La misma tarde en que se clausuraba la catorceava edición del Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente de Cataluña (FICMAC), los líderes mundiales (el inefable G-8) cerraban su reunión de Heiligendamm acordando reducciones sustanciales de las emisiones de gases responsables del calentamiento del planeta y negociar en el 2009 (año en que finaliza la legislatura de George Bush) un nuevo pacto mundial para sustituir el Protocolo de Kyoto (supongo que no hace falta, pero recuerdo que la Administración estadounidense jamás lo firmó). En realidad, es más de lo mismo. Buenos propósitos barridos por el viento (contaminado), ya que el G-8 no fijó objetivos cuantificados ni calendario para el recorte de las emisiones de gases. El G-8 también prometió 45.000 millones de euros para combatir el SIDA, la tuberculosis y la malaria, pero sin precisar los plazos, las contribuciones de cada uno, ni qué parte de esta partida presupuestaria había sido anunciada previamente (organizaciones humanitarias denuncian que las nuevas cantidades suponen, en realidad, poco dinero extra). Por otro lado, Bush y Putin propusieron un escudo alternativo antimisiles conjunto (el precio para rebajar la tensión entre las dos potencias es alimentar su industria armamentística), mientras que el G-8 instaba a Corea del Norte e Irán a abandonar los ensayos de misiles y a renunciar a sus programas nucleares.
Con este sombrío mapa de incertezas futuras, resulta más que evidente la necesidad de un festival como el FICMAC. Hace unos años, hablar de cine medioambiental era hablar de un cine que hacía uso del género documental como muestra de la realidad, como prueba de lo que sucedía en el planeta. Actualmente, el cine medioambiental es una herramienta de concienciación y compromiso. Es un cine que, a través del documental o la ficción, pretende que el espectador perciba la realidad ecológica y medioambiental y sea consciente de su alcance y consecuencias. El siguiente paso, el más difícil, es el de obligar al público a implicarse, a buscar su filiación más allá de presuntas avenencias o simpatías.

Sin embargo, no tengo la convicción de que un festival como el FICMAC sea la mejor plataforma para alcanzar estos objetivos. La sensación de que se trata de un certamen hecho a medida de activistas y gente implicada con la causa me ha acompañado durante toda la semana. Como el votante que asiste a los mítines de su político predilecto a aplaudir las proclamas que ya ha escuchado en más ocasiones, el prototipo de asistente al FICMAC ya ha sucumbido a los ideales y principios que se infieren de las proyecciones. Sin querer ocultar la obligación de ser de un festival como el FICMAC, quisiera hacer reflexionar acerca de la necesidad de ampliar el espectro de población diana al que dirigir sus actividades. No es anecdótico que los días de mayor afluencia de público fuesen la inauguración y la clausura del festival. La presencia de Daryl Hannah en la inauguración, para presentar un par de cortos y recibir un premio, ha sido la única razón de presencia del FICMAC en la prensa. Después de aquello, el FICMAC ha subsistido en una especie de semiclandestinidad que no ayuda, en absoluto, a la difusión del ideario del festival. Abrir las puertas a las escuelas, la calle o la televisión; u ofrecer espacios de diálogo y discusión para los creadores de las películas, y las organizaciones y entidades implicadas en las obras proyectadas podría facilitar la divulgación y transmisión de valores que ayuden a reducir los efectos negativos del cambio climático y a hablar del desarrollo sostenible desde una vertiente más cotidiana.
Pasaré ahora a comentar lo más significativo del FICMAC, insistiendo en que lo más atractivo del certamen han sido (y ha de ser así por idiosincrasia propia) las propuestas temáticas más allá del interés (escaso) cinematográfico de las obras expuestas. Los documentales, de corta y larga duración, rodados en formato digital han sido, por acopio en la pantalla los reyes del festival. Por su parte, la ficción ha tenido también su cuota de representación, siendo los cortometrajes Equipajes de Toni Bestard y Juego de Jome Hernández lo mejor de la semana.
La presencia de Daryl Hannah en el FICMAC vino dada por la presentación de un par de cortometrajes de temática ecologista dirigidos por la famosa actriz. Como en la gran mayoría de cintas que se exhibieron en el festival, y no incidiré más sobre ello para no cansar al lector, Hannah hace uso del reportaje televisivo, realizado en formato digital y ofreciendo voz a los diferentes testimonios que recorren la cinta para plantear, de manera didáctica, la necesidad de abordar fuentes de energía renovable (biodiesel) y criticar a la Admnistración Bush por su política exterior (si no hay que perforar la Tierra para extraer petróleo, no hay guerras). French fries to go de Howard Donner, se sitúa en el mismo plano de los cortos de Hannah, haciendo bandera del biodiesel. En él se nos muestra a Charris Ford (que, por cierto, se metió a la gente en el bolsillo en la presentación del corto por su simpatía y amenidad), un granjero de Colorado, cultiva el curioso género musical del “ecorap”, con el cual pretende concienciarnos sobre la importancia de cuidar nuestro planeta. El sentido del humor recorre toda la cinta, no deja de satisfacer que el coche que “huele a patata frita” (así se habla de él en varias ocasiones) se sustente con los detritus de cadenas como Burger King o McDonald’s. Económico y sostenible, una bofetada al Gran Hermano.
Además de Daryl Hannah, también han prestado su voz y su presencia en las películas que se han proyectado Leonardo di Caprio, Meryl Streep, Matt Damon, Robert Redford y Edgard Norton. Las estrellas concienciadas dan así, cierto empaque, de cara al espectador a los contenidos de los reportajes y documentales.
En la orilla opuesta del río Uruguay, se construye una megafábrica de pasta de celulosa. Las dos plantas papeleras preveen elaborar hasta dos millones de toneladas por año, lo que transformará la zona en uno de los mayores polos de contaminación del mundo. Esto es lo que cuenta Que viva Gualeguaychú! de Miguel Mirra (Argentina). La unión de la gente para evitar el desastre ecológico que se avecina es el eje que Mirra utiliza para denunciar la connivencia del Estado en esta situación. Así, muestra a los dirigentes políticos como cómplices, somos testigos de la del Estado como instrumento de soberanía popular. Como sucede en la mayor parte de las películas expuestas en el FICMAC, la denuncia topa contra el muro de los gobiernos mientras, detrás de él, adivinamos la presencia del poder económico, el titiritero de la función.
Un paso más allá da Mi Huelva tiene una ría de Mavi Villatoro (España). En 1964, Franco impuso la creación de un Polo Químico sobre el paseo marítimo que une la ciudad con la ría. Huelva pierde su identidad marinera. Los habitantes sufren las consecuencias de la contaminación sobre su salud y el medio ambiente.
El FICMAC se cerró con la proyección de Who killed the electric car? De Chris Paine. El EV1 era uno de los coches más rápidos y eficientes nunca fabricados. Funcionaba con energía eléctrica, no generaba emisiones y situaba a la tecnología norteamericana a la vanguardia mundial de la industria automovilística. El filme explica la vida y la misteriosa muerte de este coche fabricado por la General Motors, analizando la onda expansiva cultural y económica que provocó en los despachos de la administración de la gran industria. Obra amena, divertida y didáctica, acaba con un simulado juicio a los sospechosos habituales de turno (industrias, consumidores, políticos y poder económico.
En Días extraños en el planeta Tierra, documental muy trabajado en el aspecto visual, realizado por National Geographic, se relacionan una serie de sucesos, aparentemente desconectados entre sí. Grandes nubes de polvo que se acumulan en las alturas del Océano Atlántico; poblaciones de renos que disminuyen; especies que son llevadas al límite de la supervivencia en los océanos; y el aumento del asma, enfermedad que antes era poco común entre los niños de Trinidad, son enlazados y vinculados en una lección que nos recuerda que todos formamos parte del mismo ecosistema (la Tierra).
Así sea, Ceiba de Santiago Prado (Cuba) es un homenaje a la naturaleza expresado a través de uno de los árboles autóctonos más queridos y respetados de la flora cubana: la Ceiba. A través de rituales, acciones plásticas y la reproducción del mito a la deidad encarnada en este árbol, Prado estructura un discurso poético alrededor de la leyenda mitológica de la Ceiba. Rodado en blanco y negro, sus imágenes destilan un cuento poético, pausado, que armoniza al hombre con su entorno.
Bab Aziz de Nacer Khemir (Suiza/Francia) es un relato acomodado en el territorio de la leyenda, de las Mil y una noches. A pesar de mantener un discurso místico y espiritual, y ser filmado con un aspecto visual cuidado que saca partido de los paisajes, el resultado del film es malogrado por un metraje alargado en exceso y por lo soporífero que resulta el ejercicio.
También el FICMAC ha buscado sitio a historias de gentes que no pueden, o tienen dificultades para, adaptarse a un entorno que no está hecho para ellos o en el que no son admitidos.
Sortides programades de José María Pérez (España), nos muestra la historia de Montse, quien a los 9 años, fue atropellada junto a dos amigas. Montse sobrevivió pero quedó tetraplégica y postrada para siempre en una cama del Hospital de Bellvitge de Barcelona. La historia de esta mujer que no ha dejado de ser niña (a veces aparece como caprichosa), la aceptación de sus malformaciones, sus sueños (pinta cuadros y, entre ellos, destacan una serie en los que pone rostro a una historia de amor imaginaria que le ayuda a sentirse mejor), sus deseos (incluidos los sexuales), sus ilusiones (proyectos de futuro) son los elementos que nutren la narración de este mediometraje. Un mazazo en la conciencia, una lección para el resto.
En esta misma línea se sitúa La meva imatge sencera de A. Par, B. Aragonés y S. Agustí (España). En Freetown, capital de Sierra Leona, se organiza un partido de fútbol. Sin embargo, no se trata de un partido cualquiera. Amarou, Patrick y Bonor son tres de los jugadores que lo disputarán. Todos ellos ha sufrido la amputación de una pierna. Más allá de la desgracia, les une el destino que han escogido: luchan por dejar de ser víctimas y convetirse en héroes gracias al fútbol. Al escuchar y ver sus testimonios, comprobaremos el valor del deporte para reducir el sufrimiento y superar los traumas. Los entrenamientos, su manera de subsistir y el recuerdo de la guerra y los familiares y amigos que ya no están, dilatan el suspense del partido. El resultado final será lo de menos.

Old joy (Nelly Reinchardt, 2006) nos cuenta la historia de amigos, Kart y Mark, quienes se reúnen para pasar el fin de semana haciendo acampada en las montañas Cascada, en Oregon. Para Mark, la salida representa un descanso ante su inminente paternidad; para Kart, es otra de tantas aventuras. Imposible ver la película sin pensar en Entre copas de Alexander Payne. Esta road movie nos aleja de una ciudad con zonas verdes a bosques llenos de basura mientras los personajes filosofan en el coche. El final del viaje, idílico y bucólico, sitúa a la pareja de protagonisas en una historia homosexual que queda sin resolver (tanto en el plano dramático como en el exclusivamente cinematográfico). Bastante aburrida.
Vosotros sois diferentes de Tiago Pinto Leaj (Portugal) es un interesante trabajo en el que se muestra la crónica de un viaje de un equipo de realización que, viajando por el Alentejo, una zona desértica de Portugal, conoce a una familia gitana. Los 45 minutos de duración exhiben los lazos entre dos grupos de culturas, creencias y costumbres muy diferentes. Obra fruta del azar, tiene su principal baza precisamente en ese aspecto de casualidad y eventualidad de lo filmado.
La llamada del colibrí de Alice Klein (Canadá) y Can Masdeu de Jorgelina Barrera (España) nos muestran a dos colectivos que, desde una postura de oposición al establishment y al modo de vista capitalista, optan por empezar a cambiar el mundo desde el quehacer diario. Contrasta la visión espiritual y utópica de la primera propuesta con la organización y apertura a la sociedad de la segunda.
Todavía ando dándole vueltas al motivo (o excusa) de la inscripción de Equipajes de Toni Bestard en el FICMAC ya que no veo por lado alguno la cuestión medioambiental en el corto; sin embargo, no me cabe duda de que ha sido una dulce revelación. Estamos en la terminal de recogida de equipajes de un aeropuerto. Dos viajeros esperan sus respectivas maletas. Un ejecutivo y una hippie con rasgos de femme fatale. Un guión inteligente, de corrosivo humor, con una puesta en escena funcional pero efectiva y una frase que queda flotando en el ambiente: “me ha encantado jugar contigo”.
Algo similar sucede con Juego de Jome Hernández. Aquí, cabe situar lo natural en lo telúrico que desprende las imágenes del corto. Una historia cercana, conceptualmente hablando, a Los amantes del Círculo Polar: amor, destino, viaje y azar vocablos que unen ambas obras (sin mencionar que es “Alicia produce”, la productora de Julio Medem, quien realiza el corto). Un juego de la infancia marca la vida de dos hermanos.