Park Chan-wook

Por Sergio Vargas

De filósofo a cineasta

Con frecuencia me acuesto por la noche e imagino la tortura más cruel. Pienso en la forma más horrible de arruinarle la vida a alguien. Después de eso, puedo dormirme con una sonrisa. Al estar en el reino de la imaginación, cuanto más cruel, mejor —eso es sano. Os lo recomiendo. Espero que mis películas puedan ayudar a que vuestra imaginación sea al menos un poco más cruel.
Park Chan-wook [1]

Probablemente, el tipo que regala alegremente tan benévolos deseos sea, junto con Kim Ki-duk, el director surcoreano más reconocido en España. Es algo bien curioso, pues si bien del segundo se han venido estrenando todas sus últimas películas desde que realizara La isla (Seom, 2000), del que ocupará estas líneas tan solo ha podido disfrutarse en las salas de nuestro país el mediometraje Cut (2004),incluido en la película colectiva Three… Extremes (Saam gaang yi, 2004) yla maravillosamente brutal Oldboy (2003). Así, este reconocimiento le viene en gran parte por el éxito que obtuvo con la segunda citada, que incluso llegó a premiarse en el festival de Cannes, y del boca a boca que generó en el momento de su estreno. También ayuda, por supuesto, el paso por determinados festivales de Sympathy for Lady Vengeance (Chinjeolhan geumjassi, 2005), pendiente aún de estreno comercial, tercer y último acercamiento a la venganza, a la que dedica una trilogía.

Podemos obtener en la Wikipedia [2] ciertos detalles sobre su biografía: Nació (o al menos se crió) en Seúl en 1963 y estudió filosofía en la Universidad de Sogang, donde creó un cineclub y publicó numerosos artículos sobre cine actual. Como comenta en una entrevista para “The Hollywood Reporter” [3] en un principio sus intenciones eran las de dedicarse a la crítica de arte, en general. Pero un día se cruzó en su camino Vértigo (Vertigo, 1958, Alfred Hitchcock) y se encontró diciéndose a sí mismo que «si al menos no intentaba convertirse en director de cine se arrepentiría profundamente en su lecho de muerte» No obstante, confiesa, lo que denota que en parte su vocación filosófica le sigue acompañando, que aunque la película de Hitchcock le atrajo notablemente en sus comienzos, sus principales influencias son las de Sófocles, Shakespeare, Kafka, Dostoievski, Balzac, Zola, Stendhal, Austin, Phillip K. Dick, Zelazny y Vonnegut.

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Tras su graduación trabajó como ayudante de dirección en películas como Ggamdong (Yu Yeong-jin, 1998), para en 1992 realizar su primer trabajo: Moon is the Sun Dream, prácticamente imposible de encontrar hoy en día. Pasarían cinco años más hasta la creación de Trio (Saminjo, 1997), también escondida a los ojos del gran público. El resto de su filmografía revela a un director personal que combina lo macabro, lo morboso, lo moral,  lo inmoral, lo visceral, lo pasional, lo cruel... Pero vamos ya con un pequeño acercamiento a su cine.

De cañas en la morgue

Judgement (Simpan, 1999) es un cortometraje de veintiséis minutos muy bien aprovechados. Gran parte de las virtudes que el director exponenciaría en sus posteriores filmes aparecen aquí referenciadas. El punto de partida es claramente representativo de la morbosidad que parece buscar Chan-wook en la mayoría de sus obras, pues la historia se sitúa en un depósito de cadáveres. Allí, uno de los trabajadores parece matar el tiempo bebiendo una cerveza tras otra, mientras se ocupa de su higiene personal y/o escucha la televisión (no está nada mal para un trabajo como ese) Poco a poco, vamos entrando en situación, el cadáver desfigurado de una chica es reclamado por los que dicen ser sus padres, que vieron como desaparecía de casa cinco años atrás. Dos periodistas se acercan a alimentar el morbo de los telespectadores con las lágrimas del duelo. La sorpresa salta cuando el empleado dice reconocer en el cadáver a su hija, curiosamente también desaparecida años atrás.

El cortometraje transcurre íntegramente en el interior de la morgue, con los cinco personajes intentando llegar a una conclusión satisfactoria, que, por unas razones u otras se convierte en una ardua tarea (un lunar que podría resultar identificativo no puede determinar nada al estar amputada la pierna correspondiente, incidiendo en este punto el humor macabro que casi siempre caracteriza al director) Chan-wook combina con buen criterio los planos generales donde se puede ver interactuar a todos los personajes con primeros planos de éstos y determinados insertos que refuerzan visualmente los hitos que va superando el proceso (el cadáver, la pierna amputada, las fotos, las cervezas…), logrando dinamizar bastante bien la película a pesar de que todos los personajes se encuentren en un mismo espacio cerrado.

La banda sonora, íntegramente compuesta por piezas clásicas, juega una buena baza en el desarrollo de la acción, acompañando el tono lúgubre de las imágenes, y en ocasiones ejerciendo de contraste ante determinados estallidos de violencia, por lo general emocional, nada que ver con lo que se vería más tarde en la trilogía. Rodado en un nítido blanco y negro, la película sufre un cambio al color en el desenlace simplemente empleado como un recurso estilístico más que con alguna función concreta, desenlace por otra parte que enlaza indirectamente con el comienzo y las imágenes catastróficas anunciadas por el televisor. Un final concluyente, y a la vez inconcluso, pero para nada concesivo, como corresponde a un cortometraje cuya única razón de ser es la exploración de nuevos caminos para la elaboración de un estilo propio que comenzaría a esbozarse tímidamente en Joint Security Area (Gongdong gyeongbi guyeok JSA, 2000).

Las dos Coreas

El primer largometraje accesible del coreano se desarrolla en la zona fronteriza entre las dos Coreas. Tras un “incidente” en una de las casetas de los guardas fronterizos, las naciones unidas envían a una oficial suiza de origen surcoreano a investigar el asunto. Aparentemente se conoce quien es el autor de los crímenes (un soldado surcoreano que permanece retenido), pero se desconocen las motivaciones que le impulsaron y el “cómo” sucedió todo.

A través de flashbacks, algunos “falsos”, otros de la noche del incidente pero que finalizan un poco antes de la acción, y otros que se mueven desde meses antes de que ocurriese este, mostrando la progresiva relación amistosa entre los oficiales de las dos naciones que, tras otro azaroso incidente con una mina, se convierten en colegas y comienzan a reunirse las largas noches de servicio en la garita de los norcoreanos a jugar a las cartas, a enseñarse fotos de sus chicas, y en general a compartir sus temores e inquietudes, vamos descubriendo que las cosas, como casi siempre, casi nunca son lo que parecen ser. Incluso en última instancia, cuando creemos saber lo que ocurrió, descubrimos asombrados reacciones inesperadas en unos y otros, y finalmente una sensación de apesadumbramiento se cierne sobre el espectador que comprueba una vez más como las armas las carga el diablo pero las disparan los hombres, y las circunstancias muchas veces son demasiado siniestras como para además tener que buscar que el raciocinio venga en nuestra ayuda.

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A pesar de no destacar especialmente por la estilización de la violencia que ha caracterizado sus películas más famosas, si pueden descubrirse en Joint Security Area ciertos rasgos de los que daría muestra en la famosa trilogía de la venganza, comenzando por un montaje muy cuidado y con el que comienza a hacer de las suyas en el comienzo, montando en paralelo los coches de los mediadores surcoreanos y norcoreanos, cada uno conduciendo por un lado, solución de puesta en escena que ejemplifica en imágenes la dificultad principal con la que se va a encontrar la oficial encargada del caso, y este es la incomunicación, y no precisamente por desconocimiento del idioma. En general la manera de rodar del director de Cut en esta película destila una gran perfección formal, sin embargo el filme no termina de cuajar, o al menos en mi muy personal apreciación, en parte por una excesiva duración, con una trama que se presupone simple y resulta confusa por momentos, lo que, por la otra parte, provoca cierta desconexión con la historia, al no empatizarse tanto con esta y con los personajes como en Oldboy y compañía.

Pónte en mi lugar

«Siempre he intentado no caer en el engaño que prometen frases como “Puedes conseguir cualquier cosa que te propongas”  o “Eres tú quien decide tu propio destino”. De acuerdo con los pensamientos del gran público, puedes llamarlo Dios, puedes llamarlo sociedad o puedes llamarlo destino, pero al final lo que trato de decir es siempre lo mismo: “La vida no va por donde tú quieres”»
Park Chan-wook

En 2003, en el intermedio entre Sympathy for Mr. Vengeance y Oldboy, de las que hablaré a continuación, Chan-wook también participó en la película colectiva If you were me (Yeoseot gae ui sisseon) producida por la Comisión Nacional Coreana de Derechos Humanos. Así, la premisa que sirve de nexo de unión entre todos los cortometrajes incluidos en el filme, es la de centrarse en alguna víctima de la infracción de estos básicos derechos, desgraciadamente tan dejados de lado demasiado a menudo.

El cortometraje de Chan-wook (NEPAL: Never Ending Peace And Love), que cierra la película, se centra en la historia real de una mujer nepalí que, tras perderse un día al salir de su trabajo en una fábrica de Seúl, y principalmente debido a un problema de incomunicación (no conocía el coreano y al parecer nadie en Corea sabía nepalí) acabó recluida en en sanatorio mental durante seis años.

A modo de documental (no del todo falso, pues aunque los actores no se corresponden con los verdaderos protagonistas de la historia, sí está inspirada en hechos reales), se van intercalando entrevistas a posteriori a sus empleadores en la fábrica, a los doctores del sanatorio, enfermeras, traductores (pakistaníes), etc… con las vivencias de Chandra (en primera persona a través de la cámara subjetiva —el director se toma al pie de la letra el título de la película, que podríamos traducir libre y correctamente como Pónte en mi lugar), dejándonos observar fundido a negro tras fundido a negro como todo aquel con quien se cruza se va desentendiendo de su problema día a día, semana a semana, mes a mes, año a año.

Es posible que en esta ocasión no nos encontremos ante una película tan personal, debido a las limitaciones (auto)impuestas por el guión, que debía adscribirse a la premisa citada al comienzo, con lo que resulta más complicado encontrar los registros autorales del director de Oldboy, principalmente en cuanto a temática violenta o humor macabro se refiere, que tal vez podría encontrarse fuera de tono, y esto se traduce en un resultado, cuando menos, inesperado para el espectador que conozca el resto de su obra. A pesar de todo, no puede resistirse a incluir un plano de uno de los doctores colocando un libro en la estantería en cuya portada puede leerse The Joy of Suffering (La alegría de sufrir), lo que resulta bastante significativo.

Como ocurría en Judgement, después de mostrarnos toda la odisea en blanco y negro, la cosa se torna en color justo al final, con la diferencia de que aquí tal vez sí que podríamos encontrarle una justificación no únicamente estilística, al comenzar una nueva vida para Chandra, de vuelta en Nepal, con sus eternos paz y amor.

La venganza es un plato que se sirve de muchas formas

«En mis películas, me centro en el dolor y el miedo. El miedo previo a un acto de violencia y el dolor posterior. Esto se aplica tanto a las víctimas como a los verdugos»
Park Chan-wook

La ya citada, varias veces a estas alturas, trilogía está compuesta por tres películas —Sympathy for Mr. Vengeance (Boksuneun naui geot, 2002), Oldboy y Sympathy for Lady Vengeance, a las que se pude sumar como apéndice el mediometraje Cut— que giran en torno a un tema común (de ahí que sea considerada como trilogía; por el hecho de ser tres, principalmente, y por estar relacionadas por algo, en segundo término): La venganza; acercándose de maneras diferentes, con tratamientos diferentes, personajes diferentes pero a la postre bajo un mismo objetivo, no una defensa a ultranza de la venganza, como puede parecer en alguna de ellas, principalmente Oldboy, sino el de mostrar la futilidad de ésta y el cómo consigue arruinar las vidas de los que se ven implicados de uno u otro modo, no únicamente los que son objeto de la venganza, algo obvio, sino también los vengadores. Al menos, esto es lo que dijo el director cuando fue preguntado en Cannes 2004 sobre la manera que tenía de reivindicar la venganza en sus películas. Este objetivo, el que según Park persigue su trilogía, está perfectamente conseguido en la primera de las tres películas, Sympathy for Mr. Vengeance, donde se demuestra la inutilidad de tanta muerte y destrucción, y donde nadie queda satisfecho, siendo que los personajes terminan rellenando sus vacíos con vacíos aún mayores. En su búsqueda de la venganza, terminan perdiendo el rumbo, y al final, la vida, pues cada una de las venganzas va arrastrando a otra aún mayor, convirtiéndose todo en una espiral a la que van a parar sin remisión (el protagonista sordomudo se venga de los traficantes de órganos dejando regueros de sangre a su paso, pero su hermana sigue muerta y nada podrá hacer por que vuelva a su lado; el padre de la niña secuestrada se venga matando al raptor, pero nunca más volverá a ver a su hija; Es más, terminará convirtiéndose en víctima de la venganza de los anarquistas, que a su vez seguirán su revolución sin la ayuda de su camarada muerta. Si bien esta última venganza no es presentada desde el punto de vista de los vengadores, sino únicamente como punto y final de la aventura vengadora del padre). Aquí sí, con un tratamiento profundamente dramático, donde apenas tiene cabida el humor negro de que hace gala en la continuación de la trilogía, se muestra a las claras que la venganza, a la postre, no soluciona nada, y es precisamente este tratamiento dramático el que enfatiza este sentir, dejando muy patente que los protagonistas no quedan satisfechos tras perpetrar sus crímenes revanchistas. Sin embargo, esa presunta  idea de mostrar la venganza como autodestructiva en último término no queda tan patente en Oldboy (película sobre la que no me extenderé, pues ya publiqué en su día una crítica para Miradas [4]), donde la trivialización de una historia, por otra parte magnífica, en aras de un tratamiento más cercano al comic, consigue distanciar al espectador de la tragedia logrando que este empatice más con el sentimiento de venganza de sus protagonistas, deseando que se lleven a buen término sus odiseas, y convenciendo al que observa de la necesidad vital de saciar este sentimiento vengativo. Estilísticamente impecable, es verdaderamente en Oldboy donde Chan-wook comienza a mostrar una sublimación estética de la violencia, consiguiendo maravillar a nivel formal en todos los aspectos, no de forma tan academicista como en Joint Security Area, sino ya de un modo mucho más atrevido, que no innovador, pues no cabe duda de que su fotografía, su montaje y en general su puesta en escena recurrente plagada de recursos visuales es directamente heredada del cine que practican directores como David Fincher o Quentin Tarantino.

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Rodada entre Oldboy y el cierre de la trilogía, Cut es un mediometraje incluido en la película colectiva Three… extremes. Voy a hacer como David Lynch en INLAND EMPIRE, que incluye fragmentos de su teleserie Rabbits, y me voy a permitir abusar de mis propias palabras [5] sobre esta película para decir que: «los episodios que integran Three… Extremes se caracterizan por la presentación de sucesos sobrenaturales o cuando menos misteriosos (…), escabrosos y/o desagradables, y por mantener el suspense hasta el final, que en la mayoría de casos supone no solamente sorpresa, sino también giros argumentales de ciento ochenta grados. Pero hay una cosa que destaca aún más en los desenlaces, y es el hecho de que la maldad suele triunfar sobre el bien, dejando un buen sabor de boca incluso en los paladares de los espectadores más exigentes. Y es que en estos pequeños microuniversos el mal resulta mucho más coherente y atractivo» Así, lo cierto es que las similitudes de Cut con las películas pertenecientes a la trilogía son casi exclusivamente formales (principalmente con Oldboy y Lady Vengeance), siendo el tema de la venganza trivializado mucho más que en Oldboy, en esta ocasión para favorecer una historia puramente visual y de entretenimiento puro y duro sin mayores pretensiones.

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Pero pese a lo dicho sobre Sympathy for Mr. Vengeance, es precisamente en Lady Vengeance, el cierre de la trilogía,donde el resultado es más redondo, pues no solo reincide con éxito en la idea de mostrar la contradictoria insatisfacción que al final produce la venganza consumada —de nuevo me vampirizo, que llega un momento en que uno ya se cansa de escribir, y ojo, que luego sigue mi otro yo, el actual, después del paréntesis [6]: «La película pone al espectador contra las cuerdas infinidad de veces, haciéndole dudar de sus sentimientos, de si quiere realmente que ocurra lo que sabe que va a ocurrir o lo considera del todo punto injustificable. Al contrario que en Oldboy, donde la perspectiva del espectador podría ser más distante en lo tocante a la venganza, pues todo parecía salido de un comic, con que tenía un toque más fantástico, menos cercano aunque no menos palpable, en Sympathy for Lady Vengeanceocurre lo contrario, todo parece demasiado real, y la última media hora puede resultar muy dura. En esos momentos es donde mejor se diferencia a unos espectadores de otros. Los que están insensibilizados ante la violencia cinematográfica (lo cual no estoy seguro de que sea bueno o malo, pero es un hecho), entre los que me incluyo, y que pueden llegar a reírse en determinados momentos (por ejemplo la foto colectiva cerca del final) y a la vez ser capaces de comprender la brutalidad que se les está mostrando y de sufrir tanto por la víctima como por el verdugo, y aquellos que directamente no pueden soportarlo, a los que por supuesto comprendo perfectamente, pues como digo la película puede llegar a ser muy dura dependiendo del cristal con el que se mire. Cada espectador sabe en que grupo se encuentra y sabe si está o no preparado para Lady Vengeance. El que se atreva, probablemente disfrutará de una película divertida, conmovedora y demoledora. El que no, nunca sabrá lo que se pierde y tal vez preferirá no saberlo»— sino que esta vez lo conjuga con un esteticismo formal similar al de Oldboy, logrando así tal vez su obra más completa en este sentido. Pese a ello, no puedo negar que si he de elegir, prefiero a Oldboy, queme sigue pareciendo una de las mejores películas de lo que llevamos de década, al menos.

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Quien permanezca ansioso, y mientras esperamos a que Chan-wook concluya el rodaje de su última película, al parecer de terror, y que lleva por título Evil Live (Bakjwi, 2007), y de una forma u otra (confiemos que en una sala de cine) podamos acceder al visionado de esta y de la anterior, ya rodada, I’m a Cyborg, but That’s OK (Saibogujiman kwenchana, 2006), que a pesar de lo que su título pueda prometer, según se comenta es un drama romántico con toques de comedia, o viceversa, acabo de forma totalmente anticlimática para con mi humilde artículo, recomendando la lectura del magnífico trabajo de mi compañero Roberto Alcover [7], mucho más análitico y completo, y al que no me he referido antes porque entonces me vería obligado a citarlo entero, como estoy haciendo ahora, y entonces nadie habría leído hasta este punto.

[1] Todas las citas del director han sido extraídas de la biografía disponible en la IMDb.

[2] Entrada en la Wikipedia.

[3] Park Chan-wook, filmmaker, entrevista (25 de mayo de 2004) en The Hollywood Reporter.

[4] VARGAS, Sergio. "There was a crooked man", Miradas de Cine nº34, enero 2005.

[5] VARGAS, Sergio. "Menu degustación", Miradas de Cine nº 48, marzo 2006.

[6] VARGAS, Sergio. Crónica III Muestra SciFi.es, Miradas de Cine nº 51, junio 2006.

[7] ALCOVER, Roberto. "Park Chan-wook, de demiurgos y venganzas" en Tijeretazos [Caos].