300

Por Raúl Álvarez

Otra clase de héroes

ficha

Un libro de Frank Miller (guión y dibujo) y Lynn Varley (color). Editado en España por Norma (2007, 9ª edición). Formato: álbum 96 págs. color, tapa dura, tamaño apaisado (30,7x24 cm). Precio: 19 euros. ISBN: 978-84-8431-028

Originalmente editado por Dark Horse Comics en cinco entregas, durante 1998.

Era cuestión de tiempo que Hollywood acabara llamando a las puertas de Frank Miller. La oleada de adaptaciones cinematográficas de cómics que sacude la Meca del cine desde el año 2000, cuando Bryan Singer demostró con X-Men que los superhéroes podían ser rentables en taquilla, ha ido agotando la lista de personajes de las dos casas editoriales más grandes del noveno arte: Marvel y DC. Spider-Man, Superman, Batman, Los 4 Fantásticos, Hulk, Daredevil… Todos han pasado (o pasarán) una, dos, tres veces por pantalla, las que hagan falta mientras den dinero. Así que para seguir ordeñando la vaca de las viñetas los estudios no han tenido más remedio que: (a) echar mano de personajes secundarios como Elektra o El Motorista Fantasma, y (b) explotar el llamado “cómic adulto”, generalmente asociado a las novelas gráficas de autores de culto como Allan Moore (From Hell, La liga de los hombres extraordinarios) y Frank Miller.  

La principal cualidad de Miller (Olney, Maryland, EE.UU., 1957) es su capacidad para reinventar personajes y géneros. Lo hizo en los años 80 con dos clásicos de Marvel y DC: Daredevil (en su serie regular y luego en distintos proyectos personales) y Batman (Batman: El regreso del Señor de la Noche y Batman: Año Uno; esta última es la principal referencia de la película de Christopher Nolan). De esa década data también Ronin, sobre un samurai sin señor en un mundo devastado, de la que se rumorea su próxima adaptación al cine. Y en los 90 volvió a dejar patente su talento con la serie Sin City, Gime Me Liberty y las dos entregas de las aventuras de Martha Washington (las tres con dibujo de Dave Gibbons) y 300, considerada por muchos especialistas como una de sus obras maestras más incontestables.

La historia es una recreación épica de la batalla de las Termópilas (489 a.C.), en la que, según las crónicas, apenas tres centenares de soldados espartanos, bajo las órdenes del rey Leónidas, se enfrentaron al todopoderoso ejército persa del emperador Jerjes en el angosto paso de las Termópilas. Aunque Leónidas y sus hombres fueron aniquilados por completo, su heroico espíritu ha quedado grabado en el ADN de la Historia como ejemplo de coraje y valor, así como símbolo de la resistencia que unos pocos pueden oponer a una mayoría. Miller conoció la historia de niño a través del cine cuando vio la película El león de Esparta (Rudolph Maté, 1962). Fue tal la impronta que el film dejó en su excitable imaginación que, ya consagrado en el mundo del cómic, decidió rendir homenaje a la epopeya del rey Leónidas con su particular estilo gráfico y lingüístico (ver anexo al final del texto).  

300 fue publicada en EE.UU. por Dark Horse Comics como miniserie de 5 comic-books entre mayo y octubre de 1998. Miller concibió cada doble página como si fuera una sola plancha, por lo que sólo su presentación física la convierte en una obra de arte insólita. En ese marco desplegó todos sus recursos como dibujante y guionista, dando forma a una narración de gran fuerza visual que se apoya decisivamente en la paleta de colores creados por Lynn Varley, su mujer y colaboradora en títulos como Ronin y El regreso del Señor de la Noche. La composición de cada página es única. Miller rompe todas las convenciones clásicas sobre la disposición y orden de las viñetas —en cuadros más o menos simétricos, como un tablero de ajedrez—, alternando planos generales con planos más detallados, por ejemplo, lo que le permite “montar” cada escena con un ritmo casi cinematográfico. Esta revolución formal no es nueva, pero nunca antes, a mi juicio, se había hecho de forma tan brillante.

Además, Miller cuenta la historia desde el punto de vista del personaje que toma la palabra en cada momento (dominan fundamentalmente dos: Leónidas y Jerjes) y, lo que es más importante, atendiendo a sus emociones y sentimientos. Así, cada aparición del rey de Esparta lleva implícitos, por su tratamiento visual y plástico, valores como el honor, la gloria, el coraje y el sacrificio. Mientras que el tratamiento de Jerjes es sinónimo de suficiencia, orgullo, avaricia y sed de poder. Estas consideraciones explican la riqueza de perspectivas y ángulos que adornan cada pasaje. Sobre la escritura, Miller hace gala de un estilo seco, sobrio y cortante, basado en frases cortas y descriptivas, como en Sin City. Es consciente del poder de sus imágenes y deja que éstas definan a los personajes.

Aunque algunas voces críticas hicieron sangre de las licencias históricas (el vestuario de Jerjes y su guardia de élite, la modernidad del pensamiento de Leónidas y la consideración de Grecia como un paraíso de libertad y democracia), el público aplaudió a Miller y 300 arrasó en los Premios Eisner de 1999: Mejor Serie Limitada, Mejor Guionista/Dibujante y Mejor Color. En españa, se llevó el Premio a la Mejor Obra Extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona de 1999. Hoy, 300 sigue conservando su poder hipnótico, su tremenda fuerza visual y cromática (nunca se alabará lo suficiente la labor de Lynn Varley, con quien los diseñadores de Gladiator tienen más de una deuda) y su atmósfera primitiva y brutal: 300 huele a sangre, sudor y gloria. Mancha el alma de polvo y fatiga el corazón porque logra convertirnos en un espartano más. Eso es el arte.

Anexo

[Transcrito de las declaraciones de Frank Miller reproducidas en U, el hijo de Urich #15 (La Factoría de Ideas, marzo 1999)]

«Cuando vi El león de Esparta, lo que vi, más allá de ser un niño que veía todas esas capas rojas y esos chulísimos cascos corintios, fue mi primer contacto con una historia donde se planteaba la noción del sacrificio heroico. Hasta aquel momento, para mí los héroes siempre habían sido gente que hacía lo que había que hacer y que recibía una medalla y una ovación. Nunca había visto una historia en la que alguien hiciera lo que había que hacer y le costara la vida.»

«En 300 hay dos cosas que quiero dejar claras. Una es que siempre he encontrado fascinante cómo las sociedades libres dependen de sus dictaduras internas para protegerse. Es decir, cuando estamos en peligro no enviamos al Congreso de los Estados Unidos, enviamos a los marines, que están entrenados y jerarquizados como los habitantes de un estado totalitario. Pero son nuestra línea de defensa, los necesitamos. Es uno de los aspectos paradójicos de esta historia que me encantan, que los menos democráticos de los griegos estuvieran defendiendo la democracia.»

«La otra tiene que ver con que últimamente se ha puesto de moda aplicar modelos de comportamiento civilizado moderno a las figuras históricas. Parece que lo único que se puede decir hoy en día de Thomas Jefferson es que tenía esclavos, y por lo tanto quedan defenestrados todos sus logros y su genialidad. Eso es muy injusto, porque fue su pensamiento, junto al de otros, el que condujo al fin de la esclavitud. (...) Así era como se hacían las cosas. Todos los griegos tenían esclavos. Faltaban miles de años para que reconocieran y acabaran con ese mal. Y Jefferson pudo ver su fin, pero no pudo conseguirlo. Así que hay muchas cosas que son repugnantes para nuestros ojos modernos, que creo que no quitan ningún brillo a estos personajes antiguos.»