Lauren Cantet (Melle, Deux-Sevres, 1961)

Por Esther García Llovet

El bisoño contra el cotarro

Bisoño” es un término que se inventó en el siglo XV, cuando la soldadesca castellana se fue a Italia  a luchar  y estaban tan perdidos y necesitados que continuamente decían “Ho bisogno di, ho bisogno di…” (necesito…). Luego salían al campo de batalla y caían fulminados bajo la bandera equivocada. Las peleas de Cantet son así. El Bisoño vs. El Cotarro. Un novato que  sale a pegarse y a perder, no porque el otro sea más fuerte sino porque no necesita pegarse con nadie y el que no necesita pegarse con nadie gana siempre.

 El Cotarro es un término mucho más contemporáneo. El Cotarro es muy bestia, es muy imponente, y nadie sabe bien dónde tiene la cabeza porque tiene demasiadas. Tú no lo ves, pero  él a ti sí, y esto es lo que interesa Laurent Cantet. Cantet no hace tanto una lectura ideológica del sistema, a la manera de Ken Loach (más radical y  demagógico)ni combativa como las de Nanni Moretti como una lectura acerca del desconocimiento o la falta de soltura en el  manejo de unos códigos con los que conversar con el sistema: “Hay que asumir el poder a las claras en vez de andarse con artimañas”, dice Franck en “Recursos Humanos”. 

Las tres películas de su  filmografía muestran el mismo personaje fuera de lugar, entre dos mundos, personajes que han tomado la decisión equivocada y aún no se han dado cuenta o lo que es peor: personajes que no saben decir que no.

Tanto   Franck  en “Recursos Humanos” (1999), como Vincent  en  “El Empleo del Tiempo” (2002) y Bruna en “Hacia el Sur (2006) se mueven torpemente no porque su voluntad lo sea, sino porque no saben que El Cotarro los está esperando.

 Franck regresa a su pueblo con la intención de medrar en la pequeña empresa del lugar  hasta que se entera de que a su padre lo van a despedir junto con veinte trabajadores más. Bruna llega al Hotel buscando sexo con el mismo joven que es pareja ocasional de Chalotte Rampling. Vincent es un hombre de mediana edad a quien han despedido de su empresa y  no se atreve a decirlo a su familia y pasa el tiempo conduciendo en coche haciéndoles creer que trabaja en Ginebra (“La mejor evasión es hacer creer que aún sigues en la cárcel”, le dice al contrabandista relojero).

Es en estas circunstancias cuando  Cantet hace aparecer al Intermediario entre El Bisoño y  el Cotarro, hace aparecer al promotor de la pelea, alguien que domina el medio y conoce los códigos y que en otro director resultaría antipático pero que Cantet no demoniza nunca, más bien al contrario, los muestra con objetividad y elegancia, se queda con ellos cuando están solos y nadie los está mirando. El suyo sí es un protocolo siempre compasivo.  En “Hacia el Sur” es Ellen, Charlotte Rampling, quien le recuerda a Bruna que en el Hotel hay que seguir unas reglas para conseguir a los chicos. En “El empleo del tiempo” es el contrabandista de relojes y en “Recursos Humanos” la sindicalista de le empresa. Como espectadores nos producen rechazo y cuesta entrar en ellos hasta que Cantet los deja hablar sin que nadie los interrumpa.

Cantet es imparcial, es tolerante en el sentido más valiente porque es tolerante con los que piensan de forma diferente a él mismo y  al espectador que ve sus películas. Nos recuerda que a nadie le gusta pasar por el aro, que no puedes quedarte fuera, mirando a ver qué pasa, y que en el momento en que te preguntas dónde estás, qué estás haciendo, en realidad tendrías que estar haciendo ya otra cosa diferente.