número 55 • OCTUBRE 2006
[Los personajes que aparecen en el siguiente relato son del todo ficticios. Cualquier parecido remoto con personas y/o animales vivos y/o muertos es mera coincidencia. Y cualquier interpretación torticera al respecto es fruto de enrevesados procesos mentales por parte del lector.]
Jean Patresky, el afamado crítico ucraniano exiliado en París tras verse involucrado en un oscuro caso de acoso sexual a las alumnas asistentes a su curso "Planificación multimedia y montaje desincrónico" en la Estatal de Bratislava, había arribado a nuestro país invitado por la prestigiosa UFP (Universitat per Fills de Politics) para dar una conferencia titulada "Kawase y yo. Lo onírico en la cultura oriental o cómo cazar mariposas desde la atalaya de Bresson".
Por su parte, me constaba que Carlos Botero, el indiscutible crítico de cabecera de La Galaxia, estaba de vuelta de su estancia en Venecia, donde —al parecer— había montado un bonito escándalo junto a la presidenta del jurado. Un asunto turbio que incluía un karaoke, 12 botellas de lambrusco, el premio a la mejor actriz y una sórdida habitación de motel...
La oportunidad la pintaban calva, así que los cité a ambos en un bar de Barcelona con la sana intención de provocar un baño de sangr... un enriquecedor intercambio de pareceres, contraponiendo dos puntos de vista diametralmente opuestos. Seguro que saldría algo bueno de todo aquello; sí, tenía que ser la entrevista que me consagrase definitivamente entre la gente de "la cosa". Ya me veía en primera página del Garabatos de cine...
Botero apareció bastante perjudicado, con cara de no haber dormido en toda la semana. Tenía un ojo hinchado que no alcanzaba siquiera a disimular tras sus gafas modelo Arias Navarro. Patresky, por su parte, me dio la impresión de ser un híbrido entre Jean-Paul Sastre y el Igor de El jovencito Frankenstein.
Nada más verse, se saludaron el uno al otro en un ambiente de francachela y mutuo reconocimiento, bastante común entre las gentes del cine.
—Hooooooombre, tú eres ese gafapasta mal follao, ¿no?
—Y usted el terrorista del arte en nómina, supongo.
—El gusto es mío, 'pringao'.
—Vete al infierno sin Virgilio, bellaco.
—¡Fenomenal! —traté de intermediar—. Veo que ya se conocían, jeje. Bueno, para romper el hielo —y mientras averiguo cómo funciona esta grabadora inmunda— me gustaría que cada uno diese su definición del cine... así, en genérico... sin...
—El cine es como una puta a la que tienes que mantener... ¡y encima se hace la estrecha! —contestó Botero, encendiendo su primer cigarrillo—. Como diría Sabina, ese gran trovador de lo urbano, el cine nos permite huir de nuestras amantes en las noches interminables de Madrid. ¿Me pillas?
Jean Patreski lo miró con desagrado. Hurgó en su macuto y extrajo un libro. Lo abrió por una página profusamente subrayada y leyó con sentimiento, tras aclararse la voz y realizar una rápida nota al margen:
—Mi tocayo Godard dijo durante una conferencia de prensa...
—Ostiaaaas, ya salimos con el gabacho ese... mal empezamos tú y yo...
—...que el cine era "la manera elegida por Balzac y Dios para manifestarse a los hombres". No seré yo quien trate de apostillar tan acertada frase...
—¡Camarero! Un Gin tonic, por favor... joder, esto va a ser más duro de lo que creía... ¿alguien tiene papel para liar?
—...aunque si buscásemos un denominador común, un rasgo que aunase la dialéctica de los Straub con el funambulismo versallesco de Assayas, podríamos decir que el cine es el arte de callar, de no decir lo dicho, de intuir lo olvidado, de olvidar lo aprendido, de aprender lo memorizado, de matar la memoria del olvido mediante la intuición del aprendizaje callado... y así hasta no acabar nunca, porque la sabiduría tiende al infinito del mismo modo que la ignorancia se reduce a la nada a medida que los siglos gotean.
Jean le dio una segunda vuelta a la bufanda alrededor de su butílico cuello, al tiempo que vaciaba el cubilete de su pipa en un cenicero.
—Pe... pe... ¿pero tu has oído a este gilipollas?
—Para usted profesor, profesor Jean Patresky, titulado superior por Damasco, Elsinor y Kuala Lumpur. Estoy en posesión de cuatro masters, el first y un diploma acreditativo de mi asistencia con aprovechamiento a un curso de tricotaje junto al hijo bastardo de Jean Vigo.
—Sería mejor, quizás, que cambiásemos de tercio... por cierto, ¿cuál fue la mejor película que vieron estos días en Venecia?
—Bueno, nada más llegar conocí a una corresponsal francesa bastante guarrona, así que poco pude disfrutar de las películas... vamos... ¿me entiendes, no? —su mirada turbia se posa en el servilletero, mientras no cesa de frotarse la lengua contra el carrillo izquierdo—. Cada vez que pienso en el modo que tenía de agarrarme el...
—Estoooooooo... señor Botero, entiéndame usted... algo tendré que extractar de esta entrevista y no me gustaría que...
— Perdón, perdón... olvidé que a los maricones no os gusta que los demás presumamos de haber mojado el churro, ¡¡juuuas, juuuuuas!! —su risa ronca acabó transmutándose en un estertor tuberculoso, mientras todo su cuerpo se retorció en una danza animista, próxima a la catatonia—.
Me quedé con la mirada perdida en una fotografía harto conocida de Doisneau, colgada en el fondo del bar. Suspiré.
—¿Decía usted...?
—Mira, pichacorta, la mejor sin duda fue la última de Woody Allen. Cine arriesgado en las formas, como os gusta decir a los modernos... y sale Scarlett Johansson, a la que le echaría tres en lo que usted se alisa el tupé...
—Me lo creo, los eyaculadores precoces tienen ese don —sonrió Jean—.
—Buenoo... jeje, un poquito de paz, concordia y armonía, ¿eh? Así me gusta... ¿y usted con cuál se queda, Jean?
—La sorpresa del festival fue sin lugar a dudas la producción indostaní Roner Kebah Der Mutanga, de Jofanni Miasma, un joven director turco exiliado también en París... ¿qué casualidad, verdad?
—Sí, todo el talento del mundo acaba en París, si es lo que quería decir.
—Prefería que lo dijera otro... ¿sabe? La modestia a perpetuidad sólo conduce al olvido. Decía que este filme único, a medio camino entre Bradenauer y Konchalovski, transporta al espectador a un mundo de sensaciones, de indicios, de pálpitos. Un drama brechtiano que cae de vez en cuando en el efectismo —no había razón alguna para utilizar lentes Zeiss de 4 pulgadas desenfocadas, sometidas a un post-aclarado en nitrógeno líquido— pero que contiene el esqueleto de una gran obra, semilla primigenia de una futura aportación mayúscula al arte de Pudovkin y Murnau.
—Pues yo lo que vi fue a una tía durmiendo en una hamaca durante 198 minutos... pero lo mismo me equivoco de peli, ¿eh? Porque la francesa... jooooooder con la francesa... ¡qué marcha tenía la tía!
—Eso es porque sólo se quedó en lo superficial, algo bastante habitual entre la gente de su calaña, integrantes de una raza inferior que llegó al mundo del cine sin recibir clases del gran Anatoly Kratayev. El cine antinarrativo —es decir, el cine fluido en continua metástasis— propone un trasunto de descubrimiento personal que ustedes los talibanes del guión y el acontecer son incapaces de interiorizar, de deglutir, de integrar en su ADN... es como darles trufas a los cerdos; una absoluta pérdida de tiempo, un desperdicio mayúsculo.
—¡Camarero! ¿Es que aquí no está reservado el derecho de admisión? ¡Estoy rodeado de chusma! ¡Apesta!
—Que... ¿qué corrientes cinematográficas consideran más en forma en el panorama mundial?
—El cine de acción de Hollywood. Se sale, como siempre. Saben qué rodar y cómo hacerlo. Lo que me gusta de los americanos es que apenas leen y eso mejora su cultura visual. De largo.
—Bueno, dejando de banda las boutades de mi colega, cualquier persona con un coeficiente intelectual mayor de 45 convendrá conmigo en que el cine eslovaco está en plena ebullición, tras el progresivo eclipse de La Escuela Paupérrima de Costa de Marfil, colectivo de directores africanos que se dedicaron a rodar encuentros sexuales entre simios durante el verano de 2003 y la primavera del 2006, completando el escalofriante fresco histórico Monikako. Película que supongo Botero desconocerá por completo, a pesar de que se proyectó a las tres de la mañana en el pasado Festival de Locarno, en la sección perpendicular a la paralela, titulada Internacional Bullshit: enjoy the rubbish!
—No, no tuve el placer. Estaría disfrutando de la noche, nene, arrimado a alguna mulata... buah, ¿habéis visto a la camarera? A esa sí que le hacía yo una panorámica, seguida de un travelling frontal... ¡cómo está el servicio! ¡Rubiaaaaaaaaaaa!
—Je, usted tan extrovertido como siempre... ¿hacia dónde va el cine? Alguna idea, algún pálpito?
—El cine, como tal, está muerto.
—¡Tú si que estas muerto, carcamal! —Botero resbala de su silla, pero antes de caer al suelo se las apaña para pellizcarle el culo a la camarera—.
—El hecho cinematográfico vive sus peores momentos desde la crisis tarkovskiana de mediados de los setenta, cuando su colega y biógrafo Usupov escuchó decir al maestro: «creo que hoy no me apetece escuchar trinar a los pájaros». Todo eso lo plasmó en su espléndido libro "Escupir a tiempo, o como liberarse de los gargajos malignos". ¿Lo ha leído? —preguntó irónicamente—.
—¡Ni puta idea! El cine está mejor que nunca, de coña: se hacen pelis muy caras que la gente va a ver y el consumo de palomitas se sale. Hay que fijarse en los datos relevantes, coño, no en el número de licenciados de Bellas Artes que tienen un orgasmo con la última de Yia Yia Ye..
—Jia Zhang Ke, si no le importa... es amigo mío, estudiamos juntos semiótica birmana en Aquisgrán, tras la caída del muro.
—Bueno, como quiera que se llama el chino ese hijo de su madre. ¡El cine está bien porque la gente va y punto! ¡Mientras se hagan obras maestras como Alatriste, no corre ningún peligro!
—En eso estamos de acuerdo: estupendo cine de autor disfrazado de producto comercial para evitar la censura castradora de una distribución cegata.
—Perdón, Sr. Jean... ¿le gustó Alatriste?
—Por supuesto, una propuesta muy honesta. Por momentos me recordó al pre-montaje de El Quijote que dejó Orson Welles a manera de testamento...
—Supongo que en esta opinión suya no tiene nada que ver su reciente contratación por parte del grupo LENTO, principal accionista de...
—¡Cómo osas calumniar así a este profesional! —interviene Botero en su defensa, poniéndose de pie—. Es impresionante la labor que está haciendo el grupo LENTO a favor del cine español... ¡sin ir más lejos, van a producir Torrente cinco, por el culo te la hinco, apostando por un cine comprometido, directo, superado ya el franquismo endémico de este puto país!
—Bien, bien, creo que no me he expresado correctamente... no era mi intención levantar la menor sospecha sobre su inmaculado colega...
— Está usted nervioso, joven... —tercia Jean, conciliador—, no tiene porqué disculparse. Es normal, rodeado de la cream de la cream del mundo de la crítica, se habrá ofuscado... típico afán de protagonismo propio de su edad... usted, que apenas habrá acabado el Instituto, sin ningún título...
Respiro profundamente.
—Bueno, reconduciendo nuestra conversación...
El camarero trae una bandeja con canapés. Antes incluso de que la deposite sobre la mesa, los dos se abalanzan sobre su preciada carga.
—¡El de caviar lo vi yo primero, maldito eslavo fracasado!
—¡A partes iguales, como hicimos con los de Cannes! ¿Trajiste fiambrera?
—Señores, señores... ¡compórtense! Un poquito de templanza, demonios... creía que les pagaban las dietas...
—¿Y eso que tiene que ver con esto, aquí y ahora? ¡Malditos intelectuales! Como dice mi amado Bob Dylan: "trinca lo que puedas, brother".
—Eso lo decía Jesús Gil y Gil, también...
—Lo cuál demuestra que tenía algo de cultura musical, coño —Botero se introduce su quinto montadito, al tiempo que hace una señal en dirección a la barra—. ¡Este whisky está aguado! ¿Sabes por dónde te puedes meter tanto cubito de hielo?
Por su parte, Patresky ha envuelto media docena de bikinis de salmón en un papel de periódico, introduciéndose el bulto en su gabardina.
—Uf... a ver, me estoy perdiendo, señores...
—¡Unas braaaavas! —bramó Botero—.
— En serio... sin ánimo de ofender... ¿cómo llegaron ustedes a vivir de esto?
Los dos se quedan callados, mirándose extrañados. Botero se limpia los morros con la manga de su jersey.
—¿Qué coño significa eso? Ah, ya, ya me conozco el perfil... el típico arribista que quiere hacerse un hueco en lo alto, ¿eh? Mira, niñato de mierda, ¡yo he visto todas las películas de Howard Hawks! ¡Incluso las 27 de Andrei Tarkovski!
— Tiene siete...
—¡Cállate, payaso! ¿Pero no ves lo que está pasando? Este aficionadillo de tres al cuarto trata de ridiculizarnos, de convertirnos en cabezas de turco, como si tuviésemos la culpa de algo... ¡trata de hacernos creer que nos debería de gustar el cine por el mero hecho de ser críticos! ¡Será cabrón!
—¿Y no es así? —pregunto ingenuamente—.
Suena el móvil. Botero lo coge con desgana, dejando un canapé a medio masticar en la mesa.
—¿San Sebastián? ¿Que vaya a San Sebastián? ¿Qué coño se me ha perdido allí? Ah, si, el Festival de Cine... mierda, ¿y no podéis mandar a otro? Pilla mis crónicas del año pasado y cámbiales las fechas... sí, las españolas a concurso magníficas, las chinas son basura y las americanas entretenidas. ¡Deberías de saberlo ya, pimpollo! Por cierto, guapa... ¿hoy qué llevas puesto? Buf, ¡no sigas, no sigas! Porque me coges con 30 años de más, que si nooo...
A Jean también le suena el aparato, que extrae algo aceitoso de su voluminosa gabardina.
—¿Sí? ¿Festival de dónde? ¡Ah, si, Gijón! Espléndido, espléndido, sigo atentamente vuestro arriesgado trabajo. Sois un referente mundial, si. ¿Que si me interesa ser jurado? Sí, si, muy honrado, pero... el caso es que tengo un caché... en Rotterdam coticé a 4.000... no, rublos no, en euros... si queréis que gane la malaya me tendréis que hacer presidente y eso es otra tarifa...
Miro el reloj despreocupadamente. Es viernes, creo que hoy estrenan Garfield 3. Aún llegó a tiempo de la segunda sesión.
—¡Pues manda al puto becario ese, el que habla cinco idiomas y se masturba con pelis del Oliveira! ¡Que sí, que le ponga mi nombre y santas pascuas!
—Hombre, si queréis que la decisión del jurado sea unánime necesitaré a un argentino y a una actriz que haya trabajado con Fassbinder... fácil, fácil... ¿artista homenajeado? Yo os propondría a un primo mío que rueda en súper 8 impactos frontales de dummies, en la fábrica de Renault en Budapest... auténticamente experimental... sí, lo podemos colar como un alumno aventajado de van Sant... sí, fijo que ha asistido a alguna mesa redonda con Erice, ponlo también en el currículum...
Paro la grabadora y pido la cuenta. Los dos subrayaron que las consumiciones las pagaba yo.
—Mira nena, estaré muy ocupado... el Madrid juega el miércoles y he quedado con unos amigos... ¡que no, que yo no voy al cine, que si quieres la crítica me mandas el DVD!
—¿En mi habitación? Sí, si, una nevera bien surtida y tickets restaurante... ¿bufet libre? Perfecto, perfecto. ¿Tengo acceso al SPA?
Salgo cabizbajo del bar, arrastrando los pies. Creo que esto no habrá manera de colocarlo en ningún medio, ni alternativo ni mass media... ¡si al menos hubiesen hablado de Sokurov o Amenábar! Me lo tengo bien merecido, por darles cancha... la próxima vez, una entrevista a Bigas Luna o a Vicente Aranda, que siempre dicen la palabra "teta" y eso queda 'mu' bien en el titular...
¡País!