A SCANNER DARKLY (Richard Linklater, 2006)

Por Alejandro Díaz

Entre tinieblas

Parece complicado abordar esta película de Richard Linklater sin acudir, aunque sea brevemente, al precedente que, en algún sentido, supone en su filmografía Waking Life, una obra en la que, al igual que ocurre en A Scanner Darkly, se emplea una técnica de animación llamada "rotoscopia" consistente en dibujar encima de imágenes "reales". En esta pieza de 2001, Linklater ofrecía una catarata de reflexiones y actitudes sobre los distintos grados de la consciencia, el valor de lo humano y la posibilidad de encontrarle un sentido a la existencia, de modo que el resultado final denotaba el interés del realizador por reflexionar, entre otras cosas, sobre el mundo en el que vivimos y nuestros vínculos con el pasado, y por plantear preguntas y retos intelectuales al espectador, sin responderlas, con el objetivo de despertar en él similares inquietudes. Por otro lado, la construcción de Waking Life se asemejaba a la de un hilo de pensamientos generados entre el sueño y la consciencia, a los extrañamente lúcidos torbellinos de ideas que perturban el descanso del que sufre insomnio debido a sus dudas y cuestionamientos de lo establecido. A esta (logradísima) sensación de fluidez onírica contribuía no poco la técnica de dibujo anteriomente mencionada, pues permitía al autor añadir detalles a su antojo a la narración para apoyar cada una de las ideas que deseaba exponer, así como incluir elementos que hubiesen sido mucho más complicados de obtener mediante imagen "real". En la penúltima secuencia de Waking Life , la voz de Linklater (acompañada de "su" dibujo) cuenta una anécdota referida al novelista Philip K. Dick, y precisamente A Scanner Darkly es la adaptación de una obra fantástica de dicho escritor.

En un artículo sobre la película ABC Africa publicado en "Miradas de Cine" dentro del estudio dedicado a Abbas Kiarostami [1], hago referencia a una serie de cineastas que han emprendido grandes cambios (al menos aparentes) en sus últimas películas, sembrando el desconcierto entre algunos de sus seguidores, pero evitando que su estilo se acomodase y perdiese el contacto con una realidad en cuyo seno cada vez resulta más complejo orientarse. Y ponía como ejemplo de ello a Richard Linklater y sus films Escuela de rock y Una pandilla de pelotas, los cuales perticipan de una "estética comercial" que disimula el carácter subversivo que atesoran. En una primera consideración, A Scanner Darkly podría parecer un simple repliegue del cineasta hacia la experimentación formal de Waking Life, mas la estrategia real de Linklater se nos presenta como más compleja y arriesgada de lo que parece a simple vista. En primer lugar, tenemos el hecho de emplear la rotoscopia (cuyo efecto visual puede repeler al espectador menos predispuesto hacia cualquier operación que se salga del lenguaje habitual de los mass media) en una historia con un guión mucho más lineal que, además, está basada en la obra de un famoso escritor de ciencia ficción. No conviene olvidar tampoco la presencia (a diferencia de en Waking Life) de actores ampliamente conocidos como Keanu Reeves, Winona Ryder o Robert Downey Jr.. El dibujo posterior permite a Linklater modelar interpretaciones y cuerpos a su antojo, con lo que la dictadura de las estrellas que aún impera en muchos productos de consumo mundial se invierte por completo, de modo que el realizador toma posesión total de la imagen mediática de los intérpretes. Podría decirse, pues, que A Scanner Darkly es un proyecto tras el cual se intuye la presencia de un autor, la cual se manifiesta de nuevo de manera tan sutil como inequívoca, pero siempre sin que los caprichos o fetiches personales impidan alcanzar cierto grado de fidelidad a un original literario.

A diferencia de otros directores de su misma generación y de las anteriores, Linklater aún no se ha diluido dentro de la industria ni tampoco su carrera se ha visto abocada a la marginalidad, el boicot o el agotamiento. Empero, el cineasta debe efectuar piruetas circenses para conseguir mantener su personalidad artística, para seguir construyendo una identidad cinematográfica, algo que parece resultar más y más complicado en los últimos tiempos. Es interesante que se haya estrenado un film como A Scanner Darkly y que casi simultáneamente haya salido, directamente en DVD en su caso, Mary, la última obra de Abel Ferrara. En ambos films se aborda la cuestión de la disolución de la personalidad humana dentro de una sociedad en decadencia, en el de Linklater mediante el sentido del humor lisérgico y en el de Ferrara a través de una mirada etílica y atormentada hacia el lugar que ocupa la religiosidad en los albores del siglo XXI. Algo similar puede decirse de la también reciente La joven del agua (M. Night Shyamalan), film que se (re)construye a sí mismo una y otra vez y con gran dificultad sin que sus elementos constitutivos consigan asentarse de forma rotunda. Es muy probable que ninguno de estos tres largometrajes sean la mejor obra de sus respectivos responsables, pero tal vez sean la única respuesta fílmica que han podido ofrecer ante una panorama de extrema desorientación, falto de referentes sólidos, sin caer en el cinismo, el ensimismamiento o sin convertirse en mercenarios. La multiplicación de elementos audiovisuales en la cotidianeidad occidental ha alcanzado unas cotas de saturación tales que resulta inevitable lidiar con los interrogantes y paradojas que inevitablemente plantean. Ello ha provocado el colapso de algunos cineastas que habían resultado fundamentales en años pasados, mientras otros han intentado afrontarlo directamente con estrategias diversas y algunos narradores cinematográficos y televisivos de nuevo cuño han conseguido alcanzar una suerte de neo-clasicismo definitivamente alejado del pastiche autocomplaciente. Y, por supuesto, los comentaristas de cine también se han visto afectados por unos nuevos tiempos especialmente difíciles de acotar en lo cinematográfico. Análogamente a lo que ocurre con los directores, hay quienes han optado por refugiarse en sus recuerdos de tiempos pasados y rechazar de plano, comodonamente, la inmersión en este océano formado por incontables corrientes [2], hay quienes intentan aplicarle planteamientos que cada vez tienen menos correspondencia con el status actual, y otros que han tratado de afrontar, en la medida de sus posibilidades y siempre a través de la reflexión y reinvención incesante de la actividad crítica, la titánica tarea de formular algún symploké de conceptos que permita arrojar algo de luz sobre el marasmo audiovisual del presente.

No es casual, volviendo a A Scanner Darkly, que la película narre la historia de un hombre que se piensa poseedor de las riendas de su destino, cuando en realidad no es más que una marioneta insignificante controlada por fuerzas ajenas a su conocimento y control. Tampoco es baladí el hecho de que se trate de un film con un devenir argumental incierto y una atmósfera pesadillesca en la que el fondo de las acciones no admite lecturas sencillas. ¿Y no puede verse un elemento como esos "trajes de camuflaje" que mudan el aspecto de la cara y la vestimenta de quienes los portan como una estrategia empleada por Linklater para, subrepticiamente, incrustar esas sensaciones contemporáneas de inestabilidad y dificultad para conservar la propia personalidad, en la estructura de su película?

[1] En Miradas de Cine nº 49, abril 2006. Enlace permanente al artículo

[2] Como prueba de ello baste consultar el artículo La catatonia nacional, publicado en "Tren de Sombras" (acceso directo a artículo), uno de los escritos sobre cine más importantes aparecidos en España en los últimos tiempos.