Piratas del Caribe. En el fin...(Gore Verbinski, 2007)

Por Joaquín Vallet

Adiós, capitán Sparrow

En una de las secuencias de esta tercera entrega de la saga Piratas del Caribe, una de las alucinaciones de Jack Sparrow dice ante dos de sus “otros yo”: « Cuidado, se me ha caído el cerebro». Éste habrá sido, sin duda, el mismo problema que habrán tenido Ted Elliott y Terry Rossio durante la escritura del film. Piratas del Caribe. En el fin del mundo es, y me cuesta mucho decirlo, una película extremadamente mediocre. Me cuesta porque siempre he sido un acérrimo defensor de la pieza que inauguró la saga, una excepcional película de aventuras que hermanaba, con admirable coherencia, los elementos más importantes del cine de aventuras tradicional con una concepción netamente actual, oscilando entre ambos sin que se pudiera atisbar, siquiera, el menor resquicio. La realización de Piratas del Caribe. El cofre del hombre muerto se pudo tomar (de hecho, así lo hizo un servidor) como la exposición del reverso oscuro de los personajes, una manera (perfectamente lícita) de ahondar en sus psicologías, una vez establecidas las bases iniciales. Sin embargo, el cierre de esta (presunta) trilogía ha simplificado cualquier acierto pretérito, desvirtuando un conjunto de personajes y unas aristas argumentales que se habían caracterizado por ser las más ingeniosas del actual cine manufacturado en Hollywood.

Los problemas del film vienen causados por un sinfín de motivos. Primero que nada, la historia es un batiburrillo desconcertante y, por momentos, irritante de lugares y situaciones que se encuentran no sólo fuera de toda lógica (ello, incluso, podría ser algo positivo) sino totalmente desmembradas de las raíces iniciales, de aquéllo que convertía la primera entrega en algo apasionante. La necesidad de crear un epílogo a marchas forzadas, de integrar cualquier tipo de bifurcación argumental sin venir a cuento, por el mero hecho de acentuar la singularidad visual del film (el primer bloque en China), así como el callejón sin salida en que acaban por convertirse las relaciones entre varios personajes (los de Will y Elizabeth, en ocasiones incomprensibles, como más claro ejemplo), hacen ver que que a Elliott y Rossio han acabado por resultarles indigestas sus propias creaciones a consecuencia de la más descarada explotación del filón comercial.

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Segundo, el sentido del humor se encuentra forzado, constreñido tanto por una duración absolutamente desmedida (168 minutos) como por el afán de continuísmo respecto a los títulos anteriores y, muy concretamente, a La maldición de la Perla Negra. Los momentos especialmente creados para hacer reír resultan unos grotescos espacios de esparcimiento metidos a calzador en una trama ridícula. Carentes totalmente de frescura y de la necesaria apariencia de espontaneidad que exhalaba la primera entrega, no hay absolutamente nada en Piratas del Caribe. En el fin del mundo que destile ingenio, agravando la labor de Elliott y Rossio y convirtiéndola en un mamotreto verdaderamente aparatoso y decididamente pesado.

Tercero, el trabajo de dirección de Gore Verbinski posee aciertos parciales, seamos sinceros. Entre ellos, la primera aparición de Jack Sparrow que recuerda poderosamente al magistral cortometraje de Buster Keaton The Playhouse (1921), envuelto en un escenario surrealista extraído de cualquier lienzo de Salvador Dalí. Sin embargo, muy pronto su realización se ve contagiada por la mediocridad del guión, adquiriendo unas maneras de todo punto impropias de un cineasta tan competente como Verbinski: constantes reiteraciones (las batallas, alargadas al máximo), el intento de crear situaciones simultáneas que fracasa al mismo instante de ser planteadas debido, básicamente, a la farragosidad e inconsistencia del contexto (la boda entre Will y Elizabeth mientras pelean espada en mano) o el nulo control de un ritmo que acaba por pasar factura a todo el resultado final.

No cabe la menor duda de que lo mejor que se puede hacer en éstas circunstancias es olvidar totalmente que Piratas del Caribe. La Maldición de la Perla Negra ha generado dos secuelas ya que, por muy correcta que sea la segunda entrega (que lo es), toda la saga se viene abajo al contemplar este despropósito. Una verdadera lástima. Y lo digo de corazón.