XXVII Mostra de Valencia

Por Joaquín Vallet Rodrigo

Un año más...

Cierto es que la Mostra del Mediterrani nunca ha destacado por tener una lógica interna o unos principios sólidos por los que discurrir y que la conviertan, por ello, en un evento revelador y, a la par, diferencial del resto de acontecimientos culturales. Pero pocas veces este hecho ha quedado tan patente como en la edición de este año. No vamos a entrar a comentar algunos detalles organizativos que, como siempre, son tremendamente mejorables (y me refiero, concretamente, al hecho de que no ha habido rueda de prensa para anunciar los premiados. Increíble pero cierto), pero sí a la oferta cinematográfica acaecida que ha convertido la Mostra en un batiburrillo inconexo de películas unidas, en ocasiones, bajo la peregrina apariencia de un ciclo. De ese modo, se ha exhibido la sección “manual de amor” o la de “otros mundos”, que incluían un conjunto de films en absoluto relacionados entre sí bajo ningún concepto, a excepción del tratamiento del tema amoroso o su pertenencia al género fantástico. Excesivamente baladí como para ser aceptado. El resto de ciclos ya han tenido unos objetivos más marcados como las secciones dedicadas a las cinematografías griega y húngara, o el titulado “malas compañías” que incorporaba un considerable número de films españoles de temática marginal. Éste último junto a los homenajes a José Coronado, Lina Morgan y Luis Lucia, han sido las inevitables representaciones que la Mostra ha brindado al cine español. No tan numerosas como el año pasado (lo cual es de agradecer), pero sin duda excesivas (¿a santo de qué un homenaje a José Coronado?). Sin ningún género de dudas, los dos apartados más destacados e interesantes han sido “Papá cumple cien años”, retrospectiva dedicada a ocho cineastas centenarios (Huston, Mann, Preminger, Reed, Rossellini, Vajda, Visconti y Wilder) que incluía obras maestras del calibre de El halcón maltés, El tercer hombre o Winchester 73 y, sobretodo, el homenaje a Robert Bresson en el Instituto Francés que dió la oportunidad de visionar cinco películas del maestro, aunque se obviaran títulos tan imprescindibles como Las damas del Bois de Bologne o Journal d'un curé de campagne.

...tocando fondo

El espejismo que muchos medios que comunicación quieren hacer ver respecto a la Sección Oficial de la Mostra es, sencillamente, eso: un espejismo. El nivel medio de las películas en competición este año ha sido horroroso. Como suena. Apenas han habido un par de títulos interesantes y éstos, en otras circunstancias, no hubieran destacado especialmente. Es por ello que el palmarés de este año ha sido grisáceo, propenso a dejar desiertas varias recompensas. Si bien es justo destacar que el jurado [1] ha sabido otorgar la Palmera de Oro a la única pieza destacable de entre tanta mediocridad (la eslovena Labour equals freedom), también es cierto que el resto del reparto de premios ha sido tan desconcertante que, en más de un apartado (el de fotografía, por ejemplo) no parece haber estado concedido por profesionales del medio. Con la reseña de las doce películas en competición, intentaré dejar claro este punto de vista.

Kochkach – Fleur d´oubli (Salma Baccar, 2006) Túnez

Incomprensiblemente galardonada con la Palmera de Plata, Fleur d´oubli es un ejemplo perfecto de la ramplonería reinante en la Sección Oficial. La película cuenta la historia de una adicta a las infusiones de amapola que, ingresada en un manicomio para su curación, descubrirá un nuevo sentido a la vida. Un argumento de todo punto ridículo, alargado en exceso durante algo más de cien minutos que pretende cubrirse con un tedioso halo de trascendencia al jugar con la deconstrucción temporal mediante contínuos “flash-back”. El problema de ello es que el conjunto resultante es un amasijo  de situaciones y ramificaciones argumentales tan mal desarrolladas narrativamente como pésimamente mostradas en imágenes. Los temas tratados (la homosexualidad, la adcción, la falta de contacto humana) jamás adquieren la dimensión requerida, ni poseen un corpus unitario lo suficientemente sólido. Por el contrario, hay un exceso de melodramatismo (que, ocasionalmente, hace pensar en Douglas Sirk) que convierte el resultado final en algo totalmente grotesco. El premio a la mejor actriz para Rabia Ben Abdallah suena a chiste y es un buen ejemplo de lo pasmoso que resulta gran parte del palmarés. La histriónica y exasperante composición de ésta actriz es para todo menos para ser premiada.

Eize makom nifla – What a wonderful place (Eyal Halfon, 2005) Israel

Sin duda, una de las mejores películas vistas en la Sección Oficial de la Mostra, aunque ello no quiere decir que What a wonderful place sea una obra plenamente satisfactoria. El film de Eyal Halfon narra varias historias simultáneas, con el núcleo central de la inmigración, expuestas de manera aleatoria aunque al final terminan cruzándose y encajando (de forma un tanto forzosa, todo hay que decirlo) con un estilo que, quizá, haga pensar en el de González Iñárritu. La cinta es extremadamente interesante al reflejar los estratos marginales de Israel desde una óptica poliédrica y muy convincente. Empero, el problema surge debido a la disparidad cualitativa de las diferentes historias. La vinculada a la prostitución, por ejemplo, resulta sobresaliente e incluso emocionante, todo lo contrario que el resto, excesivamente esquemáticas e insustanciales y con un mayor número de tópicos circulando por sus fotogramas. Ganadora del premio especial del jurado y del premio al mejor guión, ambos galardones son, sin embargo, insuficientes para una película más que correcta, muy a pesar de sus irregularidades. La admirable interpretación de Evelyne Kaplun, dicho sea de paso, merecía el premio a la mejor actriz con mayor justicia que cualquier otra.

Public relations (Samir Thikra, 2005) Siria

Public relations es una de las mayores insensateces cinematográficas que un servidor ha podido ver a lo largo de toda su vida. El film narra, con paradigmática idiotez, una enmarañada y por momentos incomprensible historia de divorcios y relaciones a tres bandas a lo largo y ancho de dos horas y media de metraje que se hacen, literalmente, insoportables. Por la película desfilan un cúmulo de personajes irracionales de los que no logramos entender ni sus rasgos psicológicos (caso de haberlos), ni mucho menos sus motivaciones, merced a un espantoso guión, de nulo progreso dramático, y a una farragosa labor de dirección de Thikra que tiene su punto más nefasto en la lamentable dirección de actores. Aún así, el jurado, en otra de sus enigmáticas decisiones, ha otorgado el premio al mejor actor para Fares Helou. Obra indigna de ser proyectada en cualquier festival de cine que ostente un mínimo de seriedad.

Love (Vladan Nikolic, 2005) Serbia

Love plantea, de entrada, unas premisas interesantes: la reflexión sobre el actual estado (social, mental) de un grupo de seres participantes en la Guerra de los Balcanes. Ello, sin duda, era un inmejorable panorama para que Nikolic realizara un fresco sobre la situación de un país con las heridas aún abiertas. Sin embargo, estas buenas intenciones acaban por conducir a la insatisfacción, ya que Love no está envuelta de una historia ni tampoco de unas maneras cinematográficas lo suficientemente atractivas como para resultar interesante. El film opta por el planteamiento laberíntico en el que se intercalan diversos puntos de vista de una misma situación a la manera de Tarantino o, incluso, Altman. Pero esto acaba resultanto un recurso absolutamente gratuíto ya que su funcionalidad se diluye totalmente en el escaso empaque de un argumento simplón y de unos personajes acartonados cuyas interconexiones parecen estar metidas con calzador. Una muy mediocre película.

Galazio forema – True blue (Yannis Diamandopoulos, 2005) Grecia

Esta película de Yannis Diamandopoulos cuenta las difíciles relaciones entre un joven homosexual, con deseos de ser artista, y su madre. El film, en un principio, juega con la deconstrucción temporal alternando el presente con los “flash-back”, sin excesiva coherencia debido a un tratamiento visual plano que no sabe establecer una línea formal que diferencie los cambios temporales. Después se estabiliza y la obra centra su mirada en las dudas del protagonista, sin embargo peca de pretensiones excesivas y el argumento se vuelve tan impreciso como el propio personaje. True blue, por tanto, es una pieza ambiciosa que quiere abarcar mucho más de lo que el escaso talento de su cineasta puede ofrecer, cayendo finalmente en el exhibicionismo fácil antes que en el serio tratamiento de los temas expuestos.

Bled number one (Rabah Ameur-Zaïmeche, 2005) Argelia

Bled number one es, por su parte, una de las peores películas vistas este año en la Mostra. El film está mostrado bajo el prisma de un exconvicto de una prisión francesa deportado a su país de origen, donde tendrá que volver a adaptarse. Uno de los mayores problemas del film es, básicamente, su contínua indecisión entre el tratamiento documental y la vertiente ficticia, así como la dilatación excesiva de una historia escueta (casi una mera anécdota), agravada por una inexistente labor de dirección. Zaïmeche se limita a ubicar la cámara y grabar, sin la menor noción de construír una puesta en escena mínimamente atractiva ni tampoco diseñar un punto de vista realista, ya que Bled number one juega también con la manipulación de la realidad. Asimismo, un buen número de secuencias lamentables (el sacrificio del ternero mostrado tal cual, sin cortes) y una narración inexistente y pesada redondean el pésimo resultado de esta cinta. No valen como defensa las palabras de su actriz principal, Meriem Serbah, que tildó de “necesaria” esta producción. Si de lo que estamos hablando es de cine, Bled number one no tiene excusa posible.

Delo osvobaja – Labour equals freedom (Damjan Kozole, 2005) Eslovenia

Sin ningún género de dudas la mejor película de todas las que componían la Sección Oficial, reconocida por el jurado con toda justicia con la Palmera de Oro y el premio a la mejor dirección para Damjan Kozole. Aún a pesar de ciertas irregularidades a lo largo de su (muy corta) duración, lo cierto es que Labour equals freedom es una muy buena película, cuya sencillez y modestia se convierten en unas valiosísimas virtudes. El film cuenta la difícil situación de un parado de cuarenta años incapaz de encontrar empleo y cuya relación con su esposa comienza a deteriorarse seriamente. Admirablemente interpretada por Peter Musevski, esta historia de personajes narrada con un tono admirable guarda en su interior una visión muy crítica sobre la Eslovenia contemporánea, aunque (y he aquí otra de las virtudes de la cinta) el aspecto social no se supedita jamás al tratamiento profundamente humano que Kozole sabe mostrar con gran coherencia y verosimilitud. En apenas una secuencia, la caracterología de los principales personajes queda perfectamente descrita y ello hace que Labour equals freedom avance con decisión y no pierda el tiempo en aspectos periféricos o en banalidades gratuítas. Una película excelente y, sobretodo, una grata sorpresa en un año tan pésimo.

Faltas leves (Manuel Valls, Jaume Bayarri, 2006) España

La representación española entre las seleccionadas ha sido, como bien se podía esperar, un verdadero bodrio. Producida, básicamente, en Valencia Faltas leves no difiere demasiado de las contínuas insensateces que se producen en esta comunidad, ya sea en formato cinematográfico o televisivo. Lo problemático del caso es que proyectos tan desastrosos como el presente obtengan todo tipo de ayudas y apoyos, tanto públicos como privados, sin duda motivados por el más descarado “amiguismo”. Sea como fuere, la cinta de Valls y Bayarri presenta una especie de reflexión generacional en el núcleo de una familia con “inquietudes artísticas”, mostrando un grupo de inaguantables e inverosímiles personajes envueltos en una sucesión de situaciones totalmente grotescas. La labor de dirección de sus (¡dos!) realizadores resulta monótona, denotando una irritante influencia televisiva que afecta tanto al ritmo (aburrida hasta la desesperación) como al lamentable trabajo interpretativo de un conjunto de mediocres actores. Impresentable.

Sto je Iva snimila 21. Listopada 2003 – What Iva recorded on october 21st 2003 (Tomislav Radic, 2005) Croacia

What Iva recorded on october 21st 2003 tiene de base un curiosísimo y más que interesante planteamiento cinematográfico: la película muestra, exclusivamente, la grabación realizada por una muchacha de catorce años a la que, en el día de su cumpleaños, regalan una videocámara digital. El problema de la película es que no diseña una salida argumental lo suficientemente atractiva, alargando en exceso la anécdota y las situaciones. Por consiguiente, el film se hace reiterativo, alejándose de la espontaneidad que, teóricamente, pretende exhalar a tenor de sus intenciones. Dicho de otra forma, no sucede absolutamente nada a lo largo de hora y media de duración, más allá de un conjunto de momentos (algunos más tensos que otros) que, a duras penas, pueden sostener por sí solos la atención del espectador. Una producción frustrada, víctima de unos objetivos no consumados.

Camping Sauvage (Christophe Ali, Nicolas Bonilauri, 2005) Francia

Esta tensa película francesa pronto se reveló como una de las más logradas de la Sección Oficial. El film cuenta la historia de una adolescente de diecisiete años que entabla una turbia relación con un maduro instructor de vela. Todo ello en el escenario de un camping veraniego. De grandes aciertos, entre ellos unas interpretaciones excelentes y una enigmática banda sonora, Camping sauvage destaca como un sólido drama dirigido con gran contundencia por sus realizadores aunque, quizá, situen excesivamente la mirada en el cine de François Ozon. Se le podría reprochar también una cierta precipitación narrativa (sobretodo en su primer bloque) que incide en la presentación de los personajes, un tanto tosca, así como en el cauce autodestructivo al que esos mismos personajes se van encaminando y que no está aprovechado como debiera. Empero, el film de Ali y Bonilauri es más que notable y sorprende el hecho de que haya pasado completamente desapercibido para el jurado.

Kukumi (Isa Qosja, 2005) Kosovo

Junto a Labour equals freedom, la mejor película proyectada a concurso en la Mostra. Una terrible crítica al conflicto bélico acaecido en Kosovo en el que un grupo de pacientes de un manicomio se ven repentinamente libres tras la firma de la OTAN y las fuerzas serbias. Su deambular por un país seco y destruído ofrece una impactante visión de la postguerra. Excelentemente dirigida por Isa Qosja (cineasta cuyo último largometraje data de 1987), en el que unos personajes totalmente alegóricos simbolizan las ansias de integración social en una realidad extrema y hostil que se cierra en banda ante cualquier deseo de progreso. La puesta en escena, minimalista y áspera, con un sentido poético muy particular (quizá influenciado por Tarkovski) tiene su más importante punto de apoyo en un ritmo sin duda premioso, pero imprescindible a la hora de entrar de lleno en las pretensiones del film y en la particularísima mirada que Qosja nos ofrece. Una magnífica película que, al igual que la ya comentada Camping sauvage, tampoco ha sido tenida en cuenta por el jurado.

Magic Eye (Kujtim Çashku, 2005) Albania

Una de las películas más apreciadas por el jurado, al serle concedida tres galardones: Palmera de Plata, el premio a la mejor fotografía y el premio a la mejor banda sonora. Sin duda, un conjunto de recompensas de todo punto excesivas para un film de muy baja calidad y en el que, sobretodo, sorprende el premio a la mejor fotografía, ya que Magic Eye posee una pobreza formal perfectamente acorde a la mediocridad del producto. La película narra la historia de un fotógrafo retirado que graba casualmente la muerte de una niña en la oleada de crímenes y violencia en la Albania de finales de los años noventa. Un punto de partida relativamente interesante (y que, en parte, puede recordar al Blow Up de Antonioni) malogrado por un desarrollo maniqueo e irregular que acaba por ofrecer una visión totalmente parcial que únicamente sabe arañar la superficie del conflicto, muy a pesar de las ínfulas con que Çashku plantea su película. Un final tramposo y manipulador redondea las más que discutibles intenciones de ésta lamentable película.

[1] Presidido por el cineasta español Jaime de Armiñán y compuesto por el productor australiano Greg Cokinakis, el catedrático y documentalista francés Emmanuel Larraz, el profesor de cinematografía marroquí Hammadi Gueroum y la actriz Pilar Velázquez.