Chicas de hoy en día vs. Agosto en Galicia

1. Chicas de hoy en día.

¿Se acuerdan? [Cantando] "...como sombra y luz / como cara y cruz / siempre en compañía...", así rezaba la sintonía de la teleserie de TVE dirigida por Fernando Colomo a comienzos de los noventa; ahora el alemán Andreas Dresen sin proponérselo (imagino) nos ofrece una suerte de remake veraniego de tan añorada (¿?) serie.

¿Qué nos ofrece Verano en Berlín? (Verano en el Balcón, en el original, si mi alemán no me engaña): Katrin y Nike, dos amigas y vecinas residentes en Berlín (aunque podría ser cualquier otro lugar del mundo por lo que a mí respecta) pasan el verano (aunque daría lo mismo si fuese cualquier otra estación del año... o no, porque entonces, se verían menos los variados modelos de tanga que luce Nike) lo mejor que pueden, teniendo en cuenta que Katrin busca empleo desesperadamente y que Nike tiene uno no especialmente agradable como cuidadora de ancianos a domicilio y que además las dos viven solas (Katrin separada y con hijo adolescente) y ambas anhelan cual cenicientas alguien con quien compartir sus vidas (la figura del macho redentor) mientras se hacen compañía mutuamente cenando una vez a la semana en el balcón del piso de Nike.

El tono de la película oscila entre lo trágico y lo cómico (para no molestar). Y de tanto oscilar se queda a medio camino de ninguna parte. Entre Katrin abocándose hacia el alcoholismo y posterior cura de desintoxicación y Nike hacia la estupidez suprema haciendo de puta y cocinera para un tal Ronald o Roland, un imbécil de profesión camionero, que se dedica a esparcir su semilla por toda Alemania dejando esposas e hijos a su paso. Entre todo esto 'la soledad' erigiéndose como eje de la película. Con este motivo Dresen fabrica un conjunto de personajes 'solitarios' de todas edades y sexos, representantes de la dureza de la vida en la ciudad moderna: desde los ancianos a los que visita Nike, hasta el hijo adolescente de Katrin enamorado de una jovencita despistada, pasando por la pareja protagonista (curiosamente estas subtramas serán lo mejor de la función al no padecer del convencionalismo y aburrimiento supremo de las secuencias diseñadas para la trama principal). Progresivamente la película pierde interés por lo trillado de su propuesta (mostrar la dureza de la vida que siempre se supera with a little help from our friends) y las visibles ganas de contentar a todo el mundo: un poco de compromiso solidario por aquí, ideología bienintencionada por allá, sensiblería, dramatismo, las necesarias dosis de humor... y la función cae por su propio peso: la tediosa puesta en escena y la reiteración y estiramiento de los motivos dramáticos hacen que nada de lo que veamos consiga trascender más allá de la inmediatez de la pantalla del cine.

2. Agosto en Galicia

Teniendo en cuenta que el dossier especial de Miradas de Cine sobre la crítica tuvo lugar en números recientes y que todavía estarán en el recuerdo de muchos las opiniones sobre los deberes y pecados de lo que "debe ser" una crítica cinematográfica, imagino que las líneas que siguen podrán ser calificadas de estupideces de crítico (con perdón) amateur (a dios gracias) un tanto despistado (probablemente). Así que si quieren dejar de leer pueden hacerlo aquí mismo. Si no... seguimos:

Todos sabemos lo difícil que puede llegar a ser que un film consiga imponerse sobre nuestra cotidianeidad, aboliendo nuestros variables humores a la hora de sentarnos en la oscuridad de la sala de cine; ya dependan éstos de las condiciones de nuestra vida laboral, la falta de ésta, nuestra vida sexual, su falta o la conjunción de esos y otros muchos factores. Una película mediocre (como ésta) incluso en mayor medida que una mala película (al menos ésa se nos puede llegar a imponer por defecto). Estas precavidas advertencias vienen a cuento de lo siguiente:

Cuando el pasado lunes 7 de agosto se encendieron las luces y abrieron las puertas de la sala en la que se proyectaba la película Verano en Berlín, poco a poco, pero con decisión, penetró en ella el espeso humo provocado por los numerosos incendios (provocados) que cubrían en ese momento (y todavía cubren) media Galicia. Ese golpe sensible: visual y olfativo, nos arrojó a los asistentes a una realidad mucho más inmediata y física de la que Dresen podría llegar a soñar para una de sus películas en mucho tiempo, haciendo que el recuerdo de ésta se esfumara inmediata y literalmente. Recordé entonces el noviembre pasado tras asistir a la proyección de Caché de Michael Haneke. En aquellos momentos las pantallas de televisión mostraban continuamente las imágenes de coches quemados por toda Francia y las consecuencias de las batallas campales que se repetían a diario; entonces la conexión entre película y realidad me pareció absoluta, certera. En esta ocasión, ya en el exterior, con los pequeños copos de ceniza bañando objetos y cuerpos, la sensación de haber estado escondido con la cabeza bajo tierra, perdiendo el tiempo estúpidamente, era inevitable. Evidentemente no pretendo acusar aquí a Dresen de no hablarnos en su película de la ola de incendios en Galicia, lo que quiero decir es que ahora la fractura entre la ficción y la realidad era evidente. ¿Qué había en esta película que reflejase de modo veraz el significado de la soledad, de la alienación de las grandes ciudades o de la dificultad de amar? ¿Era Verano en Berlín, a su pesar, una muestra del llamado "cine de evasión"? ¿Qué narices hacíamos nosotros allí...? Etcétera.

Por Ángel Santos
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