Bosque de sombras (Koldo Serra, 2006)

Por Miguel Ángel Pastor

El éxito obtenido con sus trabajos como guionista, ayudante de dirección, director de video-clips o spots de televisión y cortometrista, logrando en este último ámbito el Meliés de Oro al Mejor Cortometraje Europeo de Cine Fantástico de 2003 otorgado en el Amsterdam Film Festival, con el corto El tren de la bruja, ha permitido a Koldo Sierra contar con un prestigioso elenco internacional para su primera película, Bosque de sombras.

Dos parejas inglesas formadas por Gary Oldman (Paul) y Aitana Sánchez-Gijón (Isabel), y Paddy Considine (Norman) y Virginie Ledoyen (Lucy), viajan al norte de España en un caluroso verano de finales de los 70 a pasar unos días de vacaciones. Se alojarán en la casa que pertenecía a la abuela de Paul, recientemente comprada por él y ubicada en lo más recóndito de un bosque vasco. El sosiego y silencio que trasmite este ambiente natural contrasta con lo tormentoso de las relaciones de estas parejas, más en concreto la de Norman y Lucy, que parecen haber puesto en este viaje la última oportunidad para solventar sus diferencias. Pero el hallazgo de una niña encerrada en un establo, conducirá a los protagonistas en una espiral de violencia con sorpresa final.

La acción se desarrolla en 24 horas. Con una inteligente distribución de las elipsis; una cadencia pausada, que se incrementa según crece la tensión, aunque sin echar a perder el tono general; un sólido control de los elementos estructurales de la narración, con un guión bien construido y unos golpes de efecto correctamente dosificados; y una puesta en escena diáfana, con unos referentes sabiamente elegidos, que el director no duda en dejar patentes, son algunas de las virtudes que jalonan los 93 minutos del film. Metraje canónico que también se convierte en virtud al no alargar en demasía una historia que no daría más de sí. Y quizá el defecto esté en ese adjetivo, canónico. Porque todo es demasiado academicista. Se le ven demasiado las costuras a este traje que, aunque muy bien medido, no pasará de vestir a un maniquí. Esto nos lleva de nuevo a la eterna pregunta, ¿qué es el Arte? ¿Dónde está la clave para que una obra realizada según mandan los cánones no pase de mero entretenimiento y veas a sus personajes como meros arquetipos; constreñidos por un guión y unos mecanismos de funcionamiento claramente establecidos? ¿y otras obras, y otros personajes, como los de Peckimpah, cobren vida y les veas andar, correr, sudar y matar solos, porque ellos lo deciden? Y te lleven con ellos, y te enseñen a andar por la vida y la muerte que ellos han pasado ya, etcétera. Pues no lo sé. Ni voy a tratar de desentrañarlo aquí. Pero esa es la magia. Me limitaré, en cambio, a enumerar ciertos aspectos para que sea luego el lector/espectador, quien saque sus propias conclusiones.

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Empecemos por sus referentes. Antes no traje a colación a Peckimpah por azar. Fue Koldo Serra quien lo hizo desde el primer momento. Y, aunque él lo llamará homenaje, la comparación es inevitable, y en ella el director bilbaíno no sale muy bien parado. Empezar unos títulos de crédito con la cámara ya en movimiento, los personajes hablando, y congelar la imagen cada x fotogramas por segundo, en flashes secos que proyectan la imagen en blanco y negro, es más que una clara alusión a Grupo Salvaje, es situar al espectador en un estado de ánimo exaltado y febril que luego tienes que colmar de alguna manera. Y, alejándonos de este mero aspecto formal, la inspiración argumental en Perros de paja es más que evidente. Otro referente claro sería Sergio Leone y, por escuela, Clint Eastwood. Al primero lo sentimos en los rostros de esos campesinos vascos sentados en la tasca del pueblo. Sus miradas y el violento silencio que acompaña la entrada de los dos extranjeros, bien podría darse en cualquier saloon del lejano oeste. O en los primeros acordes de la musiquilla que tranquiliza a la niña, que parecen salir directamente del reloj del coronel Mortimer, en un duelo final —clímax artificialmente alargado aunque convincentemente resuelto— donde la lluvia y las escopetas de dos cañones remiten a Sin Perdón.

Continuando con los temas de los que habla la película y las metáforas en las que se sustentan, la más elemental viene implícita en el título original, Blackforrest. De origen también clásico, ya el propio Dante inició su Commedia hallándose "en el medio de una selva oscura", siendo ésta símbolo del mundo del pecado y de la confusión mental del poeta. Confusión mental en la que se hallan las parejas protagonistas que les arrastra hacia la incomunicación. El gran tema de la película, que, de la incomunicación particular de estos personajes, el director quiere extrapolar hacia una incomunicación más universal, representada en el choque cultural entre esa España rural de los años 70 y las dos parejas de ingleses. Pretensión que cuando intenta alzarse en altos vuelos, a mi entender no funciona, pero donde en pequeños detalles alcanza ciertas dosis de humanidad que hacen crecer esperanzas respecto a futuras obras de este director. Un ejemplo de ello es cuando la niña corre a los brazos de Lluís Homar, en lo que es sin duda el mejor momento de la película, y asistimos al funcionamiento de los complejos mecanismos que mueven al corazón humano, que posibilitan el amor y que, bloqueándolos, incomunicándolos, desatan odio y violencia. Todo aderezado con la mirada de este soberbio actor, el único a la altura de Gary Oldman, en cuyos ojos Koldo Serra ha encontrado los mejores referentes a los que podía aspirar: los de William Munny antes de matar y los de Frankie Dunn [1], también antes de matar.

Es Bosque de Sombras, en definitiva, una película agradable de ver. Donde se agradece la honestidad y transparencia en la puesta en escena del director, un tempo sosegado que no se pierde en movimientos de cámara innecesarios, ni en un brusco montaje, donde la acción se desarrolla con fluidez y que, a los 95 minutos de haber empezado, ya estás pensando en lo que tienes que hacer mañana.

[1] Personajes interpretados por Clint Eastwood en Sin perdón y Million Dollar Baby respectivamente.