Alpha Dog (íd.; 2006) es la primera película que Nick Cassavetes escribe en solitario y también dirige, algo que debería, de alguna manera, predisponer a una obra personal, sobre todo atendiendo a la dispersión que presenta su corta obra. Si sus dos primeras películas, Volver a vivir (Unhook the Stara; 1996) y Atrapada entre dos hombres (She´s So Lovely; 1997) parecían señalar hacia un cineasta que podía, salvando las distancias, que son enormes, seguir la estela paterna, la lamentable John Q (íd.; 2002) y la irregular El diario de Noa (The Notebook; 2004) dejaban claro que se trata de un director multifacético pero sin una personalidad demasiado definida. Por eso Alpha Dog se presenta, al respecto, interesante, puesto que asume un riesgo, en su argumento, y una personalidad que antes no había tenido, a pesar de que el resultado no deja de ser muy convincente.
Basada en una historia en apariencia real, Alpha Dog sigue a Johnny Truelove (Emile Hirsch) un joven camello que junto a sus amigos pasa el tiempo machacándose el cuerpo levantando pesas, escuchando hip-hop, ligando, paseando en su coche y poco más, o eso parece, a tenor de lo que se ve en la película. Tras un incidente en el que se ve herido, decide vengarse secuestrando al hermano de su atacante y, a partir de ahí, el drama se dispara. Lo que parece una película a lo Larry Clark, se convierte en otra cosa, aunque bastante indefinida, porque nunca quedan demasiadas claras las intenciones de Cassavetes. El mayor interés de la película reside en que aquello que se puede ir rastreando de su interior, en lo que subyace bajo las imágenes, porque lo que éstas muestran poseen una extrañeza que no llega en momento alguno a mantener el interés de manera completa. Sobre todo porque, a diferencia, por ejemplo, de la excelente American Gun (íd.; 2006. Aric Avelino), el tema de la relación entre las armas, la juventud, la música y la aparente desidia extendida por Estados Unidos entre los más jóvenes queda difusa; tampoco está claro el tema de la ultraderecha emergente entre ciertos grupos, sobre todo en respuesta al aumento de inmigración en el país.

Podría verse la película como un intento, con aire documental (de ahí las entrevistas, ficiticias), de adentrarse en una problemática sin caer en juicios de valor, algo así como un observador que quiere mostrar antes que hablar. Y es una postura interesante, siempre y cuando se asuma en su totalidad, porque en Alpha Dog se asume esa mirada pero también la de quien desea explicar situaciones y, sobre todo, y lo que es peor, incluso dar soluciones a un problema tan complejo; porque al final, ni hace una cosa y ni otra y la película queda varada al final sin saberse más allá de que ha ocurrido en pantalla. que es más bien poco y, a la larga, más que conocido.