Los cimientos de una saga
«Se vive para morir otro día»
Muere otro día (Die Another Day. Lee Tamahori, 2002)
«¿Quién puede vivir la aventura, la emoción, el amor? Sólo hay un hombre capaz de hacerlo todo». Con estas frases, dichas en off, comenzaban los anuncios televisivos de Alta tensión (The Living Daylights. John Glen, 1987), el primer Bond protagonizado por Timothy Dalton. El eslogan resume grosso modo la esencia de la serie y podría aplicarse tanto a Muere otro día como a cualquiera de las primeras películas de 007, entre las que sobresale, por muchas razones, la segunda: Desde Rusia con amor (From Russia with love. Terence Young, 1963).
Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No. Young, 1962) fue un experimento que tuvo éxito, el primer tanteo que los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, padrinos de la franquicia cinematográfica más lucrativa del mundo después de Star Wars, hicieron del enorme potencial que encerraba el personaje literario creado por Ian Fleming. Sin embargo, Desde Rusia con amor tiene el honor de ser la película que sentó las bases y fijó las constantes de las aventuras de Bond en el cine, una vez que la maquinaria se puso en marcha con Dr. No. Los avispados productores ficharon al mismo equipo artístico y técnico, que se las arregló para conseguir el más difícil todavía y depurar un estilo que en estas cuatro décadas se ha intentado imitar sin éxito cientos de veces.
En Desde Rusia con amor aparecen muchas de las señas de identidad estéticas y temáticas que se convertirían en la marca de la casa, en esos elementos tan familiares y queridos para sus seguidores: la secuencia anterior a los títulos iniciales, la presencia de Q y sus inventos, la ambientación en diversas localizaciones exóticas y espectaculares —Estambul, el Orient Express y Venecia frente a sólo una, Jamaica, en Dr. No— y la existencia de un sicario carismático y peligroso, mano derecha del malo malísimo de turno (en esta ocasión: 'Red' Grant y Rosa Klebb, respectivamente).
Uno de los principales atractivos del filme de Young —un artesano de los que ya no quedan y, junto a Guy Hamilton y Lewis Gilbert, uno de los cineastas que mejor entendió el espíritu del espía británico— es su ambientación al otro lado del telón de acero en los años más críticos de la Guerra Fría, justo después del infame episodio de la crisis de los misiles de Cuba. El conflicto impregna todo el largometraje con un sabor especial, casi mítico, el de unos años en los que la estabilidad del mundo civilizado pendía de un hilo. El escenario perfecto para que un espía de la talla de Bond tenga que viajar a Estambul para hacerse con un sofisticado decodificador de claves soviético, al que tiene acceso una funcionaria de la embajada de la URSS dispuesta a desertar si 007, de quien se ha enamorado perdidamente, va en su busca. Detrás de este doble juego se esconde la mano de Espectra, un grupo terrorista que traerá de cabeza al espía hasta la vibrante Al servicio secreto de su majestad (On Her Majesty's Secret Service. Peter R. Hunt, 1969), una de las adaptaciones más fieles del corpus literario de Ian Fleming. La malvada organización utilizará a capitalistas y comunistas como los peones de la partida de ajedrez que aparece justo después de los títulos iniciales de un filme en el que Sean Connery ya se sentía a sus anchas en la piel del legendario personaje. En cuanto al resto del reparto, Pedro Armendáriz (entonces enfermo de cáncer terminal), la austriaca Lotte Lenya y Robert Shaw están insuperables. A la bella italiana Daniela Bianchi le doblaron la voz, así que sólo se la puede juzgar por media actuación.
Los escenarios también juegan, o, más bien, jugaron, un papel determinante en el éxito de Desde Rusia con amor en la época de su estreno en salas comerciales. Destinos como Constantinopla o Venecia están ahora al alcance de mucha gente, pero en 1963 el turismo internacional era coto exclusivo de unos pocos privilegiados y la única manera de ver mundo era sentarse en un patio de butacas. En ese aspecto, las películas de Bond siempre fueron insuperables.
Puede que Desde Rusia con amor no sea el filme más espectacular de 007, ni el que tenga el villano más carismático o el mayor número de mujeres de rompe y rasga, pero ocupa un lugar especial tanto para los fans del agente como para los aficionados a las películas de espías, quizá porque se las arregla para mantener un nivel de realismo suficientemente creíble, alejado de los volcanes falsos, guaridas submarinas o bases espaciales de entregas siguientes.
En DVD
En España, Desde Rusia con amor vio la luz en el verano de 2000 en una edición especial que incluía un documental sobre Harry Saltzman y otro sobre la producción, ambos completos, amenos e interesantes, además de audiocomentarios y otros extras menores, como galerías de fotos, trailers y anuncios de radio. La imagen del filme tenía bastantes defectos de celuloide, achacables a la fuente original con la que se hizo el máster y no a la edición de MGM propiamente dicha, y algún que otro problema de compresión —al fin y al cabo todo estaba embutido en un disco—, pero para los estándares de hace seis años no se podía pedir más. El pasado 17 de julio, MGM y Sony lanzaron en Gran Bretaña las Ultimate Editions de todas las películas de la saga: ediciones de dos discos que conservan los extras originales de 2000 e incluyen otros nuevos, cuyo número varía dependiendo del título en cuestión. La importancia de esta edición radica en el trabajo de restauración de la imagen, llevado a cabo por la empresa Lowry Digital, responsable de la creación de los másteres para las recientes encarnaciones en DVD de las trilogías de Indiana Jones y Star Wars (episodios IV a VI). En el caso de Desde Rusia con amor, y de los otros tres filmes que he tenido la oportunidad de revisar hasta la fecha, el trabajo es increíble. Jamás un DVD de una película rodada en 1963 lució tan bien como éste. Lowry Digital ha limpiado y restaurado al máximo el negativo original conservando el aspecto y la textura de un largometraje rodado hace 40 años, sin que el proceso de digitalización apeste a sintético. En cuanto al sonido, Dolby Digital 5.1 y DTS 5.1. El único fallo: la ausencia de las pistas de sonido originales, algo fundamental para los puristas. En España, las Ultimate Editions saldrán en noviembre, coincidiendo con el estreno en cines de Casino Royale (Martin Campbell. 2006). No se puede pedir un regalo navideño mejor para los seguidores de 007.
Ah, y para terminar, los aficionados a los videojuegos tienen desde el año pasado una cita con el James Bond más clásico en Desde Rusia con amor (Electronic Arts para PS2, PSP, Game Cube y Xbox), para el que el propio Sean Connery ha prestado su voz. Graficos estupendos, mucha acción y todo el encanto de la película... |