En su tercer largometraje tras Stranded (Naúfragos) y Yo, puta, la directora Luna (María Lidón dicen que dice su DNI) nos propone una cinta cuyo argumento, como su propio título expone, se desarrolla en la capital rusa (no así su rodaje, o al menos no completamente ya que también se ha rodado en otras ciudades como Sevilla), aunque sea bajo tierra. Con un presupuesto de más de diez millones de dólares, intuyo que en gran parte invertidos en el salario de un reparto internacional que cuenta con nombres de sobra conocidos aunque en horas bajas (si no tal vez no rodarían esto) como Vincent Gallo y Val Kilmer, Moscow Zero es la historia del viaje al interior de los subterráneos moscovitas a cargo de un sacerdote interpretado por el primero en busca de su amigo y tocayo mío Sergei, desaparecido mientras indagaba en la historia de los demonios que habitaban en las catacumbas, según la leyenda.
No es una idea nueva la de gente (y también amenazas innominables) que vive(n) bajo tierra marginados voluntaria o involuntariamente del mundo exterior (desde la mítica Metropolis hasta obras más modernas como Dark City, Seres extraños o Creep) Pero la película tampoco se interesa en indagar excesivamente en los usos y costumbres de estos moradores de las tinieblas, lo que seguramente podría haber dado de sí para conseguir un producto más atractivo, sino que únicamente se centra en la exploración de los cuatro protagonistas siguiendo la pista del desaparecido, ignorando casi por completo a los integrantes de esta civilización subterránea, convertidos a la fuerza en personajes terciarios.

La idea, en principio prometedoramente interesante (la existencia de unos demonios que habitan bajo tierra y que se alimentan de los humanos que comparten su mismo techo, que a su vez es el suelo de otros), termina, no obstante, por convertirse en repetitiva a las primeras de cambio, en parte por la monotonía de los escenarios (la película se desarrolla prácticamente por completo en el interior de túneles que bien podrían ser todos uno), y en parte por un guión que no aprovecha bien el uso de ciertos tópicos (versículos del apocalipsis que llenan las paredes, el anciano escribiendo en su diario a modo de protagonista lovecraftiano mientras la expedición le anda buscando en la otra punta de los túneles, la historia de "amor" traidísima por los pelos y sin ningún tipo de profundidad) desde el mismo momento en que comienza a hacerse abuso de ellos y a dar vueltas en círculos en torno a la búsqueda de los protagonistas, por otra parte, auténticos peleles sin personalidad alguna, pues en lo tocante al tratamiento de los personajes no se traspasa en ningún momento la superficie.
Se intenta, sin demasiado éxito, dar un poco de enjundia al asunto a través de dos líneas paralelas con un tratamiento visual que separa una de otra mediante distintas tonalidades cromáticas, pero sin embargo lo único que se logra es duplicarse el tedio. Las vicisitudes de unos niños que escapan de los demonios nos son mostradas con una fotografía azulada, mientras que para la expedición protagonista se reserva un tono amarillento. Todo esto se adereza con una cámara subjetiva en la que se distorsiona la imagen, poniendo al espectador en el lugar de los demonios, recurso vampirizado hasta la saciedad, que de nuevo termina cargando hasta al mismísimo santo Job. Aporta cierto misterio el hecho de que en ningún momento se muestre claramente a estos demonios (lo que además probablemente habría incrementado el presupuesto), optándose por un expresionista uso de las sombras, y dejando caer desapariciones de algunos de los amenazados protagonistas a través de huecos en las paredes con un grito de terror despavorido, momentos en los que la película sí despierta cierto interés, pero que por desgracia son mínimos y se difuminan entre tantas y tantas tomas parecidas, por no decir ya calcadas, de los protagonistas deambulando por los túneles leyendo las inscripciones de las paredes.
Poco, o más bien nada, más se puede decir a favor de esta decepcionante muestra de que un gran presupuesto no lo es todo (mucha gente desconoce que es delito tirar el dinero), y ni siquiera actores competentes como Vincent Gallo pueden hacer gran cosa con un guión tan sumamente pobre.