Desde la tierra y siete más
Te vas de vacaciones y a la vuelta lo flipas. Para empezar, Plutón ya no es un planeta (la cosmología nunca ha regido mis biorritmos, pero... ¡eso se avisa, carallo!). Enciendo la tele y ya no hay especiales de la Pantoja, así, sin más. Secuestran a una austriaca durante media vida, convirtiendo el argumento de El coleccionista en una telecomedia. El alcalde de Barcelona deja el cargo, pero no para sufrir público martirologio en el barrio de El Carmel, sino... ¡para irse a Madrid como Ministro de Industria! (¡no, no es broma!).
And last but not least... ¿qué decir de la puta gotera gentileza del vecino de arriba? Caos y destrucción; renacer imposible... el mundo se derrumba y ahí está Oliver Stone para rodarlo.
Ays, ¡qué ganas tenía de retomar la pluma y despotricar un poco! ¿Será adictivo? ¿Lo llevaremos en los genes? ¿Fui en otra vida presentador del Aquí hay tomate? ¿Me puede el esperpento?
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Galicia 2006.— Sí, ya comienza a ser un clásico: en septiembre toca que les cuente qué hice con mis vacaciones, con ese tiempo de asueto que uno aprovecha para plantearse todo lo feliz que podría llegar a ser si le tocase la lotería o se acordase de él la baronesa Thyssen en su testamento. Sin ánimo revanchista, sin pretender presumir de "viajado". Dos semanas sin cine y, sin embargo... pensando continuamente en él.
¿Extraño? No, no, déjenme que me explique. Soy de esos tipos que ha redescubierto la fotografía merced a la revolución digital y me paseo por callejuelas, valles y barrancas con mis millones de píxeles en ristre, tratando de hacer perdurables cosas que se idearon para ser olvidadas (esa es la finalidad de todo turismo: lograr estampitas con las que decorar el álbum de nuestro tiempo perdido, Proust mediante).
Este año tocó Galicia o lo que quedó de ella tras la concienzuda labor de cafres, especuladores, afrentados y descuidados. Hay tantas teorías sobre los incendios que asolaron esta región a principios de agosto como gallegos dispersos por el orbe, así que no pienso darles la mía. Pregunten aquí y allá y sorpréndanse de la estrechez mental de algunos.
Hablaba de la imagen. Perdonen que vuelva a Chris Marker, un tomavistas profesional que me lleva medio siglo de ventaja —en edad— y un par de años luz —en lo que a hondura de análisis se refiere—. Se pregunta él muchas veces si el mero hecho de estar allí con una cámara, de querer apropiarse de ese no sé qué que se esconde tras una sonrisa, en una avenida, entre el oropel multicolor de una fiesta local o en esa actividad aparentemente incomprensible para el recién llegado... si el estar tan pendiente de captar las imágenes, digo, no nos hace —en cierta manera— desperdiciar el momento, malgastarlo en pos de una mistificación utópica (esa foto, esa grabación) que no servirá sino para emborronar nuestro recuerdo.
Lo pensé vagando por las plazas de Santiago, en lo alto de la Torre de Hércules, enardecido por los vapores de Las Burgas o verificando el perímetro de las murallas de Lugo. La imagen que tenía de estos lugares antes de visitarlos... ¿tiene ya algo que ver con la que me llevé de allí? ¿Y por qué elegí fotografiar ciertas calles desde ciertos ángulos y no otros, pretendiendo que las demás pasaran inadvertidas, condenándolas al olvido visual? ¿Por qué no fotografié los campos quemados y me esforcé en cambio por recopilar instantáneas cargadas de verde? ¿Acaso no sabemos —antes, incluso, de salir— todo lo que nos traeremos de vuelta de nuestros viajes?
Workingman’s Death.— No cesan de llegar documentales con mucha clase, poderío y contundencia (parezco ya José Luis Moreno...). De una forma harto naturalista, Michael Glawogger se acerca al "vivir cada día" de cinco colectivos harto desafortunados, cinco comunidades de trabajadores que desarrollan actividades —dicho finamente— en entornos extremos. Cinco oficios que hacen que a uno le entren ganas de correr al despacho del jefe, asirlo entre sus brazos y darle un sonoro beso en la boca. Cinco brutales maneras de tortura autoasumida, de subsistencia, de muerte en vida.
La bobalicona sonrisa de la Mona Lisa.— Esquematismo, interpretación pueril del texto. Maniqueísmo. Simplonería. Julia Roberts es profesora de una "universidad" para niñas bien en la Norteamérica de los 50. Ellas son retrógradas y repipis y sólo piensan en su futuro como felices consortes. Julia tratará de rescatarlas de su mayúsculo error, porque ella es muy moderna y conoce la pintura de Jackson Pollock.
Hay películas que logran el milagro: después de verlas, uno tiene la íntima convicción de que ya es un poquito más idiota. Esta es una de ellas.
Escándalo en París.— Un divertimento magnífico este que viene firmado por Douglas Sirk, con una de las presencias más inquietantes en las pantallas de por aquel entonces: George Sanders.
¿Encontré el eslabón perdido entre Sirk y Ophüls? No lo sé, pero Escándalo en París destila socarronería y elegancia fin de siglo. Se nos narran con agradecido desenfado las primeras aventuras criminales de Vidocq y su posterior conversión en jefe de la policía de París. Nada es demasiado serio, nada es del todo risible. ¿Sencillo?
La última de Jacques Tourneur.— La ciudad sumergida fue el colofón a una carrera apabullante, pródiga en grandes títulos (¿les parece poco La mujer pantera, Yo anduve con un zombie, Retorno al pasado, Berlín Express o El halcón y la flecha?). La recordaba envuelta en el celofán más primoroso, aquél que utilizamos para nuestros recuerdos más queridos (los de la infancia, se entiende). Gran pecado: revivir experiencias que de pequeños nos parecieron contundentes es una empresa condenada al fracaso.
Ingenuamente hermosa, aún con todo, La ciudad sumergida es una aventura muy Julio Verne con todo lo necesario para volver turulato a un niño ávido de héroes, guapitas de cara, malvados megalómanos y monstruos abisales. El que ya no me impresionase de la misma manera no es más que la constatación (algo angustiante) de que me hice viejo para disfrutar al 100% ciertas películas. Tourneur, en cambio, sigue igual de joven... ¡qué envidia!
Tiempo de valientes.— Argentina es tierra de grandes nuevos autores, aunque sea más bien poco lo que podemos ver de estos en España. Tras el 'boom' Nueve reinas, el cine que dejan estrenar aquí de allá apuesta por el tópico "proteccionista": «qué pobrecitos que son, qué mal lo están pasando y... ¡míralos, aún ríen! ¡Criaturas! ¡Santa inocencia! ¿Adoptamos uno?»
A mí este tipo de modas "miserabilistas" me da bastante por ese sitio, la verdad. Y en el caso del cine que nos llega de este país, la cosa ya ha tocado fondo: «¡la comedia argentina de la temporada!». Películas escasamente comprometidas, "cómodas" para este primer mundo que habla español, tan orgulloso él. [No me malinterpreten, che: la culpa, nuevamente, es de la usurera distribución].
Dicho lo cual, decir que Tiempo de valientes se deja ver y que incluso funciona mejor que No sos vos, soy yo (el listón tampoco estaba muy alto que digamos). Una buddy movie cuyo argumento seguramente acaben fusilando los norteamericanos: policía 'apatrullando' la ciudad con psicólogo como acompañante, que aprovecha la ronda para impartirle una terapia tan manida como efectiva.
Ya la olvidé, pero me la comí a gusto... no es mucho, lo sé.
Arranca cinearchivo.com.— Encuentro masónico en las faldas del Tibidabo. Media docena de cuarentones que llevan mamando cine desde mucho antes que yo mamase leche. La reunión (muy allenesca, muy burguesa, muy catalana) discurre sin un tema único, así que aprovechamos para dar bandazos continuamente, pasando de lo 'juno' a lo 'jotro'. En el calor de la noche tengo ocasión de conocer a Tomás Fernández Valentí, ponderado crítico de la inefable Dirigido por..., del cual prometo leerme algo en breve (Tomás, de verdad, que no es pose... ¡no consumo crítica de cine!).
Pero con quien tengo mas oportunidad de departir es con Christian y Álex, responsables del invento. www.cinearchivo.com arranca con ambiciones: "convertirse en la fuente de información y documentación cinematográfica más completa en español". Siempre es bueno apuntar alto —por lo que pueda pasar— así que mucha suerte (¿no es este el factor primordial en cualquier empresa que emprendemos?).
Fin de las loas interesadas (coño, pero si yo mismo escribo ahí... ¡seré fatuo! ¡Montilla a mi lado es un ejemplo de honestidad!).
El gallego que lidera trendesombras.com.— Hoy va de webs amigas. Practicar el buen cine no tiene por qué ser una actividad forzosamente solitaria, tal y como la gente cree. De verdad: se conoce a gente. Objetarán ustedes que manteniendo relaciones sexuales también, pero ese loable objetivo requiere de mayor planificación y esfuerzo. Yo soy consciente de mis limitaciones y me circunscribo al mundo del cine [Interesadas en cambiar mi modus vivendi, escribir a j_chambli@yahoo.es, especificando en el tema "cine por sardina". Adjuntar foto reciente].
Ya me estoy subiendo a la parra. Decía que gracias al cine he conocido a tipos la mar de curiosos: uno de ellos es José Manuel López, el alma máter de trendesombras. Practica éste el denominado 'cineturismo': le da por desplazarse por la geografía hispana en pos de gente que conoce por la red, para ratificar o refutar opiniones, contrastar pareceres, debatir (o no) y defender gustos suyos y sólo suyos. El perfil es, desde luego, el de un tipo sospechoso: si cambiásemos el cine por la religión y dejásemos que al personaje le creciese una tupida barba, estaríamos sin duda ante un talibán dispuesto a degollar infieles palomiteros en nombre de los hermanos Lumière. Lo reconozco: de vez en cuando lo estrangularía con mis propias manos por sus recomendaciones malsanas. Otras, en cambio, le arrebataría la cimitarra para cercenar yo mismo un buen número de cabezas de esas que dicen "amar al cine", atentando contra el buen gusto por tierra, mar y aire.
José M. (como a él le gusta firmar), desde una de las páginas más genuinamente artesanales de la red, es capaz, número tras número, de transmitirnos esa pasión suya que no conoce límites ni mesura. Quedan pocos, así que no me lo maltraten.
Caterina se va a Roma.— ¡Ays, el cine italiano! Qué lástima que lo que nos llegue deba contentarse con el adjetivo "simpático". Porque simpática, sin duda alguna, es esta Caterina, hijísima de Castellitto (tan histriónico y, sin embargo, tan humano como siempre). Tras sus revolcones con Penélope Cruz en No te muevas, lo vemos convertido ahora en un fracasado abnegado, dispuesto a situar a su hija entre lo más granado de la sociedad italiana.
Muchísimo más amarga de lo que pudiese parecer a simple vista, Caterina... sorprende por ese tono desencantado, esa desilusión que un hombre con inquietudes y sin buenos padrinos es capaz de hacer repercutir en toda su familia. Se agradece que la crítica carezca de filiación política: dispara contra derecha e izquierda, contra dirigentes y supuestos intelectuales que terminan por cohabitar en la cumbre, sin importar camisas pardas o rojas.
Y es que un buen apellido siempre ayuda...
"Catástrofe humanitaria" en el aeropuerto de El Prat.— Rostros desolados, lágrimas incontroladas, mujeres rotas como si hubiesen perdido al padre, al marido y a la hija de una tacada, zaheridas por la cruenta guadaña. Hombres fuera de control, dispuestos a agredir a la señora de la limpieza que pasa por allí, al taxista que aguarda en recepción o a ese tío con cara de gumio que espera a un primo suyo de Tenerife. Rabia por canalizar y demasiado estrés pre-vacacional.
Los medios insisten una y otra vez en la misma imagen: centenares de urbanitas ("¡te podría haber pasado a ti!") recostados sobre el mismísimo suelo (¡"qué barbaridad! ¡Tamaño ultraje!"), echadas sus vidas por la borda del crucero al que ya no podrán embarcar, vagando por los pasillos que unen las diferentes terminales, como almas en pena, rezagados de la Santa Compaña... la existencia como tal carece ya de sentido, «¿qué será de mí sin la esterilla extendida en Punta Cana? ¡Seré el hazmerreír de la oficina!»
Sus sacrosantas vacaciones saboteadas por unos desgraciados que defienden algo tan poco glamouroso como su puesto de trabajo. ¡Puta plebe! Unos trabajadores de Iberia calentados por unos sindicatos irresponsables ("no, si yo no he sido...") que parecen haberse contagiado de la prepotencia de los pilotos del SEPLA. Y que se aprovechan de que prestan servicio en un sector estratégico para hacerse oír del modo equivocado, a destiempo y granjeándose el odio de la opinión pública (que es la que hace ganar y perder batallas, por mucho que creamos que la razón nos asiste).
Un caos, sí. ¿Un desastre? ¡Bah, hombre, bah!
Mel Gibson, el azote de los judíos.— Está de moda esto de pillar una curda del quince y decir cosas políticamente incorrectas, dejando fluir libremente nuestro superyo más acallado, reprimido e impresentable. Primero fue Jackie Chan, que no se cortó un pelo y aprovechó un concierto para saltar a la pista y cagarse en el respetable. Le toca ahora el turno al ejemplar padre de familia Mel Gibson, aliado de Ratzinger y reserva espiritual de Occidente, que tras ser pillado con un pedal de padre y muy señor mío se dedicó a insultar al pueblo judío (¿iría mal la recaudación neta de su sanguinolenta Pasión por Israel?).
¿A quién se le ocurre, Mel? Te has buscado la ruina, chaval. ¿Es que no ves las noticias? Por mucho menos arrasaron el Líbano, con que... ¿qué no harán contigo, pimpollo?
¡Crucifixión!
Terrorismo titular.— Hay gente que colecciona títulos de películas porno, buscando el chascarrillo más o menos zafio, la contundencia, la rima imposible. Lo mío son las películas estivales, traducidas con desparpajo y poca vergüenza por unos figuras sin equivalente en ninguna otra actividad artística. A manera de pasatiempo, les reto a que le echen una ojeada a la cartelera: descubrirán maravillas como Cariño, estoy hecho un perro, Que les den o Fofita, una foquita la mar de salada... vamos, que dan ganas de dejar de leer esto y salir corriendo a verlas, ¿verdad?
Pero para frase promocional "lograda", la de Locos por el sexo (sí, lo han adivinado... española). Lírica y drama se dan la mano en un aforismo abierto a múltiples interpretaciones y que apenas despeja nada sobre la trama en sí misma: «Confiaban ciegamente en su psiquiatra... ¡y les llevó a un puticlub!».
Serie de series.— Quinta temporada de Jack Bauer, el nuevo matamoros de Occidente. Los Emmy fueron este año generosos con la serie estrella de la Fox, esa ultraconservadora 24 que logra dosificar el suspense hasta el infinito, cargándose un presidente yanqui cada 20 capítulos. Pura adrenalina.
Me sorprende (y me agota rápidamente) el pase por un canal autonómico de Kingdom Hospital, remedo "americano" del The Riget larsvontrieriano. Desde luego, Stephen King no tiene mucha vergüenza: increíble cómo logra banalizar la ironía nórdica. (¡¿Todavía hay quien piensa que The Kingdom era una serie de terror!?)
Por último, resaltar la curiosa Invasion de Shaun Cassidy, que se va a quedar en una única temporada tras la negativa de ABC a darle continuidad (por lo visto el coste de cada capítulo fue el principal argumento para su suspensión). 22 capítulos, pues, que oscilan entre La invasión de los ultracuerpos, Kramer contra Kramer y Señales... suspense inteligente, aunque acuse —y mucho— su origen televisivo y la empalagosa defensa de la familia como ente único e indisoluble (¡con Spielberg basta!). Apúntense el nombre de su protagonista: William Fichtner, uno de esos actores de reparto con una cara de esas "que he visto en algún otro lugar".
Johnny Depp se va de vacaciones con todos los gastos pagados.— Segunda entrega de los Piratas del Caribe, ya saben: el bucanero, el galán y el florero casamentero. Argumento mínimo y espectacular despliegue de efectos especiales gentileza de Industrial Light & Magic (¡así cualquiera!).
Los supuestos actores Orlando Bloom y Keira Knightley (nooo, qué va, un buen cuerpo no me ha ayudado nada en mi carrera... ¡yo lo que tengo es talento del bueno!) se convierten en meras comparsas de Jack Sparrow, un Johnny Depp desatado que da rienda suelta a su vocabulario gestual, con inigualable repertorio de muecas ambiguas (y que convierten a Jim Carrey en 'cara de palo').
Explosiones (Bruckheimer es mucho Bruckheimer) y referencias a la atracción Disney en que "se basa". Pero es que tampoco buscaba mucho más... ¿o qué se creen, que la tercera entrega será una crítica a la política del gobierno Bush en Oriente Medio? Disfruten, relájense...
El tipo que abofeteó a Gilda... (¡violencia de género!)— Otro grande que se fue por la puerta de atrás, en silencio, mientras la mitad de los que escuchábamos la noticia nos preguntábamos "¡coño! ¿Pero Glenn Ford no estaba ya muerto?".
Cada cual que elija su preferida. Las hay incuestionables, como Los sobornados, Semilla de maldad o Un gángster para un milagro. Yo me quedo con El tren de las 3:10, de Delmer Daves, donde compuso uno de los fuera de la ley más arrebatadoramente románticos de la historia del cine (por encima de su Yancey Cravat para Cimarron).
Mundo singular.— Agosto es un mes muy duro para periódicos y agencias de noticias. No hay 'fúrgol' y los partidos de pretemporada contra el Locomotiv de Chechenia no acaban de cuajar entre la audiencia. Así pues, se impone tirar por la acera de en medio, trufando las ediciones veraniegas de noticias de alcance, con gran calado social. Y si no, lean, lean:
"La policía china desmantela las funciones de striptease en los funerales rurales".
«La típica costumbre del medio rural chino de amenizar funerales con "stripteases" podría desaparecer después de que cinco personas fueran detenidas por organizar este tipo de funciones.
Todo comenzó el 21 de Agosto, cuando la Televisión Central de China ofreció una información en la que se hizo eco y criticó las funciones obscenas ofrecidas por dos compañías de strippers en el funeral de un campesino del distrito de Donghai. Unos 200 vecinos, incluidos varios niños, asistieron a las actuaciones, habituales en los entierros rurales para atraer espectadores, pues existe la creencia de que cuantos más asistentes acudan al entierro, más honor para el fallecido».
Comencé esta columna "flipando" y acabo alucinando. Estoy muy cheli este mes.
Todo por la audiencia señores. El pueblo es sabio y con tal de que tu entierro sea multitudinario, tu mujer y allegados están dispuestos a montar la de Dios (a tu costa, claro, pero... ¡la de Diiiioooos!).
Qué quieren que les diga. Entre ver desfilar a todos enlutados con el moquillo colgando o un alegre chirri y/o cipote dando botes sobre mi ataúd... ¡no hay color!
Ahora sabemos a qué se refería Mao con lo de «el gran salto adelante». Oh, siiiii... |