Eh, que yo he hecho waterpolo

A estas alturas de la película, hay pocas cosas que a uno le cojan desprevenido o como mínimo le sorprendan. De ahí que me quite el sombrero ante, perdón por la expresión, los huevos que tienen en la meca del cine al realizar un largometraje de las características de Poseidón .

Porque realmente, a estas alturas, poco importa ya que estemos en pleno verano y las megaproducciones estén a la orden del día, evitaré incluso entrar en el ridículo debate de lo necesario de realizar continuos remakes, nuevas versiones o nuevas visiones, o cualquier forma que le etiquete hoy en día para maquillar lo que realmente es. Una tomadura de pelo como una casa (como un barco en este caso), pero una tomadura de pelo muy bien facturada, orquestada, pensada y rodada, demasiado bien de hecho, para estudiar en las universidades vamos. Siempre me pregunto porqué dejando a un lado las excelentes películas que nos llegan del otro lado del charco (que las hay, y muchas), la mayoría que busca destacar en algún punto o mostrar alguna idea interesante, se quedan a medias, en tierra de nadie, en el limbo entre lo aceptable y lo mediocre, mientras que las que no pretenden otra cosa que ganar dinero y entregarles nuestras neuronas durante un rato, son tan perfectas. Estas paradojas del cine me siguen fascinando.

Centrándonos propiamente en la cinta que nos ocupa, Poseidón podría explicarse enumerando una lista. Una lista de factores, una receta culinaria que mezclada agitadamente y por el cocinero adecuado, nos ofrece un plato sabroso, muy bien presentado, pero que sin duda no pasaría la prueba de la guía Michelín. Debo reconocer que desconozco la original Poseidón y no sé cuantas similitudes y licencias existen entre ambas, así que no entraré a juzgar la fidelidad o si una es superior a la otra (hecho que nos acaban de demostrar con el reciente estreno de la excelente Las colinas tienen ojos). En la versión del 2006 contamos con un escenario de lujo, un crucero que deja en pañales al Titanic, unos personajes que se nos presentan en 10 minutos, que no tienen nada que ver los unos con los otros, pero que serán aquellos que coincidan en buscar una huida ante el infierno acuático que se avecina. Por otro lado tenemos el drama, una ola gigantesca que vuelca el barco (no estaría de más que nos explicaran a qué se debe esa mole, o de dónde proviene), provocando una catástrofe espectacular. A partir de ahí, pónganse cómodos que es para aplaudir. Tras el impacto de la ola que se produce a los 15 minutos, el director, el antaño interesante (Das Boot, En la l ínea de fuego) y hoy acomodado (La tormenta perfecta, Troya) Wolfgang Petersen nos ofrece un espectáculo de circo con la secuencia del choque. Gracias a unos buenos efectos especiales y a un buen sentido del ritmo, Petersen controla muy bien su material para ofrecer un muy buen bloque catastrófico-dramático. Tras comprobar los pocos supervivientes que quedan, un grupo heterogéneo decidirá buscar una salida por ellos mismos. Bien, huelga decir que entre todos los supervivientes, los 6 que lo intentan son los que hemos conocido al principio de la cinta y bueno, su manera de conocerse es poco menos que casual.

A partir de ahí el juego sigue, o empieza. Tras mezclar los primeros ingredientes, ahora es momento de darle el toque definitivo. Es ahora cuando empieza la huida, la búsqueda a través del barco, lo que implica, mucha agua, secuencias de acción casi continuas, tensión y conflicto entre los personajes principales, ya sea por la confianza en uno mismo en poder sacarlos de ahí o problemas internos entre algunos personajes, que obviamente se solucionarán ante el devenir de los acontecimientos. Todo esto aderezado con una gran puesta en escena, mucha agua, una dirección artística excelente, unos efectos especiales a la altura, un buen mensaje dirigido al público como el sacrificio de algún personaje o la consabida vuelca de tuerca con la desaparición/muerte de algún protagonista. No podían faltar bromas que amenicen el contexto, con frases lapidarias como la que da título a esta crítica, en un momento en que el grupo debe bucear y un chico se ofrece a cargar con el niño porque... ha hecho waterpolo (¡¡¡salvados entonces!!!!). Y todo esto en 90 minutos clavados. De manual.

Aunque para ser honestos hay que reconocer los méritos que la película posee. En primer lugar, la duración, que se aleja de las habituales dos horas y media largas en este tipo de producciones, y sobre todo la habilidad de Petersen para conducir el relato. El hombre tiene tablas y se nota con el endiablado y trepidante ritmo que imprime a la película. Poseidón es una montaña rusa que empieza a los 15 minutos y no para hasta el final, cosa de agradecer. Además el director se cuida de introducir los elementos de drama humano en las justas y pequeñas dosis que no ralenticen ni entorpezcan el espectáculo, que sigue siendo el objetivo principal. Por otra parte, la crudeza, realismo e incluso violencia con que muestra muchas muertes, no ya del choque principal, sino de personajes que luego irán desapareciendo a lo largo del metraje, la alejan del producto típicamente familiar que suele omitir estos pasajes. Aquí Petersen se sumerge (nunca mejor dicho) en el drama y lo expone sin tapujos, con algún buen apunte como la decisión que debe tomar uno de los protagonistas si quiere vivir... dejando morir a un compañero.

En definitiva, toda una lección de cine de consumo, que es ideal y propicia para disfrutar en compañía de una morenaza, no sé... una Miss Laponia cualquiera que se aferre a ti clavándote las uñas durante los momentos más tensos y fomente el contacto físico en una calurosa tarde de verano, porque total, ése es el propósito de este tipo de cine. Como he dicho al principio de este escrito, a estas alturas de la película, que nadie se lleve a engaño.

Por Emilio Mtez.-Borso
cartel
USA.2006. Dirección: Wolfgang Petersen. Producción: Wolfgang Petersen, Duncan Henderson, Mike Fleiss y Akiva Goldsman. Guión: Mark Protosevich, basado en la novela de Paul Gallico. Fotografía: John Seale. Música: Klaus Badelt. Montaje: Peter Honess. Diseño de producción: William Sandell. Vestuario: Erica Edell Phillips. Duración: 99 min. Interpretación: Kurt Russell (Robert Ramsey), Josh Lucas (Dylan Johns), Richard Dreyfuss (Richard Nelson), Jacinda Barrett (Maggie James), Emmy Rossum (Jennifer Ramsey), Mike Vogel (Christian), Mia Maestro (Elena), Jimmy Bennett (Conor James), Andre Braugher (Capitán Bradford), Freddy Rodríguez (Valentin), Kevin Dillon (Lucky Larry), Stacy Ferguson (Gloria).