Y EL OSCAR ES PARA...

Por Raúl Álvarez

El marketing, la publicidad, las simpatías y los odios personales deciden un año más los nominados y ganadores al Oscar a la mejor banda sonora. No es nuevo. Sucede desde siempre en todos los premios cinematográficos del mundo. Es preciso asumir esto para evitar sofocos, insultos e indignaciones varias (e inútiles) a la hora de hablar de unos galardones que, por otra parte, nunca han engañado a nadie: ¡la industria se premia a sí misma! Pese a todo, y bajo mi punto de vista, ha sido un año musical discreto.

Y refuerza mi impresión el hecho de que los académicos hayan apurado hasta el último momento para elegir a dos de los cinco nominados, El buen alemán y Notes on a Scandal, estrenadas hace menos de dos meses en EE.UU. El resto, creo, responden a tres topicazos que pueden extenderse al resto de categorías: la nota “exótica” (El laberinto del fauno, como el año pasado fue El jardinero fiel), la nota “seria” (The Queen, avalada por sus múltiples premios en festivales de todo el mundo, como el año pasado fue Memorias de una geisha) y la nota “prestigiosa” (Babel, porque es del ganador del año pasado, Gustavo Santaolalla). Todos contentos, que para algo estamos en un mundo globalizado.

Así que lo mejor es tomárselo con humor y sentido del espectáculo. That’s Hollywood! That’s entertainment! La diferencia frente a otros años, sin embargo, es que ninguna de las composiciones elegidas da la sensación de ser irreemplazable. Al contrario, son estas cinco como podrían haber sido otras cinco cualquiera. Por ejemplo, una lista formada por El código Da Vinci (Hans Zimmer), Casino Royale (David Arnold), El velo pintado (Alexandre Desplat), La joven del agua (James Newton Howard) y Apocalypto (James Horner) no habría desentonado. Y como ésta se pueden hacer varias más. Es lo bueno de una industria clónica. Pero son los que son, y como cada mes de febrero, siempre con el debido respeto, toca comentar las nominaciones sin olvidar esos dos conceptos ya apuntados: que aquí funciona la pasta y las buenas relaciones, y que los Oscar son la sublimación del principio de Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como).

El buen alemán (Thomas Newman)

caratulaThomas Newman acumula ocho nominaciones y ningún premio en su ya larga carrera cinematográfica. Hijo del gran Alfred Newman (9 estatuillas), Thomas rozó la gloria con American Beauty, pero al final se llevó el gato al agua El violín rojo de John Corigliano, magnífico concertista cuya labor en el cine se ciñe a tres títulos (éste, Revolución y Un viaje alucinante al fondo de la mente). Pese a la fría acogida del film de Steven Soderbergh, la banda sonora de El buen alemán ha llamado la atención por su estilo clásico, muy al uso —y gusto— del Hollywood dorado. Una composición sólida en la que destaca el empleo del violín y la amplia variedad temática, con cortes trágicos, siniestros, románticos y hasta violentos.

A favor: tanto va el cántaro a la fuente…
En contra: el escaso éxito del film.

Notes on a Scandal (Philip Glass)

caratulaPhilip Glass es uno de esos compositores que hacen una banda sonora entre pausa y pausa de su carrera musical, como Michael Nyman o Vangelis. O cuando le apetece. O cuando sencillamente quiere añadir un par de ceros a su cuenta. Como nada ni nadie le obliga, sus incursiones son muy interesantes y, casi siempre, pasto de nominaciones y premios. Notes on a Scandal le pone en la recta final por tercera vez, tras Las horas y Kundun. De nuevo, el músico de Baltimore aplica su particular técnica minimalista a una banda sonora que puede verse beneficiada -y mucho- por las dos nominaciones de sus actrices, Judi Dench en la categoría principal y Cate Blanchett en la de reparto. Particularmente prefiero su segundo trabajo para el cine este año, El ilusionista, en la que su concepto musical encaja a la perfección con la liturgia repetitiva de la magia. La fuerza de Notes on a Scandal estriba en su poder hipnótico, que logra el milagro de inocular sus melodías en nuestro cerebro de una forma casi enfermiza.  

A favor: persiste en la memoria.
En contra: choca con el clasicismo de la Academia.

El laberinto del fauno (Javier Navarrete)

caratulaLa gran acogida en EE.UU. de la última película de Guillermo del Toro ha abierto las puertas del Oscar al español Javier Navarrete. En sus inicios, este turolense de cincuenta años formó dúo musical con el también compositor Alberto Iglesias, nominado el año pasado por su magnífico trabajo en El jardinero fiel. En cine ha trabajado en estrecha colaboración con los realizadores Agustín Villaronga y Antonio Chavarrías, y puso música al anterior proyecto de Del Toro en España, El espinazo del diablo. Para El laberinto del fauno Navarrete ha parido una composición suave y delicada, en línea con el carácter de la pequeña Ofelia, pero a la vez con un tono turbio y oscuro que enlaza con la historia del fauno y la profecía. Un cuento de hadas en la mejor tradición de los hermanos Grimm y Alicia en el País de la Maravillas que destila creatividad y belleza a partes iguales.

A favor: ataca la fibra sensible.
En contra: es el novato del grupo.  

The Queen (Alexander Desplat)

caratulaEn 2003 La joven de la perla colocó a Alexandre Desplat en la órbita de los grandes estudios de Hollywood, tras una nutrida trayectoria en Francia que arrancó en 1991. Desde entonces, el compositor parisino ha trabajado a destajado en casi todos los géneros y casi siempre con óptimos resultados: Syriana, Hostage, Firewall, Casanova o Más allá del odio. Este mismo año ha producido la hermosísima El velo pintado, que ganó el Globo de Oro, pero ha sido la contención y elegancia de The Queen la que le ha dado una butaca en el Shrine Auditorium de Los Ángeles. De los cinco candidatos es el que suena con más fuerza gracias a ese monstruo de la interpretación llamado Helen Mirren, cuya nominación y casi seguro premio le está ayudando a subir como la espuma en las apuestas.

A favor: la ristra de premios que acumula el film.
En contra: que sería el justo vencedor.

Babel (Gustavo Santaolalla)

caratulaGustavo Santaolalla nació para el cine de la mano de Alejandro González Iñárritu. Las tres películas del mexicano, más Diarios de motocicleta, North Country y Brokeback Mountain, ganadora el año pasado, son los títulos más importantes de una carrera tan breve como inexplicablemente prestigiosa. Otros músicos con más mundo (y talento) a sus espaldas, como James Newton Howard, ya no saben qué hacer para ser tomados en serio. En Babel, Santaolalla se inspira en la historia bíblica para construir un puzzle de referencias sonoras que van desde su país natal a Japón, pasando por el norte de África. El resultado es una obra compleja y, en momentos puntuales, muy bella y lírica, pero la sobreexplotación que hace de ella Iñárritu le hace un flaco favor. Cansa por reiteración.

A favor: México está de moda en Hollywood.
En contra: ¿más Oscar que Jerry Goldsmith?