Quim Casas es crítico cinematográfico de "El Periódico de Catalunya" y colaborador habitual de "Dirigido por...", "Nosferatu" y "Rockdeluxe", donde actualmente coordina la sección de crítica cinematográfica. Es profesor de Introducción al Guión e Historia de las Grandes Productoras en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha escrito también en "Contracampo", "Fotogramas" y "Archivos de la Filmoteca". Es autor de cinco volúmenes de la colección Programa Doble de "Dirigido por..." y de los libros "Raoul Walsh" (1982), "John Ford, el arte y la leyenda" (1989), "Fritz Lang" (1992), "El western, el género americano" (1994), "Howard Hawks, la comedia de la vida" (1998) y "Samuel Fuller" (2001).

—¿Cómo empezaste en el mundo de la crítica? ¿Ves mucha diferencia, a nivel profesional, respecto a como está actualmente?
—Yo empecé haciendo crítica porque quería hacer cine y en esa época no tenía ni dinero, ni medios, ni contactos. Trabajé un poco de ayudante de dirección e, incluso, estuve a punto de hacer un cortometraje, pero al final no salió y, bueno, como no tenía dinero, ni tenía a quien pedirle, lo dejé. Me apetecía escribir, así que me puse con ello. Lo primero que hice fue un libro sobre Raoul Walsh que, por suerte, hoy en día está totalmente olvidado. Cuando yo empecé a escribir había muy pocos críticos que podían vivir sólo de hacer crítica. Ahora hay gente, no mucha, que sí lo hace. Hay muchos críticos ahora que se han reconvertido, lo más habitual, en profesores de universidad. Antes, casi todo el mundo tenía su trabajo, y además hacía crítica de cine. Había entonces una cierta espontaneidad en los textos, porque se notaba que eso no era una forma de vida. Era como una válvula de escape para muchos. Esa figura se ha ido perdiendo, ahora casi todos los que escriben sobre cine viven de cosas vinculadas por el cine. Por poner unos ejemplos, antes Esteve Riambau era médico y Rafel Miret, funcionario de telefónica. Ahora Monterde y Sergi Sánchez dan clases en el ESCAC, Torreiro en la Autónoma, tú mismo ahora estás de programador de unos cines...

—Hablemos de "Dirigido por...", Fernández Valentí dijo en su entrevista que él entró siendo el más joven de la redacción con veintiocho años y que aún ahora sigue siendo el más joven. Así es realmente difícil hablar de relevo generacional.
—Es verdad. Hasta la entrada de Tomás Fernández Valentí y Antonio José Navarro, no ha vuelto a entrar nadie más joven en la redacción. Sí que entraron Àngel Quintana y Carlos Losilla, pero son más o menos de la misma generación. No ha habido relevos generacionales desde entonces, los hubo durante una época: empezando por José María Latorre y Miguel Marías, luego vino José Enrique Monterde y luego me tocaría a mi. Lo que yo sí veo en compañeros, por ejemplo de la universidad, que han publicado en revistas como "Travelling" o "Scope", e incluso "Fotogramas", es que tienen un infundado respeto por la revista, como si tuvieran miedo. Los críticos más jóvenes, de menos de treinta años, parece que están habituados a las revistas de tendencias, a las revistas gratuitas, a las críticas pequeñas del "Go"... que acaban viendo las críticas largas de "Dirigido por..." como un mundo aparte y les infunde mucho respeto. No es vuestro caso, o el de "Letras de Cine", que sí que publicáis textos largos, pero hay gente de tu generación que cuando les hablas de cinco mil caracteres se asustan. Por otro lado el relevo generacional hay que tenerlo bien entendido, es decir, aquél en el que exista una convivencia entre generaciones.

—A mí me da la impresión de que el crítico, más en el caso de los periódicos que en el de las revistas, es un cargo vitalicio.
—Bueno, yo no creo que sea un cargo vitalicio. Mientras funcionas bien es igual que el director de un banco o el director de una revista. Es verdad que antes había más movimiento, la gente cambiaba más de un periódico a otro. Por ejemplo, yo entré en "El Periódico" porque el crítico que había entonces era Jorge de Cominges, que se iba a ir a "Fotogramas" a montar el "Qué Leer". José Luis Guarner pasó por "El Periódico", luego por otro que se llamó "Mondo Diario" y acabó en "La Vanguardia". Y eso que habían menos periódicos que ahora. Lo que sí ocurre es que ahora entra más gente en los periódicos, en "El Periódico" no hago sólo crítica yo, también está Nando Salvá, Eduardo de Vicente y Desirée de Fez. En "El País" también hay otra gente. Pasa lo mismo en teatro y música. Antes había sólo un crítico y ahora hay dos o tres más.

—En "Rockdeluxe", donde coordinas la sección de cine, sí que existe esta convivencia.
—En "Rockdeluxe", por ejemplo, hay una chica argentina (Celina López Seco) del taller de crítica del año pasado (1): nos gustó mucho como escribía, sobre todo a Joan Pons. El problema de "Rockdeluxe" es que hay gente que no acaba de ubicarse, porque intenta explicar muchas cosas en un espacio muy pequeño y a veces se nota. Se ve que lanzan cuatro ideas interesantes, pero luego no tienen espacio físico para desarrollarlas. Hay que tener en cuenta que es una sección dentro de una revista de música, e igual habría que considerarla de una manera diferente. Quizás la solución sea hacer menos críticas y que estas sean más largas. Pero de momento no se ha planteado un cambio. Lo interesante es gente que no ha llegado por los canales que eran habituales hace unos años, muchos eran críticos de música reconvertidos, por ejemplo.

—La verdad es que oyéndote hablar, parece que sí estés satisfecho del estado de la crítica.
—Cuando yo hablo con mis alumnos, por ejemplo en el postgrado que se ejerce en la Ramon Llull sobre crítica cinematográfica y musical, ellos me dicen que lo que les han explicado es que el panorama es terrible. En cualquiera de las mesas redondas del taller, también se suele salir con esa impresión. Debo ser el único caso que no lo ve así, o quizás poseo un optimismo desmesurado, pero no lo veo ni mucho menos tan horrible. Entre otras cosas porque hay muchas voces interesantes, gente que yo admiro profundamente, algunos más jóvenes que yo, que me han descubierto cosas, lo que es realmente importante, porque a veces parece que el crítico institucional tenga que saberlo todo. Gente como Jordi Costa y Sergi Sánchez, que estarían en una generación intermedia entre tú y yo, no sólo me han descubierto muchas cosas, sino que me gusta mucho como escriben, aunque a veces, lógicamente, no estés de acuerdo con ellos. Es un modelo de crítico que se acerca más al fanzine que han aportado una serie de cosas que hace diez/quince años no existía. Siempre utilizo un modelo para defender que el estado de la crítica no es tan malo —aunque no me guste la crítica en "Fotogramas", la crítica de los periódicos no esté en su mejor momento o que "Dirigido por..." tenga ciertos problemas— que son tres libros que público el Festival de Gijón en el 2003: "Las variaciones Hartley" de Sergi Sánchez, "Olivier Assayas, líneas de fuga" de Ángel Quintana y "En busca de Ulrich Seidl" de Carlos Losilla. El planteamiento de los tres libros con su radical libertad de movimientos (o este año el de Todd Solondz que ha escrito Jordi Costa), alejados de la estética de los de Cátedra, son algo magnífico, y antes esto no existía. En los libros de festivales yo es donde actualmente leo los mejores textos, a mí el de Losilla me tiene fascinado. Hay otro alucinante de Gonzalo de Lucas que publicó en Sitges sobre el cine de ciencia-ficción francés. Así que es bueno que exista gente con lucidez para hacer este tipo de propuestas. Hablo de la crítica general, no sólo de la de los periódicos, y yo la veo con mejor salud que hace unos años. Aun reconociendo que son casos aislados y la mayoría de los colegas de profesión no opinen lo mismo. He leído textos en "Miradas de Cine" o en "Letras de Cine" muy interesantes, aunque creo que sois revistas muy diferentes. "Letras de Cine", para mí, tiene un problema grave: se gustan demasiado. Eso es peligroso. Cuando empecé a escribir sí que el crítico era una figura casi totémica, pero hoy en día el espectador está más aventajado que nunca. Posiblemente ahora, gracias al DVD o a Internet, los espectadores saben bastante más que algunos críticos... de los que no diré el nombre. En ese sentido noto que a "Letras de Cine" les falta un poco de humildad.

—Considerando que ni "Letras de Cine" ni "Miradas de Cine" son plataformas mayoritarias, encuentro que las revistas que sí lo son, están dejando de lado un tipo de cine o una serie de realizadores, para ceñirse únicamente a los estrenos cinematográficos.
—El problema de "Fotogramas" y "Dirigido por...", en este sentido, es que son esclavos de la actualidad. Se habla sólo de películas que se estrenan, el problema es que esa es una mentalidad que existía hace años y funcionaba, ahora ya no. Hay películas que no se estrenan que la gente conoce perfectamente. Estoy convencido de que hay películas que ha visto más gente en DVD o descargándosela vía emule que cuando se estrenan comercialmente. En "Dirigido por..." estamos intentando luchar para que esto tenga su espacio, pero de momento, la respuesta es negativa. Un ejemplo: la última de Gus Van Sant, Last Days. Que de momento no tiene ni previsto estrenarse, aunque la película esté comprada. Y no es por Van Sant, que es un director con quien tengo mis reservas, hablo en general.

—Hablemos de tus libros. Noto un apasionamiento mayor en los libros sobre John Ford o Howard Hawks, que en otros que has escrito después.
—A mí me pasa una cosa extraña, a veces no me reconozco. Suele pasar cuando lees cosas escritas hace años. Hace un par de años editaron en DVD cuatro cosas de Wenders y querían poner en él una serie de textos que había escrito, al leerlos... no me reconocía. Es de la época del libro de Ford. Sí que es verdad que pudiera ser más apasionado, pero eso no implica mucho más. Era mi primer libro, al margen del que te he comentado de Walsh, y claro, a mi John Ford me apasionaba, posiblemente, más que cualquier otro en aquella época. El de Clint Eastwood, que es más reciente, sí que es bastante apasionado. Es que no es lo mismo escribir sobre Ford o Hawks que sobre cualquier otro. Con John Ford descubrí el cine, ahora con Abel Ferrara, aunque disfrute, ya no lo descubro. El planteamiento es distinto, ahora posiblemente sea más distante con algunos aspectos del cine que antes. Pero siguen habiendo directores que me interesan mucho. La adhesión con un director es básica y creo que, ahora mismo, eso sólo puede ocurrir con los clásicos. Directores como Ferrara, Lynch, Jarmusch... todos ellos me fascinan, pero seguramente es muy difícil escribir de una forma calurosa sobre estos realizadores, porque, por ejemplo Jarmusch, sus películas me provocan todo lo contrario. Y me gusta tanto Jarmusch como Ford. Por cierto, mi libro de Hawks, es el que más me gusta.

»Intento huir, sobre todo en mi labor en "El Periódico", de incluir frases del estilo "vayan corriendo a ver esta película", creo que es más interesante el análisis que yo pueda ofrecer, aunque este sea más distante. Hay gente que lo utiliza muy bien, y lo respeto, pero yo no lo hago. En la crítica de El nuevo mundo me apetecía mucho recomendar la película, pero intenté hacer algo diferente, remarcar que era una película fuera de lo común de un director cuya forma de narrar se escapa a lo que se hace habitualmente en Estados Unidos. Intento que esa sensación quede implícita en el texto sin tener que implicarme más en primera persona. Generalmente, cuando escribes un libro, tienes mucha cautela, pero en el de Ford, al ser el primero (obviando el de Walsh), no tuve ninguna y sí incluí alguna expresión más emocional. Ese libro lo disfruté mucho, bastante más que otros que he hecho después, también es verdad que ahora es todo mucho más apremiante. La ventaja de los libros de "Dirigido por..." es que los empiezas a escribir y no sabes cuándo los vas a acabar, lo que te da cierta relajación. El libro de Ford tardé dos años en escribirlo. Con los libros de festivales todo es mucho más precipitado, para el de Abel Ferrara sólo tuve tres meses para hacerlo. De ahí salió que fuera un libro coordinado y estoy bastante satisfecho con ello. Eso tiene un trabajo adicional, porque hay que perseguir mucho el que la gente no repita conceptos. No sé si os pasará en los estudios de "Miradas de Cine", pero en los de "Nosferatu", por ejemplo, sí que ocurre, es casi inevitable.

—Es cierto, es prácticamente inevitable...
—Me acuerdo de un "Nosferatu" sobre King Vidor. A mi me tocó hablar sobre la música y el sonido. Luego resultó que en diversos artículos del número se hacía referencia a ello. Conseguí que en el de Ferrara no pasara, el director del Festival de Cine de San Sebastián me insistió mucho para ello.

—Volvamos a la crítica, ¿hacia donde tiene que ir para solucionar sus problemas?
—No creo que esté mal, aunque es evidente que hay que solucionar bastantes cosas. Unas que parten de los que hacemos crítica y otras que parten de los medios donde publicamos. ¿Hacia dónde tiene que ir? No lo sé, pero desde luego, no ha de ir en una sola dirección. La crítica tiene que servir para algo. Sigue habiendo, creo, aunque en menor medida que antes, una cierta materia formativa. Sigo sin entender porqué en la televisión no se ejerce crítica cinematográfica, porque es el medio ideal. En un panorama cinematográfico tan amplio (y tan accesible), creo que parte de la función de la crítica es orientar, canalizar toda esa información. Ha variado el acceso al cine y eso cambió los hábitos de los espectadores. La cinefilia ha cambiado completamente, la gente ya no quiere ver las películas, quiere poseerlas. Si hay un tipo que se llama Bela Tarr y está sonando por todas partes, la labor de la crítica es analizarlo, estudiarlo y hablar sobre ello. El problema es dónde.

—¿Qué opinas de la piratería?
—No estoy muy metido en el tema. Entiendo que si es para descubrir películas que no se distribuyen en nuestro país no debería ser algo negativo. Aunque no sé exactamente el grado de ilegalidad que posee ese acto, por lo que no entro en temas legales, morales o éticos. No me parece legítimo en caso de que sea una película que sí posea distribución. Sobre todo en el mundo de la crítica, donde alguien puede ver antes que nadie la película para ser el primero en hablar sobre ella. Tengo el mismo prejuicio, a nivel estético, que he tenido siempre con el vídeo. No es lo mismo ver una película en el cine que en la televisión o el ordenador. Que el crítico sólo la conozca a partir de estos visionados, es algo bastante jodido. El vídeo y el DVD son muy útiles para revisionar. El DVD ha mejorado bastante la calidad, pero no me creo que nadie pueda escribir en condiciones de El nuevo mundo bajándose la película por el emule. El planteamiento visual de Malick no acepta eso. Ahora, ¿para conocer a Sokurov o Assayas? Pues me parece bien y útil. Para conocer algo a lo que no se tiene acceso.

—¿Crees que realmente la crítica aporta algo al lector/espectador?
—Yo creo que sí, tanto en positivo, como en negativo. Siempre sirven las críticas. Fíjate en los foros de Internet, hay gente que sigue con locura las críticas cinematográficas. Nos tienen catalogados a todos, saben perfectamente cuáles son nuestros gustos. Ya ves que estoy con la vena optimista.

(1) Quim Casas se refiere al Taller de Crítica Cinematográfica que lleva el ACECC (Associació de Crítics i Escriptors Cinematogràfics de Catalunya) haciendo durante cuatro años. El entrevistador, Alejandro G. Calvo, cursó dicho curso en su segunda edición.

Entrevista realizada a mediados de marzo de 2006, en Barcelona

Por Alejandro G. Calvo