y lo que es peor, comercial) de su grupo, y no tiene ningún interés. La crítica independiente es algo mejor, aunque me parece, una y otra, fuertemente "desideologizada", seguramente porque la ideología no está de moda. No se puede cambiar nada fácilmente, en una profesión llena de advenedizos y aficionadillos, dominada por los grandes grupos y los intereses económicos. Y todos tenemos que comer, además. Si acaso, vería un rayito de esperanza en los medios independientes (sobre todo vía internet), como el vuestro, por ejemplo, donde se puede encontrar libertad de crtiterio y claridad de ideas.

3Antes me interesaban bastante las críticas de Fernández Santos; de hecho El Pais no es capaz de sustituirlo por nadie parecido. No destacaría ningún nombre en este momento, aunque es verdad que no sigo la prensa habitualmente, fuera de El País o Fotogramas. Lo que sí hay ahora es muchos libros (aunque pocos de mucha calidad), destacando alguna labor general como la de la librería y editorial "Ocho y Medio", superconocida ya. (NdE: esta librería se encuentra en Madrid).

Fausto Fernández
crítico Fotogramas

1La crítica es esa nota calificativa, y subjetiva, que el profesor de turno (sí, ese indocumentado que tiene manía a los alumnos) emite tras los ejercicios o exámenes de los directores. O sea: valora un producto, una peli, en su conjunto, diciendo si le ha gustado o no. Dependiendo de su ingenio, conocimientos o mala leche, lo hará con mayor o menor gracia. Personalmente, mantengo esa premisa de dar un veredicto subjetivo e injusto, claro. Sigo siendo un espectador que no quiere aburrirse y que comenta la jugada, ya no en la barra de un bar sino en un medio de comunicación, con un cierto estilo y cinefilia no pedante. Doy pistas y mi opinión, pero no trato al lector de tonto. Somos iguales. Bueno, yo entro gratis al cine!

2Ombliguismo, amiguetismo, carrinclonería, servidumbre empresarial, a consignas políticas o intereses publicitarios... Nuestros pecados, los de la crítica española, se resumen en tres: falta absoluta (salvo saludables excepciones) de sentido del humor, exceso atorrante de trascendencia (pero si esto es sólo cine! Puro entretenimiento! No la semiótica de l' estatut!) e inmodestia narcisista en la que el crítico se cree oráculo o listillo. De tipos con barba, sobrepeso y progresía caduca, hemos pasado a patillas, perillas y gafas de pasta modernillas. Me refugio en mi barricada ecléctica y omnívara en la que el cine, sus autores, no se prejuzgan por nacionalidad, presupuesto o politiqueo! Donde Ozores, Ford, Ozu, Badham, Argento, Oliveira, Segura, Monicelli, Zucker, Winner, Truffaut, Lazaga, Haneke,Lester, Jires o Peckinpah tienen el mismo valor de antemano. Bienvenidos a la república independiente de mi crítica. Más que aciertos (hay, es cierto, críticos excelentes pese a todo) o errores (el papanatismo congénito), el oficio acusica celtíbero debería reir más, que lo de ir de copas y putas ya lo dominamos.

3Procuro leer, escuchar y ver a todos los críticos que puedo, especialmente a los que piensan diferente que servidor. Si sólo me alegrara el ego entre colegas afines sería un político. De los demás aprendes siempre: perspectivas nuevas, visiones tan válidas o más que las tuyas, maneras de razonar hasta la opinión más radical... Incluso con esos zotes incapaces de escribir una frase correctamente (suelen ser los popes de grandes medios) me lo paso bien, envidiando su jeta para vivir del cuento con su inoperancia. Por todo esto no doy nombres de favoritos: todos lo son, todos me han aportado o aportan algo. Últimamente me he enganchado a navegar por blogs y páginas amateurs internáuticas. Allí, se critica desde la sana objetividad y cariño (¿enfermiza inocencia?) del freak, el fan, el tipo normal que va al cine, que ve cine. Paso de monografías y teoría sobre crítica. Teóricos, psicólogos argentinos y Supernanny sacan mi vena psicópata! Bastante nos aburrimos ya!

Ferdinand Von Galitzien
publica un diario en blogspot dedicado al cine mudo

1La crítica cinematográfica debe ser una guía, un referente expositivo y esclarecedor para el cinéfilo que acude a ella, ofreciéndole la fascinante posibilidad del descubrimiento de obras innacesibles, géneros diversos o estudios concretos sobre directores u obras específicas, de una forma clara y concisa, evitando el exceso de tecnicismos así como también esquemáticos resúmenes y sin olvidar nunca el carácter lúdico que deberían contener esos comentarios cinematográficos, intentando de esa forma atraer la atención del lector.

2Tal y cómo se  mencionaba anteriormente, a mí me parece muy importante resaltar el carácter lúdico de una crítica cinematográfica sin que por ello se caiga en lo banal, un aspecto éste que quizás se olvida con demasiada frecuencia a la hora de redactar una crítica cinematográfica, optando más por ensayos ombligistas, muchas veces ininteligibles, consiguiendo de ésta forma despistar o lo que es peor, desinteresar al cinéfilo en lo que está leyendo; quizás sea ése uno de los mayores errores de la crítica cinematográfica española, un cierto exceso lexicográfico.

Cómo aspectos positivos cabe destacar, afortunadamente, la siempre ávida curiosidad del crítico por nuevas cinematografías, mucho más acentuada ésta inquietud cinéfila gracias a la excepcional y ejemplar irrupción de Internet cómo el gran medio de comunicación además de un enorme escaparate internacional.

3Internet ha supuesto toda un revolución en la crítica cinematográfica, un gran revulsivo, el gran catalizador de opinión ( diversa y variada ) que pone al alcance del aficionado la información que desea encontrar en cuestión de segundos, por esto mismo y en mi opinión, es en la Red en donde actualmente el cinéfilo dispone de valiosísima crítica cinematográfica gracias a opiniones de críticos célebres y, en muchísimos casos, grandes aficionados que escriben sobre el cine que les apasiona de una forma libre y sin corporativismos, cuestión ésta última, que desgraciadamente se intuye con demasiada frecuencia con la crítica escrita en los medios "clásicos" y habituales y sin que ello signifique que tampoco haya que prescindir de los mismos, todo lo contrario, ésta ambivalencia y equilibrio crítico beneficia enormemente a la escritura cinematográfica.

Hablando de cine mudo, hay grandes nombres, imprescindibles referentes que todo cinéfilo debe conocer y disfrutar leyéndolos; nombres tan importantes como Lotte H. Eisner, Kevin Brownlow o Luciano Berriatúa, destacando especialmente la grandísima labor de arqueología cinematográfica expuesta en las obras de dichos autores.

Santiago Gallego
colaborador del Diario de Sevilla y el foro es.rec.cine

1No me atrevo a decir "lo que la crítica es" y menos aún "lo que debería ser", simplemente diré lo que para mí es, o cuál es el tipo de crítica cinematográfica que más me interesa, y es aquella que supone un permanente viaje de descubrimiento, de acercamiento al mundo, a los otros, a uno mismo, a través del cine, un doble viaje exterior e interior. Y mientras ese viajero menos certezas y a prioris tenga, más curioso y arriesgado sea, y más se adentre en territorios desconocidos (o no suficientemente estudiados) del planeta cine y de su propio ser (como persona, como espectador, como cinéfilo, etc.,) más me interesarán sus críticas. Por lo tanto (y aunque parezca una aparente contradicción) me gustan dos tipos diferentes de críticas, aquellas de quienes han estudiado a fondo y conocen la obra de un autor como para ir más allá de la pura superficie de este o aquel trabajo concreto y analizarlo e integrarlo dentro de un corpus creativo, y también otro tipo de crítica, rabiosamente subjetiva, donde el crítico confronta la obra con su yo más íntimo. Pero me resulta difícil encontrar críticas interesantes en ambos estilos, por un lado porque cada vez hay más gente generalizando y escribiendo alegremente de las constantes de tal o cual autor, habiendo visto sólo un par de títulos (de carreras, a veces, muy extensas) y separados además por largos intervalos temporales. Y también porque hay demasiados críticos que se empeñan en utilizar una película para hablarnos de su vida, una vida, por lo general, carente de cualquier interés excepto para él mismo, sus familiares, y amigos (y a veces ni para éstos). Desgraciadamente, no toda película estimula para escribir una crítica que tenga parte de diario privado, no todo el mundo se atreve a intentarlo, y lo principal, no todo el mundo está dotado para ello.

2Considero que se gasta demasiado papel y esfuerzos escribiendo sobre películas que no merecen la pena (como si aún existiera un cine popular, términos desde hace años irreconciliables) y sobre las que se escribe únicamente porque son estrenos de campanillas (aunque su interés cinematográfico sea menos que cero) y porque hay gente pretendiendo aún vivir muy bien de esto. Eso hace que se queden fuera de las revistas especializadas un número muy elevado de títulos y autores (en mi opinión, los más interesantes) justo por la razón contraria (se dice que no generan compradores de revistas, ni sus películas lucen bien en una portada). Ese mercadeo, nos quieren convencer de que inevitable, y que no ha hecho sino agravar el estado de las cosas, ha llegado ya a cotas insoportables, de manera que fuera de las salas y de las revistas de cine más conocidas de este país se ha ido arrinconando a los autores con mayor proyección. Han construido un ghetto interior, asfixiante, donde se vive en una endogamia, en una especie de autarquía, de espaldas a lo más válido que se está generando en el panorama internacional (Denis, Suwa, Apichatpong, Kawase, Desplechin, Jia Zhang-Ke, Bonello, Tarr, Hong Sang-Soo o Lisandro Alonso, por citar a algunos) sólo porque sus películas no llegan a nuestros cines o porque no generan compradores de revistas; aunque bien es cierto que en esas revistas tampoco se ha hecho el intento de ir introduciendo, poco a poco, a algunos de estos nombres en páginas interiores, lo que me hace pensar que tal vez el cine no sólo no interesa ya a los editores de este país, sino tampoco a muchos críticos, demasiado ocupados (viendo el último blockbuster o el enésimo filme "liberal" y concienciado de Hollywood) o cansados (una dieta a base de blockbusters puede llegar a ser agotadora) como para informarse de lo que ha venido ocurriendo fuera de nuestras muy limitadas fronteras exhibidoras en los últimos 10 años. Supongo que es una tendencia global pero que creo que está siendo más acusada en aquellos países con unas televisiones públicas proclives a despreocuparse por completo de su función pública, con unas políticas de exhibición menos proteccionistas, y con una crítica menos consciente de su función y responsabilidad, y a la que le ha gustado en exceso coquetear con el cine de las grandes Majors de Hollywood, lo que a la larga ha acabado también generando una cinefilia comodona y adocenada, a la que cada vez le cuesta más enfrentarse a cualquier propuesta que se salga de los caminos más trillados, lo que lógicamente redunda en que cada vez menos distribuidores y exhibidores se arriesgan a apostar por alternativas al cine de Hollywood, o si hablamos de los circuitos de VO, a ese cine burgués lavaconciencias y a ese exotismo melifluo que se ha adueñado por completo de ellos, antiguamente más permeables a un cine que corriera riesgos, acometiese desafíos y mostrara una personalidad lo suficientemente llamativa como para hablar apropiadamente de autorías. 

3Los primeros nombres que me hicieron interesarme por la crítica de cine fueron André Bazin, James Agee, algunas cosas de Manny Farber. "Esculpir en el tiempo" de Tarkovski me marcó muy hondamente. Y aunque no esté muy bien visto por algunos de mis amigos, "50 años de cine norteamericano" de Tavernier y Coursodon me llegó en un buen momento, tal vez sus estudios no tengan la brillantez de otras plumas, pero es una obra tan vasta que me señaló el camino hacia algunos directores poco conocidos y algunas obras poco reivindicadas de cineastas de prestigio. La cinefilia mitómana del clasicismo hollywoodense (sobre la que se ha erigido una buena parte de la crítica de este país, para mi gusto, salvo excepciones, la menos interesante y la más reaccionaria) llevaba años y años dando la tabarra con los mismos nombres y las mismas películas, y "50 años..." vagabundea por algunos poco transitados, pero muy atractivos, callejones, ideales para los que han gastado sus suelas de tanto pasear por la calle mayor. Desde hace años, los pensadores/escritores sobre/de cine que leo con más placer son Ángel Quintana, Quintín, Carlos Losilla, Santos Zunzunegui, Domènec Font, Miguel Marías (su "scope" es insuperable, alguien capaz de cubrir desde McCarey hasta Denis merece toda mi admiración y es un ejemplo para las nuevas generaciones de críticos, que a veces tienen una peligrosa tendencia a quedarse en lo inmediato, olvidándose de los directores clásicos o conociéndolos únicamente de forma muy fragmentada y dispersa), Jim Hoberman y Jonathan Rosenbaum (cada vez menos). De entre la nueva generación destacaría a Alfonso Crespo, Álvaro Arroba, Daniel M. Villamediana, Manuel Yáñez, y un par de nombres que no sé si llevan más tiempo en la profesión, pero que yo he descubierto hace poco, Fran Benavente y Jaime Pena.

Ruy Gardnier
co-editor de Contracampo

1Veo la crítica como una continuación necesaria del visionado de un film. Tiene que ver con las imágenes que nos emocionan. No creo que nadie pueda decirlo mejor que Jean Douchet en su famoso artículo "L'art de aimer": «La crítica es pasión con lucidez». Debo reconocer que el cine es exuberante, y rodar es ya por sí mismo un reconocimiento de la exuberancia de la vida. La crítica puede tener numerosas funciones: por supuesto, puede informar al público sobre algunos trabajos loables, puede llamar nuestra atención sobre artistas concretos, puede encontrar diferentes modos de acceder a algunas películas o filmografías, puede relacionarse con la sociedad... La función histórica de la crítica a la que más apego tengo es defender los artistas luchadores que no son apoyados por el público general, que frecuentemente demanda propuestas más convencionales 

{I see criticism as a necessary continuation of watching a film. It's dealing with the images that move us. I don't think anyone could say better than Jean Douchet did in his famous article "L'art de aimer": criticism is passion with lucidity. It must acknowledge cinema's exuberante, and film is in itself already an acknowledgment of life's exuberance. Film criticism can have several functions: of course it can inform the public about some worthy works, it can call our attention to specific artists, it can find different ways to access some films or set of films, it can relate to society... The historical function of the criticism I'm most fond of is defending the challenging artists that are not supported by the general audience, which frequently asks for more conventional outputs.}

2 La crítica vive una suerte de renacimiento en Brasil, debido sobre todo a internet. Desde finales de los 60 —el comienzo del tiempo de crudeza de la dictadura militar y los momentos históricos en los que los críticos se hicieron profesores universitarios— hasta los años 90, tuvimos a gente llena de talento, desde luego, pero desprovista de una unión más sustancial, más vital, con el mundo del cine —con excepciones, Jairo Ferreira a la cabeza de todas. La generación de Contracampo no fue influenciada por la generación precedente. Estaba francamente en contra de ella de muchas maneras. Hoy tenemos varias revistas electrónicas buenas y weblogs dedicados a la crítica seria, pero la crítica periodística, con algunas pequeñas excepciones, es horrible. Sobre todo en Río de Janeiro, donde las reseñas de películas aparecen en el suplemento de fin de semana, como si ir a ver una película fuese una mera excusa para una cita o un pasatiempos seguro. Yo no estoy tan en contacto con publicaciones académicas y similares, pero desde mi pequeña experiencia tenemos algunos buenos investigadores (pocos, desafortunadamente) y gente que usa  el cine sólo para ilustrar ideas sobre autores de moda (hoy: Zizek, Bauman, etc.). 

{Criticism lives a kind of rebirth in Brazil due mostly to the internet. From the late 60s – the beginning of a cruder time of the militar dictatorship and the historical moments the critics became university teachers – to the 90s, we had some people very talented, of course, but devoid of a more substantial, vital attachment to the world of film – with exceptions, Jairo Ferreira ahead of all. The Contracampo generation was not influenced by the generation that preceded it. It was frankly against it, in so many ways. Today we have several good electronic magazines and weblogs dedicated to serious criticism, but newspaper criticism, with very few exceptions, is horrible. Mostly in Rio de Janeiro, where film reviews appear on the weekend supplement, as if going to a film was merely an excuse for a date or then a safe pastime. I'm not that in touch with academic papers and theses, but from my little experience we have some very good researchers (few, unfortunately) and people that use film only to illustrate ideas about some fashionable authors (today: Zizek, Bauman, etc.).}

3Sin seguir un orden jerárquico: Glauber Rocha, André Bazin, Serge Daney, Jairo Ferreira, Pascal Bonitzer, Kent Jones, Tag Gallagher, Alain Bergala, Jean Douchet, Inácio Araújo, Manny Farber, Jean-Luc Godard, Emmanuel Burdeau, Nicole Brenez. Probablemente me esté olvidando a un puñado de críticos muy importantes. Además tenemos los trabajos de Gilles Deleuze y Jacques Rancičre, y el maravilloso "Le divan du pauvre" de Guattari. Sobre lo que es ser un crítico, recomiendo "Le passeur", de Daney y "Le travelling de Kapo", el ya mencionado "L'art d'aimer" de Douchet y "Narrative against world", de Tag Gallagher. 

{In no hierarchical order: Glauber Rocha, André Bazin, Serge Daney, Jairo Ferreira, Pascal Bonitzer, Kent Jones, Tag Gallagher, Alain Bergala, Jean Douchet, Inácio Araújo, Manny Farber, Jean-Luc Godard, Emmanuel Burdeau, Nicole Brenez. I am probably forgetting a handful of very important critics. Plus we have the works of Gilles Deleuze and Jacques Rancičre, and Guattari's wonderful "Le divan du pauvre". On what it is to be a critic, I'd recommend Daney's "Le Passeur" and "Le Travelling de Kapň", Douchet's already mentioned "L'art d'aimer" and Tag Gallagher's "Narrative against world"}

Juan E. Lagorio
analista de sistemas; colaborador de Miradas de Cine

1La función de la crítica es construir sistemáticamente una contemplación que permita un desciframiento, una visión o un fundamento acerca del fin de un objeto.

2No conozco el panorama actual de la crítica argentina, apenas algunos escritores a los que leo en forma no sistemática. De lo que me llega, sospecho que, como todo, la escritura sobre cine se ha sobredimensionado, vulgarizado y banalizado en los últimos diez años. Hay poco estudio sobre el medio, sobre su formación. No hay metodología y eso hace que la formación de criterios sea dudosa y poco sustentable como lectura crítica. Se privilegian cosas sin importancia como la validez de los recursos utilizados en términos de forma —es decir: parcial—, en lugar de contemplar lo esencial que es la obra y su percepción en términos globales de comprensión. No se piensa un film desde adentro hacia afuera para construir su mundo relacional, sino que se alienta su pre-construcción por elementos parciales. No se estudian ni se ven los clásicos o peor aún se los ignora mediante escamoteos superficiales. La cinefilia, la nostalgia artificial —que es la otra cara de la amnesia cultural— parecen ser el gran peligro reduccionista de las nuevas generaciones.

3En Argentina, lo escrito por Rodrigo Tarruella y Roberto Pagés en la década del 80 y hasta principios de los 90 me parece valioso. El más destacado, en y fuera de Argentina, por lejos, es Ángel Faretta y su trabajo teórico en constante crecimiento desde hace 20 años. La obra destacada, por excelencia —en el verdadero sentido de la expresión—, es "El concepto del cine" de reciente aparición.

Tonio L. Alarcón
redactor jefe de VideoPopular y colaborador de Dirigido por...

1La crítica, en abstracto, creo que debe ir más allá de la mera opinión subjetiva. Cualquiera puede decir si una película le parece buena o mala (con mayor o menor profundidad dependiendo de su bagaje cultural, claro), pero el crítico debería partir de dicha opinión para elaborar una reflexión en profundidad del por qué ese film le ha gustado o, al contrario, lo ha detestado. Partiendo, por supuesto, de sus conocimientos cinematográficos, de su experiencia, y de su (supuesta) capacidad para leer los vericuetos de la narración. En definitiva, creo que debería ser una mezcla de subjetividad y objetividad, de corazón y mente, que abra los ojos a los espectadores sobre aspectos de la narración cinematográfica de los que no se habían dado cuenta... Siempre partiendo, por desgracia, de las limitaciones de espacio y plataforma, que condicionan (y mucho) la forma de expresarse. Pero ante todo, la crítica debe ser guía, y no dogma.

2Creo que en España hay muy buenos críticos aunque, por desgracia, la profesión arrastra un problema gravísimo: el deficiente nivel cultural de nuestro país, que ha hecho caer en picado los índices de lectura. En los últimos 5 ó 6 años, las publicaciones han ido haciendo las fotografías más grandes y los textos más cortos y más fragmentados, así que a la mayoría de la gente no le interesa los estudios en profundidad, sino opiniones superficiales y anecdóticas. Por eso hoy en día cualquiera lleva la sección cinematográfica de un medio, aunque su cultura al respecto sea limitada: no hay necesidad de contar con un experto. Este problema cultural también provoca que haya mucha gente que desprecia el oficio de crítico (de ello, además, lo refuerzan señores con predicamento mediático como Pedro Almodóvar o Santiago Segura, que no aceptan las malas críticas), y que incluso los aficionados al cine les considere "vividores" o gente que no quiere "soltar la teta", cuando a la mayoría de críticos les apasiona su trabajo y, lo que es peor, encima cobran mal por hacerlo. Tampoco me parece correcta la actitud de algunos sectores, que consideran que toda la profesión crítica debería compartir su forma de ver los análisis cinematográficos, por no hablar de su actitud moral hacia ellos, invocando una unidad de pensamiento que me parece terrorífica. Es sanísimo y, de hecho, recomendable, que haya varias corrientes críticas, y a ser posible que no estén de acuerdo. Pero con respeto, tolerancia y la humildad suficiente como para ver cuándo estás equivocado, para que todos nos podamos enriquecer precisamente de esa diferencia.

3Me resultan más simpáticos los críticos que hablan del cine de género con cariño y respeto, pero también con distancia, ya que me parece la actitud idónea para un analista: si son capaces de hablar sin cortapisas intelectualoides del cine de serie B más arrastrado, reconociendo sus virtudes pero sin callarse sus defectos, normalmente su opinión sobre cualquier tipo de film suele ser interesante y ponderada. De todas maneras no soy mitómano, y además no desprecio otras opiniones, aunque difieran de la mía, así que intento leer un poco de todo. Es bueno abrir los propios horizontes, y no dar por supuesto que unos análisis son más respetables que otros. Nunca se sabe qué perla puedes descubrir por ahí, en base a referencias. No sabría destacar ninguna obra monográfica: me parece que todas tienen sus virtudes y sus defectos. Creo que hay que intentar leer cuanto más y más variado, mejor: de hecho, yo suelo leerme un mínimo de 2 ó 3 libros (relacionados con el cine, claro) al mes.

Carlos Marañón
crítico de Cinemanía

1El pontificado y la crítica ideológica ha dejado de tener sentido.Y lamentablemente quizá también la crítica en general... ¿Por qué? ¿De qué sirve tratar de alertar al lector cuando cada uno puede encontrar a un crítico a su gusto? La ortodoxia no existe, así que nos encontramos ante una acumulación de voces, por un lado, o ante los críticos "de cabecera" por otro. Cada cual escoge el que más le interese, y se puede encontrar críticos que defiendan los gustos más freaks que uno pueda imaginar. Así, el papel de la crítica es cada vez más colorista y residual, aunque no exento de cierto halo romántico. Creo que su función no debería de ser ninguna en concreto, debería de ser lo más subjetiva posible, sin ocultarlo y sin tomarse demasiado en serio: ésa es la única manera de mantener su independencia y su esencia en una época en la que cualquier persona se ha formado su criterio y sus gustos, por pésimos que nos parezcan. El objetivo de una crítica, como el de un texto cualquiera, es el de ser atractivo e interesante y revelador en sí mismo. Y punto.

2No creo en la crítica española como un todo uniforme, como un cuerpo que respira por los mismos poros, sino que veo que hay diferentes visiones y puntos de vista en los que puedo encontrar ciertos lugares comunes o puntos de coincidencia más bien fruto de nuestra cultura e idiosincrasia. No tenemos la tradición de países como Francia, EE UU o el Reino Unido, y eso hace que carezcamos también de un amplio público lector de crítica. Por un lado, creo que falta más crítica intelectual, más calado (sin lectores eso es complicado) como en Francia, y por otro lado echo de menos que los críticos nos tomemos menos en serio, como en amplios sectores de la crítica norteamericana y británica.

3Yo, por edad, no he podido seguir a José Luis Guarner, aunque he leído algunos textos suyos espléndidos. Me divierte la visión vitriólica de Carlos Boyero (El Mundo), me interesan los caminos que toma Oti R. Marchante (Abc), el lenguaje lleno de talento de Javier Cortijo (Abc), la naturalidad de Juame Figueras (TV3, Cadena Ser) y las críticas nobles a machamartillo de Javier Ocaña (El País, Cinemanía). No necesariamente por este orden.

Jaime Natche
montador y realizador; colaborador de Miradas de Cine y Letras de Cine

1Habría que empezar dejando clara la diferencia entre la crítica y otras manifestaciones escritas de análisis y teoría del cine. El crítico escribe pegado a la inmediatez de las publicaciones periódicas y su labor debe ser la de suministrar puntual información sobre una materia de interés en ese momento, así como también de un hecho pasado que exija una puesta al día. El teórico, en cambio, concibe su escritura como un proyecto no sujeto a la actualidad, que le permite una existencia en marcos menos perecederos. Eso no quiere decir que al crítico le falte la ambición del teórico, puesto que se conocen casos de sólidas teorías desprendidas de una actividad continuada como crítico de actualidad -el de André Bazin es el ejemplo más insigne de ello-, y tanto uno como otro tienen como fin el enriquecer la visión del espectador, proporcionando los parámetros oportunos que le permitan situarse más certeramente frente a la obra fílmica; las claves contextualizadoras y los elementos de reflexión que una vez leídas estimulen la experiencia siempre individual e intransferible del cine.

Centrándome en mi caso personal, me es imposible separar el ejercicio como crítico de mi dedicación profesional al cine. Son justamente los problemas de la práctica fílmica los que suscitan en mí el deseo de poner por escrito una serie de constataciones que me permitan ordenar cabalmente el despliegue formal de uná película: ¿por qué se coloca ahí la cámara?, ¿qué ocurre cuando se corta así esta toma? Ese es el comienzo de todo.  

2Creo que cualquier aficionado español educado en las últimas tres décadas tiene una deuda contraída con la revista Dirigido por. Fue en esta publicación donde iniciamos una lectura sistemática de la crítica de films y donde adquirimos por primera vez conciencia —gracias a sus estudios de cineastas— de las trayectorias de los grandes autores cinematográficos. Y opino que, pese a sus altibajos, sigue siendo una referencia importante en el panorama nacional. Retrospectivamente he descubierto que a principios de los ochenta se daba una situación excepcional en el panorama de la crítica española: junto a la mencionada Dirigido por en uno de sus mejores momentos, coincidían en los kioscos las revistas Contracampo (con sus originales análisis de actualidad y revisiones de cine clásico) y Casablanca (con su exigente plantel de críticos y su completo vistazo al mundo del cine en cada nuevo número). Más adelante, la revista Nosferatu satisfizo nuestra curiosidad por diversos cines y directores en densos monográficos y la efímera revista valenciana Banda aparte nos reveló una forma de hacer crítica desde los márgenes y el cariño más exquisito por la literatura sobre cine.   

Me parece que es difícil en la actualidad encontrar quien llene el vacío dejado por el ambicioso proyecto editorial de Banda aparte en 2001, aunque Letras de Cine lucha en ese sentido, en el ejercicio de una opinión independiente y alejada de los intereses institucionales y comerciales que perjudican la buena salud de cualquier práctica crítica.

3Haciendo un poco de memoria, a partir de las publicaciones que mencionaba en el apartado anterior y alguna otra, me quedo con este ramillete de firmas, representativo aunque necesariamente incompleto: Ángel Fernández-Santos, por ser la pluma que me ha servido de faro durante mucho tiempo en la cita diaria del periódico; Miguel Marías, por su rigor y claridad expositiva; Santos Zunzunegui y Luis Alonso García, por su atención a los problemas formales de la expresión cinematográfica; Paulino Viota, por su erudición y perspectiva de cineasta; y Carlos Losilla y Ángel Quintana, por el seguimiento de las cuestiones fundamentales de la modernidad en el cine de ahora. 

A nivel internacional siento predilección por André Bazin, Serge Daney, Luc Moullet, Alain Philippon, Alain Bergala, David Oubiña y Jonathan Rosenbaum.

Manuel Ortega
escritor y creativo publicitario; colaborador de Miradas de Cine

1 Un divertimento, una razón, una espada, un cuerpo caliente como almohada. Es el día a día y me puedo llevar un año sin escribir ni leer ninguna. Es eso, el cristal con el que lo miro. Debería ser bisturí pero también anestesia. Instrumento de análisis. Medio y fin y luego otra vez medio. Un vehículo para aprender mientras se escribe y mientras se lee. Aprender a aprehender. A vivir, a ligar, a comportarse en el fútbol. Ser serios. Divertirse. Aportar. Desde el cristal y desde la mierda de las gafas con las que se mira. Aportar. Apartar el ego y ponerte tú. Para hacer una crítica objetiva supongo que inventarán un programa los de Google.

2Es demasiado inmediata y coyuntural en periódicos. Es demasiado puta
en revistas especializadas. Es demasiado petarda y "tardoadolescente"
en publicaciones pedantes que todos conocemos. Es demasiada porque la leemos muy pocos. Es aburrida si la escribe un aburrido. Es estúpida si las escribe un estúpido. Es previsible y es ombliguista. Es onanista y la tiene pequeña. A veces también es muy buena.

3Fdez Valentí, AJ Navarro, JD Cáceres, Alejandro Díaz, Losilla, Jordi Costa, Pablo Vázquez. Recomedaría leer el dossier de Nickelodeon pero para intentar recordar lo que no mola, lo que nos ha puesto siempre a la retaguardia del análisis cinematográfico.

Sebastián Russo
fotógrafo y sociólogo; colaborador de Miradas de Cine

1 En principio la critica de cine, es un escrito, un texto. O sea, un tejido de palabras que, más allá de la relación intima con el acto cinematografico "a criticar", es un ente autónomo (al menos creo debería serlo) Las críticas se firman, tienen un autor, un alguien que despliega su subjetividad, por lo que deben ir tras el objetivo de constituirse a sí mismas en un obra. Todo texto trata sobre algo, o algo lo inspira, en el caso de las criticas de cine ese "algo" obviamente es el cine, pero me interesa pensar que podría haber sido algun otro motivo el disparador. El autor de la crítica desea escribir, desea dar cuenta de la relacion entre su subjetividad y el mundo que lo rodea, y elige el cine como canal para ello. Por tanto, los conocimientos sobre aspectos técnicos cinematográficos, o sobre la misma historia del cine, no creo sean condicionantes para la elaboración de un texto critico. Si creo lo son la búsqueda formal, la sensibilidad, la audacia, la marca personal. El texto en sí es una búsqueda, ninguna certeza le otorga belleza, genialidad. Un film es un entramado de elementos lo suficientemente complejo y rico para dar cuenta de él en unas pocas (o muchas) palabras. La crítica es (debe ser) por tanto otra cosa, una nueva cosa, una nueva obra que se entremezcla con aquella a partir de la cuál surgio, pero en relación más contingente que necesaria. He dicho.

2Es imposible hablar de la "critica argentina" como un subgénero homogeneo. Esto de por sí habla bien de ella. No todos aquellos que escriben sobre/desde el cine trabajan incluso en los mismos lugares (medios, universidades, instituciones), los que les imponen ciertas condiciones estilíticas, de extensión, etc. Lo que hace impracticable la comparación. De todas formas esto no los hace excusables. El "error" que al menos más me molesta (y que no solo se da en la critica argentina) es hacer foco en el tema sobre el que versa un film. Este circunscribirse a la anécdota, reduce la potencialidad que todo film arrastra consigo. El amigo Deleuze ha escrito sus paradigamaticos libros sobre ello. El cine no es lenguaje, al menos no puede reducirse a entenderlo solo como lenguaje. Hay algo que siempre se escapa, algo del orden de las afecciones que interpenetran a los espestcadores de forma singular, experiencial... En este sentido centrar el comentario critico sobre la historia que cuenta un film, y no dar cuenta sobre qué nos afecta de él —siendo inocuas pretensiones objetivistas al respecto— es unidimensionar una experiencia arrasadora de nuestros sentidos, como es el cine.

3Cómo no nombrar a Serge Daney, a Jean-Louis Comolli, los libros de cine de Gilles Deleuze... cualquiera de sus obras son acabadas tesis —en donde la subjetividad y la mirada analítica se imbrican— sobre lo que apenas intenté esbozar lineas arriba sobre la relación entre el cine y la palabra (¿creo que de eso trata finalmente el dossier, no?).

Pablo Vázquez
periodista y crítico de cine; colaborador de fanzinedigital.com

1Un mal necesario. Creo que la crítica, especialmente la cinematográfica, se ha ganado a pulso la antipatía que inspira a la mayoría de los mortales, principalmente por haberse refugiado en un cierto esnobismo y un completo distanciamiento de la realidad. En lugar de convertirse en un servicio para el público, en ocasiones no llega más que a un pasatiempo para entendidos, un juego de bromas privadas y referencias supuestamente audaces que resultan anodinas para el espectador medio. A mi juicio, es posible combinar el entendimiento con el público de las multisalas, la rigurosidad y, al mismo tiempo, conservar una voluntad a contracorriente, y un buen crítico debería conseguirlo. Si además puede hacerse con sentido del humor y una cierta provocación, pues mejor que mejor.

2Es curioso esto de hacer una crítica de la crítica. Pero no, no creo que la cosa esté tan mal ahora. Hay defectos y pecados más o menos veniales, pero tenemos suficiente donde elegir, lo que ya supone un logro. Además, Internet nos ha convertido a todos en críticos, permitiéndonos el lujo de poner a parir lo que queramos actuando como auténticos energúmenos, conseguir nuestra propia legión de fieles y enemigos, y todo sin movernos de casa. Un lujo que tarde o temprano modificará radicalmente la figura del crítico tal como la conocemos, si no hace que desaparezca por completo.

3En general, suelo coincidir mucho con Antonio Trashorras, Jesús Palacios y Jordi Costa. Han conseguido crecer con el tiempo, manteniendo una coherencia envidiable y convirtiendo la crítica, menuda pirueta, en una actividad creativa y de vitalidad contagiosa. Daniel Monzón también era muy bueno cuando colaboraba en Fotogramas. Y Rubén Lardín, Mirito Torreiro, Hernán Migoya, Michael Weldon, Bill Landis, y muchísimos otros. Todos estos me divierten y me descubren constantemente nuevas facetas de las películas que amo y odio. Algunos directores, como John Waters o Bruce LaBruce, me parecen también excelentes críticos, como han demostrado en sus libros, revistas y fanzines.

Editado por JDC
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