Entrevista Pablo García

Por Antoni Peris i Grao

Pablo García enfatiza la misma idea en varias ocasiones, en una entrevista intermitente que tuve la suerte de tener con él durante la pasada semana y que he tratado de reconstruir con fidelidad a sus ideas. Pablo es, sin duda, un autor que no renuncia ni a la ilusión de crear ni a la voluntad de mantener una carrera, peculiar,  pero muy profesional. Formado en escuela cinematográfica, está vinculado desde la infancia a las dinámicas pedagógicas en las que también ha estado trabajando a nivel profesional. Su anterior película, Fuenteálamo, data de hace 6 años. Ahora hace campaña de marketing, sesión a sesión, en la sala dónde Bolboreta, mariposa, papallona se exhibe y la acompaña al festival de Karlovi Vary.

—En las entrevistas a los personajes, preguntas sobre su opinión acerca del amor y del cine.

—Quiero transmitir a la pantalla estos sentimientos. El amor en sí y la capacidad del cine de transmitir sentimientos, sensaciones. Había más preguntas sobre el guión, algunas de ellas las llegamos a rodar, pero consideramos mejor mantener las que se vinculaban a estos temas.

Bolboreta, mariposa, papallona no parece guionizada.

—Quizás no lo parece pero sí había guión.

—¿Lo planteaste como un proyecto pedagógico?

—Sólo parcialmente. Se trata de una película con guión, preproducción, rodaje en Galicia sobre la vida cotidiana y las opiniones de los habitantes del pueblo y la valoración posterior de los niños en Mura y Monistrol de Calders. Esta última parte sí se planteaba, complementariamente para los niños, como una experiencia pedagógica. Pero se trataba, básicamente, de un proyecto cinematográfico. Mantenía un presupuesto de amistad con Fele y otros compañeros del equipo, lo que inicialmente facilitaba la preproducción y el rodaje. Desafortunadamente, Fele tenía otros compromisos de rodaje que nos hacían detener el nuestro al cabo de unas semanas en Galicia. El rodaje debía seguir en Galicia pero, finalmente, no fue así. A partir de aquí, apostamos por dar más peso a la segunda parte, tal y como ha quedado.

—Me parece mucho más interesante esta apuesta. La película es más fresca, más original y se reconstruye, se autogenera, desde el punto de vista infantil. Aunque quizás le daría aun más peso a esta segunda parte.

—También a mí me interesaba más. No obstante no quería disminuir demasiado la primera parte. Para mí un rodaje es una experiencia humana, lo disfruté mucho, disfruté con amigos y quería mantenerlo.

—¿Es el rodaje lo más importante para ti?

—No. El rodaje es importante como juego, como acto de amor. Lo disfruto con amigos y aprendo. Pero una película se trabaja desde un guión. De hecho, prefiero la ficción en cuanto hay la elaboración previa de la misma mediante el guión, aunque no estemos hablando de una narrativa clásica. Y la parte definitiva para crear una película es el montaje. Ahí se crea.

—¿Hay un nuevo cine?

—Tal vez, pero se trata de un nuevo cine que mira a los clásicos, hablemos de Flaherty o de Godard.

—¿Cómo valoras las nuevas tendencias? ¿Te influyen?

—Me siento admirador, deudor, de clásicos como Truffaut o Rohmer. De ahí mi pasión por la guionización. También admiro a Loach. En otro orden de cosas, a Kiarostami, Varda o Naomi Kawase.

—¿Y el nuevo cine catalán?

—Admiro a Guerín y me han relacionado con él, cosa que me agrada pero de la que estoy distante. Sin duda, muchos de los cineastas actuales estamos influídos por él de uno u otro modo. En mi caso, debo admitir la relación entre Innisfree y el proyecto de rodaje que tenía planteado para la primera parte. Quería llevar esta reflexión teórica a la gente de la calle, de adultos a niños, de Galicia a Cataluña. Me da reparo, no obstante, que la innovación se quede en Guerín, en Isaki Lacuesta y en otros autores y que los demás nos dediquemos a imitarlos, deteniendo la innovación.

—Hay un aspecto claramente pedagógico. Me comentabas otras influencias personales…

—Sí, claro. Mi madre es una gran pedagoga y, en este sentido, sus conocimientos y su pasión se reflejan en esta experiencia.

—¿Dejarías el documental para el ensayo pedagógico?

—Estoy satisfecho de Bolboreta… Pero mi interés ahora es trabajar en cine de ficción. Dispongo de un guión ya trabajado y quisiera poder hacer una buena película que además se comercializase con éxito. Si es preciso, los guiones se pueden trabajar más. No obstante, si las condiciones no permiten hacer la cinta que yo quisiera, no renunciaría al cine por la educación, aun habiendo colaborado en este aspecto. En esa eventualidad trabajaría sin dudar un tipo de cine ensayo. Un cine que estimulara la relación grupal, la imaginación, la curiosidad, la creación de sensibilidad…

—¿Nos dejamos a alguien, no?

—No podemos olvidar a Joaquim Jordà. Tuve la suerte de conocerlo a través de mi familia. Una persona excelente y un gran director que debería ser reconocido más ampliamente. Creo que hay que reivindicar De nens, una película excelente con guión elaborado, que analizaba tanto el sistema judicial como la situación en el Raval y el abordaje periodístico de un tema de escándalo. La película sufrió presiones y se estrenó sin el éxito que merecía.

—¿Y ahora?

—Ahora Karlovy Vary. Luego, más cine. Guión, ficción o documental. Siempre cine.

—Mucha suerte.