Calabuch (1956)

Por Arantxa Bolaños de Miguel

Tímida crítica social [1]

Esta coproducción italo-española comienza con las noticias de la desaparición del profesor Jorge Hamilton, tras el despegue del cohete Marilyn, que huye a un pueblecito de la costa valenciana —concretamente a Peñíscola (Castellón)— para que la bomba atómica [2], inventada por él, no se utilice con fines armamentísticos, sino benignos.

Con un reparto coral en el que encabezan Edmun Gwenn —ganador de un oscar por Milagro en la Calle 34 (1947)—, Franco Fabrizzi, Manuel Alexander y Pepe Isbert (estos dos últimos fieles a las cintas de Berlanga), es una película pacifista y una pazguata crítica social.  Por ello careció de problemas políticos y de censura, no como su siguiente filme  Los jueves, milagro (1957), que despertó todo tipo de desavenencias con el poder. Además, Calabuch [3] consiguió un gran éxito comercial y los siguientes premios: OCIC (Oficina Católica Internacional de Cine, Mejor película (Festival de Venecia 1956), Segundo premio, Mejor película (Sindicato Nacional del Espectáculo, 1956).

Como ya comentara el propio director: «Las influencias son totales. Cualquier cosa de las que me rodea, ríos, películas, mujeres, catedrales, puede influir totalmente en mi trabajo si su impacto sobre mi imaginación es suficiente para someterla» [4], se dejó influir por el neorrealismo italiano, las películas Día de fiesta (Jacques Tati, 1948) y El Hombre Tranquilo (John Ford, 1952), el cine de Juan Antonio Bardem —con quien Berlanga colaboró en su primera película Esa pareja feliz (1953)— y, sobretodo «el llamado “neorrealismo rosa”, puesto de moda por el éxito de la producción italiana Pan, amor y fantasía (Luigi Comencini, 1953)» [5]. La primera etapa del cine de Berlanga —en la que se enmarca esta cinta, junto con Bienvenido Mr. Marshall (1953), Novio a la vista (1954) y Los jueves, milagro (1957)— es una adaptación española del neorrealismo italiano y la comedia inglesa. Ya desde estos comienzos colabora con los reputados guionistas Edgar Neville y Rafael Azcona (con este último compone uno de los tándem guionista-director más conocidos de nuestra cinematografía). A través de estos guiones consigue alcanzar la madurez artística, la excelencia en sus obras y su consagración internacional —con Rafael Azcona consiguió sus mejores trabajos: las espléndidas Plácido (1961) y El verdugo (1965) y con Edgar Neville la naturalidad de Novio a la vista (1953).

Volviendo al argumento del filme, relatado en voz en off, nos relata la historia de Jorge, el sabio atómico, que una vez llegado al pueblo llamado Calabuch,  pregunta por “El langosta”, que resulta estar en la cárcel. Es familiar de él y debido a que le confunden a Jorge Hamilton con un vagabundo, acaban compartiendo celda. Allí conoce a la autoridad local de la guardia civil, Matías, un  hombre duro aparentemente pero que esconde una gran humanidad. Como todos los del pueblo, es un personaje entrañable pero con sus peculiaridades. Conforman el resto del reparto: el farero, el pintor (como alter ego del propio Berlanga, ya que fue pintor) [6], el guardia civil, el cura, la profesora que está enamorada y es correspondida por “el langosta”, la hija del guardia civil que quiere casarse con un holgazán…

En esta localidad levantina admiten al foráneo, como en El hombre tranquilo (John Ford, 1952), a diferencia de Perros de paja [7] (Sam Peckinpah, 1970). Y esta descripción del ruralismo español, acompañada de la idea rousseauniana del “buen salvaje”, conlleva la total integración por parte del profesor en la vida y costumbres del pueblo, y que sea querido por todos hasta el punto de que cuando es descubierto su paradero intentarán por todos los medios esconderlo. A través de un concurso de fuegos artificiales, descubren el paradero de Jorge pero él decide entregarse al final a las autoridades, reflejando aquí el pesimismo del director de que la utopía tiene fecha de caducidad. Estamos ante una parábola rural y su elección por utilizar la comedia se basa, según él: «Primero. Fundamentalmente porque me lo exigen los productores. Segundo. Espiritualmente, por voluntario contrapunto a una época donde, tanto íntima como colectivamente, predomina la angustia. Tercero. Mecánicamente, porque me muevo más a gusto entre actores y objeto cómicos, que dramáticos» [8]

La crítica, en su momento, dijo de la película que  “es sencilla de argumento y de realización. Está narrada con un lenguaje directo que huye de los excesos y las complicaciones, apoyada en unos personajes que defendían la opción de una forma de vida sencilla. El director pretendió ofrecer una diversión honesta, una pequeña fiesta que llevara a la mente de los espectadores un soplo de optimismo. Toda la crítica estuvo de acuerdo en afirmar que Calabuch era una película divertida desde el comienzo hasta el final, llena de gracia y de un tierno humor que culminaba en la típica escena sentimental. El filme presentaba un lugar idílico, con sus pequeños y humildes personajes despreocupados, optimistas, sin recelos ni rencores” Sin embargo, el gran crítico Diego Galán dice que Calabuch «adolece de una sensiblería que no coincide con el resto de su filmografía» [9]. El mismo Berlanga reflexionó sobre su película y exclamó: «De Calabuch retocaría muchas cosas, casi la volvería a hacer de nuevo, con más seguridades y menos prisas, para recrearme más proustianamente en el pueblo y en su luz»[10]

Es, pues, un cuento, una historia atemporal sobre la humanidad, las implicaciones de la ciencia mal usada y  la idea de felicidad, que conlleva hacer cada uno lo que le gusta. Y retrata los siguientes temas trascendentes, como la religión, la política y la educación, con una crítica ligera y con una cierta ironía, para superar la temida censura. Esconde este filme el pensamiento pesimista del director, que pese a mostrar un pueblo donde irradia la paz  —Berlanga definió  que «La verdadera paz consiste en una guerra sin cañones, pero llena de acción» [11]—  y la felicidad, el final expresa la temporalidad de este estado ingenuo y confortable del ser humano frente a otro más belicoso. La ciencia está presentada, así, al servicio de intereses económicos, políticos y militares, y se obvian los humanitarios.

[1] Él mismo dijo: «Muchas veces he explicado mi postura ante lo social. Es ésta: Primero. Apoyo incondicionalmente todo lo que se haga en cualquier sector por mejorar la condición humana. Segundo: Respeto y admiro el cine llamado social cuando es honesto y de calidad. Tercero: Como artista, sigo estando al margen de cualquier secta, partido, asociación, comunicación o grupo; por lo tanto, mi concepto de lo social es individualístico, mudable, sentimental» (en Libro En torno a Luis García Berlanga. Publicaciones del Archivo Municipal Ayuntamiento de Valencia, 1ª Mostra de Cinema Mediterráneo, Autor: Julio Pérez Perucha, 1980, pág 29, recogido en Film Ideal, Octubre 1957, nº12)

[2] Truffaut dijo al respecto de esta cinta para criticarla con contundencia y sarcasmo: “la bomba atómica debería haber caído sobre la cabeza de Luis garcía Berlanga” Luis García Berlanga. Francisco Perales. Ed. Cátedra. Signo e Imagen/Cineastas. Madrid 1997, pág 228.

[3] Una historia curiosa explica el germen del término Calabuch: “Se ha quedado absorto con la lectura, y sólo reacciona cuando una pareja de jóvenes, que avanzan besándose, le golpean en el hombro izquierdo y está a punto de caer, pero el otro señor, pelo blanco y bigote oscuro, le ayuda a recobrar el equilibrio. Es entonces cuando se da cuenta de que no se había equivocado, el señor de su edad que con tanta destreza le ayuda es Vicente Calabuig, quien le saluda con amabilidad y cortesía y que, al presentarle el perrito cuya correa sujeta, o duda en lanzarle una frase como un dardo:
-Hombre, Luis, ¿te acuerdas de la poca gracia que me hizo que le pusieras Calabuch a tu película? Pues mira, hace dos años me compré este perro y, ¿sabes como se llama? Pues se llama Berlanga, como tú.
-Coño! ¿No me estarás hablando en serio? ¿Un perro que se llama Berlanga?”

(La vida casi imaginaria de Berlanga. Joan Álvarez. Ed. Prensa Ibérica. Barcelona 1996. pág 87)

[4] En torno a Luis García Berlanga. Publicaciones del Archivo Municipal Ayuntamiento de Valencia, 1ª Mostra de Cinema Mediterráneo, Autor: Julio Pérez Perucha, 1980, pág 27, recogido en Revista Internacional de Cine, (nº29 Julio-sep 1957).

[5] Diccionario Espasa, Augusto M.Torres. Ed. Espasa Calpe. Madrid 1999. pág 145

[6] “Hay un personaje, el pintor de Calabuch, que quizá responda a como yo quisiera vivir y trabajar...Haciendo mis “eses” lentamente y a gusto, con tiempo para pararme y meditar, o para no hacer nada, que también es un modo de auto-criticarse; perezoso, lento, mediterráneo, pero enamorado de mi profesión y de todo aquel paisaje que justifique el esfuerzo hecho en mirarlo” (en Libro En torno a Luis García Berlanga. Publicaciones del Archivo Municipal Ayuntamiento de Valencia, 1ª Mostra de Cinema Mediterráneo, Autor: Julio Pérez Perucha, 1980, pág 28, recogido en Film Ideal, Octubre 1957, nº12)

[7] Cuyo análisis publicaré en breve en el nuevo nº de la revista digital Encadenados (www.encadenados.org).

[8] En Libro En torno a Luis García Berlanga. Publicaciones del Archivo Municipal Ayuntamiento de Valencia, 1ª Mostra de Cinema Mediterráneo, Autor: Julio Pérez Perucha, 1980, pág 28, recogido en Film Ideal, Octubre 1957, nº12.

[9] Luis García Berlanga. Francisco Perales. Ed. Cátedra. Signo e Imagen/Cineastas. Madrid 1997, pág 227 y siguientes.

[10] En Libro En torno a Luis García Berlanga. Publicaciones del Archivo Municipal Ayuntamiento de Valencia, 1ª Mostra de Cinema Mediterráneo, Autor: Julio Pérez Perucha, 1980, pág 30, recogido en Film Ideal, Octubre 1957, nº12.

[11] ;Luis García Berlanga. Francisco Perales. Ed. Cátedra. Signo e Imagen/Cineastas. Madrid 1997, pág 223