MICEC'07

Por Celina López Seco

Un acercamiento a dos emblemas del cine europeo

Tanto Resnais como Rivette son cineastas que delinearon el mapa de uno de los movimientos cinematográficos más europeos: la Novelle Vague. Tanto Resnais como Rivette vivieron el convulsionado siglo del que el viejo continente aún sufre sus heridas. Sin planteos ni miradas academicistas, con su cine se adscribieron pero también reinventaron las coordenadas de un nuevo lenguaje. Coeurs de Resnais abrió el MICEC, y Le pont du nord formó parte de la retrospectiva que este año se le dedicadó a Jacques Rivette. Además de buscar nuevas formas expresivas la muestra de cinema contemporáneo se sostuvo sobre estos pilares, películas que son en si mismas, modos de habitar y de sentirse europeo.

Coeurs de Alain Resnais (2006)

La nieve destapa el frío y se hacen solas las soledades. La gente va cargada de abrigos para diferenciarse del afuera. Cuando entran al trabajo o al hogar comienza la función: se asumen los papeles y se completa el guión y todo, o casi todo, empieza a rodar. Resnais propone el cine como un juego, su cine como un juego francés. Coeurs no es una sitcom al estilo norteamericano, es una sitcom musical y la música es la nieve que flota sobre cada personaje, sobre cada decorado, dentro y fuera alternando con las emociones.

Cine europeo contemporáneo

En un apartado de Sans Soleil, la película de Chris Marker, se escucha la voz en off  del filme diciendo que «La juventud que se  junta todos los fines de semana en Shinyuku sabe que no está sobre una rampa de lanzamiento hacia una nueva vida, ella misma es la vida, para consumirla rápidamente como las grosellas. Es un secreto muy simple, los viejos intentan ocultarlo y los jóvenes lo desconocen. (…)».

Me ha quedado esta idea dando vueltas en la cabeza, los viejos, los jóvenes, el instante en que ambos se desconocen y cada uno vive pero no de acuerdo a su edad, cada uno vive de acuerdo a sus ganas de vivir y a la conciencia que se tenga de ella. Me ha quedado esta idea dando vueltas en la cabeza por las eternas divisiones que se establecen entre oriente y occidente y el sentido que se le da a los términos a uno u otro lado del mapa.  Europa, reflexiva y autocrítica, colonialista y civilizadora, Europa de los pueblos y las lenguas, de la explotación y la miseria, Europa que se contrapone a Estados Unidos para mirarse más seria. Europa de la comunidad europea y de los espejos rotos, la intelectual y pluralista que aún deja fuera a los sin papeles, pero habla de ellos y organiza encuentros mundiales por la paz y la convivencia. Europa, la civilizadora, continente contradictorio donde aún  flotan las almas de todos los muertos de su historia porque todavía siguen buscando el sentido de la vida. Europa, si, Europa también cuna de civilizaciones.

La aceptación

 Me ha quedado fundamentalmente la voz en off de Sans Soleil dando vueltas en la cabeza cuando fui conciente que abrían y cerraban la muestra de cine europeo contemporáneo dos cineastas de más de ochenta años, Alains Resnais y Manoel de Oliveira. Y pensé si ellos también eran concientes de que la vida se consume rápidamente como las grosellas. Ellos que hacen cine, es decir que no sólo viven sino que piensan la vida y la manera de estar presentes. Coeurs es, o provoca, inevitablemente una reflexión sobre los modos de habitar la contemporaneidad. Por su formalismo que es de alguna manera su humor y por su humor como posible reverso del gusto europeo para pensar el presente en términos de culpabilidad y castigo.

Coeurs relata la vida de seis personajes a travesada por distintas situaciones que quiebran y forman parte, momentáneamente, de su cotidianeidad. Dos agentes inmobiliarios y una extraña relación que los vincula más allá del trabajo, una pareja en crisis que busca un nuevo piso para vivir, la hermana del agente inmobiliario que busca pareja, y un barman que cuida de su padre enfermo. Todos ellos están relacionados por pequeños hilos entre la comedia y el drama, o más bien, puestos en drama para mirarlos con humor.

Si la soledad es el gran descubrimiento en la era de la comunicación, Resnais  la muestra en aquellas situaciones que pretenden enmascararla. La búsqueda de pareja por anuncios, la vocación de servicio hacia el otro para evadir nuestras necesidades, la búsqueda de apartamento, la búsqueda de trabajo, y, en el medio de ese camino hacia el encuentro de algo, el algo mayor que puebla todas nuestras pretensiones: la soledad. A lo mejor es en el personaje de Charlotte, (la agente inmobiliaria, abnegada compañera de trabajo de Thierry y paciente enfermera del padre de Lionel) donde Resnais deja algunos indicios que descubren el engaño del que somos presos y al que nos rendimos complacientemente los seres humanos: Charlotte, la más mentirosa de las religiosas, la que confía en los programas de televisión que prometen cambiar nuestro destino, quizás es la más conciente de que en nuestra naturaleza la mentira es tan verdadera como la verdad.

 ¿Qué canciones cambiaran nuestras apáticas vidas?

La aceptación forma parte de una de las diferencias notables del pensamiento occidental y Europeo en relación al pensamiento oriental. Contaba Rafael Argullol, en su ponencia “Habitar artísticamente Europa” sobre las primeras dificultades para  editar un libro en conjunto con un escritor indio debido a la enorme distancia conceptual entre ambos. Lo que en Europa (como paradigma de occidente) se entiende por universo en oriente se piensa en términos de cosmos y la diferencia es sustancial ya que el cosmos abarca el universo, el acento puesto en el individuo y su capacidad resignificadora por las últimas tendencias teóricas es contrario al nosotros inclusivo del pensamiento oriental, la idea del amor como un fin absoluto encuentra sus límites en la idea de fluidez que mantienen al otro lado del pensamiento y de la misma manera la revolución como acto y utopía, como vuelta al origen y cambio se distingue de la aceptación y conformidad con la realidad de la postura oriental. Salvando las terribles distancias de este esquemático uso y abuso que estoy haciendo de la ponencia en cuestión, me quiero quedar con la idea de la aceptación como una de las posibles claves de entrada a la obra de Resnais.

La aceptación como posición de la mirada que requiere haber habitado y pasado la euforia de la juventud pero no haberla pasado tanto como para estar fuera de ella.  Resnais no sólo habito el convulsionado siglo del que Europa tiene tantas heridas sino que se recicló con él, desde Noche y niebla, Hiroshima mon amour, Hace un año en Marienbad, va siguiendo con el tiempo hasta Conozco la canción, Coeurs y lo que vendra?

El humor, el humor irónico y reflexivo es una forma de aceptación pero también de cuestionamiento más relacionada a la decisión de una mirada joven, si por joven entendemos esperanzadora, que a la resignación autocrítica de un siglo que insiste en reflejarse en el dolor o en el cinismo como paliativo de la culpa.

Nieva sobre el decorado de plástico y luces de neón, nieva sobre París y los corazones de Resnais se recuperan del frío armando nuevos escenarios y nuevas ficciones, Porque tanto él como sus películas son concientes que la vida se consume rápido como las grosellas y que ser un cineasta contemporáneo no tiene que ver con la edad sino con la apreciación que de la vida se pueda ir  re-construyendo.

Retrospectiva del MICEC, Jacques Rivette

Le pont du nord  1982

Decía Rivette en una tardía entrevista que le dedicó Cahiers du cinéma  en 1968 cuando le preguntaban por su posición como director durante el rodaje de La religiosa (1965) que lo que a él le apasionaba era “Suscitar una realidad que empezaba a existir por sí misma, independientemente del hecho que se filmara o no, y a continuación comportarse con ella como ante un acontecimiento sobre el que se hace un reportaje, del que solamente se conservan ciertos aspectos (…) porque, por definición el acontecimiento desborda siempre completamente y desde todos los lados al relato o a la relación que se pueda hacer de él. (…) A sí mismo, su película, Le pont du nord desborda cualquier comentario o apreciación sobre ella.

Doble encuentro

Hay películas que giran aunque avancen, giran de una manera que envuelve el pensamiento en una necesidad de comprender. Rivette el ermitaño, el hombre misterioso y apacible.

Le pont du nord es una película de los años ochenta, cuando la Novelle vague ya estaba asentada, cuando las rupturas de la mirada eran no sólo esbozadas sino plasmadas, Rivette vuelve a recorrer Paris, un Paris  en transformación y en construcción. Dos personajes femeninos se encuentran divagando por las calles, en su primer día de libertad una y en una extraña lucha contra un tipo de personalidad, a quien ella misma denomina espías, la otra. Una había sido demasiado joven e ingenua, la otra está en plena juventud. Dos mujeres se encuentran y sin preguntarse demasiado la una a la otra emprenden una aventura al menos existencial. Como un juego de mesa donde se lanzan los dados y entre ellos y el azar se configura la suerte. Así interpela Rivette a Bulle y Pascale Oggier, madre e hija en un filme haciendo de desconocidas que se entienden por alguna especie de misteriosa empatía.

¿Por qué el MICEC plantea una retrospectiva de Jacques Rivette? Quizás sea el más contemporáneo de todos los cineastas, porque más que captar el tempo de nuestro tiempo, Rivette quiere captar el misterio de las cosas. Como si la especificidad del cine fuera esa, buscar, mirar detenida y profundamente las cosas, los acontecimientos, y una vez asumidas las reglas del juego por él impartidas, confiar en el azar, en la inmensa y desbordante continuidad de lo que no se puede aprehender, lo imprevisto, la vida misma. La vida que se confunde con el cine para develar la verdadera naturaleza de todo aquello que si no se hubiese filmado-captado existiría sin tener presencia. El cine de Rivette es una forma de ver y estar en el mundo; su posición como cineasta es una manera de poder “hacerse el dormido” como recomendaba Renoir, para observar la reacción de su misma provocación  sin interferir en el tejido, o haciéndolo lo menos posible, que ya de por sí éste será modificado en el montaje. Así en Le pont du nord se respira la presencia del acontecimiento, se está ante una película en continuo movimiento, ante personajes que se enfrentan a lo desconocido como el director pareciera enfrentarse a un rodaje, con temor y respeto pero buscando la novedad. Hay un París oculto, plagado de espías que sólo reconoce la joven luchadora  interpretada por Pascale Oggier, de espíritu libre y vagabundo, quién utiliza esta especie de don o sensibilidad para proteger a Marie interpretada por Bulle Ogier. Juego de generaciones, confrontación de posiciones, ajuste de cuentas con el mismo cine. Marie, al salir de la prisión se sofoca, necesita permanentemente el aire y el viento sobre la cara. Y Rivette sigue privilegiando la libertad, la juventud, la obsesión en la mirada, siempre que ésta revele su fuerza para seguir inventando discursos.