Belle Toujours (Manoel de Oliveira, 2006)

Por Celina López Seco

Una aproximación personal

Volví a ver Belle de Jour antes de encontrarme con Belle toujours. Tenía todo tan fresco en mi memoria que me confundí un poco cuando terminó el concierto al principio de la película de Oliveira, y estuve a punto de levantarme de la sala y aplaudir como si estuviera presente en el concierto, no en el cine viendo una película donde había un concierto, segundos nada más…

¿Dónde empieza el cine y dónde empieza la vida?

En el marco de la tercera edición de la Muestra Internacional de Cine Europeo Contemporáneo, recientemente celebrado en Barcelona: MICEC, Belle toujours, la última película del nonagenario portugués Manoel De Oliveira, clausura la velada.

¿Qué se ajusta a la categoría de contemporáneo, la novedad? ¿Y, la novedad sólo es posible desde lo nuevo?

Entre palabras como heridas, culpabilidad, alteridad, vaciamiento, doble ocupación, identidad, (sobre todas las cosas la tan renombrada necesidad o comprensión de una "identidad") el cine iba apareciendo como una espiritualidad contrariada entre tanta academia y una búsqueda de novedad que representara juventud, juventud que evocara frescura. Un aire de frescura para la vieja Europa, juventud como sinónimo de vida, quizás como si esa categoría fuera el único referente en la producción cíclica del devenir. Donde lo viejo cede espacio a lo nuevo para seguir girando. Pero, y cuándo lo viejo existe y las categorías para pensar lo nuevo se desconocen y lo viejo produce y lo nuevo produce pero con otras formas; Es allí que aparece el miedo, ante lo desconocido y ante lo imprevisto.

¿Cómo asimilar los cambios? A lo mejor desde la aceptación. Si se enarbolan las banderas de aquellos que como Bazin han defendido la búsqueda de la verdad en el cine, ¿Por qué al pensamiento le costará tanto asumir los miedos? El miedo al vacío como una verdad. No siempre las dicotomías son la clave del pensamiento. Lo viejo sobre lo nuevo, lo nuevo en lo viejo. Abre el MICEC Resnais con Coeurs y lo clausura De Oliveira con Belle Toujours.

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Belle toujours es, además de una película, un homeaje a Belle de Jour (1967), el clásico de Luis Buñuel que miraba los laberintos de la mente o los deseos humanos. Esta vez los personajes se encuentran más de treinta años después. Severine, interpretada ahora por Bulle Ogier, ha enviudado y Henry Hudson, interpretado por el mismo Michel Piccoli, (el amigo del marido que sugirió inocentemente a Severine frecuentar los burdeles) sigue tan cínico, o tan sincero como antes. Ni su clase social, ni su refinamiento han cambiado, de Oliveira los sigue ahora como se sigue, si es esto posible, la caída de un imperio.

Belle toujours, el cine dentro del cine, de Oliveira reinterpretando a Buñuel, o De Oliveira en eterna retórica. De Oliveira en una doble ocupación, la ocupación de un clásico con la arrogancia de quién cree entenderlo y en todo caso, así, poder completarlo o de Oliveira que se resiste a envejecer y con la ingenuidad de un niño se atreve a proponer un final a la historia del gran narrador, del gran enunciador.

Sea como fuere, es parte del cine europeo contemporáneo. El que se piensa a sí mismo, el que se cita, el que es antropocéntrico y eurocentrista.

¿Y qué dice nuestra generación? Le pide a de Oliveira que sea otro, otro europeo porque el de siempre está pasado de moda. Pero esto es sólo cansancio, el de una generación aturdida de imágenes, ávida por encontrar la novedad en cada parpadeo. Una generación a la que nos cuesta ser nosotros mismos.

No sé dónde empieza el cine cuando estoy en la sala a oscuras, es la vida también lo que empieza para mí, pero es con la retórica de las cosas que se me pierde una y la otra, como dos sensaciones que se necesitan y se rechazan. Mentes más despiertas me objetarán la insensatez de formular tal pregunta, mentes y cuerpos terrenales y valientes, pero por sobre todas las cosas personas vivas para quienes respirar sigue siendo una cuestión de principios. Igual para Manoel De Oliveira el cine es una cuestión de principios pero no por homenajear a un clásico, creo más bien por seguir preguntándose y recreando las maneras de seguir estando en él, ocupándolo, como el territorio europeo, según Thomas Elsaesser, un conferenciante del MICEC, por irritables y alternables nuevas costumbres: las de las nuevas alteridades. Y él, de Oliveira en Belle de Jour es una nueva alteridad, es el otro, es un inmigrante privilegiado pero siempre un inmigrante visitando, reelaborando, ocupando una obra ajena, que él decide hacer propia como acto consciente y plural. Belle toujours es cine europeo contemporáneo, pero es más personal que europeo y más europeo que arriesgado. Con Buñuel o sin él de Oliveira está fuera, observando, retórica de la poética? Tiene poética la retórica?