Los climas (Nuri Bilge Ceylan, 2006)

Por Carles Matamoros

Talento desperdiciado

Entrar en una sala de cine nos puede llevar, a veces, muy lejos. Nos acomodamos en la butaca, miramos encantados los anuncios publicitarios y quedamos atrapados por el filme durante un par de horas. Luego salimos a la calle desubicados, fascinados e incluso afectados por lo que hemos visto. Sólo nos hemos sentado frente a una gran pantalla, pero el milagro se ha producido: la obra de arte ha conectado íntimamente con nosotros. Y esto nos reconforta, nos recuerda el poder que el cine puede tener en nuestra vida. Lamentablemente, la catársis se produce en pocas ocasiones y lo máximo que el director de turno suele conseguir es entretenernos con una historia que no nos afecta lo más mínimo. Por eso cuando una película te llega, como a muchos nos pasó con Lejano (Uzak, 2002), recuerdas con nostalgia el día en que la vistes en el cine y confías en que el cineasta que te brindó ésa experiencia vuelva a atraparte con su nuevo trabajo. Algo que, por mucho que nos pese, no consigue Nuri Bilge Ceylan en Los Climas (Climates, 2006), su cuarta y decepcionante película como director.

En apariencia nos encontramos ante una obra de factura muy similar a la de Lejano. El filme vuelve a contar con una fotografía deslumbrante, los personajes siguen sin hablar demasiado y el ritmo es contemplativo a base de largos planos fijos. Pero la película no funciona al mismo nivel. El director turco, protagonista del filme junto a su esposa, naufraga en un punto esencial: la historia que pretende narrar. Los Climas podría haber sido un excelente complemento a Lejano, un trabajo que mostrase la inquietud de una pareja tras una dolorosa separación. Sin embargo, Ceylan parece no tener demasiado que contar. Si en su anterior filme el cineasta turco conseguía retratar la soledad y el dolor de dos viejos amigos superados por la dureza de la vida; en su nueva obra no convence al intentar mostrar las dudas de un hombre y una mujer que ya no pueden convivir, pero que tampoco aceptan estar solos. Ceylan se limita a seguir los encuentros y desencuentros de la pareja sin que el espectador consiga implicarse emocionalmente con lo que está viendo. Los diálogos entre los dos personajes, más presentes que en Lejano, son más bien insustanciales y, pese a la complicidad de los dos actores —recordemos que están casados en la vida real—, las interpretaciones no resultan del todo convincentes. La ausencia casi total de humor durante todo el metraje tampoco facilita la complicidad entre el cineasta y el espectador que siempre queda algo alejado de lo que sucede a los personajes. Aunque, siendo justos, no todo lo que vemos en Los Climas es desdeñable. El talento del cineasta turco sigue intacto y, si bien éste trabajo puede albergar ciertas dudas sobre su trayectoria, hay ciertos aspectos de su nuevo filme que nos permiten seguir confiando en el futuro de Ceylan en el séptimo arte.

A nivel técnico, por ejemplo, el director parece haber pulido aún más su estilo. Con una gran habilidad para los encuadres casi perfectos, Ceylan se ha decantado definitivamente por el uso de largos y ricos planos fijos con los que, en vez de aburrir, consigue que la mirada del espectador sea más atenta. Si además esos planos se desarrollan generalmente en exteriores, la belleza de las imágenes es difícil de superar. El cineasta también potencia acertadamnte el uso de primeros planos —en los que el rostro de los actores es suficiente para captar su estado emocional— y arriesga al incorporar escenas oníricas e imágenes desenfocadas. Es quizás en los momentos en que la imagen centra toda la atención, y no los diálogos o la música, cuando Ceylan más se acerca a los sentimientos que experimentan sus personajes. Pero el encanto de ciertos instantes enseguida desaparece con el desarrollo algo tópico de la historia y el abuso de escenas preciosistas que, además, recuerdan demasiado a las ya vistas en Lejano.

foto

Entre los momentos para el recuerdo nos quedamos con dos secuencias que muestran un uso brillante del encuadre y que no desmerecen a muchos de los grandes instantes del anterior y más aclamado trabajo del director turco. La primera se desarrolla en casa del amante del protagonista. Isa (Nuri Bilge Ceylan) ya ha roto con su mujer Bahar (Ebru Ceylan) y decide visitar a Serap (Nazan Kirilmis), la posible causante de la separación. Apenas sabemos nada de ellos, pero en el ambiente se percibe una cierta tensión sexual. Hasta que, tras un sugerente juego con la comida, todo explota. Isa se lanza encima de su amante con violencia y ansiedad. Parece que la va a violar porque ella se resiste, pero todo es parte de un juego que se va desarrollando a lo largo de toda la habitación. La cámara sin apenas moverse lo registra todo y nos convierte en testigos de una escena brutal e íntima en la que Isa parece desquitarse de todo lo que ha vivido con su esposa. Sin filigranas ni casi palabras, Ceylan nos hace partícipes de una secuencia que esclarece el estado de uno de sus personajes. Más adelante, el propio Isa ha cambiado de opinión y viaja en busca de su antigua pareja para recuperarla. La encuentra en una camioneta de la compañía televisiva en la que ella trabaja. Bahar está llorando e Isa intenta consolarla. Parece que la ex pareja alcanza un momento de intimidad, pero esta se ve truncada continuamente por la entrada de miembros de la compañía para recoger o dejar objetos en el automóvil. La cámara vuelve a estar quieta y un espacio cerrado, que no parecia aportar nada, condiciona la conversación de los personajes que acabarán separándose de nuevo. Sin ser una escena inolvidable, Ceylan demuestra un gran conocimiento de los recursos cinematográficos y consigue sorprendernos con un encuadre simple pero adecuado.

Aunque, tal como decíamos, unos pocos momentos inspirados no son suficientes para conseguir un buen trabajo. En Los Climas, Ceylan parece haber querido reincidir en varios de los temas universales que ya aparecían en sus anteriores obras, pero tal opción acaba resultando algo reiterativa. La soledad, el desamor o el tedio dan para muchas películas, pero sólo cuando el autor, conservando o no sus tics característicos, sabe atraparnos de nuevo sin que lo que aparece en la pantalla nos parezca algo que ya hemos visto antes. Y ése puede ser el gran problema de Los Climas. Un filme interesante, que pese a no contar con discursos moralistas ni momentos complacientes, acaba resultando superficial y se queda lejos de la profundidad moral y fílmica de Lejano.