Mujeres en el parque (Felipe Vega, 2006)

Por Ángel Santos

Las vidas de otros

Felipe Vega no llama la atención. Mientras tanto, su cine avanza sigiloso por entre los espectros de una industria pacata, pese a no gozar de amplio reconocimiento ni dentro de ella ni en los márgenes del cine de autor. Su cine apuesta por el camino difícil, la vía intermedia. Sencillez, rigurosidad, discreción. Sus propuestas formales no son vistosas ni epatantes pero nunca lo suficientemente estandarizadas para resultar fácilmente consumibles por el espectador. Un cine que pone sus ojos en el individuo, no en la masa; que trata al espectador con respeto y cariño pero por el que no siempre es aceptado. Felipe Vega demuestra en cada nueva película que es un cineasta y que se toma en serio su oficio, algo no tan común por aquí como en principio pudiera parecer.

En Mujeres. asistimos a dos naufragios generacionales y emocionales. Uno, de largo recorrido que marca el tono y da cuerpo al relato —el que más le interesa a Vega— es el fracaso emocional de su generación, aquella que ronda la cincuentena y que vivió en sus carnes los cambios sociales de la década de los sesenta siendo adolescente y la de los setenta en el paso a la madurez. Daniel, Ana y Clara ofrecen un atípico triángulo sentimental en el que poder contemplar la desintegración de la vida conyugal tradicional. Los que una vez fueron jóvenes ilusionados han perdido el rumbo y se han convertido en adultos desorientados. Daniel, profesor de música y concertista de piano, es uno de los personajes más interesantes que he tenido la ocasión de ver últimamente en una pantalla de cine. Es opaco, egoísta, profundamente sincero. Calla para no herir más de lo que ya hiere. Sufre al no poder vivir la vida de otros, por no poder tomar parte real de lo que sucede más allá de su propio ser. Por otra parte tenemos a Mónica, la hija de Daniel y Ana que vive a la deriva en el trance de convertirse en adulta —tratando de conseguir un empleo, enamorándose y dejando de enamorarse sin casi darse cuenta— y percatándose en el trayecto de que sus padres son seres frágiles que también se enamoran, sufren y engañan pese a no ser ya adolescentes. Ella se convierte en el centro de la acción y punto de engarce para el resto de personajes. Sus descubrimientos son los nuestros, sus dudas y sus miedos también. Los caminos de ambas generaciones se entrecruzan y comunican. Las relaciones familiares sufren mutaciones, los padres crean problemas a los hijos.

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La sinceridad y el misterio hacen de Mujeres en el parque una gran película. La primera —que en ocasiones no sirve para gran cosa— es aquí fundamental, porque Vega e Hidalgo nos hablan a la cara exponiendo sus conclusiones sobre la condición humana y las relaciones amorosas partiendo de la observación de su propia generación. Director y guionista crean personajes contundentes, complejos pero cercanos; personajes que no necesitan explicarse continuamente, que dejan espacio para la duda y para sus propias contradicciones. La mayor parte del cine español que busca cierto realismo a la hora de retratar las relaciones familiares o de pareja está habitualmente lastrado por un constante explicar, visual y verbal; todos los actos se justifican en una pesada relación de causa-efecto. Todo está escrito, todo debe resolverse (por aquel miedo atroz e injustificado a confundir al espectador). La moda televisiva ha contaminado demasiado ya el pozo del realismo. Pero Vega e Hidalgo no cometen ese error. Sus personajes actúan sin un objetivo, callan cuando no deben, se equivocan constantemente. Tropiezan diez veces en las mismas piedras. De ahí surge el misterio, que extiende un manto sobre la película y nos obliga a seguir a distancia, con temor a ser descubiertos, los pasos de los personajes a través de las calles de Madrid.

A Vega se le acusa reiterativamente de ser un cineasta afrancesado, de importar para su cine las maneras de los directores de la nouvelle vague (de Rohmer, concretamente); una acusación que además suele hacerse de modo simplificador (el recurso fácil) o en tono de reproche; un arrojo que no se comete con la misma laxitud a la hora de hablar de las influencias de otros códigos genéricos foráneos en el cine español que, más bien al contrario, tienden habitualmente a ser aplaudidas. Por otra parte la influencia francesa en el caso de Vega, incluso más allá de la nouvelle vague, es fácilmente apreciable y deriva de un común interés temático con aquellos films, pero nunca en un grado de identificación tal que impida dotar a sus películas de la personalidad necesaria que logran por si mismas. Pese a todo en éste film la primera referencia que podemos vislumbrar no es la de Eric Rohmer. Éste por lo general, es un cineasta de ideas, no de personajes. El objetivo de sus películas suele ser la demostración de una tesis concreta, y para ello se sirve al mismo nivel tanto de personajes como de espacios, de encuadres como de colores; todo puesto al servicio de la idea. Como un problema matemático. Vega, como él mismo reconoce, parte antes de los personajes que de las ideas y son aquéllos los que le conducen hacia su tema pero nunca lo preceden; lo que se traduce en una mayor libertad de acción, tanto para el cineasta como para sus actores. Pero si hablamos de presencias, más que de influencias, la de Jacques Rivette me parece más cercana a Mujeres. Una marca de fondo más que de superficie. "Sigiloso, siempre sigiloso", como decían en uno de sus films. El desarrollo de ciertas secuencias (la que marca el inicio de la película por ejemplo, en la que Daniel, sin saber muy bien por qué, se ve impulsado a perseguir por el parque del Retiro a una pareja que discute) y el trazo de alguno de sus personajes (las divertidas y sorprendentes apariciones Fernando Tielve) podrían haber salido de la mente del director de Cèline y Julie van en Barco. Pese a todo, no creo que Mujeres sea una película lastrada por referencias cinematográficas que no pasan de permanecer en el subsuelo del film (es decir, en el propio interior de Felipe Vega). Sus imágenes y personajes se bastan por si mismos para ofrecernos una de las películas más sugerentes del reciente cine español.