Flashforward. ESTRENOS USA

Por Salvador Raggio

Zodiac es el esperado regreso del realizador David Fincher: un nuevo thriller que llegó a las pantallas americanas a comienzos del pasado mes de marzo y que en España se podrá disfrutar a partir del 18 de mayo. Además un bonus dedicado al film Black Snake Moan de Craig Brewer que se verá un poco antes del verano en nuestras salas.

Zodiac [David Fincher, 2007]

Cuando David Fincher tenía siete años, su padre le dijo que un hombre que se hacía llamar Zodiac había amenazado con asesinar a cuanto niño californiano pudiera, si es que la prensa no cumplía con sus inusuales demandas. Corría el año 1969 y la bahía de San Francisco no era un lugar seguro.

Desde fines de los años 60 hasta principios de los 80, el verdadero Zodiac aterrorizó a varios condados de California con una serie de asesinatos (sólo 5 de ellos confirmados, a pesar de que la leyenda popular habla de 37 homicidios) y con peculiares criptogramas dirigidos a la prensa, convirtiéndose de ese modo en uno de los asesinos en serie más mediáticos y populares de la historia moderna de los Estados Unidos. Zodiac, cuya identidad permanece velada hasta el día de hoy, es recordado no precisamente por el terror de sus funciones antisociales, crueles por donde se miren, sino por su debilidad por el estrellato, apoyándose en la creación de un homicida mitológico y siniestro que no solamente es capaz de matar a otro ser humano sino que además proyecta una imagen sui generis (la imagen del villano del comic de detectives cobra vida en este caso), un personaje que se aleja del común de malhechores debido a su afán de reconocimiento y protagonismo.

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En Zodiac David Fincher ha creado un nuevo thriller alrededor de la historia del ejecutor que en cierta forma también puso en peligro su propia vida. Valiéndose de un guión calibrado por James Vanderbilt y la fotografía negra de Harris Savides, director que ya lo había asistido durante el rodaje de The Game (1997), Fincher ha retornado a la clase de trama que lo vio despegar (ningún espectador contemporáneo sería capaz de olvidar el impacto de Se7en, 1995), la del asesino psicótico y el juego de la muerte. En este caso, sin embargo, Zodiac pertenece al campo de la no ficción, basada en hechos reales y en el libro de Robert Graysmith, uno de los protagonistas de la historia en carne y hueso (llevado a la pantalla por un desaborido Jake Gyllenhaal). Si bien en Se7en John Doe (Kevin Spacey) es un homicida erudito y con un plan final filosófico: la revelación de la naturaleza humana en sus condiciones más extremas, dibujado así premeditadamente por la pluma de Andrew Kevin Walker, en Zodiac la presencia de la psicosis lúdica deriva de los procesos comunes de una investigación, el análisis deductivo de agentes y periodistas (Mark Ruffalo, Anthony Edwards y Robert Downey Jr.), las pistas y los callejones cerrados y sobre todo de la personalidad singular de un homicida que “ama” su quehacer, pero que ni es filósofo ni sabio.

La gracia del guión de Vanderbilt está en la asociación que origina entre el personaje que es Zodiac y los medios de comunicación, como en la vida real, el Zodiac cinematográfico es un producto del mass media, no sólo debido a sus cartas a la prensa, o su presencia en los telediarios, demostrando lo importante que era el manejo de los medios para el homicida original, sino también en la fijación repetida a lo largo del filme con la película de serie B The Most Dangerous Game (Irving Pichel & Ernest B. Schoedsack, 1932). Tanto para el Zodiac ficticio como para el real el juego más peligroso era el de cazar y matar seres humanos, una obsesión que comparten con el personaje de la película: Zaroff, cuya similitud tipográfica con Zodiac es más que evidente.

No hay duda de que Zodiac es un thriller perfecto y muy superior a La habitación del pánico (Fincher, 2002), la obra que para muchos desinfló la progresión de su director —diría que El Club de la Lucha (1999) es también una pieza menor en comparación con Zodiac—, sin embargo, la sensación final después del visionado de la película no es la de una completa satisfacción, sobre todo cuando Fincher cierra Zodiac utilizando rótulos a la manera de una crónica periodística. Es un hecho que Zodiac está influenciada en la atmósfera y en la dirección de arte por películas norteamericanas de principios de los 70 como Serpico (Sydney Lumet, 1973) y Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), sobre todo esta última, que ha servido de modelo para los productores en más de una escena, pero viniendo del director de Se7en y de The Game, ambos, indiscutiblemente, trabajos superlativos, tal vez sea necesario preguntarse qué más es capaz de hacer David Fincher que no haya hecho hasta el día de hoy. Alguien que dirige con tanta inteligencia sin duda debería tener muchas otras virtudes que resaltar en la pantalla, un truco diferente.

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Black Snake Moan [Craig Brewer, 2006]

Black Snake Moan es el tercer largometraje de Craig Brewer, el director y guionista de Hustle & Flow (2005), una película ciertamente distinta a su predecesora y que sorprendentemente ha resistido su tercera semana (quizá la última) en la cartelera estadounidense, un hecho sorprendente ya que no se trata de una cinta realmente popular. El anuncio televisivo, semejante a la campaña publicitaria de Jackie Brown en 1997, similar en el diseño y mercadeo, decía que se trataba del mejor film de la primera temporada de 2007. Aquella idealización, por supuesto, responde a compromisos comerciales, no obstante, esta nueva aparición de Brewer no es del todo despreciable luego de un análisis global, mucho menos cuando la película en sí esta influenciada por los símbolos de amor, pecado y despecho que emanan del blues norteamericano.

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A diferencia de la sobrevaluada Hustle & Flow, vacía e inofensiva, en el fondo, un pésimo reciclaje de Tarantino, Black Snake Moan intenta tener algo de originalidad, una magia que no llega a concretarse por culpa de debilidades cronológicas en el guión de Brewer (no existe una coherencia de tiempo entre los causas que provocan las acciones de los personajes y la asimilación posterior que se requiere para que surjan nuevos cambios en las vidas de los mismos) y por el casting errado de Justin Timberlake en el papel de un novio con ataques de ansiedad, no obstante, Black Snake Moan tiene suficientes elementos  para borrar parte de la tonta notoriedad que recibió su hermana mayor hace un par de años y crear un interés justificado por la obra de Brewer, entre ellos el rescate del blues como cimiento para la ficción y  dos personajes difíciles de olvidar.

A pesar de que Black Snake Moan es en el fondo un simple film de aprendizaje e iniciación, la película cuenta con una proposición absurda que la sostiene visual y moralmente durante casi toda la proyección: una ninfómana encadenada a un tubo (Christina Ricci) y el hombre de raza negra (Samuel L. Jackson), guitarrista de blues y campesino abandonado, que la retiene para quitarle el demonio, o como el propio personaje dice: “Para curarla”. Esta sola provocación argumental es la que enriquece el nuevo intento de Brewer, algo que, desde luego, no termina de reparar las demás deficiencias del filme pero que presenta un camino potencial para un director que aún debe demostrar por qué merece nuevas oportunidades.