Spiderman 3 (Sam Raimi, 2007)

Por Carlos Zamarriego

Digno punto y aparte

La tercera parte de la saga Spiderman, de Sam Raimi, confirma lo que el cascarrabias y genial director del Daily Bugle, J.J. Jameson, ya venía diciendo desde hace mucho tiempo: el trepamuros es el mayor peligro de Nueva York. Sólo se puede sacar esta conclusión al conocer los orígenes de todos los supervillanos a los que se ha enfrentado en esta trilogía: El Duende Verde fue, primero, el padre de su mejor amigo, y después el amigo en cuestión, el Dr. Octopus su tutor científico, Sandman el hombre que mató a su tío y Veneno su compañero y rival profesional en el periódico. Desde luego, sin Peter Parker la ciudad viviría más tranquila.

Los que no vivirían tranquilos son los millones de aficionados a los cómics de la  Marvel si Sam Raimi no se hubiera atrevido a llevar a la gran pantalla al superhéroe creado en 1962 por Stan Lee y Steve Ditko. Spider-man (Sam Raimi, 2002) y Spider-man 2 (Sam Raimi, 2004) colmaron ampliamente las expectativas de los aficionados gracias a un guión coherente, bien estructurado y lleno de espléndidos diálogos, acompañado por medidas y muy logradas dosis de acción digital. Raimi supo captar la esencia dramática y a veces cruel de Peter Parker, un joven atormentado por la muerte de su tío cuyos recientes poderes le dan más disgustos que otra cosa.

Con Spider-man 3 (Sam Raimi, 2007) el círculo se cierra, aunque es poco probable que la productora Columbia Pictures deje descansar al asombroso arácnido, y menos después del tremendo éxito en taquilla: 375 millones de dólares de recaudación en sus primeros tres días en cartelera. Raimi deja todo atado y bien atado para lo que pueda venir después, con la película más ingenua, ambiciosa y divertida de la saga. Todo un ejercicio de buen cine para entero disfrute del espectador.

Hay que resaltar que esta película encaja perfectamente con las dos anteriores. No se trata simplemente de una tercera aventura del superhéroe, sino la auténtica continuación de una historia que se ha ido desarrollando a través de tres películas. La dificultad de Spider-man 3 residía en finalizar el ciclo con el mismo buen sabor de boca con el que había empezado. Y, a pesar de que la tarea no es fácil, y de que Christopher Young sustituye a Danny Elfman al frente de la banda sonora, Raimi lo consigue y la música sigue siendo notable.

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En esta ocasión, Peter Parker debe enfrentarse a varios problemas: se entera que el asesino de su tío no sólo no ha muerto sino que ha escapado de la cárcel, su novia Mary Jane le deja cuando está a punto de pedirla en matrimonio y, por si fuera poco, un fotógrafo recién llegado está intentando ocupar su puesto en el Bugle. Su álter ego, Spider-man, tampoco lo tiene fácil. En esta ocasión deberá enfrentarse a tres supervillanos: Sandman (el hombre de arena), un parásito alienígena llamado Veneno y a un nuevo y renovado Duende Verde. Tanto villano era innecesario, sobre todo porque desperdicia la oportunidad de indagar en el, a priori, más interesante: Veneno. La historia sobre el simbionte alienígena que se une a Parker haciéndole sacar su lado más tenebroso no funciona del todo. El héroe tiene tantos problemas que justifican su mal humor que la presencia del extraterrestre pasa un poco inadvertida. También se desaprovecha al villano que crea para vengarse de Spider-man, Veneno, cuando este decide poner fin a la destructiva relación que les unía. Lo que debía ser la versión maligna del superhéroe se reduce a unas cuantas escenas al final que no cuentan nada.

La película hubiera hecho muy bien dejando sólo a los otros dos enemigos de Spider-man, dos personajes bien construidos y con vinculaciones importantes en la vida de Parker. La interpretación de Thomas Haden Church como Sandman es magistral. Church, además de tener pinta de personaje de cómic, consigue, en los momento en los que no es dividido en millones de partículas de arena gracias al ordenador, las escenas más humanas que ha tenido un villano en toda la saga. Tampoco defrauda James Franco como un Harry Osborn convertido en el nuevo Duende y obsesionado con vengar la muerte de su padre. Franco hace un camaleónico esfuerzo para pasar de la más infantil ingenuidad, en los momentos que es necesario, a la pura maldad. El conflicto que se va generando con su viejo amigo Parker marca toda la película hasta llegar a un clímax bastante previsible, pero no por ello mal contado. Todo lo contrario. Si algo sabe hacer Raimi es contar dramas.

En realidad, Spider-man 3 no es sino un dramón con ciertas partes de acción. El peso de la historia, igual que en las anteriores entregas, lo llevan los diálogos y la vida cotidiana de los personajes principales, a los que Raimi rodea de maravillosos secundarios con los que el espectador se puede identificar, y que generan bastantes momentos divertidos. Un mundo propio en el que  Kirsten Dunst se mueve como pez en el agua interpretando a Mary Jane Watson. Dunst supera ampliamente a un soso Tobey Maguire, al que se le ve bastante desinteresado ya con el personaje que, le guste o no le guste, le ha dado fama mundial. Le salva su interpretación de un Peter Parker desmelenado y desinhibido en un momento concreto del film, en el que Raimi, experto en cine de género, se marca un tronchante musical con el que nos recuerda que Spider-man no es sino un personaje de cómic. Y en los cómics puede pasar de todo.