Alta sociedad (Martha Fiennes, 2005)

Por Celina López Seco

Todo queda en familia

Una mirada desde la alcantarilla

puede ser una visión del mundo

 

la rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos

A. P.

 

¿De qué habla Martha Fiennes? ¿Cuál es la clase social que intenta diseccionar? ¿La suya? ¿Qué quiere contarme? Quiere contarme que el dinero no lo es todo, que los ricos también sufren, que vivimos desfasados entre ser y tener y entre medio la meditación falsamente espiritual prometiéndonos un camino de serenidad. O me quiere contar que hasta los ricos tienen posibilidad de redención, en realidad, en Chromophobia son los únicos que tienen posibilidad de redención. Entonces, ¿Dónde quiere la directora que me sitúe como espectador?

En el cinismo de la mirada

Mi pregunta en realidad es: ¿Cómo?, ¿Cómo quiere hacerlo?

Nos presenta primero los personajes, todos conflictivos y conflictuados, desorientados, frívolos. Para ello ancla su descripción en el devaneo espiritual y consumista de la protagonista, una mujer rica, coleccionista de arte, con marido e hijo ¿familia? pero totalmente insatisfecha.

A través de ella la directora estructura las relaciones del relato: personajes adjetivados y nunca sustancializados: Su marido, eficaz abogado a quién le hubiera gustado más ser músico que pertenecer a un importante bufete de Londres; su pequeño y confundido hijo, que merodea por un hogar frío y distante de padres. El padrino (Ralph Fiennes) gay de este niño, amigo de la protagonista y también amante y coleccionista de arte. Un ambicioso periodista, antiguo compañero de estudios del abogado. Y, por su puesto, la infaltable figura del juez (vivida imagen de una tradición que se agota), padre del abogado, cuya sensibilidad se ve motivada por una prostituta (Penélope Cruz) quién a su vez, además de una hija, tiene cáncer de hígado. ¿Queda algún estrato de la tipificación social por retratar? Ah, sí, el asistente social, un ex suicida, que ayuda a Penélope en sus últimos días de vida.

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Una vez expuestos, ¿Qué hacer con ellos? Avanzar en una dirección, la del melodrama, hasta toparse con la imposibilidad del latido, de la vida. Es ahí donde Finnes sentencia, como una buena alumna, que a aquel que ha tocado fondo solo le queda salir a respirar un nuevo aire; y por lo tanto da a sus protagonistas la posibilidad de ser mejores… pero para ello ignora las tres cuartas partes de la película donde se burlaba –no reflexionaba- de la autoayuda, el auto conocimiento y la cirugía estética. Y con un giro de clase inteligente, pone a los personajes en la mayor sintonía del sufrimiento posible para desde allí redimirlos y redimirse.

Castigo y perdón autoritarios en un mismo guión, ¿es eso esperanzador? Fiennes deshumanizó una raza para mostrar una fábula social pero recurrió nuevamente a ella para reinterpretar intelectualmente al new age: “una vez muertos somos todos iguales” con la salvedad de que la única que muere es la pobre prostituta.

Con una puesta en escena realista e implacable Alta sociedad apela a construir una verdad, la verdad de la alta burguesía británica. Y me sigo preguntando si el cinismo y la podredumbre del mundo están sólo en el valor nominal o visible de las cosas. Quizás hay más que tópicos detrás, al medio, al fondo de las clases sociales; quizás su esencia sea un poco más profunda que la fiebre consumista y la insatisfacción corporal. Creer que algo es superficial porque hemos aprendido que es superficial y luego querer contarlo porque de esa manera somos conscientes es repetir correctamente la lección. Pero, ¿que lección, que conciencia? La lección auto referencial, la de clase, no la humana. Una lección y una conciencia que si se quiere subvertir implica mucho más que asomarse tímidamente a la ventana para describir sin ver el mundo.