Traidores y tragedias

Uno de los films mas apasionantes de Alfred Hitchcock es también uno de los más incomprendidos. Realizado entre dos obras maestras de la categoría de Cortina rasgada y Frenesí, montado deprisa y corriendo sin haberse terminado de rodar, con una trama de espionaje alrededor de los misiles de Cuba, con unos actores poco conocidos o de segunda fila, Topaz es el film maldito por antonomasía en la carrera de Alfred Hitchcock. En el famoso libro-entrevista de François Truffuat, "El cine según Hitchcock", el realizador francés demostró cierta displicencia a la hora de valorar Topaz del que el propio Hitchcock hablaba horrores y esto también es posible que haya influido negativamente en la posterior valoración de un film que, al menos, no debería pasar tan desapercibido en los múltiples —y más veces de las deseadas, superfluos— estudios que se dedican al director inglés.

El film resulta fascinante (y a cada nuevo visionado parece crecer en significados y contenidos) y poco importa que el plano final de Columbini suicidándose provenga en realidad de otra escena anterior (de hecho tal como está queda perfecto), ni que los cubanos coman una hamburguesa (¡que tontería! Digo yo que los cubanos comerían hamburguesas en Nueva York, igual que los americanos tomarían la comida típica del país que visitan: ahora no tanto, pues la globalizacion impone modas y gastronomías únicas, las americanas), ni que el actor protagonista, Frederick Stafford, sea más un témpano de hielo que una persona (el resto del reparto está excelente), ni que la trama esté montada alrededor de un discutible contenido político (no tan evidente como se suele asegurar). Topaz es, en el fondo, una suerte de compendio pervertido de buena parte de las constantes del cine de su realizador y una prueba más que evidente de cómo el talento de Alfred Hitchcock se superpone a cualquier otra consideración, que en general, poco o nada tiene que ver con lo estrictamente cinematográfico.

El principal interés de Topaz se encuentra en las acciones de los personajes que intervienen en el relato, asociados casi todos a la traición, auténtico leit motiv de la película. La primera secuencia del film, todo un prodigio, es significativa al respecto: la deserción de una familia soviética que busca asilo en los EE.UU. presenta la primera traición del film y lo hace a través de un fragmento muy habitual en el cine de Alfred Hitchcock: una huida. El título del film precisamente hace referencia a una organización compuesta por diplomáticos franceses que trabaja para el espionaje soviético, traicionando así a su pais. Pero las traiciones que expone el film no se circunscriben al terreno político: el protagonista, Devereuax, un auténtico antihéroe (en ese aspecto el rostro inexpresivo y antipático de Frederick Stafford se revela como el adecuado), engaña a su mujer con Juanita de Córdoba —que por su parte, convertida en espía anti-castrista, también traiciona a su gobierno—, mientras que la propia mujer de Devereaux tiene un affaire con el traidor Columbini. Los diversos personajes del film, por lo tanto, se descubren tarde o temprano como partícipes de alguna forma de engaño o traición: como respuesta a un agravio anterior (caso de la mujer de Devereaux), como un acto de amor/odio (el asesinato de Juanita de Córdoba a manos del comandante Parra es en cierto modo una traición a su amada, y también una traición a su gobierno que la necesitaba viva para conocer al resto de espías, algo que Parra no puede permitir, pues como él mismo le advierte, «...hablarás por medio de las cosas que harán a tu cuerpo...»), a raíz de un simple y vulgar chantaje (el secretario de Parra se venderá a un agente de Devereaux), e incluso algunos incitarán a otros a la traición, como el divertido momento en el que el ex-agente de la KGB que desertaba al incio del film, invita a Devereaux a que abandone su país por América, donde le proporcionaran una identidad nueva, una casa nueva, etc... (como diría Truffaut, parece que el que hable sea Alfred Hitchcock: su siguiente película, Frenesí, sería su regreso a Inglaterra, aunque ya era ciudadano americano y terminaría su carrera en Hollywood).

En Topaz se puede rastrear desde esa primera secuencia antes aludida de la deserción del agente del KGB, y como anunciaba al comienzo de estas líneas, un compendio de la obra de Alfred Hitchcock, vista desde una postura más trágica. Se repiten situaciones habituales en la carrera del cineasta natural de Londres, casi se diría indisociables, que recuperadas de nuevo y alejadas de cualquier forma de complacencia (y menos aún debidas a una posible falta de creatividad) de su realizador, se revelan como un cúmulo de set-pieces que resumen buena parte de la filmografia de Hitchcock y de su estilo (y por extensión de sus miedos y deseos, de sus fobias y filias): la huida-deserción del comienzo del film; la magistral secuencia de suspense en la embajada cubana; las relaciones familiares turbulentas representada por Devereaux y su peculiar familia; el agente secreto en busca del mcguffin de turno; el falso culpable (que ahora en realidad sí lo es), el propio Devereaux a los ojos de Parra o de su esposa; la historia de amor a tres bandas, comprimida y reducida, inolvidable y magistral, entre Juanita, Devereaux y Parra, que concluye al contrario de lo que solía ser habitual... Esa mirada sobre unos personajes y situaciones que a lo largo de toda una carrera había sido abiertamente cómica (Alarma en el expreso), romántica (Encadenados), sofisticada (Con la muerte en los talones), misteriosa (El hombre que sabia demasiado), se torna en Topaz, oscura, trágica y tremendamente pesimista.

Por José David Cáceres
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