Guste o no, el día de la marmota se ha convertido en América en un auténtico día de culto. El 2 de febrero es venerado por mucha gente para conocer la duración estimada del invierno, que será pronosticada… por una marmota!!!
Aunque no todos acuden expectantes ante tamaño acto. Phil Connors, el hombre del tiempo de una cadena de televisión, odia ese día y a la gente de pueblo, más en concreto a los de Pansatony, donde acontece el citado acontecimiento. A desgana debe ir a cubrir el evento año tras año…hasta que un año, es obligado a revivir el mismo día, ese fatídico 2 de febrero una y otra vez sin una explicación racional.
Tras esta original premisa, lo que podría convertirse en una comedieta de fácil digestión sin más alicientes que tres gags aislados, se transforma en una ácida y profunda reflexión acerca de la soledad y la sociedad moderna, encerrando muchos más significados de los que a priori puedan descubrirse a simple vista tras un primer visionado.
Y es que Atrapado en el tiempo (Groundhog day, 1993), a diferencia de recientes comedias pretendidamente adultas que toman situaciones comunes de todos los mortales para hincarles una brizna de humor, como Los Padres de ella (Meet the parents, Jay Roach,2000), basa toda su eficacia en el terror cotidiano, otorgando un toque de humor a una situación terrorífica provocando el desasosiego escondido en una sonrisa congelada, en una angustia disfrazada de carcajada.
Por que siendo honestos, ¿Quién no ha deseado nunca poder revivir un día para que saliera perfecto?, o incluso para cambiar ciertos aspectos que nunca nos gustaron o creímos que debimos realizar de otro modo. La diferencia viene marcada en que Phil Connors, no lo desea, se ve envuelto en una situación que no entiende ni encuentra la explicación ni razonamiento coherente a la maldición que le ha caído, ya que sin saber por que, se ve relegado a una situación de soledad difícilmente alcanzable por alguien ya que no puede compartir sus miedos, deseos o frustraciones debido a que el día siguiente volverá a ser igual y la gente que conoció hoy, mañana la volverá a conocer. En ese microcosmos de testigo involuntario incapaz de dejar cualquier huella, Connors llega a un punto en el que busca su propio fin mediante el suicidio, incapaz de aguantar más esa situación, llegando a intentar matarse….una docena de veces ya que siempre acaba despertando a las seis de la mañana del mismo día.
Es en esa faceta donde el director Harold Ramis, incide más en la crítica aguda hacia una sociedad alienada, independiente y excluyente en donde un vulgar individuo, una hormiga de la colonia se ve obligada a vivir bajo una rutina constante, una y otra vez, sin un atisbo de fin ni de solución. Como comenta Phil a uno de los habitantes del pueblo, les pregunta que harían si se vieran forzados a revivir lo mismo cada día, y uno de ellos le contesta que está definiendo su existencia.
Ahí radica la verdadera semilla de la película, la esencia terrorífica que alude a la soledad constante en la que vivimos recluidos donde siempre es lo mismo, estando el hombre moderno condenado a ser una repetición constante de sí mismo siendo incapaz de evolucionar.
El gran acierto del guión, escrito al alimón entre Ramis y Danny Rubin es la evolución que sufre su protagonista, un Bill Murray excepcional capaz de mostrar la multitud de aristas de un personaje que comienza siendo un engreído presentador televisivo sin ningún tipo de apego a nada que no sea él, para ir evolucionando hacia un ser más corriente con sus frustraciones, sus deseos, virtudes y defectos cuya experiencia existencial le llevará a ver la vida de otro modo.
Obviamente, toda esa capa de psicología moderna está barnizada por una perfecta dosis de comedia pura engrasada en un guión de hierro que hace mezclar secuencias humorísticas perfectamente introducidas con los apuntes más dramáticos (Los intentos de suicidio de Connors citados anteriormente por ejemplo) sin rechinar un solo momento. La ardua tarea de no desentonar ni destacar más en un aspecto que en otro, viene dado por la sutileza de los guionistas en ir alternando los diferentes mensajes que quieren expresar dando cancha amplia a la supresión casi total (luego incidiré en el casi) de moralina. Lo que en principio podría haberse convertido en un alegato con mensaje, pasa a ser un desmadrado alarde de la supresión voluntaria de los valores tradicionales para dar la vuelta la tortilla a la gastada idea de la segunda oportunidad.
Así pues, en vez de la maldición servir como lección para madurar e intentar encauzar su vida, a priori Connors lo ve como una oportunidad para hacer prevalecer su voluntad, llegando a ser un Dios, como él mismo dice en una ocasión. Del mismo modo que Richard Linklater hizo en su Escuela de Rock (School of Rock, 2003), intercambiando los cánones de películas de niños con profesor, Ramis se burla de todos los supuestos clichés previos para otorgar un festival de desfase de un Murray hiper gamberro que no duda en utilizar su “maldición” para intentar seducir a las mujeres, robar y hacer prevalecer su voluntad, siendo esta parte, un ejemplo de la comedia pura, con un ritmo endiablado que encuentra en su actor protagonista un aliado que se echa la película a la espalda ofreciendo un recital del humor genuino.
Además, Murray consigue plasmar ese cambio que pasa del terror inicial (apoyado en la genial utilización de la música, como la canción con la que empieza el día, I´ve got yu babe sin duda uno de los efectos sonoros más terroríficos de todos los tiempos después de ver la película) a la euforia y despase intermedio pasando por la desidia hasta acabar en la aceptación serena de su situación.
Pero no todos los méritos del largometraje provienen del guión. Ramis ofrece una dirección muy acorde con el tono de la película. Sin aspavientos ni filigranas, Ramis conduce el relato con una precisión geométrica, calculando perfectamente el ritmo interno de las secuencias y el tempo de las repeticiones, ya que la misma secuencia la vemos hasta ocho o diez veces diferentes según los días que va viviendo Connors. Ramis acierta al planificar las secuencias de modo distinto según el día, para separarlas temporal y psicológicamente ya que el mismo protagonista las vive de un modo distinto acorde a su estado de ánimo.
De igual modo, evitando la cansina repetición más que probable, el director utiliza un gran empleo del montaje. Seco y directo, Ramis reincide en la misma secuencia cortándola para reiniciarla de nuevo pero en otro día lo que provoca además de un aumento cómico de la situación, un progreso en el personaje ya que el director se centra en la parte importante de ese día para Connors, evitando toda la demás que sin duda el espectador ya conoce.
Aunque también es igual de cierto que la película contiene la consabida dosis de moralina (que en este caso y siendo honestos, es bastante discreta y no chirría tanto como en similares ocasiones) ejemplificada en el tramo final donde Phil conseguirá superar su maldición gracias a la evolución sufrida durante su “convalecencia”. Convalecencia que le ha hecho cambiar de ser un completo cabronazo (en mi humilde opinión, más que el prototipo de cabrón, una persona corriente de los que abundan hoy en día, egocéntrico y egoísta, paradigma del hombre moderno) a un ser nuevo gracias a la compañía y el amor de Rita (Andie Macdowell). Hecho que a pesar de construir un buen punto de cambio (su primer día después de la maldición empieza igual que los demás, la misma posición en la cama, la misma canción, el mismo encuadre, pero es ella quien por encima suyo, apaga la radio siendo la cristalización de sus deseos, el antídoto necesario para su veneno), no es sino una concesión a los cánones comerciales imperantes, siendo una conclusión más ácida y mordaz, un remate final que redondearía la obra de forma sublime.
Empero, Atrapado en el tiempo es por méritos propios una película casi redonda, tanto en su vertiente de comedia como en su faceta terrorífica. Sin duda alguna una buena representación y plasmación de la vida actual. En definitiva, una película necesaria para cualquiera que se haya sentido alguna vez solo, alienado, amargado… o atrapado en el tiempo, repitiendo su vida una vez y otra, y otra, y otra, y otra…