Kim ki-duk es, al menos por la filmografía estrenada entre nosotros (parcial pero también la más reciente) cineasta de personajes y situaciones torturadas. Hay sufrimiento interior y castigo físico, hay pasión y hay desmesura en los sentimientos y en los actos. No obstante, sus muy interesantes propuestas (de La isla a Samaritan girl, de Hierro 3 a Primavera, verano. otoño, invierno… y primavera) sufrió un parón de inventiva en su última entrega, El arco, dónde repetía de manera manierista personajes, situaciones y resolución (como comenté en "Miradas").
Hay bastante unanimidad ahora en que no se puede dejar de valorar El tiempo como un posible punto y aparte en la carrera de KKD. Sigue habiendo pasiones, amores mal controlados y reacciones desaforadas y mantiene, una vez más, una estructura cíclica. Sin embargo el cineasta coreano evita en esta ocasión la referencia a la violencia sexista. O, mejor dicho, como mínimo evita el "la maté por que era mía" que aparecía en uno u otro modo en todas las películas citadas.
Beiderberger titulaba su sarcástico libro con el aforismo psicològico de que «El amor sólo dura tres años». Kim ki-duk (quizás Oriente es más fugaz) lo deja sólo en dos años. Time (¿Por qué no "Tiempo"?) revisa la dolorosa historia de una mujer celotípica que ve rivales en todas las mujeres que se cruzan en el camino de su novio. Cualquier camarera, cualquier contacto del chico, es vivido por ella como la aparición de una rival y sus reacciones son desaforadas, violentas. Arrastrada por su propia enfermedad, auto convencida de que Ji Woo no le ama ya, See-hee desaparece de su vida, se somete a operaciones de cirugía plástica y reaparece como She-hee para enamorarle de nuevo. Este argumento que daría de sí para una excelente comedia, sirve a Kim ki-duk para construir una excelente sencilla película, lejos de la retórica de El arco, que funciona a varios niveles.
Por una parte, la reflexión inicial sobre la celotipia. Kim ki-duk invierte la reflexión sobre los amores posesivos que aparecían en cintas previas para observar a una mujer consumida por un amor posesivo que se plantea una solución radical que no pasa por la destrucción de su objeto de deseo sino por su propia substitución, en un intento de conseguir la reciprocidad que ella misma echa a perder.

Por otra parte, una inteligente y sobria revisión a los caminos del amor que, siempre empedrados de buenas intenciones, nos llevan frecuentemente a infiernos personales. See hee es cegada por su amor por Ji Woo como para creer que él ya no la ama cuando es así. Ji Woo sufre su pérdida y no consigue substituirla con las diversas oportunidades que se le presentan. See hee, finalmente, en su nueva "encarnación" recupera aquella chispa del amor que creía haber perdido y consigue seducir a un desorientado Ji Woo. Sin embargo, en un magistral golpe de guión, KKD lanza a los dos amantes al vacío al enfrentar a See Hee con She Hee. El amor, la pasión, no bastan para curar la enfermedad y la charada se quiebra bajo el peso de la locura. See Hee, desde un pasado feliz que se pretendía recuperar, acecha a la incauta She Hee y destruye la ilusión recien creada. Reminiscente temáticamente, de Vértigo, KKD no requiere en esta ocasión de artificios visuales ni edulcoramientos. El dramático enfrentamiento entre una mujer y sí misma, entre la ilusión y la realidad, entre un pasado que es presente, entre una re/creación y su modelo tiene, desafortunadamente, un resultado inesperado e indeseado.
A los profusos diálogos, algo totalmente innovador hasta la fecha en el cine de KKD, hay que añadir otro signo de cambio. El uso dramático de los espacios evita el manierismo. Si la isla flotante definía en la obra homónima un espacio de aislamiento, al igual que el templo de Primavera…, ambos acababan siendo lugares sin auténtica personalidad (por exceso de autoreferenciación) en El arco. En El tiempo, sin embargo, KKD utiliza dos espacios muy bien definidos, con personalidad dramática propia, que constituyen en sí mismos dos personajes más de la historia. Por una parte, el bar en el que los personajes se citan y en el que se desencadenan conflictos y crisis. Un espacio en el que los personajes (¡todos!) parecen acabar enfrentándose unos a otros, con no pocos momentos cómicos (de humor coreano, por supuesto) y que refleja las permanentes tensiones entre sexos y por el sexo. KKD rehuye los encuadres forzados, trabaja las distintas secuencias con naturalidad y se limita a reforzar el papel positivo o negativo de uno u otro espacio según la mesa en que los protagonistas s sientan. Por otro lado, el parque de esculturas de Baemigumi, un lugar creado por el escultor Lee II Ho que ha sembrado las playas de una pequeña isla con sus obras, referentes al sexo, los cuerpos y los deseos. Un espacio, tremendamente sugerente, que KKD utiliza como espacio de meditación, referente de la felicidad perdida, oasis de tranquilidad para la reflexión de los personajes y posible punto de fuga para ambos.
See Hee está convencida que el tiempo acaba con todo, incluso con el amor, y eso la lleva a tomar una decisión tan radical. Ji Woo, desorientado, asustado, se lanza a un recorrido similar aunque lejos de lo esperado por su amante. KKD oculta el resultado favoreciendo todas las especulaciones del espectador. Mientras el tiempo pasa o, acaso, gira, See Hee (o She Hee?) toma un nuevo giro en su vida, efectuando otro círculo. El mundo gira y la vida también. En una última escena, un nuevo/viejo personajes colisiona consigo mismo, dando lugar a un nuevo inicio de la historia. KKD redondea la historia y la película. La circularidad de nuevo, tal vez deteniendo el tiempo.